نخستین 200 خط.
Tras la muerte de Julio Cesar, Roma gobernó al mundo bajo la dictadura de Tiberio.
En la provincia conquistada de Galilea
El Rey Herodes y la Reina Herodías se mantuvieron en el trono.
La corte de Herodes era tan licenciosa
que la Reina envió a la joven princesa Salomé a Roma.
Y sucedió que un hombre apareció en Galilea, y muchos pensaron que era el Mesías.
Era el Profeta conocido como Juan el Bautista...
El día del Juicio Final se acerca.
El Señor recompensará a los justos y castigará a los inicuos.
El rey Herodes y la Reina Herodías...
están condenados porque viven en el pecado.
- No están casados. - Pero, Maestro, lo están.
No según la Ley de Moisés.
Herodes ha roto el séptimo mandamiento.
Ha tomado la esposa de otro hombre.
Y Herodías es igualmente culpable, por vivir en adulterio...
desprecia la ley dada por nuestro Dios.
La mano de Dios caerá sobre el Rey y la Reina.
Ellos sufrirán su ira.
Pero estad tranquilos, amigos míos.
La justicia se elevará como un río poderoso.
La verdad será clara como el cristal.
Arrepentios.
Cesad de hacer el mal. Aprended a hacer el bien.
Aliviad al oprimido. Buscad la justicia.
Ya que su amor estará con vosotros como una mañana de rocío...
y floreceréis como una rosa.
¿Qué has averiguado, mi querido consejero?
Su Majestad, el Bautista ha vuelto del desierto.
Habla contra ti incluso peor que antes.
- ¿Cuántos escuchan su veneno? - Muchos.
No sólo la chusma, sino que los hombres ricos ahora le siguen.
Debes detenerle, o comenzará a predicar en la ciudad.
Micha, espera aquí. Voy a ver al Rey.
Si, Majestad.
Majestad, la Reina.
Dile que me he retirado.
Recuerdo cuando no te retirabas sin venir conmigo.
- ¿Deseas verme? - ¡Qué raro es conseguir tan rápido...
- ...una audiencia con el Rey! - Es tarde. Estoy cansado.
No tan tarde ni tan cansado como para esperar a otra.
- Muy bien. Estoy esperando a otra. - Y tu esposa es la intrusa.
- Creía que por fin había quedado claro eso.
Te conozco.
¿Por qué has venido? ¿Qué quieres?
El Bautista ha vuelto. Y esta vez, debes silenciarle.
Me llama adúltera. No importa lo que haya entre nosotros...
él amenaza la Casa de Herodes. Quiero destruirle.
Es inofensivo. Lo que dice no puede hacer daño.
Muchos llenan tus prisiones por menos motivos.
Permites que un loco predique la traición.
Debes ponerle fin.
- ¡Detenle! - Déjame solo.
- Antes de que sea demasiado tarde. - ¡Vete!, he dicho.
Te lo advierto.
Será su muerte, o la nuestra.
Ezra...
¿Has oído?
He oído todo, Sire.
Ella desciende sobre mí como una plaga de langosta cada vez que aparece el bautista.
Ella sabe lo que me sucederá si le ocurre daño alguno...
y me pide su muerte.
- Ya no le puedo permitir que siga atacándome.
No levantes tu mano contra él.
Pero él predica la sedición. No puedo permitir eso.
Recuerda la profecía.
Recuerda cuando tu padre, Herodes el Grande, era rey de Judea.
Tres Sabios vinieron de Oriente proclamando...
que un niño recién nacido crecería para ser el Mesías.
- No necesito recordarlo. - En tu corazón, sí.
Nunca olvides lo que escribió tu padre, ni cuando le embargó el terror...
al pensar que el Mesías podría destronarle un día.
¿Por qué me le lo repites?
Para que no siguas el camino de tu padre.
Recuerda el castigo del Señor que cayó sobre él...
por la sangre que hizo derramar.
Sangre inocente.
Recuerda la extraña enfermedad que cayó sobre él.
El dolor insoportable que lo atenazó.
Su mente y cuerpo se convirtieron en cámara de tortura.
Tu padre sufrió una agonía, una agonía sin alivio.
¡Ya basta! ¡Basta! Todavía puedo oírle gritar.
Estas intentando proteger al Mesías de mí.
No se si Juan es el Mesías.
Mucha gente lo cree.
Está escrito que el Mesías aparecerá como un profeta.
Pero hay muchos profetas en la tierra.
El Mesías es el profeta y no otro.
Nació en tiempos de mi padre. Ahora intenta derrocarme.
Sé que Juan es un gran profeta.
Un Santo.
Hazle daño...
y lo que le pasó a tu padre te sucederá a ti.
Morirás en la agonía como él.
Si no predicara contra el trono...
Imagina que llega a Roma comentarios de que tolero la traición...
¿Qué escribió el ilustre Julio Cesar?
Vine, vi, y vencí.
Qué fácil fue su tarea. Todo que tuvo que hacer fue ganar batallas.
Yo debo mantener la paz.
Ese es el legado imposible que he heredado.
Y me no atrevo a complacerme en la gran ilusión...
hacer la guerra para conseguir la paz.
No tengo las fuerzas suficientes.
Ya nos hemos extendido a través del mundo...
hasta los confines del universo.
Debo mantener los lugares conquistados por otros métodos.
Bien, los asuntos del día.
Poncio Pilatos...
Comandante de la 9ª Legión.
Salve, Cesar Tiberio.
Salve.
Poncio Pilatos...
te nombro Gobernador de nuestras provincias orientales.
Debes averiguar dónde hay malestar y agitación...
que puedan provocar disturbios.
Necesitamos paz en Oriente. Es de vital importancia militar.
- Habrá paz. - No puedo concederte soldados...
los necesito para mantener el orden en África.
Dependo de tu reputación. En esta ocasión usa los guantes...
no las espadas.
- El gran Cesar me honra. - No suficientemente...
en vista de tus logros en Britania.
Partirás mañana por la noche.
Y llevarás mis felicitaciones al Rey Herodes, en Galilea.
Indícale que deberá duplicar los impuestos.
Desde allí te dirigirás a Jerusalén.
- Ese será tu cuartel general. - Cesar lo manda, yo obedezco.
Ave, Cesar.
Una petición del senador Marcelo Fabio.
Ave, Cesar.
¿Una petición de mi sobrino Marcelo?
¿Por qué no la presenta él mismo?
Marcelo Fabio está afligido por ello.
Asuntos urgentes en el foro...
hacen que sea imposible presentar su petición en persona...
para su consideración por parte del poderoso Cesar.
Prosigue.
A Cesar Tiberio, el más generoso de los emperadores.
Humildemente, solicito tu permiso para casarme...
con la Princesa Salomé de Galilea. Espero tu condescendencia...
y pido que me concedas una dispensa especial.
Escribe.
Al Senador Marcelo Flavio.
Mi amado sobrino...
en respuesta a tu petición, que te permita...
el matrimonio con la Princesa Salomé...
¿Por qué te favorecen los dioses sobre todos los demás mortales?
Te han presentado un regalo divino, Salomé.
¿Qué dice, Marcelo? Dímelo.
"Recuerda la ley, docto senador. Un romano solo puede casarse con una romana.
Y no necesito decirte que la Princesa Salomé tiene mala reputación."
¿Mala reputación?
porque he disfrutado aquí de la vida.
Se que no debí pedírselo al Cesar.
Solo ha empeorado las cosas.
Si me amas, no permitirás que nos detenga.
Quiero que estés conmigo siempre.
Pero no quieres desobedecer al Cesar.
¿Por qué tienes tanto miedo, Marcelo? ¿Qué puede hacer?
¿Quitarte tus posesiones?
- ¡Que lo haga! - Puede hacer algo peor.
- Puede privarme de mis... - Tus preciosos derechos romanos.
- Significan más que yo para ti. - Solo estoy siendo práctico, Salomé.
No podría pedirte que te casaras conmigo si fuera un esclavo.
Me uniría a ti como esclava.
- Pero como romano, yo... - Salomé, espera.
Esto es para ti.
"Del Emperador Tiberio a la Princesa Salomé de Galilea...
has provocado la indignación imperial...
por intentar superar tu situación de...
de extranjera".
"Has abusado de nuestra hospitalidad hasta agotar nuestra paciencia.
Por tanto, quedas desterrada de Roma."
¿Desterrada?
"Serás conducida a una galera que zarpará mañana por la noche.
Tendrás una escolta hasta tu casa en Galilea."
Pero... pero he vivido en Roma desde que era una niña.
El único hogar que he tenido está...
- ...está aquí. - Lo sé.
Así que yo...
estoy desterrada de Roma.
Para asegurarse que el sobrino del Cesar se casa con una romana...
- no con una bárbara. - Por favor, no lo hagas más difícil.
¿Lo es, Marcelo?
¿Cuánto...
si me dejas ir tan fácilmente.
Habrá un día en que mi palabra sea ley.
- Entonces. - Entonces la princesa de Galilea...
rechazará tu petición.
- Por favor. - ¡No me toques!
Soy una bárbara. No ensucies tus manos.
Mi noble romano.
Con un corazón de puro mármol.
Todos estáis cortados por el mismo patrón.
Abrid paso a Su Excelencia Poncio Pilatos.
¡Abrid paso! ¡Abrid paso!
¡Claudio!
Bajo tu mando de nuevo, Señor.
Creí que estabas en Galilea.
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