Les 200 premières lignes.
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El tranquilo claustro de Kostromá nunca había visto a tantos nobles.
Los embajadores de la Asamblea Nacional vinieron de Moscú.
Se arrodillaron ante la gran monja Marta y le suplicaron
que bendijera a su hijo para ser el Zar del Estado de Moscú.
"Él es el único que no había manchado su buen nombre...
...durante el anárquico Período Tumultuoso. Él es nuestra única esperanza.
Si Mijaíl se niega, el Período Tumultuoso regresará.
Nuestra tierra no sobrevivirá a semejante pena nuevamente."
LA CASA DE LOS ROMÁNOV. EPISODIO UNO.
Año 1598. Murió el hijo de Iván el Terrible, el zar Fiódor.
Fue el último de la casa Rúrik que había gobernado el país
durante 700 años. Fiódor no tenía hijos
y su hermano menor Dmitri había muerto en circunstancias poco claras.
La gente elegió a Borís Godunov para que fuera su nuevo zar.
Pronto apareció un impostor que decía ser Dmitri,
que supuestamente había sobrevivido. El Falso Dmitri se apoderó
del trono ruso y se casó con una polaca,
Marina Mniszech, a la que proclamó zarina.
Dentro de un año el Falso Dmitri fue asesinado y Marina
se vio obligada a abandonar Moscú.
Cuando apareció un nuevo impostor,
ella le reconoció como su esposo y pronto dio a luz
a su hijo Iván. Marina soñó con convertirle
en el nuevo zar ruso.
El estado de Moscú permanecía sin ningún gobernante.
Aprovechando la anarquía, Suecia y Polonia invadieron
abiertamente su territorio. Comenzó la guerra.
Rusia perdió Karelia, Nóvgorod y Smolensk.
Sólo se cultivaba el 10% de las tierras.
No quedaba nadie para trabajar en la agricultura.
La población disminuyó notablemente.
Todos sabían que Rusia necesitaba un zar legítimo.
De lo contrario, el estado perecería.
El horrible invierno de 1613 llegaba a su final.
La gente se desplazaba a Moscú desde zonas más desfavorecidas.
Tuvieron que realizar un gran esfuerzo.
La Asamblea Nacional se reunió en Moscú para decidir
el destino de la Patria.
La Asamblea Nacional era el parlamento ruso
durante los siglos XVI y XVII.
Se convocaba en eventos extraordinarios para decidir
los asuntos políticos más cruciales.
Cerca de 1000 personas vinieron a la Asamblea en 1613.
Eran de todas las clases incluyendo nobleza, clero, mercaderes,
burócratas y campesinos.
El 3 de marzo se realizó la votación decisiva.
Después de largas disputas y dudas Mijaíl Románov, de 16 años de edad,
fue elegido zar.
El padre de Mijaíl, Fiódor Nikítich Románov,
era primo del zar Fiódor, el hijo de Iván el Terrible.
Por lo tanto, legítimamente podía reclamar el trono.
Pero después de que Borís Godunov llegara al poder,
Fiódor Nikítich fue eliminado.
Fue forzado a convertirse en monje, bajo el nombre de Filaret,
y su esposa Xenia se hizo monja, bajo el nombre de Marta.
Fueron enviados a diferentes monasterios.
Más tarde Filaret fue tomado prisionero por los polacos.
Mientras llevaba a cabo una misión diplomática, fue arrestado
junto con otros miembros de la delegación rusa
y a efectos prácticos secuestrado. Los polacos no informaron a Filaret
de que su hijo estaba siendo elegido zar en Moscú.
La decisión de la Asamblea fue anunciada
en la Plaza Roja, en presencia de una gran multitud de personas.
Mijaíl Fiódorovich sería el zar y el gobernante
del estado de Moscú y de toda Rusia.
El Período Tumultuoso fue el telón de fondo
de la infancia y juventud de Mijaíl.
Le arrebataron a sus padres cuando sólo tenía 4 años
y le enviaron a una aldea.
Más tarde, su madre vino a por Mijaíl. Pasaron unos años
en el Moscú arruinado.
Luego escaparon a Kostromá,
al claustro de Ipátyevo, donde llevaron una vida tranquila.
Los embajadores trajeron consigo el icono
de Nuestra Señora de Fiódor, y ya roncos y agotados,
convencieron a los Románov durante horas para que tomaran el poder.
Después de muchos años de anarquía y destrucción durante el Período Tumultuoso
un nuevo zar subió al trono ruso.
Se convirtió en el fundador de la nueva dinastía Románov,
por la voluntad de Dios, Gran Zar y Gran Duque,
Gobernante de toda Rusia, Miguel I.
El domingo 11 de julio de 1613 comenzaron
las festividades dedicadas a su coronación.
Capítulo Uno. Mijaíl Fiódorovitch (Miguel I)
Ya no había marcha atrás.
Miguel I subió las escaleras
de la Catedral de la Asunción como hijo de noble
y descendió como zar. El estado que debía gobernar
estaba al borde del colapso.
Entonces el joven zar siguió su intuición y eligió
el único modo posible de gobernar: la gobernanza colectiva.
Por iniciativa del zar, la Asamblea Nacional, que solía funcionar
sólo una vez cada varios años, comenzó a reunirse regularmente,
convirtiéndose en el órgano consultivo superior del Estado ruso.
A pesar de las expectativas de muchas personas, Miguel I
no se convirtió en una marioneta en manos
de los clanes de nobles enemigos. Él verdaderamente gobernó el país.
Cuando un holandés sugirió que se necesitaban medidas estrictas,
el zar respondió: "¿No sabes que nuestros osos
nunca cazan durante su primer año? Sólo comienzan a cazar
cuando han crecido”.
El suelo bajo los pies de Miguel I todavía era inestable.
Había tres aspirantes al trono ruso:
el rey sueco Carlos Felipe en el norte, el príncipe polaco Wladislaw
en el oeste y el así llamado "pequeño ladrón",
Iván, hijo de 3 años de Marina Mniszech
y del impostor Dmitri II en el sur.
Un ejército de cosacos de 3.000 hombres, encabezado por
el aventurero Iván Zarutskiy, apoyaba al pequeño Iván.
Sin embargo, las tropas del zar derrotaron a los cosacos.
Los impostores fueron arrestados, llevados en grilletes a Moscú y ejecutados.
La ejecución tuvo lugar en la plaza al lado de las Puertas Serpukhov
en presencia de una multitud de gente.
El viajero holandés Elias Herkman lo recordó
el resto de su vida.
"Zarutskiy estaba empalado. El hijo de Dmitri fue ejecutado públicamente.
Había una tormenta de nieve. La nieve estaba golpeando al niño
en la cara. Él preguntaba entre lágrimas:
"¿Adónde me están llevando?" Las personas que llevaban al niño
le estaban calmando hasta que le trajeron a la horca,
como un cordero al matadero.
El pobre niño fue colgado como un ladrón."
Los aventureros podrían haber usado al niño
para comenzar un nuevo Período Tumultuoso. Para evitar eso, Miguel I,
el primer zar de la nueva dinastía, tuvo que aceptar la ejecución
y arruinar su alma con ese pecado.
Así se evitó un nuevo Período Tumultuoso.
Pero esto no paró la guerra.
Las tropas suecas sitiaron a Pskov.
Miguel I ordenó a sus diplomáticos que hicieran cualquier cosa para negociar la paz.
En febrero de 1617 se concluyó el Tratado de Paz de Stolbov.
Según él, Rusia recuperó Nóvgorod con sus tierras adyacentes.
Pronto el ejército polaco fue a Moscú.
El príncipe Wladislaw, que todavía tenía pretensiones al trono ruso, lo dirigió personalmente.
Los polacos lograron acercarse al Kremlin,
la pared de la Ciudad Blanca, el actual Anillo de Bulevares.
Los rusos descubrieron a través de los espías que los polacos
estaban cavando debajo del Kremlin para explotar las Puertas de Arbat.
A pesar de toda la persuasión, el zar se negó a abandonar Moscú.
Ordenó reunir un gran destacamento y esperar.
Aparte del interés del estado, él tenía uno personal.
Los polacos aún mantenían como rehén a su padre, el metropolitano Filaret.
Miguel I sabía que si se marchaba de Moscú, perdería el trono.
Al perderlo, nunca vería a su padre.
Luchó contra los polacos a pesar de sufrir bajas sustanciales.
El 1 de diciembre de 1618 se firmó la tregua de Deulino
para 14 años y medio. Rusia recuperó sus tierras, desde Vyazma
hasta Chernígov. Sin embargo, muchos problemas quedaron sin resolver.
Smolensk y otras tierras todavía estaban bajo Polonia.
Además, Wladislaw no renunció a sus reclamos
por el trono ruso. Sin embargo, el país devastado
no podía continuar la guerra. Necesitaba paz para respirar,
para reconstruir, al menos una docena de años.
Fue la primera gran victoria
de Miguel I. El principal resultado de la tregua
para Rusia fue el regreso de todos los prisioneros
tomados durante el Período Tumultuoso.
Su padre regresó de Polonia. Durante los nueve años de separación,
Miguel I sintió un lazo inseparable con su padre.
Desde muy pequeño, quería ser como él
y ahora estaba deseando verle,
al hombre legendario, al metropolitano Filaret.
Después de regresar del cautiverio y estar separado nueve años,
el padre vio al verdadero zar de toda Rusia delante de él,
un gobernante elegido por Dios. En diez días, el zar emitió una orden
para nombrar a Filaret el patriarca de Moscú y toda Rusia.
En el futuro gobernarían juntos: padre e hijo.
La influencia de su madre, la poderosa y autoritaria
gran monja Marta, empezó a disminuir.
Fue alejada de los asuntos de estado y veía a su hijo
cada vez menos. En aquel momento el zar tenía veinte años.
Y así se informó a la población.
Con la voluntad de Dios, el Gran Gobernante, Zar Miguel I
se convirtió en un hombre adulto. Era la ocasión para que el zar se casara.
Su madre Marta le consiguió una pretendiente.
Sin embargo, Miguel I tomó la decisión sin ella.
Hacía mucho tiempo, durante su exilio, se enamoró de María Khlópova,
la hija de uno de sus supervisores.
Prometió casarse sólo con ella.
María Khlopova fue oficialmente anunciada prometida del zar
y se instaló en las cámaras altas del palacio.
Los hermanos Saltykov, que eran familiares de la madre del zar,
fueron nombrados sus guardaespaldas. Sin embargo, justo antes de la boda
la novia se enfermó. El zar estaba terriblemente preocupado.
Todo el palacio estaba revuelto. Los Saltykov convocaron un concilio
de médicos extranjeros y anunciaron solemnemente:
"Los médicos le examinaron y concluyeron que una grave enfermedad
estaba terminando con ella. Era imposible curarla".
La gente susurraba: "La madre del zar debe tener algo que
ver con ello. Ella no quiere que su hijo se case con Khlópova".
De todas formas, la pobre Masha Khlopova y sus familiares
fueron exiliados a Siberia. Más tarde una serie de interrogatorios
reveló que los Saltykov fueron los culpables.
Por eso los Saltykov fueron exiliados a sus propiedades familiares.
Sin embargo, la boda ya estaba interrumpida. Durante mucho tiempo
Miguel I ni siquiera quería oír hablar de casarse.
Sólo cuando cumplió 28 años sus familiares comenzaron a preocuparse.
Sin heredero, la existencia de la nueva dinastía era dudosa.
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