أول 200 سطر.
¡Edgar!
¿De qué ha muerto?
De lo mismo que va a morir nuestra Iglesia.
De vejez.
et apostolicae fidei cultoribus.
¿Qué hay de esa estatuilla que encuentra tan sensual?
Preferiría no hurgar en mi psiquis.
Santo Padre, los donativos han disminuido.
Los ingresos por tasas religiosas,
de los que dependen nuestros obispos y diócesis para sobrevivir,
han disminuido, las visitas turísticas al Vaticano han disminuido,
reduciendo enormemente la entrada de fondos en la Ciudad del Vaticano.
La Banca Vaticana no puede hacer mucho.
Nuestros días de libertad financiera han acabado.
Los cambios en la regulación bancaria suponen que nuestras manos están atadas.
De continuar así,
nos veremos obligados a empezar a vender nuestro patrimonio artístico
simplemente para sobrevivir.
Los fieles volverán.
Es un ciclo natural.
De momento, los fieles no regresan.
Y enclaves pequeños pero peligrosos de fundamentalismo católico
empiezan rápidamente a brotar, como en el islam.
El islam tiene más fieles que la Iglesia católica.
¿No encuentra gravoso asumir la responsabilidad
de decisiones tan arriesgadas y tan impopulares?
No.
Santidad, ¿quién es realmente?
Traducción y subtítulos: PEPPER & LALASPAIN *** SONG LIVES FOR EVER ***
Por tanto, por la autoridad de Dios todopoderoso,
la de san Pedro y Pablo y por la nuestra,
a este venerable hermano nuestro
le proclamamos solemnemente
cardenal de la sagrada Iglesia romana.
Cardenal Bernardo Alonso Gutierrez.
Recibe el anillo de las manos de Pedro.
Y comprende que con el amor del príncipe de los apóstoles
tu amor por la Iglesia se fortalece.
Empuja. Empuja más.
Empuja, eso es.
Venga, Esther.
Bien, Esther.
Empuja más.
Empuja. Muy bien, muy bien.
Bien, Esther, bien, bien, bien.
Sigue empujando, sigue.
Bien.
Bien, bien.
Ahora cantemos la oración
que Cristo nos ha dado como modelo de todas las oraciones:
Recemos.
El papa me dijo que sería cardenal.
No mantuvo su promesa.
No sé...
Este papa...
Este papa...
No sé, no sé...
Sé tantísimas cosas...
Si yo hablara...
No sé...
¡Atención!
Flores.
Esto es para el bebé.
No hacía falta, Santo Padre.
Es una Biblia que perteneció a Thomas Jefferson,
el presidente de los Estados Unidos,
pero está como nueva, nunca la usó.
Desde luego no podemos culparle, la Biblia no es una lectura ligera.
Le hemos llamado Pío.
Nombre de pájaro.
Volará alto.
¿Quiere cogerlo, Santidad?
Eso sí que sería una experiencia inusual para mí.
Para Peter y para mí sería un honor.
Un placer conocerte, Sr. Pío XIV.
Es una pena que no podamos recordar cómo olíamos
de bebés.
Yo recuerdo cómo olían mis padres.
Se parece a ti.
Pero si lo mira de cerca, también tiene un poco...
No, es un bebé muy guapo.
Se parece a su madre.
Santo Padre.
Perdón, qué imbécil soy.
Mis manos solo sirven para bendecir.
- No pasa nada, está bien. - Qué idiota soy.
Todos tenemos que acostumbrarnos a cosas nuevas.
- No ha pasado nada. - Sí, tienes razón, Peter.
Valente, ¿quería decirme algo?
Santo Padre, el primer ministro italiano
le espera en el Vaticano.
Claro, se me había olvidado.
Esther, debo irme.
En mi cabeza estaré en la audiencia
pero en mi corazón nunca dejaré este cuarto.
Es sorprendente ver cómo una mujer joven,
unos instantes después de tener un hijo, se convierte en una madre.
Sr. primer ministro, permítame recomendarle la máxima prudencia
con el papa.
La información que he recibido
sugiere que es más diablo que santo.
Estupendo. Por fin conoce a su igual.
Eminencia.
Bienvenido, Sr. primer ministro, el Santo Padre le espera.
- Gracias. - Por aquí, por favor.
- Buenos días. - Buenos días.
Buenos días.
Buenos días.
- Buenos días. - Buenos días.
- Buenos días. - Buenos días.
¡Llegaremos tarde a la audiencia!
Buenos días.
¿Está durmiendo, Santo Padre?
No, Sr. primer ministro, estoy rezando por usted.
Muy considerado por su parte.
Y muchas gracias por concederme la audiencia,
tras solo nueve meses.
No pensé que duraría tanto liderando el país.
Me dije a mí mismo: ¿para qué?
Pero me equivocaba.
Bueno, ¿cómo le va a esta Italia nuestra?
Mucho mejor, gracias a mí.
- ¿Eso cree? - Sí.
Yo creo justo lo contrario.
Si quiere hacerlo mucho mejor,
quizá deba tener muy en cuenta esta lista de peticiones.
Lo he apuntado a toda prisa hace solo unos minutos.
Si me he dejado algo, no tengo problema en añadirlo.
Me aseguraré de que lo reciba pronto.
Más ayudas a las familias católicas,
no a las parejas de hecho,
no a los matrimonios gais,
más dinero a los colegios católicos,
más ventajas fiscales y bancarias para la Santa Sede,
prohibición absoluta del aborto en todos los casos,
prohibición absoluta del divorcio en todos los casos,
no a cualquier tentación de aprobar la eutanasia,
restricciones a la libertad religiosa
de musulmanes e hindúes,
reabrir las discusiones sobre los Pactos de Letrán,
una revisión completa de los límites territoriales de la Ciudad del Vaticano.
Esta última es espectacular, lo admito.
No sabía que tenía ambiciones expansionistas.
Pero me dijeron antes de venir que el nuevo papa es muy gracioso.
¿Pero olvidaron decirle que el nuevo papa
es mucho más inteligente que usted?
No. Porque no es verdad.
¿Sabe cuál es la diferencia entre usted y yo, Santo Padre?
Oigámosla.
La diferencia es que yo fui elegido con el 41 por ciento de los votos.
Ese 41 por ciento existe.
Usted fue elegido por Dios.
Y no está claro que Dios exista.
Bien.
Hay otro elemento digno de su consideración:
si se diera el caso de que Dios existe,
¿sabe cuánto tardaría en borrar
ese 41 por ciento de la faz de la Tierra?
¿Y dónde erradicará Dios a ese 41 por ciento?
¿En los colegios, en las próximas elecciones?
¿O en sus casas, mientras ven la tele?
O quizá mientras duermen.
En los colegios, en las próximas elecciones.
Es más: a mí, como vicario de Cristo,
me haría feliz ayudar a Dios a erradicar ese 41 por ciento.
Y si usted no deja de hacerse el tonto,
me veré obligado a demostrarle que Dios sí existe.
- Déjeme explicarle algo, Santo Padre. - Por favor.
Sus demandas sí podrían tener alguna base
en cualquier otro momento histórico.
En algún momento en el que la Iglesia era más fuerte
que ahora,
la ecuación política italiana se habría visto obligada
a tomarse en serio sus demandas.
Como siempre ocurría en el pasado.
Ahora analicemos brevemente su papado, Santo Padre.
En estos nueve meses nunca se ha revelado
a los fieles,
no ha recitado un solo ángelus en la plaza de San Pedro,
no se ha comunicado con nadie,
simplemente se ha recluido en su resguardado palacio
y ha amenazado y aterrorizado a los fieles
con sus comunicados bruscos y telegráficos
en L'Osservatore Vaticano, con tesis oscurantistas y retrógradas.
El resultado ha sido que,
según varios estudios altamente respetados,
los católicos italianos han abandonado la Iglesia en masa.
Esto no solo me permite ignorar sus peticiones,
también me da opción a algo mejor:
modernizar Italia de una vez.
Sin miedo a represalias o al riesgo
de perder apoyos electorales, puedo revisar el fraude colosal
de la tributación al ocho por cien de la Iglesia, imponer al fin
impuestos punitivos a las diócesis, y lo más importante,
liberar por fin al país de los tratos de favor,
los escollos y los vetos de la Iglesia de Roma
en las áreas de la eutanasia, las parejas de hecho,
las parejas gais, el aborto, la investigación científica.
En resumidas cuentas, Santo Padre,
gracias a usted puedo empezar una revolución.
No comments yet. Be the first to leave one.