نخستین 200 خط.
A veces miro a mi mujer...
sin que se note mi presencia.
La primera vez que entró en esa habitación, dijo...
"Está muy bien. Quiero estar aquí."
Nos habíamos conocido unos días antes en un concilio en Trondheim.
Era corresponsal de una revista de la Iglesia.
Nos conocimos en el almuerzo y le hablé de la vicaría.
Me atreví a sugerirle que viniéramos...
después de la conferencia.
Por el camino, le pregunté si quería casarse conmigo.
No contestó.
Pero cuando entramos en la habitación se giró hacia mí y dijo...
"Está muy bien. Quiero estar aquí."
Desde entonces, hemos vivido una buena vida en la vicaría.
Eva me ha contado cosas de su vida.
Después del colegio, fue a la universidad.
Estaba prometida con un médico y vivió con él unos años.
Escribió dos pequeños libros...
contrajo la tuberculosis, rompió el compromiso...
y se mudó de Oslo a una pequeña ciudad del sur de Noruega...
donde empezó a trabajar como periodista.
Éste es su primer libro. Me gusta mucho.
Escribe...
"Uno debe aprender a vivir, yo practico cada día.
El mayor obstáculo es que no sé quién soy.
Tropiezo en la oscuridad.
Si alguien me quisiera por lo que soy...
podría, por fin, estudiarme a mí misma.
Esa posibilidad es bastante remota."
Si pudiera decirle una vez que es amada...
sin reservas.
Pero no puedo decirlo de manera que me crea.
Me faltan las palabras adecuadas.
¿Puedo leerte la carta para mi madre o te molesto?
No, pasa. Deja que apague la radio.
Puedo volver más tarde.
Me gustaría mucho oír tu carta.
"Querida madre, ayer me encontré con Agnes...
que ha visitado a sus padres con su familia.
Me dijo que Leonardo ha muerto.
Querida mamá, puedo imaginarme lo mal que te sientes.
¿Querrías visitarnos unos días o unas semanas?
Lo que sea mejor para ti.
Si te asustas y dices que no directamente...
déjame que te diga que la vicaría es muy espaciosa.
Tendrás una habitación propia, apartada y con todas las comodidades.
Tenemos un gran piano para que practiques.
¿No sería bonito no tener que estar en un hotel?
Por favor, di que vendrás.
Cuidaremos de ti y te mimaremos.
Hace mucho tiempo que no nos vemos. En octubre hará siete años.
Con amor, de Viktor y tu hija Eva.
- Está muy bien. - ¿En serio?
- Mamá, querida. Bienvenida. - Eva, cariño, aquí estoy.
Estoy muy contenta de que hayas venido. Deja que te ayude.
- Qué viaje tan largo. - Lo sé.
La última parte es la peor. Pero esto es precioso.
- ¿Te quedarás un tiempo? - Por supuesto.
- ¡Qué bien que hayas venido! - Quiero verlo todo.
Las maletas pesan mucho. ¿Has traído tu música?
- Claro. Pienso mudarme aquí. - Eso sería estupendo.
- Tienes que darme clases. - Claro.
- ¿Dónde está Viktor? - No está aquí.
No te esperábamos tan temprano. Volverá a la hora de comer.
- Ésta es tu habitación. - Es encantadora.
Una vista maravillosa.
Aquí está el lavabo.
Muy bonito y moderno.
- El armario. Espero que sea bastante. - Seguro que sí.
Estoy muy cansada. Me duele la espalda.
Me senté con Leonardo sus últimas 24 horas.
Sufría mucho, a pesar de las inyecciones cada dos horas.
A veces, lloraba.
No era por miedo a la muerte, sino por el dolor.
Había obras fuera, con ruido de taladros y martillos.
El sol brillaba mucho y no había cortinas ni persianas.
Intentamos conseguir otra habitación, pero muchas estaban cerradas.
Por la tarde, el ruido paró y abrí la ventana.
El calor era como un muro, no soplaba nada de viento.
El profesor vino por la noche, un viejo amigo de Leonardo.
Dijo que no le quedaba mucho.
A Leonardo le daban inyecciones cada hora...
para que se durmiera y no sintiera dolor.
El profesor se marchó y entró la enfermera.
Pensó que yo debía comer, pero no tenía hambre.
El olor me daba náuseas.
Leonardo durmió unos minutos.
Cuando se despertó, me pidió que saliera.
Llamó a una enfermera que inmediatamente le puso una inyección.
Unos minutos más tarde salió.
Dijo que...
Leonardo había muerto.
Me quedé con él toda la noche.
Pensé en nosotros, amigos desde hace 18 años...
vivimos juntos 13 años.
Nunca una palabra dura o de enfado entre nosotros.
Los últimos dos años, él sabía que estaba muy enfermo.
Fui a verlo a su casa de Nápoles tantas veces como pude.
Era amable y considerado, le alegraba mi éxito.
Charlábamos y bromeábamos y poníamos música de cámara.
Nunca mencionó su enfermedad, y yo no pregunté. No le hubiera gustado.
Sólo un día me miró durante un buen rato.
Entonces se rió y me dijo...
"Por estas fechas, el año que viene me habré ido...
pero siempre estaré contigo, siempre pensaré en ti."
Fue bonito que Leonardo dijera eso, pero él era un poco teatral.
No puedo decir que lo lamento por él.
Me siento vacía, pero uno no se puede encerrar a sí mismo.
¿He cambiado mucho desde la última vez que nos vimos?
- Estás igual. - Me tiño el pelo, por supuesto.
Leonardo no quería ver mi pelo gris.
Compré este traje en Zurich, para el viaje en coche.
Lo vi en un escaparate, entré y me lo probé. Me quedaba perfecto.
- Increíblemente barato. ¿Te gusta? - Es precioso.
Deshagamos las maletas. Ayúdame con ésta, me duele mucho la espalda.
¿Podemos poner una tabla bajo el colchón, por mi espalda?
Ya está hecho. La puse ayer.
¿Qué pasa, cariño? ¿Estás llorando?
- ¿He dicho algo malo? - Es porque estoy contenta de verte.
Abracémonos fuerte, como hacíamos cuando eras pequeña.
Sólo hablo de mí.
Debes contarme cosas, querida. Sentémonos.
- ¿Cómo estás, pequeña? - Soy muy feliz.
Eso está bien. Pero, ¿no te sientes un poco aislada?
Viktor y yo trabajamos en la parroquia.
Sí, claro.
Toco en la iglesia. El mes pasado di un concierto vespertino.
Toqué y hablé de la música. Fue un éxito.
- Tendrás que tocar para mí. - Me encantaría.
He dado cinco conciertos escolares en Los Angeles.
Imagínate, tocar y hablar con tres mil niños.
Fue un éxito, pero muy agotador.
Tengo que decirte algo.
- ¿Sí? - Helena está aquí.
Deberías haberme escrito para decírmelo.
Si te lo hubiera dicho, no hubieses venido.
- Seguro que hubiera venido igual. - Seguro que no hubieras venido.
La muerte de Leonardo no ha sido suficiente.
Tenías que traer a Helena también.
Mamá, Helena vive aquí desde hace dos años.
Te escribí para decirte que le íbamos a decir que viniera a vivir aquí.
- Te escribí. - No recibí esa carta.
O no te molestaste en leerla.
- ¿No es una acusación injusta? - Sí, lo siento.
No puedo soportar verla. Por lo menos, hoy no.
Mamá, Helena es una persona maravillosa.
Tiene muchas ganas de verte.
Estaba muy cómoda en la residencia.
Yo quería tenerla aquí.
- ¿Estás segura que está mejor aquí? - Sí, lo está.
Y tengo a alguien a quien cuidar.
¿Está...?
¿Está peor?
Sí, claro que está peor. Es parte de la enfermedad.
Entonces, vamos a verla.
- ¿Seguro que quieres? - ¿Tengo opción?
Nunca me ha gustado la gente que no conoce sus motivos.
- ¿Te refieres a mí? - Tómalo como quieras. Vamos.
Mi querida Lena.
He pensado tanto en ti, todos los días.
Está resfriada. Tiene miedo de contagiarte.
No tengo miedo. No he estado resfriada en 20 años.
Qué habitación tan bonita que tienes. Y la misma vista que desde la mía.
Helena quiere que le tomes la cabeza y la mires.
- ¿Así? ¿Está bien? - Sí.
Me alegra que Eva te esté cuidando.
Creía que aún estabas en la residencia.
Iba a ir a verte antes de irme, pero esto es mucho mejor.
- Podemos estar juntas todos los días. - Sí.
¿Te duele?
No.
Tienes el pelo precioso.
Es en tu honor, mamá.
Si quieres, puedo leerte. ¿Te gustaría?
Y podríamos salir juntas en coche. Nunca he estado por aquí.
- ¿Qué dice? - Dice que debes estar cansada.
No necesitas esforzarte más hoy.
Mamá ha sido muy buena.
- ¿No tiene Lena un reloj? - Sí, en la mesita de noche.
Toma el mío.
Me lo dio un admirador que pensó que siempre llegaba tarde.
- ¿Cenará Lena con nosotros? - No.
El almuerzo es su comida principal.
Además, Lena está a dieta. Comía demasiado en la residencia.
¿Por qué me siento con fiebre?
¿Por qué quiero llorar?
Qué estúpido. Ahí estoy, avergonzada. Ésa es la idea.
Y el sentimiento de culpa. Siempre el sentimiento de culpa.
Tenía tanta prisa por llegar aquí. ¿Qué esperaba?
¿Qué estaba esperando que no quiero admitirme a mí misma?
Esta madre tan sumamente peculiar.
La deberías haber visto cuando le dije lo de Helena...
que vivía aquí.
Incluso sonrió, a pesar de la sorpresa y la consternación.
Y entonces, fuera del cuarto de Lena...
parecía la actriz antes de su entrada.
Terriblemente asustada, pero compuesta.
Una representación increíble.
¿Por qué ha venido?
¿Qué esperaba de un reencuentro después de siete años?
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