Les 200 premières lignes.
"LA PIEL DE LOS DEMÁS"
¿Sí?
¿Hola?
¿Marc?
Sé que eres tú. Tu nombre aparece en la pantalla.
¿Marc?
¿Dónde estás?
Si no quieres hablar, ¿para qué me llamas?
Estoy en el hotel. Sigo en nuestra habitación.
¿Estás borracho?
Bebí un poco, pero no estoy ebrio. Hay una diferencia.
¿Conoces la diferencia?
Lo siento, Marc.
¿Lo sientes?
Ella lo siente. ¿No lo oíste? Ella lo siente.
Como sea.
Habla alto, no puedo oírte.
No me metas en tu mierda.
¿Quieres coger o no?
No tienes ni idea de lo que es estar jodido.
Y si tenemos sexo o leemos la biblia depende de mí.
Estoy aquí de nuevo.
¿Sigues ahí? ¡Oye!
- ¿Hay alguien contigo? - Sí.
Una puta.
Es tan fea que casi es hermosa.
- Marc, dije que lo sentía. - Sí, ya dijiste eso.
Pero no estoy bromeando. Estoy aquí con una puta.
¿Quieres hablar con ella?
¿No? Ella no quiere hablar contigo.
Espera.
Tengo una idea.
- Tomaré una foto. - ¡Deja de hacer eso!
Nada mal.
Eres un cretino enfermo.
Incluso puedo estar en la misma habitación con una puta ahora. Impresionante, ¿no?
¿Te ofendes porque acabo de decir puta?
No seas tan sensible.
Éramos muy cercanos, ¿no?
Sí.
Éramos.
Éramos.
No debiste pedirlo, Justine.
Lo sé.
Pero qué puedo decir excepto que lo siento.
Por favor, no cuelgues. Por favor.
- Buenos días, Sylvia. - Buenos días.
Creo que es medio tímido.
Me pidió que lo acompañara a una lectura mañana en la noche.
¿Un intelectual?
Nada de eso. Es literatura erótica. Tan grande como Bateil.
¿Quién carajo es Bateil?
Bataille.
Como sea. Espero que no sea otro pervertido.
¿Por qué a la gente le gustan las bragas con sangre de menstruación?
¿Me acompañarás?
¿Para ser tu chaperona?
No tienes que sentarte al lado mío. Puedes sentarte detrás.
Y luego puedes decirme lo que piensas de él.
- Por favor, por favor. - De acuerdo, lo haré.
Mañana es el ensayo final de Eric, así que puedo ir.
Justine, tienes que parar con eso. De veras.
No hay problema.
No, no está bien. Soy tu amiga. No puedo simplemente ignorarlo.
¿A qué empieza lo de mañana?
A las 8 p.m. en Chatwins.
Es la bonita librería de la calle Goltz.
Bien.
Estoy muerta de miedo. Es el quinto paciente nuevo esta mañana.
Otra vez no.
¿Puedo ocuparte tú? Ya es demasiado para mí.
No hay problema. Me encargaré de él.
Eres la mejor.
¿Puedes rellenar los niveles de sangre?
¿Necesita usar el baño?
¿Defecar?
Orinar.
Orinar, muy bien.
¿Su nieta vendrá hoy?
Es una lindura.
Se parece a usted.
Por los ojos, ¿no cree?
Bien, es todo.
Puedo traerle un pañal.
No es genial, pero es mejor que estar acostado en una cama mojada.
De acuerdo. Se lo traeré.
- Hola. - Hola.
¿Quieres tomar algo?
¿Pregunté si querías tomar algo?
- ¿Sí o no? - No gracias.
¿Claro?
¿Qué tal la escuela?
Bien.
- ¿Tienes novia? - No...
- Dios, qué raro. - ¿Puedes parar eso por minutos?
Espera un momento, tengo que darle me gusta a algo.
¿Tu madre sabe que nos íbamos a ver?
No, y no le digas.
No encaja con su visión de la vida que su hijo conozca a su donante de esperma.
Los hombres son idiotas. Quitándome a mí, claro.
¿Sí?
De acuerdo.
Nos vemos.
Lo siento, tengo que irme. Es urgente.
- Toma. - Gracias.
- Fue bueno verte. - Sí.
- Nos vemos luego, adiós. - Adiós.
¿Sí?
Pierre. ¿Qué haces? ¿Es buen momento?
Acabo de conocer a mi hijo.
¿Cómo es?
¿Cómo puedo saber? Supongo que bueno.
¿Qué pasa?
El editor quiere dos lecturas más este mes.
¿Te interesa? Es buen dinero.
¿Cuánto?
800 la pieza.
Me interesa.
Eso pensé, cerraré el acuerdo entonces.
¿Has avanzado con el nuevo libro?
Sí.
Sé que no soportas que te presionen. Pero el jefe sigue preguntando por eso.
Necesitamos algo para la feria el libro.
No iré a la lectura mañana. Espero que no te importe.
Sobreviviré.
Luego te mandaré por correo las fechas de las lecturas.
Sí.
Es la noche del estreno. Los actores siempre están nerviosos.
Son como principiantes.
No entienden nada de la poesía de Racine.
En un momento crees que lo tienen y al siguiente ya no.
No es tan difícil. Racine es delicado. Cada palabra es como un regalo.
Es como una pluma que flota por la habitación.
Sólo necesita una ligera corriente de aire.
Renuncio.
Eso es lo que siempre dices y al final es un gran éxito.
Esta vez no.
¿Se supone que debo escaldarme?
Lo siento, es lasaña.
- Tienes que esperar un poco. - ¡Debías decírmelo antes de quemarme!
El desayuno, cariño.
El desayuno.
Tengo que irme a ensayar.
Hoy va a ser tarde. No me esperes con la cena.
Que tengas un buen día.
De acuerdo.
Jules sacó el pene del coño de Annabelle. Su rara penetración,
su impotente punción de su hemangioma hinchado
evocaba la imagen de un mendigo en Annabelle.
Dedos temblorosos con guantes cortados buscando a ciegas en una papelera,
abriéndose paso entre la mierda de perro, los
restos de pizza hasta una botella de depósito.
Ni un segundo de esta aburrida penetración le había generado placer.
Pero cuando Jules sacó su pene y se encogió sobre su cara sudando copiosamente,
pareciendo un Neanderthal mientras
trabajaba su pene con sus torpes manos...
Ese momento transformó el órgano sexual de Annabelle en un canalón crispado.
Cada célula de su cuerpo ansiaba que el cálido torrente le inundara la cara.
Una inundación corroente como ácido,
un ácido despiadado devorando su camino a
través de sus labios disolviendo su encía.
Ella sintió esa pulpa de esperma, dientes y su
propia carne ensangrentada bajando por su garganta
dejando allí también una hilera de
extinción, la destrucción irreversible final.
El orgasmo de Annabelle era pura fuerza elemental, desenfrenada, fuera de control.
¿Dolor o placer? Jules carecía de la capacidad de distinguir eso.
Qué idiota.
¿Te refieres a mí?
Sí. ¿Cuál es tu problema? ¿Tu pene es pequeño?
Annabelle aparcó su Peugeot en la zona prohibida de la Rue St.
Las prohibiciones estaban pensadas para gente normal que seguía esas normas.
Otra mirada por el retrovisor. La prostituta negra no estaba en su casa.
Annabelle ajustó el espejo retrovisor hasta
que la prostituta volvió a estar a la vista.
18 Euros, por favor. Gracias.
- Dos de cambio. - Gracias.
Si gustas puedo firmártelo.
No, gracias. No será necesario.
Vamos, valdrá 20 veces más en 10 años.
¿30 veces?
Entonces no hay razón para decir que no.
¿Cómo te llamas?
Justine.
¿Francesa?
No, mi madre es la francesa.
¿Para quién?
Katrin.
Ve a la habitación de al lado.
- ¿Sí? - Enciende la TV.
¿Ahora qué?
Quítate la ropa.
¿Lentamente? ¿Quieres que me desvista?
Como quieras, rápido o lento. No importa.
Iré a tu habitación, ¿sí?
Vete a casa.
Hola, cariño.
Hola.
¿Qué tal el ensayo?
Perfecto. De repente todo funciona, como
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