Las primeras 200 líneas.
En este experimento,
cinco parejas han decidido comprometerse sin verse.
- ¿Te casas conmigo? - Sí.
- Sigue haciéndoseme raro. - Y a mí.
Eres más guapa de lo que creía.
No has dejado mucho a la imaginación.
Apenas te cubre.
¡Filip!
Ha sido un poco raro.
Tras verse por primera vez, han emprendido un viaje preboda
a la soleada Grecia, donde profundizarán en su relación.
En las cabinas, solo importaba el interior.
Veremos si surge un vínculo físico entre ellos.
Están prometidos, pero deben conocerse.
Y según se acercan las bodas, todavía queda una pregunta.
¿Es ciego el amor?
POLONIA
Cariño.
Preciosa mía.
¿Vamos?
¿Ahora? ¿En serio?
Una aventura.
- Me siento un poco rara. - Yo también.
- ¿Sí? - Tranqui.
- Qué guapo. - Tú también.
- Hala, qué bonito. - ¿Verdad?
¿Qué tal?
Si me ves muy estresado, dime.
- Vale. - Se me pasará.
- ¿Estás mejor? - Sí.
¿Más tranquilo?
Sí, pero la revelación fue trágica.
No vi al Filip de la cabina y su energía.
Vamos a abrir la puerta.
¡Con una patada!
Podrías sentarte ahí.
Tú tienes que broncearte.
Es broma.
- ¿Tu moreno es natural? - Sí.
- ¿En serio? - Sí.
- Si tenemos hijos… - ¿Sí?
Tendrán una mezcla de palidez y bronceado.
La revelación me la imaginaba algo distinta.
- ¿Notaste lo estresado que estaba? - Sí.
Pensaba que estarías rollo: "Guau".
Estaba en plan…
Y por eso… No sé.
Me preocupó no haberte gustado.
No.
Igual no esperabas este aspecto.
- Yo no… - Eres preciosa.
Me preocupaba no parecer la típica chica polaca.
Me da completamente igual.
- ¿Sí? - Sí.
Soy alguien que necesita que le digan cosas bonitas.
Me gusta decirlas y escucharlas.
Guau.
- Te quiero. - Yo también.
¿Me das de comer un macaron?
A la noche.
No, ese de ahí. El rosa.
Pensaba que te referías a otra cosa.
Dejaría de ser yo mismo si pensara antes de hablar.
Me alegra poder sacar el crío en mi interior con ella.
No tengo que reprimirlo.
Creía que cortarías conmigo.
¿Por?
Por la revelación. No fue tan bien.
Me la había imaginado distinta.
- ¿Sí? - Sí.
Puedo repetirla.
- Ahora que estoy tranquilo. - Sí, ¿no?
Me lo tomaría con calma.
Me costó relacionar la voz con el físico.
Me sigue pasando ahora que te escucho y te veo.
Me preguntaba si te gusté o no.
Así que no.
Te imaginaba más alto por lo del baloncesto.
- ¿Cuánto mides? - 1,81 m.
- ¿Sí? - Sí.
- Pensaba que menos. - No, de verdad.
Filip no se parece a los chicos con los que he salido.
Sinceramente, no es alguien en quien me fijaría.
- ¿Por nosotros? Y por relajarnos. - Y por pasarlo bien.
Sí.
- ¿Exploramos? - Vale.
Por si acaso, aquí hay un sofá.
Soy optimista, pero nunca se sabe.
Iré al jardín si hace falta.
Mira, un sofá.
Si hace falta, yo duermo aquí.
- No, lo haría yo. - Gracias.
Qué bien.
Mi problema es que me cuesta abrirme.
De momento, Krzysiek es un desconocido.
No me gusta que traspasen mis límites o que me toquen demasiado pronto.
Necesito más tiempo.
Pensaba que eras un mujeriego.
No me gusta la gente así.
Si pensabas eso, ¿por qué me hablaste?
No sé qué le dijiste a la otra persona.
Con la que rompiste al final.
Te dije que estaba prendado de dos chicas. Es una locura,
pero es parte del experimento.
Ya, ¿pero le prometiste algo?
No.
Si lo hiciste, no me parecería bien.
Fue emotivo.
No era mi amiga, pero he oído muchas cosas.
Sin duda soy…
- ¿El malo? - Sí, seguro.
¿Y lo eres?
No quiero estar con alguien con malas intenciones.
A veces, no se puede contentar a todo el mundo.
Odio cuando la gente tiene malas intenciones…
No era mi intención.
Vale, ya veremos.
Es duro que no haya confianza.
Sí que confío en ti. Pero no quiero estar por estar.
- Y… - Yo tampoco.
Vamos a estar siempre juntos.
Tus ojos no son tan oscuros como los míos.
¿Igual al sol?
Capulla.
¿Qué?
- ¿Lo he dicho en voz alta? - No me llames eso.
- No puedes. - Se me ha escapado.
Recuerda que soy tu princesa.
Todavía tienes que ganarte ese título.
- ¿Lo he dicho o lo he pensado? - Madre mía.
Es mi rollo.
Muestro mi afecto con sarcasmo.
Te aviso de que algún día podría pasarme, ¿vale?
Me da curiosidad. ¿Cuáles son nuestros límites?
- Sí. - Los dos somos iguales.
Veremos.
A veces me dejo llevar.
Tenemos el mismo sentido del humor.
Me preocupa que se nos vaya de las manos.
No me quiero pasar.
A veces nos sale de forma natural y es en plan: "Oh, tío".
Esto es muy bonito.
Me encanta escuchar la voz de la cabina.
Me gustaría superar mis patrones, pero tengo miedo.
Quiero seguir mi corazón y apreciar lo que tengo por fin.
Conmigo es o todo o nada.
¿Qué quieres decir?
Que, como he dicho, lo doy todo.
¿Piensas que yo no?
Bueno, sí.
Podría ser genial.
¡Oh, guau!
La ciudad. Increíble.
Solo falta un gran letrero.
¿Verdad?
"Te quiero, Jela".
- En el letrero. - ¡Venga ya!
- Un día. - Madre mía.
Vale.
Esto se ha vuelto incómodo. Volvamos.
Vámonos.
Ya lo has dicho.
No hay vuelta atrás.
Si tan solo… No. Oh, no…
¡Ahora no! Depende de la circunstancia.
Qué bonito.
Ven aquí.
Consigo abrirme.
Me sorprende lo que me está pasando.
Me gusto así. Me gustaba antes…
Pero esta Jela también mola.
¿Verdad?
Maravilloso.
He empezado a mostrarle que me importa. Es mucho, viniendo de mí.
Me siento en un estado de encaprichamiento.
Muy cerca de sentir amor.
PROFESORA Y NEUROLOGOPEDA
Me engañaste diciendo que no eras tan genial.
Tengo una pregunta.
¿Bebes vodka?
A veces.
- Yo no. - Siempre hay una ocasión.
- Nunca lo he probado. - ¿No?
¿Enfermedades crónicas?
Probablemente no.
- No. - ¿En la familia?
Relájate.
Te iba a preguntar…
Mi abuelo cumple 95 este año.
Eso es genial.
¿iPhone o Android?
Me da igual. Ahora tengo un Android.
Vale.
¿Me libro del sofá?
De momento.
- Vale. - Pero nunca se sabe.
Esto es raro.
Me siento un poquito incómoda.
¿Nos acurrucamos?
No sé cómo hacerlo para que no sea incómodo.
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