Ang unang 158 linya.
¡Madre mía!
-Y le he dicho que lo sentía. -Yo me he quedado así...
Al principio no estaba mirando...
Vale.
DIRECTORA Y PRODUCTORA
Bueno, ¿estáis listos?
De acuerdo. Vamos a empezar.
Estáis todos aquí por vuestras experiencias únicas.
Todos tenéis historias sobre vuestra infancia.
He pensado que podríamos
compartir las cosas que más vergüenza nos dan.
Quizá, hablar sobre ellas nos haga sentir menos solos.
Vamos a comprobar
si ese es el caso y si podemos entendernos los unos a los otros.
-Muy bien. -Todos.
Así que, dicho esto, vamos a empezar con Vanessa.
Vale, guay.
-¡Vanessa! -Poneos serios.
Crecer es muchas cosas.
Crecer es impredecible.
Crecer es una oportunidad para cambiar el mundo.
Crecer fue...
Tenemos el poder y la responsabilidad...
Merecemos que nos escuchen.
-Crecer es... -Tumultuoso.
-Raro. -Confuso.
-Difícil. -Bonito.
-Obligatorio. -¡Lo conseguimos!
DIEZ HISTORIAS
SOBRE EL VALOR
DE SER UNO MISMO
De pequeña tenía una imagen muy negativa de mí misma.
Daba igual lo que hiciera,
no estaría a la altura de los estándares de belleza de la sociedad.
Me dijeron que ser negra me hacía inferior e insuficiente.
He decidido compartir mi historia
porque me parece precioso
mostrarte tal y como eres y no avergonzarte de ello.
Vale, ¿qué digo?
15 C, toma dos.
¡Bien!
¡Ya es oficial!
Bueno, hola a todos. Me llamo Vanessa Aryee y tengo 20 años.
Mis padres, mis hermanos y yo migramos desde Ghana a Estados Unidos
cuando yo tenía siete años.
Vinimos persiguiendo el sueño habitual
que trae aquí a muchos inmigrantes africanos.
Mis padres querían darme una mejor educación y más oportunidades.
Desde que era un bebé,
vimos algo en ella.
Cuando era pequeña y aún no andaba, ya empezó a hablar.
Todo el mundo decía: "Mira a la niña.
"No quiere andar, prefiere hablar desde el suelo".
Mi país natal, Ghana,
tiene una cultura muy rica y gente preciosa de piel oscura.
Mis padres renunciaron a mucho para traernos aquí.
Los títulos y estudios que tenían en Ghana
no servían de nada en Estados Unidos.
Hay que empezar de cero.
No tenía ninguna expectativa, no sabía cómo era Estados Unidos.
En Ghana veían películas estadounidenses, de Disney.
¿Cómo se llamaba? ¿Arnold Schwarze...?
-Schwarzenegger. -Schwarzenegger.
Volveré.
-Todas esas pelis de acción... -Chuck Norris y demás.
Era un poco abrumador.
Me encontré un montón de cosas nuevas:
la comida, la cultura...
¡Se va contra la lona!
Aunque era pequeña, seguía siendo raro.
Era la niña africana rara del colegio. La gente me preguntaba:
"¿De verdad tenéis elefantes y jirafas en el jardín?".
Mis padres me decían: "Diles que sí".
Me decían que dijera que sí, así que eso hice.
Pero incluso entonces, me sentía un poco excluida,
los niños son crueles.
A veces me sentía sola.
Algunos compañeros le hacían bullying y le enseñaban palabras malas.
Luego las soltaba en casa y yo le decía que no dijera esas cosas.
INSTITUTO
El instituto fue duro.
Empecé a ser más consciente de mi identidad y a verme a mí misma,
no solo como una estudiante, sino como una chica.
Quería que me considerasen guapa.
Empecé a dejar de verme cuando me miraba.
¿Quién es en este reino la más hermosa?
Tiene cabello negro de ébano y cual nieve su piel es.
No veía a gente como yo en la tele.
No veía a chicas de piel oscura, con el pelo rizado,
con peinado afro, 4C ni nada de eso.
Y no dejaba de preguntarme el porqué.
Llevo alisándome el pelo desde los seis años porque veía
que el pelo rizado como el mío no gustaba.
No entendía el concepto de racismo, pero sabía que algo fallaba.
Una vez estaba hablando con un chico.
Me parecía guapo.
Estábamos hablando de quién nos gustaba y yo le pregunté:
-"¿A ti quién te gusta?". -Esa. ¿La ves? Me gusta ella.
-¿Vas a invitarla a salir? -No.
Es solo que me parece atractiva.
¿Y qué es lo que te parece atractivo?
No sé. Tú serías atractiva si tuvieras la piel más clara.
SERÍAS MÁS ATRACTIVA SI TUVIERAS LA PIEL MÁS CLARA.
Estaba confusa y dolida.
Ese comentario hizo que me disgustara mi piel oscura.
Aquello reafirmó la forma en que me percibía a mí misma
y cómo pensaba que me veían los demás. "No soy lo que se considera atractivo".
Al llegar a casa le preguntaba si le pasaba algo y decía que no.
Pero... Vanessa no era así. Algo le pasaba.
Mirarme en el espejo resultaba más difícil de lo habitual.
Empecé a tener una visión deformada de mí misma.
Me fui dando cuenta
de que parte del odio por la piel oscura está muy arraigado en la sociedad.
¡Pero mírate! Eres preciosa para tener la piel oscura.
Cuando la gente habla de la piel oscura
y de cómo se percibía de forma diferente,
siempre oyes comentarios como "Eso ya no es así"
o "¿Qué más da si la piel blanca gusta más? Es cuestión de preferencias".
A esa edad no era consciente de la discriminación por color
ni de que radicaba en el racismo. Así que pensaba:
"Si es una preferencia, no debería disgustarme mi piel", pero me disgustaba.
Algunas de las cosas que has dicho sobre odiar tus facciones
es algo que muchos latinos entenderían.
Recuerdo que yo empecé a afeitarme con 11 años
porque me veía muy mexicano.
Me dejaba el pelo largo y evitaba ponerme cierta ropa,
como camisetas de tirantes y camisetas blancas, porque me decían
que parecía que iba a pintar casas cuando me vestía así.
La primera vez... No sé si conocéis la serie
-True Jackson... -¡Sí!
Cuando la vi por primera vez y vi a Keke Palmer con ese estilazo
y siendo tan preciosa con su piel oscura, pensé: "¡Hala!".
"¿Dónde está ese contenido? ¿Por qué no hay más?".
Hay mucha belleza en la raza negra
y me dan ganas de llorar al pensar en los años que pasé sin saber apreciarlo.
Llegó un punto en que pensé: "Entiendo cómo ve la sociedad mi piel.
"Si la piel clara es mejor, ¿por qué no perseguir eso?".
El blanqueamiento de piel es algo que siempre veía en los anuncios.
Pensé que al ser algo tan ensalzado, yo también debía hacerlo.
Diez.
Entré en la tienda sin saber si lo iba a comprar.
Pero, cuando lo vi, creo que la decisión ya la habían tomado por mí.
Recuerdo que ese día sentí ansiedad, miedo
y mucha vergüenza, pero también algo de alegría,
porque no sabía qué esperar, pero quizá aquello era lo que necesitaba.
Usé crema blanqueadora durante unos seis meses
porque estaba obsesionada con tener la piel más clara.
No tuvo el efecto que yo quería, me dejó la piel gris
y con un tono apagado.
Es algo que me da mucha vergüenza.
No se lo conté a mis padres, no quería que se preocuparan.
No quería que se enfadaran conmigo. Creía que era algo que podría ocultar.
Era incapaz de verme a mí misma como una persona atractiva
y válida con la piel que tenía.
Después de aquello, empecé a tener otros problemas dermatológicos.
A esa edad fue cuando entré en la pubertad.
Desarrollé acné quístico. Empezó siendo poca cosa,
pero fue yendo a peor y, al final, me quedaba en casa llorando.
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