نخستین 185 خط.
¡Qué guarra es la gente!
Cómo le han dejado el coche al abogado del cuarto.
¡Hostia!
- ¿Qué pasa? - ¡Sal de aquí!
¡Sal de aquí! ¡Corre! ¡Corre!
- Berni, dime. - ¿Dónde andas?
Tenemos un cadáver.
Joder. ¿Con violencia?
No sé, no he llegado. Por lo que me dicen, hay mucha sangre.
Vaya veranito. Veinte minutos y voy para allá.
Ocúpate tú mientras tanto, hazme el favor. Y Berni, procedimiento habitual.
Como toquen la escena antes de que yo llegue,
me los como por las patas.
Sandra ha agarrado a otra niña y casi la ahoga.
Si esto es lo que le interesa esta conversación... Es inadmisible.
Perdón, perdón.
Yo sé que Sandra tiene sus cosas, todos lo sabemos.
Lleva aquí todo el año.
Pero... estoy segura de que aplicando las medidas oportunas...
Bueno... Lamentablemente, carecemos de presupuesto
para poder ocuparnos de ella de una forma más adecuada, Eva.
Ya, ya. Pero ¿qué me estás diciendo?
¿Que mejor que no vuelva?
Haberlo dicho antes, y no estaríamos aquí jodiendo la marrana, ¿no?
Joder. Mucha ley, mucho real decreto, mucho diploma,
pero ¡integración una puta mierda!
- - Vámonos.
- Vámonos a casa. - Quiero quedarme a merendar.
Ya, pero mejor nos vamos, que vas a tener mucha suerte.
- ¿Sabes con quién vas a estar? - ¿Con quién?
Con Sonsoles. Las meriendas de Sonsoles sí que están ricas.
¿Te quedas allí hasta que mami vuelva del trabajo?
- Vale. - ¿Vale, amor? Verás qué bien.
Madre mía.
No sé. Y encima no nos dejan pasar...
Ya está la mami.
¿Todo bien, jefa?
Regular, pero mejor que aquí, ¿no? ¿Y Berni?
- Esperándote desesperadamente, abajo. -
Es aquí. El único acceso que hay desde la calle es este.
Que los de la funeraria no bajen hasta que yo lo diga.
- Que luego la prensa se entera de todo. - No entra ni Dios.
¿Esto cómo es, señoría? Casi llega usted antes que yo.
Es lo bueno de trabajar en verano, Evita: No hay nadie por la carretera.
Ya.
La putada es que los malos no se van de vacaciones nunca.
Bernardo, ¿qué tenemos?
Además de las manchas de sangre referidas por el vecino que dio el aviso,
la luna trasera derecha está rota.
Aún no sabemos si el coche es de la víctima,
pero no descarto que sorprendieran a un ladrón
intentando sustraer el vehículo y el robo se fuera de madre.
¿El cuerpo? Ah, aquí.
Buenas tardes, ¿qué tenemos?
Cuchilladas.
Y, por el tamaño, de cuchillo cebollero, por lo menos.
El que quiere robar quiere robar, no meterse en un marrón así.
Mucho menos se trae un cuchillo.
Si quieres abrir un coche, trae un destornillador.
¿Entonces?
Pues, si tengo que apostar,
la ventanilla se rompe en el forcejeo.
Vienen hasta aquí...
Mira, aquí le apuñalan,
deja huellas de pisadas de su propia sangre,
sigue arrastrándose por aquí, como buscando refugio para morir.
Arturo Ferrer Puig, 36 años, de Novelda.
Hay una chica que no sabe nada de su marido desde esta mañana.
Dice que aparca su coche aquí.
- ¿Cómo se llama el marido? - Arturo.
La mejor parte...
Pues que llamen al primer contacto que tiene.
Que tendrá... Por si acaso, ¿sabes? A ti, a su madre...
Disculpe.
Eva Torres, Policía Nacional. ¿Es usted la mujer de Arturo Ferrer Puig?
Sí, dígame qué pasa. Nadie me quiere contar nada.
Siento decirle que lo hemos hallado sin vida.
Pero ¿qué le ha pasado?
Pues todavía no lo sabemos. ¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
Eh... anoche le...
Anoche. Pero, vamos, que acabo de llegar de trabajar
y llevaba toda la mañana sin contestarme al teléfono.
- Y ahora, al ver todo esto... - Lo siento.
Cuando esté más tranquila, que vaya a comisaría a verme.
Sí.
Ya puede bajar la funeraria.
En chiquitito, Eva. O pedimos otra pizarra para los demás casos.
Si no hubiera tanto hijoputa suelto, tendríamos más espacio.
Vamos al lío.
Arturo Ferrer Puig, 36 años, natural de Novelda.
Casado desde hace un año.
Trabajaba en el centro de conservación de carreteras. ¿Más?
Suele llegar a su puesto a las 8:30, pero hoy no ha aparecido.
¿Cuánto habrá, más o menos, de su casa al trabajo?
- A El Rebollar, 45 minutos. - Vale.
- Una hora, como mucho, si pillas tráfico. - 8:30, OK.
O sea, que bajaría a por el coche, más o menos, 7:30 de la mañana, ¿no?
Y lo encontraron a...
- 15:30. - 15:30.
Muy bien. Ocho horas.
Perfecto. A ver, cabecitas pensantes.
La cartera estaba intacta, de momento descartamos el móvil del robo.
- Decidme, ideas. - Tengo una.
Que no sea una ida de olla de las tuyas, que te conozco.
No, esta es normalita.
A ver, en el edificio vive un abogado.
¿Y?
Coño, igual iban a por él y se equivocaron de víctima.
Me vale.
Víctima equivocada. Habla con él, ¿vale?
- - Berni, ¿tienes algo?
Sí, bueno. Pues yo, de momento, no descartaría las tres del bolero.
Qué clásico eres.
- ¿Qué haces? - ¿Qué?
¡De verdad, tío!
- El permanente, abuelo. - ¿Por qué lo compras si no sirve?
¡Para ver si estás atento! De verdad, ¿eh?
Habrá que comprarte una pizarra para ti solito.
A ver.
Drogas, dinero y amor.
Tiradme todos los bolos, ¿eh?
Su mujer es enfermera, ¿no? Mirad también por ahí.
Familia, amigos, si se llevaba bien con todo el mundo,
si tenía problemas con alguien... ¿Me entendéis, no?
Hasta el vals que bailó el día de su boda. Todo.
Perdona, lo siento. Te juro que no he podido llegar antes.
Confirmadas seis heridas incisopunzantes.
Cuatro en la parte izquierda del pecho y dos en el corazón. Venga, acompáñeme.
¿Y el arma?
¿Me confirmas que el tipo de arma es el que te pareció en la escena?
- Grande y de cocina. -
Si me preguntas, creo que tenías razón. El agresor sabía a lo que iba.
Quería matarlo. El pobre no pudo reaccionar.
No tiene heridas de defensa ni en antebrazos ni en manos.
O sea, lo pillaron por la espalda, a traición.
Por la brutalidad, me juego el puesto a que el agresor era hombre y fuerte.
Una de las heridas presenta varias trayectorias.
Le apuñalaron repetidas veces sin ni siquiera extraer el arma antes.
Es decir, que iba por él. Con saña.
¿Y Berni?
- Está tomando declaración a la viuda. - Vale. Dame un titular.
Poca cosa.
Algo de una reforma en su piso.
Se ve que el marido no quedó contento y tuvo bronca con uno de los ñapas.
Localiza a la empresa y habla con ellos.
- Son autónomos, daré con ellos rápido. -
¿Y la chica, cómo está?
Pues imagínate, 26 y de luto. Vaya palo.
- Pero parece muy entera. -
Si me aprietas, yo diría que lleva más de un diazepam encima.
- - ¿Qué tal?
Toma. Esto es lo que ha declarado hasta ahora.
¿No te parece raro que mire tanto el móvil?
No sé.
Con la generación esta de Mujeres y hombres y viceversa, me pierdo.
Mírate lo de la compañera de trabajo.
Hola, María Jesús, ¿qué tal?
¿Cómo estás?
Bueno, ahí, ahí.
Tú, tranquila, ¿eh? No tenemos ninguna prisa.
Pero sí me gustaría preguntarte por lo que le has contado al subinspector.
Lo de la compañera de trabajo de Arturo.
Ah, sí.
Eso es cosa de mi amiga Sonia, que hace crossfit con ella en el gimnasio
y me dijo que se le veía muy interesada en él.
¿Y crees que podían tener una aventura?
Yo qué sé, la verdad es que no...
No le di mucha importancia cuando me lo contó,
pero no creo que le hayan... por eso, ¿no?
Bueno, es muy pronto para sacar conclusiones.
Nos gustaría hablar con tu amiga Sonia. ¿Me puedes dar el teléfono, por favor?
Sí.
Está aquí.
Está en la sala de espera, ha venido a acompañarme.
Y, Bernardo, ¿le has contado lo de la reforma?
Es que Arturo no... No se quedó muy contento con...
Tú no te preocupes. Estamos investigándolo todo.
Tranquila.
Era más una intuición.
Belén no paraba de echarle flores a Arturo,
y ya sabe que esas cosas se notan. Pero solo le conocía del trabajo.
Y una cosa es conocer a alguien en el trabajo
y otra en una relación. No es lo mismo.
Arturo era un poco controladorcillo. Bueno, un poco, mucho, ¿eh?
A Maje no la dejaba. Todo el rato le escribía,
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