أول 200 سطر.
Bienvenidos a Australia.
Nos encontramos en el noreste del continente australiano,
y debajo de nosotros tenemos la Gran Barrera de Coral.
Las espectaculares aguas cristalinas se extienden hasta donde alcanza la vista.
Bajo la superficie se hallan los arrecifes de coral
que se han extendido por toda la zona.
Estas enormes estructuras son perceptibles desde el aire.
Unas vistas que quitan el hipo.
Lo que no se aprecia desde aquí arriba
es la sorprendente variedad de seres vivos,
que nos aguarda en el fondo del arrecife.
Ellos son la razón de nuestra visita a esta maravilla de la naturaleza.
La Gran Barrera de Coral
es el arrecife de coral más grande del planeta.
Se encuentra a lo largo de la costa este del estado de Queensland
y tiene una longitud aproximada de 2300 kilómetros.
El área total que cubre el arrecife
abarca la impresionante superficie de 350 000 kilómetros cuadrados.
Alberga una increíble cantidad de vida.
Unas 2600 especies de peces, 600 especies de coral,
y almejas de hasta 120 años son algunos de sus habitantes.
Desde 1981, la Gran Barrera de Coral
forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Nos reunimos con un veterano de la Gran Barrera de Coral,
un hombre cuya vida está profundamente ligada al arrecife
desde hace 40 años, el americano John Rumney.
En 1974,
vine a Australia
para conocer la Gran Barrera de Coral.
No tenía mucha idea.
Había leído algo en National Geographic y en libros.
Fuimos a la costa
y, efectivamente, salimos de Cairns hasta Green Island,
pero era el único turismo que había.
No había… Todo lo que se ve hoy en día,
la industria de seis mil millones de dólares y 60 000 personas…
No existía nada de eso.
Solo había unos cuantos botes pesqueros
y el ferri que iba a Green Island.
Llegué allí, me bajé y fue increíble, alucinante.
La danza de la vida.
La siguiente hora que pasas en el agua,
vas a ver más animales que en toda tu vida.
La primera vez que hice buceo
tenía 11 o 12 años y creo que ese fue el cambio de mi vida.
Porque pasaron…
de gustarme los animales en general, serpientes, lagartos, cocodrilos y demás
a verlos en 3D en el agua.
Estaban justo delante de ti
y tal, en la naturaleza, en el bosque o en las montañas.
Cuando saltas a un arrecife de coral
hay cientos de cosas, miles.
Cuando empezamos a bucear bajo la superficie,
le damos toda la razón a John Rumney.
Es abrumador lo colorido, lo vivo,
y lo poblado que está el arrecife.
Entre los peces vemos cardúmenes gigantescos.
Por un lado, hay bancos de peces más grandes
que rondan juntos por el arrecife.
Por otro lado, encontramos docenas de peces diminutos y coloridos
que permanecen cerca de sus corales junto a otros de su especie.
De esta forma, pueden esconderse rápidamente en las estructuras ramificadas
cuando acecha el peligro.
Sin duda, los propios corales son todo un espectáculo para la vista.
Con sus más de 500 especies en el arrecife,
sorprenden por sus formas e increíbles colores.
Después de estas imágenes,
es evidente por qué John Rumney decidió
quedarse en Australia.
Empezó en el sector pesquero
y, luego, se pasó al del turismo.
Durante ese periodo,
aprovechó cada oportunidad para bucear
y disfrutar de los mágicos acontecimientos que ocurrían bajo en agua.
De esta forma, experimentó la expansión del turismo de primera mano.
Hoy en día,
esta industria emplea a más de 60 000 personas
solo en la Gran Barrera de Coral,
y factura miles de millones al año.
Pero con el paso del tiempo, Rumney percibió que el arrecife cambió.
A lo largo de los años, fue surgiendo un grave problema
que se ha tornado en una amenaza
para la gran diversidad de especies en la Gran Barrera.
Un número considerable de los corales está muriendo.
Ha habido una evolución.
Cuando vine aquí y vi el arrecife por primera vez
estaba llevo de vida, era vibrante y virgen,
pero con el paso del tiempo ha ido decayendo.
Y el pasado episodio de blanqueamiento en 2016
afectó mucho.
Lo cambió por completo y pensé:
"Vaya, es un aviso a nivel mundial".
Es como meter a un canario en una mina de carbón.
Para mí fue el punto de inflexión que nos advirtió
de que debíamos actuar ya o perderíamos la Barrera de Coral.
Desde luego, no perderemos todo el coral del mundo.
Pero podríamos entrar en la época oscura del coral.
No será como lo que vemos ahora.
Nos quedaremos sin peces, perderemos la biodiversidad
y puede que perdamos nuestra garantía alimentaria.
A causa de nuestra ignorancia y falta de compromiso,
estamos alterando la física básica del océano.
Esto podría ser catastrófico.
El blanqueamiento del que habla Rumney
recibe este nombre por una razón.
De hecho, el término es acertado.
Gran parte del arrecife lo conforma la piedra caliza,
que es blanca por naturaleza.
Se forma por las excreciones de los corales
y funciona como un esqueleto.
Los corales adoptan sus diferentes colores
gracias a la relación simbiótica con diferentes algas,
una relación de cooperación mutua.
Las algas proveen a los corales de oxígeno y energía.
Sin embargo, estas algas son muy sensibles en cuanto a su entorno.
Un cambio en la composición o en la temperatura del agua
provocaría una terrible reacción en cadena que matase a las algas simbiontes
y, consecuentemente, a los corales.
Así es como el blanqueamiento del 2016
provocó que gran cantidad de algas y corales murieran,
dejando únicamente la piedra caliza blanca.
Este fue el infame origen del término.
El incidente no dejó más que un páramo espeluznante.
Todavía es más aterrador
cuando uno sabe la cantidad de vida
que poblaba este lugar en los últimos años.
Por lo tanto, los corales muertos parecen
una pila de cadáveres,
igual que un cementerio de reclamaciones.
Pero no es la primera vez que pasa.
Entre 1985 y 2012,
la superficie total de coral del 28 %
se redujo a más de la mitad,
y llegó al preocupante porcentaje de 13,8 %.
Se cree que es inevitable que haya nuevos descensos
de entre el 5 y el 10 % en los próximos diez años,
provocados por las emisiones de dióxido de carbono.
Creo que la Barrera de Coral es la primera señal,
el primer ejemplo a la vista de lo que nos espera.
Sí, los corales son sensibles a los cambios de temperatura.
Hemos tenido un aumento indiscutible de la temperatura
debido a las emisiones de CO2.
El blanqueamiento del coral
está afectando indudablemente a la salud del arrecife
y muchos corales están muriendo.
Por lo que en el siguiente episodio morirán más y más.
Es un proceso de deterioro.
Lo que perderemos será la biodiversidad.
Aquí es donde encontramos
la mayor variedad de especies en una zona determinada.
Hay miles de animales más por cada 100 metros
que en otras partes del océano.
Esta variedad de la que habla Rumney
y de la cual somos testigos
es lo que hace que la Gran Barrera de Coral sea única.
Pero ¿cuál es el origen de toda esta variedad?
Principalmente, es fruto del trabajo de los propios corales.
Los protagonistas de nuestros arrecifes
son el coral pétreo y el coral de fuego.
En el transcurso de muchos milenios,
estos seres vivos crearon formaciones gigantescas
e incluso islas enteras.
Entre ellas están las Bahamas, las Bermudas y las Maldivas,
aunque ninguna supera la magnitud de la Gran Barrera de Coral.
Los corales incluso compiten contra nosotros
como creadores de las mayores estructuras conectadas del planeta.
Los corales, que pertenecen al grupo de los cnidarios,
consiguen esto por la constante liberación de piedra caliza.
Las zooxantelas, unos microorganismos
que mantienen una relación simbiótica con el coral,
ayudan a la calcificación y al abastecimiento.
Las zooxantelas abastecen al coral de hidrógeno,
y es muy sensible
en cuanto a la temperatura del agua.
Siempre ha de estar entre los 20 y los 30 grados centígrados.
Por eso, son más comunes en aguas tranquilas,
tropicales y luminosas.
Los corales pétreos y los de fuego
son simplemente colonias gigantescas de pólipos individuales.
Un pólipo mide alrededor de un centímetro.
A pesar del sustento que les aportan los simbiontes,
su dieta se basa principalmente en el plancton
que cazan usando sus tentáculos.
Los corales de fuego reciben su nombre por sus células urticantes,
que pueden utilizar para penetrar en la piel humana
e inyectar un doloroso veneno.
Los síntomas son similares a los de la hiedra venenosa,
cuyo dolor puede prolongarse desde dos días hasta dos semanas.
Las heridas pueden dejar cicatrices
que en ocasiones quedan visibles para siempre.
Los buceadores deben tener mucho cuidado
para no confundir los corales de fuego con algas.
Para protegerse a sí mismos
y luchar por su hueco en el arrecife,
los corales utilizan los llamados pólipos defensivos,
que son más grandes que los normales.
Pueden usarlos para segregar veneno
en el tejido del oponente y deshacerse de él por completo.
En lo que respecta a la proliferación entre las especies sésiles,
las cuales no pueden desplazarse,
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