De første 200 linjer.
¿Gabrielle?
Despierta, Gabrielle.
No, déjame dormir.
- Arriba, Gabrielle. - ¿Qué hora es?
Son las siete. Hoy viene Willy.
Al menos fue entretenido. El viaje hasta aquí es largo.
¿Y cómo está París por estos días, Willy?
Es un hervidero eléctrico,
a rebosar de artistas y poetas y escritores
que buscan decir algo profundo.
Son, en su mayoría, demasiado jóvenes o desenfrenados,
aun así generan una cierta energía vital.
Íbamos a ver una obra de teatro, ¿no?
Sí, La tosca.
Sí. No, asistí a la primera función.
Yo no me tomaría la molestia.
Sarah Bernhard se afana, como siempre,
pero es melodramática y exagerada.
- Quizá lo compruebe por mí misma. - Pues claro.
No olvide que si un libro le aburre, tírelo.
Con una pintura estridente, cierre los ojos.
Pero ir a una mala obra de teatro es como ir al dentista:
te sientes obligado a permanecer en la silla mientras te taladran el cráneo
hasta que la macabra intervención llega a su fin.
Tienes razón, Willy.
Es un asunto doloroso.
Casi se me olvida.
- Un pequeño presente. - Gracias.
Voltéalo.
Qué lindo.
Adiós.
Sido, saldré de paseo.
- Primero cámbiate el vestido. - No saldré del camino.
Cámbiatelo.
Cariño, vamos a entrar.
Es un buen hombre. Es cierto que tiene cierta reputación,
pero todo hombre acaba asentándose.
¿Terminaste la carta para su padre?
Empiezo a escribirle,
pero nunca termino la carta.
Una chica sin dote... Esas cosas no se ven en su entorno.
Si lo cancelan, no será el fin del mundo.
Sido.
Claramente, la adora.
Este año, ya ha venido cuatro veces.
Me preocupa que no la comprenda.
¿Habrá quien te satisfaga?
¿Ya puedo irme?
Llévate esto y llénalo de arándanos. Mañana haré una tarta. No vuelvas tarde.
No lo haré.
¿Dónde estás?
Aquí.
Qué pelo tan fenomenal.
En el pueblo me dicen "la chica del pelo".
No lo dudo. Imagino que eres muy célebre en el pueblo.
¿Cuánto tiempo tenemos?
Unos 40 minutos, pero tengo que caminar a la estación.
Gabrielle, no puedo expresarte lo feliz que me siento.
Yo también.
Te adoro.
Querido Willy:
Regresé a casa caminando por el río. La luz del sol atravesaba los árboles
y mi corazón se llenaba de una especie de orgullo delicioso.
Al fin y al cabo, tú has conocido a tantas parisinas refinadas.
Algo debo tener yo.
Quiero despertar a tu lado
y saber que el día nos pertenece,
saber que esta vida nos pertenece también.
Qué plenos, qué felices seremos, amor mío.
Respire profundo.
Eso es.
¿Ya estás lista?
Todavía no.
¿Qué opinas, Matilde?
Es bonito, señora.
Deberíamos llegar antes de que acabe.
¿Y el vestido nuevo?
No me dejaba respirar. Me pareció ridículo.
Pero me costó 267 francos. ¿No te gusta?
Sé que te gusta. Lo mandaré a ajustar.
- ¿Qué pasó? - Creo que es dentífrico.
Vamos a ver.
Listo. Perfecto.
Entremos.
No puedo ver ese esperpento.
Tranquila, querida. Es provisional.
Llegó Willy. Willy, la torre Eiffel. ¿Apruebas o desapruebas?
Apruebo. Me da algo de envidia
que hayan erigido en el corazón de la capital
la erección de otro.
- ¿Cómo está, Conde? - Muy bien, gracias.
Willy, el travieso. Veo que trajiste a una pariente huérfana.
- Una hija natural secreta. - Excelente.
No, les presento a mi esposa Gabrielle-Sidonie Colette.
- Es un placer. - Encantada.
Maravillada, más bien.
Querida mía, conseguiste atrapar a la anguila más escurridiza.
- Vamos, Arman... - ¿Cómo se consigue algo así?
No estoy segura.
¿De dónde eres, dulzura?
Saint-Sauveur.
- Queda en Borgoña. - ¿Ahí compraste ese vestido?
- ¿Te mudaste, Willy? - Aún no, Conde.
No le hagas caso. ¿Dónde se conocieron?
Nuestros papás sirvieron juntos.
¡Willy se casó! ¡Atrás quedaron los días de desenfreno!
Por el contrario, acaban de comenzar.
¡Gracias a Dios que regresaste, Willy! Ese cuento...
Veber, te presento a mi esposa.
- ¿Qué? - Gabrielle.
Es todo un gusto conocerle.
Hay que entregarlo el martes y no me has dado ni una pista.
Entretente un momento, Gabrielle.
Es sencillo. Es un boceto de 800 palabras.
Un hotel costero pequeño, trajes de baño mojados...
Pobre.
Extrañas la tierra y la grama, ¿verdad?
Es una gardenia, ¿no? ¿Cómo es que se llama?
Es una cala, ¿no? Tiene un olor exquisito.
Y dime, ¿qué te pareció el salón?
Me gustó la tortuga.
Parecía estar tan aburrida como yo.
Más que aburrida, te vi intimidada.
No.
Todos me parecieron vanos y pretenciosos.
No. Vamos, los malinterpretas.
Más que pretenciosos, son exuberantes.
Lo ideal es ser auténtico, pero grandioso,
dejar de manifiesto una personalidad con P mayúscula.
Tú podrías aplicarlo también con tu encanto campirano.
¿Aquella mujer tenía una P mayúscula?
¿Cuál de todas?
La del vestido rojo con quien hablabas.
¿Nicole D'Allier?
Estábamos coqueteando nada más.
- No significó nada. - ¿Y para qué?
Porque eso es lo que se hace para pasar el tiempo y no aburrirse.
Anda, olvídate de ellos.
¿Te enteraste?
Willy se casó. Está felizmente casado.
Y regresará a casa con su linda esposa
a quien quiere mucho.
- Buenos días, monsieur Veber. - Hola, Matilde.
- Hola, Veber. - Gabrielle.
¡Qué frío hace afuera!
No sabría. Me tienen encerrada.
- Schwob ya llegó. - Gracias.
"Tanto humor y alegría
"se estancan en un pésimo pantano operativo,
"que da rienda suelta a las miserias del alma y causa una sensación de nausea,
"como si fuera una indigestión".
Un tanto exagerado.
El final me pareció conmovedor.
No hay que dejar las cosas a media. Siempre a toda marcha.
- Veber. - Willy.
Schwob.
Adórnalo y entrégalo a El Eco para las seis.
Así se hará.
La fábrica está que arde y nosotros también.
Se me ocurrió una idea estupenda.
- Podría serlo. - ¿De qué se trata?
Comenzaré una novela.
- ¿Novela? - Sí, de Willy ya tenemos cuentos
y reseñas musicales. Sacaremos su primera novela.
Tendrá un nivel literario para los cultos
y suficiente indecencia para la ralea.
O viceversa.
¿Y quién escribirá esta novela?
Tú.
¿También escribes para él?
¿Ya te convirtió en uno de sus fantasmas?
Cartas nada más.
Eres quisquillosa, exigente.
- Le corrijo mucho, querrás decir. - Bueno, sí.
Willy lo transcribe para que se vea su letra.
La letra de monsieur Willy no tiene igual.
La conocemos,
Monna.
Sus admiradores la llevan en hombros.
Tiene 18 años. Es preciosa y peligrosa. Es una criatura de la calle
que devora a los hombres y que nunca lleva corset.
Luego tenemos a nuestro héroe: Renaud,
un escritor, un genio
que se ve cautivado por ella y se convierte en víctima de su seducción.
Luego de cinco días del más puro éxtasis carnal,
él se encuentra atrapado en sus redes.
Ella intuye sus deseos más bajos.
Uno se pregunta: ¿podrá zafarse?
¿Conseguirá volver con sus amigos honrados
y retomar su carrera?
¿O quedará atrapado entre esas garras mezquinas,
para dejar atrás su carrera de escritor y hundirse en aquel cenagal sexual?
Es brillante.
Lo será.
Dime: ¿cuánto tiempo te tomará?
- Dos, tres meses. - No. Semanas, Veber.
Semanas. Dedícale cuatro horas diarias.
Está bien. Adiós, Gabrielle.
Si me bloqueo, te llamaré.
Sí, pero escribe, y rápido. Busquemos que llegue el dinero.
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