De første 200 linjer.
"La guerra civil divide al país".
"El rey sufre el ataque de la familia rebelde de York...
que lucha por los derechos al trono de su primogénito, Eduardo."
"El ejército de Eduardo avanza bajo el mando de su hermano menor...
Ricardo de Gloucester."
"Ricardo de Gloucester se aproxima...
mantiene su avance hacia Tewksbury"
"Cuartel General de Campo del ejército del Rey, en Tewkesbury"
Alteza.
¡Dios mío!
- Buenas noches, Majestad. - Buenas noches, hijo.
Padre...
¡Shsh!
RICARDO III
Majestad.
Madre.
"Tras la guerra, Eduardo de York es proclamado Rey.
La Casa Real celebra la victoria del comienzo de una paz duradera."
Ven a vivir conmigo y sé mi amado.
Viviremos todos los gozos.
Bailaremos por montes y valles...
y montañas escarpadas.
Ven a vivir conmigo...
y sé mi amado.
Allí te haré un lecho de rosas.
Con mil ramos de flores perfumadas.
Si estos placeres te deleitan.
Entonces vive conmigo y sé mi amado.
Ven conmigo...
y sé mi amado.
Los pastores bailarán y cantarán...
para darte gozo.
Entonces ven conmigo y sé mi amor.
Ven, vive conmigo...
y sé mi amor.
Ven, vive conmigo y sé mi amor.
Todos los placeres nos deleitarán.
Una corona de brotes de hiedra.
Con broches de coral y adornos de ámbar.
Vive conmigo...
sé mi amor.
Te haré un lecho de rosas.
Con mil ramos de flores perfumadas.
Si estos placeres te deleitan.
Entonces ven conmigo y sé mi amado.
Vive conmigo...
sé mi amor.
Si el mundo y el amor fuesen juventud...
y la verdad en la lengua del pastor...
estos gozos me moverían el corazón.
Para vivir contigo y ser tu amor.
Vive conmigo y sé mi amor.
El invierno de nuestras penas...
se ha hecho glorioso verano...
gracias al sol de York.
Los nubarrones que amenazaban nuestra casa...
yacen sepultados en el fondo del mar.
Hemos conquistado los laureles de la victoria, al fin.
Nuestras armas gastadas serán ahora trofeos.
Las voces de alarma han dado paso a amables tertulias.
Y las marchas militares a los bailes de salón.
El rostro de la guerra ha suavizado las arrugas de su frente
y en vez de cabalgar sobre corceles de acero...
para espantar el ánimo de nuestros adversarios...
retoza en las alcobas de las damas...
al placer lascivo de la música.
Pero yo no he sido hecho para esos menesteres.
No podría cortejar a mi propia imagen en un espejo.
Soy un defecto de fábrica...
deforme... sin terminar.
Traído a este mundo antes de tiempo. A medio hacer...
Tan tullido y contrahecho que los perros ladran al pasar a mi lado.
En tiempos de paz no encuentro placer...
en el paso del tiempo...
si no es para espiar hasta a mi sombra...
y contemplar mi deformidad.
Puedo sonreír...
y matar mientras sonrío.
Y cubrir mis mejillas de lágrimas falsas...
y acomodar mi rostro a cada ocasión.
Por eso, al no poder ser gran amante...
he decidido ser gran canalla...
y odiar los placeres vacíos de estos días.
Conspiro sin cesar.
He sembrado en mis hermanos, Clarence y el Rey Eduardo...
un odio mortal. Los he enfrentado.
¡Clarence!
¡Hermano! ¿Qué significa esta guardia?
Su Majestad...
preocupado por mi seguridad, me ha asignado una escolta...
para conducirme a la Torre.
¿Qué ha sucedido, Clarence?
¿Lo puedo saber?
Sí, Ricardo, cuando lo sepa yo, porque debo confesarte...
que no lo sé.
Esto les pasa a los hombres por dejarse gobernar por las mujeres.
No es el Rey, quien te envía a la Torre, sino la reina Isabel.
Es ella, Clarence.
Nunca estaremos a salvo, hermano, nunca estaremos a salvo.
Ruego a sus Altezas que me perdonen. Su majestad...
ha dado órdenes estrictas de que nadie hable en privado...
sea quien sea, con su hermano.
No estamos conspirando, Brackenbury.
Decimos que el Rey es prudente y virtuoso y su reina...
algo entrada en años.
Les ruego me disculpen.
Sabemos que es su deber, Brackenbury, obedeceremos.
Somos súbditos de la reina, y debemos obedecer.
Adiós, hermano.
Hablaré con el Rey.
Esta absurda disputa entre vosotros...
me afecta más de lo que puedas imaginarte.
Ya me imagino que no nos gusta a ninguno.
No te quedarás mucho tiempo en prisión...
o te saco de allí, o me voy allí contigo.
Mientras tanto, ten paciencia.
¿Qué remedio me queda?
Adiós.
Simple, ingenuo Clarence. Tanto te aprecio...
que enviaré tu alma derecha al Cielo...
¡si es que el Cielo quiere recibir un regalo de mis manos!
Y ahora... a conquistarla a ella...
Aunque haya matado a su marido y a su padre.
Malditas sean las manos de quien te hizo esto.
Maldito el corazón del que tuvo corazón para hacerlo;
Maldita la sangre que dejó aquí esta sangre.
Que si llega a tener un hijo, sea un aborto.
Si se casa, sea su mujer...
más desgraciada por la vida de él...
que yo por la muerte de mi esposo.
¿Qué cruel hechicero te envía a interrumpir...?
¿los deberes más elementales de caridad?
Adorable Ana, por compasión, no me maldigas.
Condenado diablo, por Dios,...
no me hagas más desgraciada.
Porque has convertido mi vida en un infierno.
Si vienes a gozarte en tus crueldades...
aquí tienes el resultado de tu carnicería.
Milady, ignoras las leyes de la caridad.
Tú sí ignoras las leyes, las divinas y las humanas.
¿Por qué no dejas, mujer de perfección divina...?
Que me defienda del crimen del que me acusas...
tan injustamente?
¿No has matado tú a mi marido?
Eso te lo concedo, sí.
¿Me lo concedes, cínico?
Dios me conceda el que te condenes por haberlo hecho.
Querida lady Ana...
Él sí era querido, dulce y amable.
Perfecto para el Rey del cielo, que lo acogió en su seno.
Tú, en cambio, has nacido para el infierno.
Y para otro sitio, si me quieres escuchar, pero...
Una mazmorra.
Tu alcoba.
Deja, por favor, de maltratarme.
Ha sido tu belleza la que me ha vuelto loco.
La que me haría capaz de destruir el mundo entero...
con tal de estar una hora en tu regazo.
Si eso fuera verdad, desalmado...
me desgarraría la cara con las uñas.
No soportarían mis ojos la ruina de esa hermosura.
Como el sol ilumina el mundo, tú me iluminas a mí.
Mis días. Mi vida.
Quien te ha quitado a tu esposo...
lo ha hecho para darte un esposo mejor.
Mejor que él, nadie respira sobre esta tierra.
Vive, y te quiere más de lo que él te quería.
¿Dónde está?
Aquí.
¿Por qué me escupes?
Ojalá fuera veneno mortal.
No saldría veneno de una boca tan dulce.
No caería sobre un sapo más repugnante.
¡Vete de mi vista!
Me infectas los ojos.
Tus ojos...
le arrancan a los míos, cada día, lágrimas amargas.
Ni el relato de la muerte de mi padre...
que hizo llorar a todos los presentes,...
y les dejó con las mejillas empapadas...
salió una sola lágrima de mis ojos.
Y lo que el dolor no pudo hacerles dar,...
tu belleza lo ha hecho...
hasta quedar ciegos de puro llanto.
No enseñes a tus labios a maldecir,...
porque fueron hechos para besar, Ana,...
no para despreciar.
Si ese corazón vengativo no me puede perdonar,...
te pido humildemente la muerte,...
te la pido de rodillas.
No, no te detengas... fui yo quien mató a tu marido...
aunque fueran tus ojos divinos los que me obligaran.
Vuelve a tomar el cuchillo,...
o acéptame.
Yo no seré tu verdugo.
Dime entonces que me mate yo mismo,...
y te obedeceré.
Ya lo he dicho.
Cegada por la ira.
Dilo otra vez.
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