Esimesed 200 rida.
"Eres cancerígena",
le diría.
"Eres un tumor
cuya malignidad ha definido los vaivenes de todo lo que hice,
de todo lo que intenté hacer.
Y, a pesar de eso,
¿sabes cuánto espacio ocupas en la totalidad de mi ser?
Este espacio.
Defines mi vida,
y aun así, esta es la medida en que me importas.
Si no hubieras llegado a mi puerta hoy,
con gusto habría pasado el resto de mis días pensando en ti,
a una distancia por fuera de tu órbita.
Pero ahora
tú estás aquí,
y la hiel, al subir, toma la forma de las palabras,
de estas palabras que dicen
que solo sé cuán entrelazados están el odio y el amor
cuando pienso en ti y entiendo que no mereces ni amor ni odio".
Te mataré con suavidad,
con ternura y amabilidad.
Soy fascinante.
Es escalofriante.
El negro me va a la perfección.
Nací para ser viuda del amor.
No me perderé por un roce.
Nací para ser viuda del amor.
El negro me va a la perfección.
Nací para ser viuda del amor.
Vuela libre mi corazón rojo
y no basta para calmar tu antojo.
Este es tu entierro.
Este es tu entierro.
Este es tu entierro.
El negro me va a la perfección.
Nací para ser viuda del amor.
No me perderé por un roce.
Nací para ser viuda del amor.
El negro me va a la perfección.
Y no basto para calmar tu antojo.
Este es tu entierro.
TÁPENSE LOS OÍDOS
ESTA CANCIÓN TIENE UNA MALDICIÓN
Yo llevaba más de diez años sin verla,
pero la sentí venir a un kilómetro de distancia.
Más de un kilómetro.
Mil kilómetros.
Ese día me desperté con un sabor en la boca
que hacía años no sentía.
¿Está demasiado rígido en la cintura?
¿Te sientes bien?
Sí, es que...
-Me encanta que sea tan audaz. -Sí.
Una nueva versión de ti.
SAM ANSELM LONDRES
Me lo quité de la cabeza,
pero a lo largo del día,
el sabor me fue pasando
de la boca al espacio que hay detrás de los ojos,
donde se instaló y se volvió espeso.
Para el horario en que llegan los últimos vuelos
de Los Ángeles a Heathrow,
ya sentía que me había crecido una gemela secreta en el cerebro.
¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Algo me llamaba,
dando gritos,
alaridos,
avisándome
que venía.
Que ella venía.
Que ella estaba aquí.
Hola. Disculpe. ¿Qué necesita?
Estoy buscando a Sam.
Lamentablemente, Sam no está disponible.
¿Usted es...?
¿Sam sabía que venía?
No.
Bueno.
Entonces, le voy a pedir que espere en...
¿Sam?
¿Sam?
-¿Sam? -Disculpe, no puede...
¿Sam?
-Sam no quiere recibir a nadie. -¿Sam?
Sam, perdón.
No la vi venir, entró sin avisar.
Sam, necesito un vestido.
¿Recién llegas?
-Sí. -¿De Los Ángeles?
Sí, vine directo desde...
¿Quieres comer algo?
-No, yo... -Hilda,
¿tenemos algo para comer?
No, no tenemos.
Bueno, ahí tienes.
¿Alguien sabe que viniste?
No.
Ojalá hubieras llamado.
Es que estamos con el agua al cuello
-justo ahora. -¿Habrías atendido?
Yo no, alguna otra persona.
Y te habría dicho que estamos muy ocupadas.
Falta poco para el desfile.
Perdón.
¿Por no llamar o por haber venido?
En general.
¿No te gustaría ser más específica?
No tuve oportunidad de decirlo antes.
-Por eso... -O sea que me cabe a mí la carga
de detallar una por una tus ofensas
y cotejarlas
con la totalidad de tu pedido de perdón.
Bueno.
Difícilmente valga la pena, ¿no?
Me cargas con todo el trabajo,
-como siempre. -Si quieres, me voy.
Si tú quieres irte, vete.
Si quieres quedarte, quédate.
Si quieres pedir perdón, pídelo.
Pero si vas a quedarte,
por favor, deja de vacilar como haces siempre,
porque me pone muy nerviosa.
-Perdón. -Eso ya lo dijiste.
-Es en serio. -Dilo dos veces más,
así te creo.
Pero aún no.
Que me tome por sorpresa tu sinceridad.
¿Por qué no empiezas por explicar qué haces aquí?
De veras necesito un vestido.
¿Acaso no tienes todo un círculo de estilistas
que se ocupe de eso?
Tengo, pero no...
No me sirve.
Y la presentación, ¿cuándo es?
El 31.
-¿Este domingo? -Sí.
¿Y hoy es...?
Jueves.
Imposible.
¿Qué tiene de malo tu vestido?
Supongo que ya tienes uno.
Está todo mal.
¿Me lo muestras?
-¿Es esto? -Sí.
Esto no es un vestido.
¿Quién lo hizo?
Sarraceno & Pare.
Dime tres cosas que estén mal.
Siento que no soy yo.
Bien. No eres tú. Esa es una.
Es todo.
¿Es todo?
-Sí. -Entonces, tú,
que te dejaste vestir por cualquiera
y has usado de todo,
que una vez recorriste la alfombra roja
sin más que un baño de miel,
tú, de repente, descubriste
el único atuendo de toda la creación que te hace sentir que no eres tú.
Sí.
¿Y has vuelto a mí arrastrándote
porque sabes que puedo hacer algo mejor?
-Sí. -Porque yo, como nadie más, te conozco.
Porque no sabía adónde ir.
¿De verdad?
Sí.
¿Me dejarás hacer lo que me guste?
Sí, pero...
¿Harás exactamente lo que te diga?
Sí, dentro de...
¿Y te pondrás lo que yo haga?
Sí.
¿Y puedes frenar el tiempo?
Ya está.
Habrá que hacer mucho
si queremos lograrlo.
Dime qué puedo hacer yo.
Puedes seguir hablando.
Se hace así.
Tú me dices algo, por ejemplo, lo que sientes,
y yo transformo esos sentimientos en un vestido.
La transustanciación del sentimiento.
Eso es lo que hacemos.
Llegamos.
Como verás,
he entrado en mi etapa de Miss Havisham mucho antes de lo indicado.
Aquí lloro a oscuras hasta que se me caen los ojos.
Párate aquí.
Bien...
Hace siglos que no se me ocurre una idea nueva.
Que sea buena.
Para que hagamos esto,
voy a tener que ir clavándote retazos
hasta que llegue la inspiración.
Ahí está.
¿Me daría el suéter?
-Sí. -Gracias.
Entonces...
Dime algo más sobre el vestido que haremos.
¿Qué ves en tu cabeza?
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