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Está muerto.
Capitán Brizzard al habla.
¿Qué? ¡Rolizoides!
- ¿Qué sucede, capitán? - ¿Qué ha sucedido, doctor?
Comprendo. Gracias, doctor.
El director ha muerto en el hotel. Al parecer, intoxicado.
¡Le han asesinado!
¡Esto es intolerable!
Tres directores del Hotel Casablanca en seis meses.
Muertos. ¡Asesinados!
¡Atención! ¡Asesinato en el Casablanca!
Ha muerto el director Rolizoides. Investiguen a los habituales.
¿Qué cree que hace, sostener el edificio?
No hay más preguntas, pueden marcharse.
Nunca había visto una serie de asesinatos con tan pocas pistas.
Escuchen al teniente Delbart, por favor.
- ¿Quién es? - Seguro que les interesará.
Teniente, el Sr. Galoux, el gobernador.
Un honor, señor. Me alegra volver a verle.
- ¿Está de servicio? - Estoy de reserva.
Llevo el uniforme porque no tengo otra ropa.
¿Tiene algo que decirnos sobre el caso Rolizoides?
Sí, capitán, ¿no confirma la teoría que le comenté?
- ¿Qué teoría? - Es más bien una fábula árabe.
- Soy el único que lo sabe. - Pero nadie le escucha.
Ya le escucho. ¿De qué se trata?
Ocurrió en París, durante la ocupación.
Los nazis me ordenaron pilotar hasta Sudamérica.
Me obligaron a punta de pistola.
La carga valía millones. Era un botín nazi.
Joyas, oro, pinturas valiosas.
No podía soportar volar fuera del territorio francés,
cerré el combustible y aterricé en Casablanca.
Me arrestaron y cuando regresé al avión, el tesoro no estaba.
¿Qué tiene que ver con los asesinatos?
El Casablanca lo dirigían los nazis.
Pero ahora lo regenta el gobierno francés.
Exacto. Un grupo quiere controlar el hotel.
No por los beneficios, pues es del gobierno,
pero parece relacionado con el tesoro.
¿Qué interés tiene en esto?
Si el tesoro se encuentra en Casablanca,
probará que actué como un patriota.
Ah, es eso. Comprendo.
No nos preocupa lavar su nombre,
sino resolver los asesinatos
y encontrar un nuevo director. Buenos días.
- ¿Quién es? - Camarero.
Adelante.
Bien. Que venga Bea.
PERSONAL GENERAL ALEMÁN CÓDIGO
¡Cerdo asqueroso!
¿Dónde estás? ¡Ven aquí!
¿Dónde se habrá escondido ahora?
¿Por qué no obedeces mis órdenes?
Estoy harto de tus tonterías.
Hace dos horas que te he dicho
que llamaras al sastre.
¿Qué ocurre?
A ver qué puedes hacer. Ya no descifro como antes.
Menos mal que has venido. Es importante.
Brizzard me ha entretenido.
Está interrogando a los trabajadores del hotel.
No me preocupa. Esta noche aceptaré la dirección.
¡Por fin!
Podría haber aceptado ya, pero he ocultado mi deseo.
- Es de Shvegler, de Sudamérica. - Sí, pero ¿qué dice?
Es difícil de descifrar. Deme tiempo.
Sí.
Ya está. ¿Por qué...?
¿Qué haces, idiota? ¡El chaleco está del revés!
¿A qué viene el retraso? Velocidad fundamental.
Cada momento perdido...
incrementa el peligro.
El descubrimiento del tesoro...
sería...
desastroso.
Muy bien. Lo veré inmediatamente.
¡Max! ¿Has visto cómo vas?
- ¿Qué pasa? - El sombrero.
¿Qué significa esto? ¡Imbécil!
¡Mudo idiota!
¡Yo te enseñaré a jugar conmigo!
¡Fuera de mi vista!
¡Métete ahí y limpia esas habitaciones!
¡Simio!
Listo para cenar con el gobernador general.
¡Max! ¡El bisoñé!
No puedes ir sin él. Es peligroso, podrían reconocerte.
¡La cicatriz!
¿Y mi bisoñé?
El conde Pfefferman lleva una hora de retraso.
No tiene intención de aceptar, no tiene la culpa.
Vámonos.
Tengo una idea.
Telegrafiaré al director del Desert Blue.
¿El Desert Blue? ¡Perfecto!
Está en medio del desierto, no sabrá nada.
¿Quién es?
No recuerdo su nombre.
Ponga esto en "Objetos perdidos".
Es un bisoñé.
Lo han encontrado limpiando una aspiradora.
LLEVE CAMELLOS USTED MISMO
¡Rusty! ¡Ven a saludar a tu amigo!
¿Qué tal?
Capitán, no tenemos tiempo. El nuevo director está a punto de llegar.
¿Has oído? Tienen otro director.
Se necesita ser idiota para aceptar un trabajo así.
¿Al Hotel Casablanca?
- Tome, voy al Casablanca. - ¿Es el nuevo director?
- ¿El nuevo director? - ¿Al Hotel Casablanca?
- Yo voy al Casablanca. - No le dejarán entrar.
- ¿Y a usted, le dejarán? - Claro.
Pues se acabó, soy el nuevo director.
¿Es el nuevo director? ¡Eso está muy bien!
- Deme eso. - Me han enviado a recibirle.
- Devuélvame la maleta. - Puede confiar en mí.
No confío ni en mí.
Esto le gustará.
- ¡Compre! ¡Barato! - ¡No! ¡Largo de aquí!
Tenga cuidado con éstos, le dejan limpio.
- ¿Y usted? - Yo le llevo al hotel.
- ¿Qué lío lleva entre manos? - Ninguno.
- Vivo de los camellos. - ¿Qué les hace?
Son taxis. Soy el presidente de la Compañía del Camello Amarillo.
¿No son amarillos todos los camellos de Casablanca?
¡Qué va! También hay una compañía a cuadros.
- ¡Mire! - Seguro que es cara.
- ¿Conque esta es su esposa? - No, es mi camello.
- ¿No llevarás otro chicle? - Vamos, le acompaño al hotel.
Compórtense como es debido.
Disuélvanse, están en el hall de un hotel.
¿No tienen un billar donde meterse?
Señor, soy Galoux, el gobernador general.
- Y yo el jefe de policía. - Y yo Kornblow, el nuevo director.
¡El nuevo director!
¡Sr. Kornblow! ¡Es un placer!
Su viaje ha sido largo
y seguro que pesado.
He visto la oscura madrugada, pero esto es ridículo.
Hemos reunido al personal. Dígales qué espera de ellos.
Reúna a los huéspedes y les diré qué espero de ellos.
- ¿Qué espera de los huéspedes? - Cortesía hacia los empleados.
Aprenderán que buenas palabras llevan más lejos que dos copas.
Buenas palabras y dos copas llevan más lejos aún.
Si llegan más lejos, hay que echarles del hotel.
Me preocupa el futuro de este lugar.
- ¿Qué sugiere? - Actuemos con rapidez.
Si piden un huevo pasado 3 minutos, lo pasaremos 2.
Si lo quieren de 2, lo pasaremos 1.
Si lo quieren de un minuto, les daremos un pollo.
Habrá un error. Este hombre es imposible.
Sí, pero los que mendigan no pueden escoger.
Espero que no se le ocurran más ideas.
- Caballeros, tengo otra idea. - ¿Otra idea?
Cambiaré los números de las habitaciones.
Los huéspedes se equivocarán.
- ¡Imagínese qué confusión! - Pero qué diversión.
Por favor, capitán, no le enojemos con preguntas.
Supongo que estará cansado.
Quizá quiera descansar un rato.
Su despacho. Su mesa.
Por favor, siéntese.
Detrás de la mesa soy distinto, cualquier taquígrafo lo sabe.
Quiero saber por qué están enterrando al último director
y no me digan que porque está muerto.
Se alarma sin razón.
Murió de muerte natural.
¿Y qué le pasó al que le precedió?
Le sorprendimos robando y tuvimos que despedirle.
Ya veo, quieren un director que no robe.
- Adiós, caballeros. - Por favor, no se lo tome así.
No haga una montaña de un grano de arena.
Es un buen truco. Haga la prueba.
- No hemos hablado de su sueldo. - Cierto, díganme, chicos.
-500 francos por semana. - Bien.
- ¿Y la ropa sucia? - ¿Ropa sucia?
Sí, esas cosas que no se quitan.
- La recogeremos una vez al mes. - Si esperan tanto, no la recogerán.
- ¿Qué haces aquí? - Tenía que venir.
Lo han encontrado en el hotel. Podría significar algo.
Kruss y Cía, Berlín. Se lo hicieron a Heinrich Stubel.
- ¿Hay un huésped con ese nombre? - No, que yo sepa.
Si lo hay, se lo habrá cambiado.
Era un pez gordo nazi instalado en París.
Puede que sea la pista que esperabas.
Es posible. Ve y vuelve a ponerlo en "Objetos perdidos".
No irá a buscarlo, pero no hay que desaprovechar la oportunidad.
Bien. Hasta luego.
¡Prisionero! ¡Desamparado!
¡No puedo mostrar la cara! ¡Atrapado en esta habitación!
- ¡Es la existencia de un animal! - Max, contrólate, por favor.
¡Que me controle!
¡Yo, Heinrich Stubel, derrotado por un bisoñé!
Una peluca, un mechón de pelo.
¿Por qué tendré esta cicatriz en la cabeza?
¿Para marcarme?
Tengo una idea.
¿Qué es?
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