نخستین 200 خط.
Buenos días, Chicago.
La gran pregunta para Santa:
¿puede con el clima de Chicago?
¿Qué quiero para Navidad?
¿Qué tal un equipo ganador?
Cualquier equipo de Chicago.
Ya le has pedido algo a Santa, ¿verdad?
Claro que sí. Escribí una lista, la revisé dos veces.
Fans de Blackhawk en todo el mundo,
fans de todas partes han
Y me encanta esta época del año.
Vamos, Annie.
Vamos. ¡Vamos!
Esos son mis amigos, ¿no?
Sabes, si tuviera mi propio teléfono.
No te rindes y es inspirador. Igualmente, no.
Imagina que estoy en un edificio en llamas.
No. Una tienda de mascotas en llamas.
No. Un orfanato en llamas,
y necesito hacer una llamada telefónica.
Te sentirías tan mal.
¡Hay vidas en juego!
No tendrás un teléfono. Lo siento.
Recibo más llamadas en tu teléfono que tú.
Eso no es cierto.
Mis amigos deben escribirte a ti para hablar conmigo.
Es vergonzoso.
No doy vergüenza. El padre de Maeve da vergüenza.
¿El hielo todavía?
Les dije que le pusieran sal.
¿Qué decías?
Un segundo.
Jake Doyle.
Es para ti.
Tardamos 58 minutos en llegar a lo de los abuelos. Con tráfico.
¡Genial!
Oye, ¿quieres jugar hockey?
No, gracias.
¿Por qué? Creí que te gustaba. Siempre jugamos.
Ya no me gusta el hockey.
Está bien.
Podemos hacer un muñeco de nieve con la abuela y tu hermano.
Papá.
Podríamos.
Oye, espera.
Lamento lo del teléfono, pero no va a pasar.
Odio verte decepcionada.
Sé que este año es un poco diferente,
pero aún puedes tener una buena Navidad.
¿Y tú?
Siempre tengo una buena Navidad.
¿Hola?
¿Mamá?
Estará haciendo mandados.
¿Katie? ¿Charlie?
Estoy aburrida.
¿Por qué mejor no fuimos a visitar a la tía Lizzy en Australia?
Esos vuelos son muy caros.
Pues,
¿qué voy a hacer aquí?
No.
Vamos.
- ¿Que es eso? - Esa es mi Nintendo de cuando era niño.
Parece un Tupperware.
¿Un Tupperware?
Vamos, juguemos.
¿Puedo escribirle a Meave después?
¿Podrías...?
Sí, pero ¿me dejas que te muestres este juego primero?
- Sí. - Gracias.
Primero haces esto.
¿Por qué?
No sé, pero hay que hacerlo.
Bien. ¿Quizá por el polvo?
Creía que el abuelo y la abuela
no te dejaban tener videojuegos de pequeño.
No, no me dejaban.
¿Y cómo lo conseguiste?
Cuando era niño, quería una Nintendo más de lo que quieres un teléfono.
Eso no es posible.
¿Sabes qué? Hoy es tu día de suerte.
Porque ahora te contaré la historia de cómo conseguí mi Nintendo.
Pero es posiblemente la historia más asombrosa, peligrosa,
e impresionante de todos los tiempos.
Entonces, ¿estás lista?
¿Es peligroso porque podría morir de aburrimiento?
Ese es un buen punto.
Era el año 1987. ¿O era el 88?
No. 85, Bears.
- Super Bowl fue en el 86 - ¿Realmente importa, papá?
Está bien.
Era a finales de los 80.
Diremos, diciembre.
Yo tenía 11 años.
En el invierno, si se limpiaban las calles,
llegaba a casa de Timmy Keane en menos de ocho minutos.
¿En bici? ¿A qué velocidad ibas?
Super rápido.
¿Llevabas casco?
Sí, por supuesto.
Siempre usábamos cascos en los años 80.
¿Era verde?
Sí. Era verde.
¿Puedo contar la historia?
- Sí. - Gracias.
NAVIDAD EN 8 BITS
¡Nintendo! ¡Nintendo!
¡Nintendo! ¡Nintendo!
La regla en Keane era simple.
Los primeros diez que cruzaban su puerta jugaban con la Nintendo.
A veces conoces personas
que no sabes que tienen mucho dinero.
Sí. Timmy Keane fue todo lo contrario.
Un psicópata conocido,
con tendencia a perder los estribos con regularidad.
- ¡Out! - ¡Tú! ¡Tú!
¡Estúpida!
¡Abuela idiota!
Fue una de las primeras lecciones sobre la crueldad de Dios,
darle la única Nintendo en la ciudad a un niño rico como Timmy Keane.
Y todos los niños de la primaria Mary Todd Lincoln estaban a su merced,
incluso mis mejores amigos.
Otro sábado en las trincheras.
Mikey Trotter.
Duro, tenaz. Le dejaban ver películas para mayores de 17, y se notaba.
Quiero poner minas terrestres en este patio.
Como en Platoon, y hacer volar a todos.
Suena peligroso.
Evan Olsen.
Nervioso, alérgico a las abejas y a la pasta en lata.
Siempre tenía que irse a casa pronto.
Tengo que irme a casa pronto.
Más Nintendo para nosotros.
Tammy Hodges.
Inteligente, segura, experta en tarjetas de béisbol
y futura directora ejecutiva de Hodges Industries.
¡Mi novato de Canseco subió dos dólares!
Sí, ese solía ser mi Canseco.
Teddy Hodges.
El hermano gemelo de Tammy.
Futuro asistente del director de Hodges Industries.
Hola, chicos. ¿Qué tal?
Sí, y este chico.
Perdón la demora. Estaba al teléfono con Bon Jovi.
Jeff Farmer.
Mentiroso patológico.
No tan amigo, pero siempre cerca.
Y ayer te fuiste antes de la escuela
para hacerle de doble Tom Cruise.
Sabe que yo también necesito velocidad.
Entonces, ¿no tenías diarrea?
Fueron ambos. Tom Cruise y diarrea.
No son mutuamente excluyentes.
Cállate. Está saliendo.
¡Nintendo! ¡Nintendo!
¡Nintendo!
¡Nintendo!
- ¡Nintendo! - ¡Silencio!
08:00 a. m.
Hora de jugar.
¿Alguno de ustedes, humanos apiñados, quiere jugar Nintendo?
¡Sí!
¡Yo! ¡Yo!
Tú. Tú. Tú, no.
Tú. Eres bueno.
¡Entro!
¡Entramos!
Amo este lugar.
Impresionante.
Y allí, brillando en toda su plástica gloria gris,
un laberinto de cables e inteligencia electrónica tan avanzada,
que no se la consideraba un videojuego,
sino un sistema de entretenimiento de 8 bits.
Saluda a mi pequeño amigo.
¡Oigan, sin botas!
Hay cinta adhesiva para los agujeros de los calcetines.
¡No toques la pared! Es francesa.
- Mi hermano sigue afuera. - ¡Déjame entrar!
Conoces las reglas.
Los primeros diez, eso es todo.
Pero es Teddy.
"Pero es Teddy."
¡Imbécil!
Lo lamento mucho.
No se podía negar que era un idiota.
Tampoco se podía negar que tenía el sótano más genial
en todo el hemisferio norte.
Una mesa de billar, tejo, máquina de pinball,
palomitas de maíz, máquina de palomitas estilo sala de cine.
Oye, no chupen la máquina.
Y un cajón de bocadillos mejor abastecido
que los supermercados en el área metropolitana de Chicago.
¿Tienen hambre, chicos? ¿Quieren galletas o algo así?
- Sí. Sería genial. - Claro.
Mamá.
¡Mamá!
- ¡Mamá, despierta! - ¿Qué?
¡Trae galletas!
¿Cuántas?
- Solo una. - ¿Alguien...?
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