أول 200 سطر.
Di algo, Esther.
Te quiero.
Di algo más.
No.
No me quieres.
Sí te quiero.
Pero el amor no es suficiente para ti.
El sexo tiene sus propias reglas.
El sexo solo tiene una regla: procrear.
No...
¿Eres la hermana María?
Nunca me llames hermana María.
Llámame mamá.
Vale.
Traducción y subtítulos: PEPPER & LALASPAIN *** SONG LIVES FOR EVER ***
Has envejecido, Andrew, pero sigues estando de buen ver.
Tú también has envejecido, mamá, pero no lo estás.
Debería haber seguido mis instintos y abrir la caja de los donativos
para gastarme el dinero en un buen cirujano plástico.
¿Alguna vez has lamentado el haberte hecho monja?
¡No! Si no me hubiera hecho monja,
nunca hubiese criado a mis dos preciosas joyas: tú y Lenny.
El papa es una joya. Yo solo soy un torpe misionero.
Ambos sois joyas, Andrew. Y, además, tú eres cardenal.
Sí. Lo que no quiere decir nada. Absolutamente nada.
Pero no estamos aquí para hablar de mí, mamá. ¿Cómo está nuestro papa?
¡En el séptimo cielo!
En el séptimo cielo, cierto.
¡Me refiero a que quién se hubiera imaginado
que Lenny llegaría a ser papa!
Yo.
Debería irme ahora.
Nunca es buena idea que una monja esté en la habitación de un cardenal.
Bueno, si ves a nuestro papa, dile que se dé prisa y dé su discurso,
porque me gustaría volver a mis buenas obras.
O a las malas, eso está por ver.
¿No te gusta esto?
Este lugar huele a incienso y muerte.
Prefiero el olor a mierda y vida.
Ya veo que no has cambiado nada.
¿Y tú, mamá?
¿Cambiarás?
¿Ahora que te has convertido en una mujer poderosa?
- Buenos días. - Buenos días.
No sé si es una buena idea, Sofia.
- Me temo que es prematura. - ¿Prematura, Eminencia?
El tiempo que lleva desarrollar y actualizar el producto,
significa que tenemos que darnos prisa,
antes de que empiecen a aparecer falsificaciones.
Los delincuentes son mucho más rápidos, quién sabe cómo lo hacen.
Las organizaciones criminales son más rápidas
porque no perdonan la incompetencia.
A riesgo de parecer demasiado materialista, Eminencia,
¿sabe lo que pierden las arcas vaticanas cada día
que pasa sin comercializar en el mercado nuevos productos papales?
Exactamente no.
¿Ahora entiende por qué necesito
la inmediata aprobación del Santo Padre?
Sí. Pero usted no lo conoce.
Y, créame, no es una persona fácil.
Es un hombre difícil e impredecible.
¿Y? Yo soy una mujer difícil e impredecible.
Cierto. Eso es lo que me preocupa.
Déjemelo a mí. Saldrá bien, ya lo verá.
- Ayúdanos, Pipita. - ¿Quién es san Pipita?
No es un santo, es el delantero centro del Nápoles.
Qué chiste más malo.
Veo que ha perdido su optimismo a la vez que su sentido del humor.
El sentido del humor es irrelevante para el secretario de Estado.
¿Yo también puedo fumar, Santo Padre?
Me temo que no.
Su santidad Juan Pablo II lo prohibió en su día.
¿Puedo decirle una cosa, Santo Padre?
- Por eso estamos aquí. - Con el debido respeto,
visto desde cerca, es usted un hombre extraordinariamente guapo.
Pedí reunirme con el prefecto de la Congregación para el Clero
en primer lugar, y usted, sin temor a equivocarme,
no es el prefecto de la Congregación para el Clero.
No, pero me gustaría serlo.
A mí también, pero en vez de eso me nombraron papa.
Soy la jefa de marketing del Vaticano.
¿Lo estudió en la universidad?
En Harvard, para ser exactos.
No lo diga presumiendo.
Decir "Harvard" puede impresionar aquí,
pero a un americano solo le dice una cosa: declive.
¿Sabían que cuando el arzobispo de Boston
visitaba Harvard
se jactaba de no lavarse nunca los pies?
Lo sabían todos, y en Semana Santa, en el lavado de pies,
les aterrorizaba pensar que el arzobispo de Boston
podía ser elegido.
Cuando me convertí en su superior, le envié tres sobres.
En el primero había una carta transfiriéndolo a Alaska,
en el segundo algo de jabón,
y en el tercero una nota en la que ponía: "Elige".
¿Y qué eligió?
- El jabón. - Lo imaginaba.
Ya, pero seguro que no imagina
qué ponía en la cuarta carta que le envié.
"Excelente elección, arzobispo", le escribí.
"Tendrá agua de sobra en Alaska".
Una anécdota muy edificante, Santo Padre.
Pero no quiero malgastar su tiempo,
así que permítame ir al grano.
- Por favor. - Como sabe, Su Santidad,
el Vaticano tiene el monopolio
de la producción de todos y cada uno de los productos
que lleven la imagen del papa.
El cambio papal de hoy nos requiere lanzar nuevos diseños
que necesitaremos empezar a producir lo más rápido posible.
Todos esos artículos con la foto del Santo Padre en ellos,
que los fieles adoran
y constituyen una parte considerable del presupuesto del Vaticano.
Entiendo, siga.
Para eso se requeriría una breve sesión de fotos,
que nos permitiría empezar a fabricar de inmediato
una serie de productos con la imagen de Su Santidad:
llaveros, postales, ceniceros, mecheros, tarjetas, platos...
- ¿Platos? - Claro, Santo Padre, también platos.
Además de los típicos de plástico, que valen cinco euros,
hemos pensado en algo más refinado.
Se nos ocurrió que podíamos encargar un plato especial
de Vietri, en la Campania.
Sus artesanos hacen decoraciones magníficas,
así que pensamos en crear un plato con su retrato
en el centro, pintado por los mejores artesanos de Vietri.
Bien. ¿Y por cuánto se venderían?
Cuarenta y cinco euros, al menos.
Un precio razonable.
Yo diría que sí, considerando que hablamos
de artesanía, Santo Padre, hecha a mano,
no una baratija de fábrica.
Quizá podríamos enviar una a todos los jefes de Estado.
Un excelente idea, Su Eminencia.
Bien, muy bien.
Muy bien.
- Bien. - Muy bien. - Sí, muy, muy bien.
- Muy, muy bien. - Bien.
Un momento, volveré enseguida.
Bien.
¿Adónde ha ido?
A por un arma, supongo.
Venga, si ha ido bien.
¿Ve este plato, señora?
Sí, claro que lo veo.
Bien.
Este es el tipo de producto que estoy preparado para autorizar.
Pero no lleva su imagen puesta.
No la lleva, mi buena mujer, porque yo no soy nadie.
¿Lo entiende? Nadie.
Solo Cristo existe.
Solo Cristo.
Y yo no valgo cuarenta y cinco euros, ni siquiera cinco.
No valgo nada.
No lo entiendo, Santo Padre.
Por supuesto que no,
porque, como dijo antes, estudió en Harvard.
Y Harvard es un lugar en declive,
donde les enseñaron a degradarse.
Pero aquí, en el Vaticano, tratamos de elevarnos.
¿Quién es el encargado de la imagen del papa?
El secretario de Estado dejó esa tarea en mis manos,
Santo Padre, hace dos años.
Bien. Ahora le diré qué va a hacer
como encargada de la imagen del papa.
Va a despedir inmediatamente al fotógrafo oficial del Vaticano.
No se mostrarán imágenes del papa.
Ninguna, igual que cuando era cardenal u obispo.
¿Sabe por qué? Porque nunca acepté que me hicieran fotos.
Y cuando me hacían un robado,
siempre las compraba antes de que las publicaran.
Y ahora que pienso,
me he estado entrenando toda mi vida para ser un papa invisible.
Por ello, en mi primer discurso, verá que
la luz será muy tenue, sin fotógrafo,
sin cámara de TV, y ni los fieles
verán nada de mí salvo una sombra oscura. Mi silueta.
No me verán porque yo no existo.
Si me permite, Santo Padre, lo que propone
es un suicidio mediático absoluto.
¿Suicidio mediático, dice?
Vale, trate de seguirme el ritmo, si puede.
- Estoy lista para usted, Santo Padre. - Bien.
¿Quién es el escritor más importante de los últimos 20 años?
Cuidado, no el mejor, el virtuosismo es para los arrogantes,
el más importante, el escritor que originó
tanta curiosidad morbosa que se convirtió en el más importante.
No sabría decir... Philip Roth.
No. Salinger.
¿El director de cine más importante?
- Spielberg. - No. Kubrick.
¿Artista contemporáneo?
Jeff Koons. O Marina Abramovic.
Banksy. ¿Grupo de música electrónica?
No tengo ni idea de música electrónica.
Y dice que Harvard es buena universidad... En fin, Daft Punk.
¿La mejor vocalista femenina italiana?
- ¿Mina? - Muy bien.
¿Ya sabe qué es,
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