Die ersten 200 Zeilen.
EN EL SIGLO XV, FRANCESES E INGLESES, CADA UNO POR SU CUENTA...
REIVINDICAN A LA CORONA DEL REINO DE FRANCIA.
LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS, ENFRENTÓ EN TODA FRANCIA A INGLESES Y FRANCESES...
DE QUIENES LOS BORGOÑONES ERAN ALIADOS DE LOS INGLESES.
JUANA DE ARCO, A LA CABEZA DEL EJÉRCITO DEL REY DE FRANCIA, CARLOS VII...
INTENTA RECUPERAR PARÍS DE LOS INGLESES.
JUANA
Toma...
Toma, niña.
DOMINGO 8 DE MAYO - 1429 EN LA MAÑANA
Ven aquí.
Madame Jeanne.
- Marie quiere hablar. - ¿Qué pasa?
- No sé. - Que pase.
¡Marie!
Madame Jeanne. Por favor, toque este rosario.
- ¿Para qué? - Para hacerle bien.
Si la señora Jacqueline lo toca, hará igual de bien.
No es posible. El hijo del vecino se muere.
Prefiero su toque.
Pues recemos juntas por el niño. Llévame hasta allí.
- Madame Jeanne ¿me llevo su armadura? - Cuando vuelva.
Adiós, niña.
- Adiós a todos. - Adiós.
JUEVES 8 DE SEPTIEMBRE, 1429 CUATRO MESES DESPUÉS
DÍA DEL NACIMIENTO DE LA BENDITA VIRGEN MARÍA
¿Es usted, mi señor?
No deseaba estar en Saint Denis junto a Su Majestad.
No podría estar junto al rey.
Vine hasta aquí para enterarme de las novedades que van llegando.
No soy experto, mas este día podría resultar decisivo.
¿Cree que hoy marcharemos a París?
No dije eso. Dije que este día podría ser decisivo.
Aquí viene Monseñor Patrice Bernard
¿Qué tal, Monseñor?
Monseñor, quiero enterarme de las novedades que van llegando.
Este día podría ser decisivo.
Si usted lo cree así, Monseñor.
Le diré el por qué. Usted sabe que estudié pacientemente...
el caso de Madame Jeanne, conocida como La Doncella.
- ¿Es una enviada de Dios... - ...o viene de cualquier parte? Pobre niña.
¿La siguen guiando las voces?
Habla menos de ellas.
Helo aquí a Lord de Rais.
¡Señor! ¿nos levantamos temprano?
No se lo ve complacido, mariscal, con tantas batallas.
Le prometo, monseñor que a este paso, la guerra acabará en seis meses.
¿Cómo nos divertiremos entonces?
Soy desafortunado. ¿Sabes lo que me han dicho hoy?
No, señor.
Madame Jeanne ¿se enteró?
¿De qué?
Han habido actos de pillaje en varias ciudades.
Pero ciudades ricas.
¡Pensar que me lo perdí! No fue tan lejos.
- ¿Dónde, señor? - Días atrás junto al Sena.
Fue terrible. Quemaron hombres, mujeres, niños...
Mañana debemos ir allí, en cuanto se tome París ¡Ingleses criminales!
No, Madame Jeanne. No eran ingleses sino franceses.
Ya veo.
Los ingleses no son tan feroces y estúpidos.
No quemarían a las mujeres.
¿Qué valen muertas?
Pero...
aún podemos darles uso cuando mueren, sólo...
Sólo...
Eso es brujería.
¿Es brujo, Señor de Rais.?
No, señor. Aún no.
- Armémonos. - De acuerdo.
Es malo que Madame Jeanne esté siempre lista antes que nosotros.
Ay, Dios mío, conocí el dolor de la batalla.
Cuando mis enemigos implacables se lanzaban al ataque.
Ay, Dios mío, conocía el dolor de la batalla.
Cuando los enemigos implacables nos arrastraron cual ola marina.
La carga arrasaba irrefrenable.
Y sentíamos que nada resistiría.
Que nada podría hacerles frente, ni la muralla ni los portales...
y que esta inundación viviente, sumergiría todo.
Yo también.
Yo también temía a la fuerza de esta inundación que rompe los diques...
que rompe los diques.
Los martillos partían cascos y cráneos...
y las flechas traspasaban las armaduras de hierro.
Los martillos rompían cascos y cráneos...
y las hachas penetraban armaduras y carne.
Yo era el jefe militar.
Y aquellas armas.
Caerían y destruirían bajo mis órdenes.
Era jefe militar, Ay Dios...
Aquellas hachas cortaron una y otra vez.
Bajo mis órdenes.
He conocido el dolor de ser líder de la batalla.
He conocido el dolor de ser líder de la batalla.
He conocido el dolor...
...de ser líder.
He conocido el dolor...
...el dolor de ser líder de la batalla.
He conocido también la angustia de la traición...
cuando nadie movía un dedo ante el avance de las ordas inglesas...
cuando debimos quedar inermes en nuestras casas...
mirando al enemigo devastar todo a su gusto.
O cuando debimos partir a la batalla...
y marchar bajo el mando de un traidor potencial.
Quisiera abrir el camino y enfrentar la batalla...
ya sabía yo que ellos estaban detrás...
y que habían despertado la antigua e innegable mentira.
Conozco también el dolor de la traición.
Pero ignoro si todo este dolor...
este horrible dolor, sucio, asqueroso...
El dolor de las palabras...
¡Dios Mío!
Que él dijo recién.
Las palabas que ha pronunciado.
¿Podré alguna vez limpiarme el alma?
No querría hablar de lo que ha dicho.
No querría hablar de lo que ha dicho.
¿Cómo puedo ahora comandar el ataque?
Tras haber escuchado que significaría la victoria...
¿Cómo pedirles que me sigan en el ataque?
Él.
Al ataque.
Al ataque.
Al ataque.
Él.
¿Madame Jeanne?
¿Madame Jeanne?
Eres tú, amigo mío.
He venido a ver qué ordenan tus voces.
No ordenan nada.
Es hora de que les preguntes.
No puedo ni lo haré está mañana.
¿Por qué?
La guerra humana es muy fea. La vida en la Lorena era dulce.
Me encantaría pastorear las ovejas junto al Mosa.
Tendría vigilada mi casa desde la casa de Vaslin el carretero...
y saludaría a mi padre y mi madre, que se alegrarían de verme.
No te lamentes, Madame Jeanne.
No llores así.
¿Por qué lloras? Debes sentir nostalgia.
Yo también tuve nostalgia.
Yo también lloré. Pero ya no lloro.
No debes llorar.
Debemos pensar en las misiones.
Tienes razón, maestro. No debo llorar.
No debo llorar.
Cada uno debe cumplir su deber, mientras haya trabajo.
Estas son las ordenes.
Atacaremos París desde el portal de St. Honoré. Ve al portal con tu culebrina.
Muy bien.
Pase lo que pase, me niego a rendirme antes de tomar París.
Bien, Madame Jeanne.
Cuento contigo. Este día será decisivo.
Haremos todo lo posible.
No te preocupes.
Helo aquí al señor de Gaucourt.
Señor de Gaucourt, tome el mando.
Aguarda, Jeanne.
El señor de Gaucourt obedecerá con una sola condición.
¿Qué condición, monseñor?
Una condición natural, Jeanne, y fácil de cumplir.
Asegúrale que tus voces aún te dan consejo.
Mi señor, mis voces no me aconsejan...
si no que me ordenaron expulsar a los ingleses de Francia.
Muy bien, Jeanne. Qué bien.
Mas no pedimos tanto.
Simplemente preguntamos si esta mañana...
tus voces te ordenaron que nos lleves a París.
Monseñor, mis voces me ordenaron expulsar a los ingleses de Francia.
París queda en Francia, Monseñor.
Señor, tome el mando de los hombres que partirán.
VIERNES 9 DE SEPTIEMBRE, 1429 LA MAÑANA SIGUENTE. EL MISMO LUGAR
Buen día, señores míos. Monseñor, sigo agotado.
Ayer fue un día arduo. Muy arduo.
¿Es la primera derrota de Madame Jeanne?
Sí, monseñor.
Es la primera vez que Madame Jeanne obtiene lo que puede llamarse una derrota.
Si ella sale hoy victoriosa, no podremos condenarla por lo de ayer.
¿Triunfará hoy?
¡No quiero saber nada de ello!
- ¿No lucharás hoy? - No sin órdenes del rey.
Quizá lleguen esta mañana.
De acuerdo, Monseñor. Entonces ya sabemos qué hacer.
¿El ejército marchará bajo las órdenes del rey?
Lo aseguro, mi señor, zopencos al margen...
como d'Alençon.
Aquí viene junto a Madame Jeanne.
Son inseparables.
Buen día, señores míos.
- Buen día, señores míos. - Monseñor.
Ayer empezamos muy tarde.
Debería haber sido más temprano. Tú comandas al ejército.
Hoy, pues...
Hoy, Madame, debemos aguardar a que el rey dicte órdenes.
¿Crees que el rey...
No creo nada, madame, y nada sé.
Pero debemos esperar.
Helo aquí a Lord de Rais, quién también aguarda.
Hola, Madame Jeanne.
- Señores míos. - Señor mío.
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