How the West Was Won

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Las primeras 200 líneas.

OBERTURA

LA CONQUISTA DEL OESTE

Hoy esta tierra tiene un nombre y aparece en los mapas.

Pero los nombres y la tierra deben ser conquistados.

Arrebatados a la naturaleza y al hombre primitivo.

Hace cinco generaciones, apenas unos 123 años atrás...

esta tierra solo se conocía como el Oeste.

Conocida solo por un puñado de hombres blancos...

cazadores solitarios que vagaban por esa inmensidad en busca de castores.

Se les conocía como los montaraces, una nueva raza.

Hombres como Jim Bridger, Franchére y Sublette o Linus Rawlings.

Más indios que los indios en todo menos en la sangre.

No se regían por ninguna ley excepto la suya...

erraban libremente como las nubes, nunca

nunca se asentaban, siempre en movimiento.

Con sus mocasines y sus caballos sin herrar no dejaban rastro en la tierra.

Al igual que los indios, con los que vivían en paz...

no querían nada más que aquello que encontraban. Y no ansiaban mucho.

Las montañas, los bosques, el entorno salvaje...

eran tan inmutables para ellos como las estrellas...

e igual de inquebrantables.

Detrás de las montañas, más allá de las grandes llanuras...

habían dejado a la gente del Este, una gente que tenía otras inquietudes.

ABRIENDO PASO HACIA EL OESTE EL CANAL DE EIRE

Aquellos que miran una montaña y ven una cuenca...

que miran un bosque y ven madera para casas...

que miran un campo pedregoso y ven una granja.

Sus ojos y sus instintos siempre han mirado hacia el Oeste...

desde que llegaron a Plymouth Rock y Jamestown.

La ruta de los cazadores era la senda de un lobo o la curva de un cañón.

Pero las familias enteras que intentan seguir la ruta del sol...

necesitan caminos más amplios.

No había carreteras en aquella tierra salvaje, solo ríos.

Pero fluían en la dirección equivocada: Al norte o al sur.

O se paraban en los Allegheny.

Hasta que un día, un nuevo río fue ideado por un hombre llamado DeWitt Clinton.

Concibió un río que iría al Oeste.

Y así como los norteamericanos suelen realizar sus sueños, el río se hizo realidad.

El Canal de Erie salía del Hudson por encima de Albany...

y discurría por los Grandes Lagos.

La gente que anhelaba tierra virgen y una nueva vida...

ahora tenían una autopista para viajar.

Y se pusieron en marcha.

¡Cargando el Pride of Utica!

¡Suban a bordo del Pride of Utica!

¡Familia Ramsey, Peter Smith...

familia Skoga!

¡Los ocho pasajeros!

¡Suban a bordo del Pride of Utica!

¿Es por la salud del muchacho por lo que se van al Oeste?

En parte.

Solo en parte. Nuestro mayor problema en el Este eran las piedras.

Tenía una granja donde algunos años solo cosechaba piedras.

Zebulon, no le mientas así a ese pobre hombre.

Mujer, soy un alma temerosa de Dios y digo la verdad como la veo.

Aunque nunca he usado un arado. Abría los surcos con pólvora.

Y entonces una mañana, saqué un cubo del pozo...

y que me parta un rayo, el cubo estaba lleno de piedras.

Piedras.

Y me quedé allí quieto intentando no blasfemar.

Me dije a mí mismo: Tienes un hijo enfermo...

y una hija que no quiere marido.

- Allí está divagando, como siempre. - Papá.

Y otra hija que no parece estar muy bien de la cabeza.

¿Lilith?

Sí, ¿papá?

Le seguiré contando, señor.

Como le decía, sigo ahí de pie sujetando un cubo de piedras...

y mirando a un pasado sombrío.

Y me hice una promesa allí, en aquel momento. Dije:

Si encuentro a un hombre con 500 dólares al que le gusten las piedras...

entonces otro necio poseerá esta tierra.

Pues bien, Dios trajo a ese hombre...

y aquí estoy.

No le ha dicho ni una palabra de verdad, señor Harvey.

Teníamos la mejor granja de la comarca.

Sí, la comarca de Villaroca. Condado de Piedra.

No es así.

Fue su anhelo de viajar lo que nos ha traído aquí.

Solo Dios sabe dónde acabaremos.

Estos son mis chicos. Angus, rutus y Colin.

- ¿Qué tal? - Hola.

Creo que ya conocen a sus hijas.

- ¿Son solteros? - Sí, por el momento.

Bueno, esta tierra de Illinois empieza a gustarme.

¿Lilith?

Lilith, ven. Canta algo para estos apuestos jóvenes.

- No tengo ganas, papá. - Lilith, a veces puedes persuadirme...

pero ahora no es ese momento.

De acuerdo.

De acuerdo.

Un capitán intrépido de Halifax que vivía en el campo

Traicionó a una dama que se ahorcó una mañana con su liga...

Lilith.

Conoces otras canciones mejores que esa.

- ¿Cuál conocen ustedes? - Sabemos Yankee Doodle.

- ¿Yankee Doodle? - Su madre murió.

No saben mucho de modales.

Cántales Un hogar en la pradera.

Eve, vamos, tú también.

Muy bien.

Vamos, canten con nosotros.

Muy bien.

Vamos.

Cállate.

¡Cargando el Flying Arrow!

¡Suban a bordo del Flying Arrow!

- ¡Familia Prescott! - Somos nosotros. Vamos.

¡Alex Harvey y sus tres hijos!

¡Jeffrey Rose y familia!

Pero el canal solo era el primer paso hacia la tierra prometida.

El resto del trayecto era más largo y más duro.

Aquellos que podían pagar el pasaje iban en vapor hasta el final del trayecto.

Otros hallaron un modo más barato para llegar a Ohio, Illinois...

y a las tierras que se extendían más allá.

Lilith. Lilith, escucha esto:

Su despedida en el bosque fue conmovedora.

El apuesto y joven leñador talló dos corazones en el tronco de un árbol.

Luego dio diez pasos y lanzó el cuchillo donde convergían los dos corazones.

Convergían. ¿Qué es eso?

Es donde se unen los dos corazones. Ahora, escucha:

Su puntería era asombrosa.

Tres veces dio en el blanco. "Ha sido suerte", dijo la primera vez.

"Ha sido por amor. Amor profundo y divino", dijo la segunda.

Y la tercera vez: "era una oración, una súplica para que su amor no muriese".

¿No es hermoso?

Supongo que sí. Pero nadie habia así.

Es el sentimiento lo que cuenta, no las palabras.

Eres un poco contradictoria,

Quieres ser una esposa granjera, pero no quieres casarte con un granjero.

Tú tampoco.

Claro que no.

No quiero tener nada que ver con las granjas.

Quiero vestidos de seda, carruajes elegantes y un hombre que huela bien.

Lo que quiero es volver al este, no ir al Oeste.

Y lo conseguiré. Ya lo verás.

Aún no sabes lo que quieres.

Es el hombre con que cuenta, no dónde vive.

- ¿Listo? - Adelante.

Papá, papá, algo se acerca río arriba. Indios hostiles, creo.

- ¿Podrían ser piratas de río, Zebulon? - No lo sé.

Dicen que los hombres honrados no navegan de noche.

Sólo veo un hombre, papá.

Es una famosa trampa pirata. Se ocultan en la barca...

hasta que están listos para atacar.

- Tráeme la pistola, Colin. - Vale, papá.

Acérquese lentamente, forastero.

Y mantenga las manos donde pueda verlas.

Me llamo Linus Rawlings.

Estoy muerto de hambre y soy pacífico.

- ¿Qué lleva en la barca? - Pieles de castor.

He dicho pieles de castor.

Nunca he visto una piel de castor, señor Rawlings.

En ese caso, señorita, le enseñaré una.

Aquí tiene.

Es realmente suave.

Es una piel fina, señorita.

Le pido disculpas, señor.

- Temíamos que fuera un pirata. - No soy un pirata.

Venga a cenar con nosotros y así nos conoceremos.

No, no, no. Es para usted. Quédeselo, señorita.

Veo que no has dudado en echarle el lazo.

¿Es éste el leñador que estabas esperando?

Seguramente tendrá una esposa y seis hijos esperándole.

Gracias, señora, estaba delicioso.

Solo se ha comido cuatro platos. Empezaba a pensar que no le gustaba.

No es bueno comer mucho con el estómago vacío, señora.

¿Por qué viaja de noche?

Porque estoy ansioso por llegar a Pittsburgh.

No veo una ciudad desde hace mucho. Necesito animarme un poco.

Nunca habíamos visto a un montaraz como usted.

Dígame, ¿las Montañas Rocosas son tan altas como dicen?

Pues no lo sé. No he escalado ninguna.

Bueno, ya sabe, eso no es del todo verdad.

Jim bridger y yo...

iniciamos la escalada de una de las Montañas Rocosas.

Y entonces, un día, vimos a este muchacho...

que tenía dos grandes alas blancas...

un arpa en la mano.

Y le dije a Jim...

Le dije: Jim, no me gusta cómo nos mira ese tipo.

Y Jim dijo que tampoco le gustaba...

así que descendimos...

y hasta hoy no he vuelto a ver las Montañas Rocosas.

- Pues yo recuerdo una vez... - Zebulon.

- ¿Qué? - Con un mentiroso tenemos suficiente.

Bueno, creo que es hora de ir a dormir. Mañana tenemos que madrugar.

Le esperaremos para desayunar.

Es usted muy hospitalario, señor Prescott pero...

a veces me levanto y siento la necesidad de irme.

Tal vez ya esté lejos al amanecer, pero gracias.

- Muchas gracias a todos. Buenas noches. - Buenas noches.

- Son extraños estos montaraces. - Sí, libre como una espiral de humo.

- ¡Caramba! Esa parece mi manta. - Lo es.

Entonces estoy confundido, señorita. ¿De quién es esta cama?

Suya.

No he visto una cama como esta desde la última vez que estuve en el este.

¿Por qué lo ha hecho?

No es cortés preguntarle a una chica por qué hace algo por un hombre.

No. Supongo que mis modales dejan mucho que desear.

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