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UNA SERIE ORIGINAL DE NETFLIX
LAS CRÓNICAS DE FRANKENSTEIN
¿Algún cambio, Meecham?
Aún tengo esperanzas, doctor.
HOSPITAL BETHLEM, LONDRES. 1830
Una causa perdida, padre.
Dios lo abandonó hace tiempo.
Dios no abandona a nadie.
¿Rezarás conmigo, hijo?
Vuelve con nosotros, John.
Vuelve con nosotros.
Hijo mío.
¿John?
Está vivo.
Está vivo.
Venga.
De vuelta al catre.
¡Basta!
¡Basta!
¡Ya basta!
No me obligues...
Perdóname.
¡Paso!
¡Paso!
Deja que te muestre dónde naciste.
Mi Adán.
Eres el siguiente paso.
Jemima.
Me dijiste que si Daniel lo conseguía, viviríamos en un mundo sin Dios.
Y que yo sería tan culpable como él.
Pues lo ha conseguido...
...y lo soy. Estaba perdido.
No podía encontrarte.
Después de ti habrá otro...
...y otros después.
Fuego y agua y hielo.
Debes encontrarlo.
Debes hacerlo por mí.
Se nos han cerrado las puertas del cielo.
Fuego y agua y hielo.
¿Dónde estás?
Debes encontrarlo.
Debes hacerlo por mí.
Debes encontrarlo.
Debes hacerlo por mí.
Dicen que el cuerpo es un desastre, como una escena de la Biblia.
¿Quién mataría a un archidiácono sino un hombre poseído por el demonio?
Le arrancaron los intestinos, el corazón y los pulmones, eso he oído.
Os dije que fuerais a la oficina del forense.
Sargento Nightingale.
Inspector Treadaway.
Mire esto.
El experimento de la metropolitana de sir Robert.
En Bow Street salía y hacía mi trabajo. Ahora paso el día
escribiendo de ello, por triplicado.
Los registros detallados son el futuro, señor. Eso creo.
Quizá tenga razón, sargento.
Porque ahora no nos sirven de nada.
¿Cómo fue en Portugal Street?
Como sugerí, fue un crimen pasional.
El marido mató a la mujer.
- ¿Consiguió que confesara? - No es necesario.
Las pruebas son concluyentes.
Buen trabajo, sargento.
Muy bien.
Los asesinatos son lo suyo.
Tengo otro que lleva su nombre.
- ¿El asesinato del archidiácono? - No,
un guarda de Bethlem,
asesinado por un lunático cuando huía.
Bethlem corresponde al cuartel de Southwark.
Pero el cobrador del puente Regent
vio al lunático cruzando el río.
Eso lo convierte en un asunto de Westminster.
¿Cómo murió el guarda?
Dicen que le rajó el cuello de lado a lado.
Algo horrible.
¡Agente Bircher!
Ayudará al sargento Nightingale en sus pesquisas.
- Sargento Nightingale... - Si quiere
ascender de rango,
deberá ser más meticuloso con su trabajo
en lugar de dedicarse al cotilleo.
¿Entendido?
Sí, señor.
Venimos a por el cuerpo del archidiácono. Entréguelo.
El asesinato compete al señor Renquist, forense eclesiástico.
- ¿Según quién? - La Iglesia.
Fuera. Échenlo.
No recibo órdenes de gente como usted.
Quizá acepte la autoridad del Muy Reverendo Decano de Westminster
cuando le digo que no es su jurisdicción.
La patrulla de la parroquia está al mando, no la policía.
Que no vuelva a suceder.
Sí, señor.
¿En qué puedo ayudarle?
Dios me ha abandonado. ¿Y ahora busca su protección?
Así que eres tú, John Marlott.
No soy John Marlott.
Pero eres su viva imagen.
- ¿Por qué? - Para encontrar a Daniel Hervey.
Y mostrarle la venganza de Dios.
No.
El hombre que conocí...
El hombre que veo ante mí...
No eras un hombre vengativo.
¿Quién era yo?
Eras un hombre bondadoso.
Justo.
¿Justo?
No hubo justicia para mí.
Ahora camino por el desierto, padre.
En un mundo abandonado.
Los pobres están abandonados, no el mundo.
Y lo que ansían es justicia.
- Entonces todos estamos abandonados. - ¡No!
Aquí, en Pye Street, la Iglesia nos ha abandonado.
La Iglesia, no Dios.
Mi rebaño está aquí
en la cuna de la Iglesia,
bajo la mirada de Dios.
Pero cada día, se alejan más hacia el valle de la muerte
mientras el decano de Westminster mira
- y se llena los bolsillos. - ...líbranos de todo mal,
porque tuyo es el reino, el poder
y la gloria por todos los siglos. Amén.
Amén.
Buenos días, decano.
Señor Renquist. Señores, déjennos solos, por favor.
La policía metropolitana
se está inmiscuyendo en el asesinato del archidiácono.
Sí, es muy irritante.
El Ministro del Interior quiere demostrar la competencia de su nueva policía.
Suena a desesperación.
Aun así,
¿cómo espera que lleve los asuntos de la Iglesia
con sus continuas interferencias?
No será así.
Ni siquiera el Ministro del Interior podrá negarse ante el sello del rey,
el cual seguro que no pondrá objeciones
a mi leve apropiación de su autoridad.
Westminster no es dominio del Estado.
Es dominio de Dios.
El sello del rey tiene la última palabra
y el pueblo
tendrá fe en la Iglesia.
Los rescaté tras tu arresto.
¿Cree que soy culpable, padre,
del asesinato de Flora?
Eso queda entre tú y Dios. No te delataré.
Pero tu ropa quizá sí.
Ve a esta tienda y pregunta por Esther Rose.
Puedes confiar en ella.
No puedo devolvérselo.
"El impío pide prestado y no paga, mas el justo es compasivo y da".
¿Un salmo? Eso es.
Lo recuerdo.
No abandones a Dios, hijo.
Y no renuncies a los que Él guarda por ti.
Aún te esperan en el otro lado.
He visto el otro lado.
Fui llevado al lugar de encuentro, pero se habían ido.
Se fueron sin mí.
¿Qué milagro te trajo de vuelta, John Marlott?
- No soy John Marlott. - ¿Y quién eres?
Fui más allá del reino de Dios.
John Marlott está muerto.
¿"Asesinan a un archidiácono en el centro de Westminster
y se ordena a la policía metropolitana que no participe en el asunto"?
Parece que el decano de Westminster extiende sus alas.
La carta llegó con el sello del rey Jorge, ministro.
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