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- Oiga, usted. - ¿Eh?
¿Qué? - La siguiente parada es la suya.
Oh, gracias.
¿De verdad piensa bajarse en ese sitio?
Claro. - Vivir para ver...
Vivir para ver, es la primera vez en 47 años
que voy a hacer esta parada.
Ya sabe, no se trata de la clase de enfermos
que la gente se atreva a visitar.
Yo... no vengo a visitar a ningún paciente.
Vengo por asuntos de trabajo.
¡Maldita carretera!
Tantos años conviviendo con ese bache traicionero
y todavía me coge por sorpresa.
Oh, ¿no ha pensado nunca dejarlo?
¿Dejarlo? - Sí, ya sabe... este trayecto.
- No, pagan bien y sólo hacemos
este recorrido dos veces por semana.
En el fondo es un buen empleo, no se crea.
Su parada.
Puede salir por la puerta delantera...
Si lo prefiere. - Muchas gracias.
Eh, joven. - ¿Sí?
Vigile su cordura.
CENTRO PARA CADUCADOS MENTALES DE...
JAMES JOYCE EDGAR ALLAN MENDRA
¿Qué?
¿Es este el Centro para Caducados Mentales?
- Sí, ¿quién le envía? - No me envía nadie.
Eh... ustedes me llamaron, yo soy...
¡Ah, el dibujante!
Sí, eso, el dibujante.
Había olvidado que vendría hoy, pase.
Puede dejar aquí la maleta,
los muchachos la llevarán a sus aposentos.
Le ruego que disculpe mi conducta de hace unos minutos
no estamos acostumbrados a las visitas.
Ocurren muchas cosas "raras" por aquí.
Eh... ¿qué clase de cosas?
La clase de cosas que hacen que no tengamos visitas.
Es por aquí.
Al principio es desagradable estar aquí;
pero no se preocupe, todos acaban acostumbrándose.
- O caducando... - ¡Eso no es cosa de risa!
Esa clase de bromas no hacen gracia en este centro,
los caducados mentales son tan cacahuetes como usted y como yo.
Este asilo tiene más de 60 celdas, si la vida lo hubiese tratado
de otro modo, una de ellas podría ser la suya.
Oh, siento mucho haberlo ofendido con mis palabras,
espero que mi ignorancia sirva de disculpa.
El director lo está esperando en su despacho.
ORLA. LICENCIADO EN DIRECClÓN DE MANÍ-COMÍOS
Adelante...
Vaya, por fin le tenemos aquí.
¿Qué tal el viaje? ¿Todo bien? - Pues...
Por supuesto que sí,
de lo contrario no habría llegado tan pronto.
Estamos acostumbrados a los retrasos;
normalmente los visitantes se pierden en el camino
y llegan un día más tarde, a veces dos.
Me voy a retirar, permiso.
Aunque no solemos tener demasiadas visitas.
¿Le disgusta la ópera? ¿Quiere que la apague?
- Oh, no, no, está bien. - La música, amigo mío.
La música... ¿Sabe?
Hay pocas cosas tan bonitas como una voz que canta.
Hace cosquillas en el alma, siembra alegría en los pensamientos.
Mire usted el paisaje que nos rodea.
¿Acaso puede encontrar
un ápice de alegría, más allá de este tocadiscos?
No...
Es todo deprimente en este lugar.
Las mentes caducadas se caducan más todavía
entre nuestras paredes.
Y no las culpo, no sé quién tuvo la feliz idea
de edificar un manicomio en este sitio;
pero, sin duda, merecía ocupar la peor de nuestras celdas.
Tome asiento.
¿Sabe una cosa?
Usted fue mi primera elección.
- Es el favorito de mis hijos. - Oh, vaya.
En serio, basta que ilustre usted un cuento
para que lo lean miles de veces.
Creo que serían capaces de digerir a Joyce
si estuviese aliñado con ilustraciones suyas.
Están enamorados de sus dibujos.
Tiene usted un estilo muy personal.
Oh, muchas gracias.
Me gustaría ser niño para poder apreciarlos en todo su esplendor.
Eh... pero hablemos de su trabajo.
Me he tomado la libertad de comprar los pinceles y las latas de pintura
sin consultarle,
el camión de la mercancía sólo viene una vez al mes.
Ya me entiende. - Sí, claro.
Eh... pero verá...
Lo cierto es que no sé, exactamente,
qué es lo quieren ustedes de mí.
¿Cómo? ¿No le informaron en la editorial?
No tuve tiempo de ver a mi editor antes del viaje,
ustedes me querían aquí cuanto antes
y no pude permitirme perder tiempo pidiendo explicaciones.
Yo se las daré, si tiene la bondad de acompañarme.
Observe estos pasillos, querido amigo:
Las paredes se caen a pedazos,
los techos lloran con lágrimas de moho.
¿Le parece un lugar agradable para vivir?
¿Acaso decoraría así su casa?
La están garrapiñando.
No es un proceso agradable.
Sólo lo hacemos con los pacientes más...
Conflictivos. - ¿ Y lo hacen muy a menudo?
- Más a menudo de lo que quisiéramos.
Tenemos el repugnante honor de albergar en nuestras celdas
a los caducados más peligrosos de toda la región.
No es fácil para nosotros... y tampoco es fácil para ellos.
Ninguno ha salido curado de aquí.
Más bien sucede al contrario...
Todos empeoran... absolutamente todos.
¿Acaso es este el ambiente adecuado para combatir las depresiones?
No...
Se nos suicidan dos o tres pacientes cada semana
y hemos tenido que garrapiñar a...
Dios mío, ya he perdido la cuenta.
Pero eso no parece importar a los de la administración.
¡Claro! A ellos no les interesa que sanen...
Prefieren el camino fácil y el camino fácil
es encerrarlos en el rincón más lejano,
en el lugar más aislado,
donde dejen de ser peligrosos para los demás cacahuetes.
Y por eso, le necesitamos a usted, amigo mío.
- ¿A mí? - Sí, con su ayuda
conseguiremos que este lugar sea un poco más habitable.
La música de mi tocadiscos
puede combatir la tristeza del silencio.
Pero para luchar contra la tristeza de estas paredes,
necesito su ayuda.
A ver si le entiendo.
¿Quiere que dibuje cosas en ellas?
¿Podrá hacerlo?
No lo sé. Nunca he hecho nada parecido.
Usted ilustra cuentos.
No es muy distinto de lo que le estoy pidiendo.
Sólo tiene que imaginarse
que estas paredes son las enormes páginas de un cuento.
Un poco de imaginación.
Un pincel empapado en pintura, ya sabe...
Quiero que utilice colores alegres.
Dibuje con ellos cosas agradables.
Cosas que nos pongan una sonrisa en la boca.
Si hay un cacahuete en el mundo capaz de ello,
ese cacahuete es usted.
¿Qué me dice, amigo mío?
¿He llamado al cacahuete adecuado?
Creo que no habrá ningún problema.
No esperaba menos de usted.
Le llevaré a sus aposentos.
Allí podrá descansar y pensar en su trabajo cómodamente.
Pero ¿tenemos pintura suficiente para todos los pasillos
y para las 60 celdas?
No, las celdas no.
Con los pasillos y los comedores es suficiente.
Vaya, yo pensé que las celdas serían precisamente
el primer sitio en el que...
Imposible.
Quiero reducir al mínimo
su contacto con los caducados mentales.
Ya le he dicho que no son precisamente
cacahuetes inofensivos.
Los pacientes permanecerán encerrados en sus celdas
hasta que usted se marche del centro.
- Pero... - No hay peros que valgan, amigo.
Mientras usted permanezca aquí,
yo soy responsable de su seguridad.
Y no podré garantizarla si no mantengo a mis inquilinos
- bajo llave. - Usted es el jefe.
No se complique la vida, recuerde:
Es como un cuento de grandes dimensiones.
Dejaremos abiertas las puertas de los sitios que debe ilustrar.
Si ve una puerta cerrada, por su propio bien,
le ruego que no la intente abrir.
No... pretendo asustarle...
Las puertas realmente peligrosas estarán cerradas con llave.
Pero aquí, todas las precauciones son pocas.
A veces suceden cosas raras...
Sí... y por eso no tienen muchas visitas.
Sus aposentos.
Bueno, le dejo para que descanse.
Ha hecho usted un largo viaje.
- ¿Cuándo quiere que empiece? - Oh, cuando usted quiera.
Mañana por la mañana, o por la tarde...
Eso depende de usted.
Piense que cuanto antes empiece, antes terminará.
Empezaré esta misma noche.
¡Qué lindos son! Le hacen creer a uno que está dentro de un sueño.
- O en un pesadilla. - No sea usted cenizo.
Esto es un centro para caducados mentales, no una guardería.
Pero en el fondo son todos como niños. Necesitan cariño,
sólo eso. - Niños no matan gente.
Nada se seca más rápido que una lágrima, ¿lo sabía?
- ¿Perdón? - ¡Marita!
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