200 baris pertama.
- Capitán, ¿cómo se llama el pueblo? - Puerto Miguel.
- ¿Está abandonado? - Dormido.
Cuando cae el sol, salen sus gentes. Lo llaman siesta.
¿Debemos hacer una siesta de 1 mes?
Puede que más que uno
- ¿Tanto tarda en reparar un motor? - Yo no, el ingeniero.
Yo no he hecho el barco, sólo lo llevo.
- ¡Espere, capitán! - Todo el mundo
encontrando oro a montones en California
y yo atrapado en un pueblo mexicano llamado Pu...
- ¿Cómo ha dicho? - Puerto Miguel.
Puerto Miguel.
- Pero, ¿qué le vamos a hacer? - Nada.
- ¿Cree que no tendrán alcohol? - Lo dudo.
Allí mismo.
Es curioso.
Conozco a toda la tripulación menos a Ud. No sé nada de Ud.
- Sé que se llama Hooker, ya está. - Ya está.
Ese chico cree que le conoció en Tejas, pero no recuerda cómo
Pues no me conocería tanto.
Y si no lo hiciera no sería asunto mío, ¿no?
No veo por qué.
Como me dedico al juego, me gusta conocer bien a la gente
por si acabo jugando contra ellos.
Por eso soy tan curioso.
- Normal. - Pero también hago poesía
y me interesa todo el mundo.
- Puedo entenderlo. - Averiguo qué puedo sacar de ellos,
si su dinero o su personalidad, o ambas cosas,
¿Ha oído la expresión "sacar agua de las piedras"?
- Sí. - Eso hago con Ud.
Dos copas.
Dos copas.
Tengo muy mala suerte.
Hablo dos lenguas,
y caigo en un país que no habla ninguna de ellas
Todas las mujeres bonitas hablan el mismo idioma.
- ¿Y las feas? - No las escucho.
No es tan fuerte como pensaba Lo es más.
Alguien me dijo: "No creas nada de lo que te diga una mujer,
pero sí todo lo que cante."
- ¿Quién dijo eso? - Yo.
¿Qué le pasa a ese loco?
¿Qué dice?
Que no le gustaba como miraba a su chica
Queremos mostrarnos pacíficos.
Por si nos quedamos un buen tiempo.
Yo me sé controlar.
- Claro. - ¿Crees que no?
- Sólo ha dicho "claro". - Tranquilízate, Daly.
Puede que no esté tan mal, Daly.
Podemos pescar por la mañana, emborracharnos por la tarde
y jugar a las cartas por la noche.
- Tal vez, tengas suerte. - O quizá le gane una fortuna
Kiske, ¿sabes qué puedes hacer conmigo y una baraja?
Adivinarme el futuro.
Lo que quieras.
La reina roja. Eso significa...
¿Y tú qué sabrás?
- ¿Que les dice? - Tiene una mina.
Su marido ha quedado atrapado y quiere que lo ayuden a salir.
- Pagará 1.000 dólares a cada hombre. - No hay hombres en este bar.
¿Han oído lo que les decía? ¿Lo han entendido?
Nos lo acaba de contar.
Les he ofrecido mil por barba.
Les doblo la oferta, si me ayudan.
Hay un hombre herido que puede morir. Un norteamericano.
- Si no es suficiente... - El dinero está bien.
- Pero, ¿por qué tanto? - ¿Es demasiado para una vida?
Yo no le he puesto precio ha sido Ud.
No sé qué hacer ni qué decir.
- Debo conseguir ayuda o morirá. - Señora, ¿quiere sentarse?
¿Por qué nadie quiere ir ni por tanto dinero?
Tienen miedo. No van nunca por allí. Temen a los indios,
¿Y Ud.? No parece tener miedo.
Señora, aún no se ha inventado nada que me asuste.
Dice que sólo los locos van. Y él debe de serlo.
Se va con ella.
- ¿2.000 dólares? - Los tiene en la mano.
- Está bien, voy. - Hay 2.000 más para cada uno.
¿Usted?
Señora, puedo vivir en cualquier lugar durante 6 semanas.
Pero no solo en este pueblo.
Nos vemos en una hora en la herrería.
Ahora quiero que me acompañe uno de Udes.
Usted.
- Nos hemos perdido? - No.
Es al otro lado del acantilado.
¿Qué pasa?
Hay indios por aquí y han dejado un mensaje.
- ¿Qué dice? - Es apache
- ¿Qué más? - Con eso basta.
¿Hay algún otro camino para volver?
- No que yo sepa. - Genial.
¿Cómo encontraron este sitio?
Con el mapa de un viejo sacerdote de Sacramento.
- Nos dijo que no viniéramos. - ¿Por qué vino él?
Por Dios.
Un motivo mejor que el nuestro, ¿no cree?
Vicente está marcando el camino.
¿Cree que quiere repetir el viaje?
Puede que sólo quiera volver de éste.
¿Qué hacen en Puerto Miguel?
Rodeábamos el cuerno en dirección a los campos de oro.
El barco se estropeó y varamos en el puerto.
- ¿Han llegado juntos? - No
- ¿No se conocen? - Tanto como nos conoce Ud.
Mírala.
Se lleva a 4 hombres como nosotros hacia el oro.
- Se lo lleva lo que ha encontrado. - Eso es cierto.
Ya no había pan y se llevó las tortas.
- ¿A cuánto está ese sitio? - A varios días.
Me pregunto cómo recuerda el camino.
- Tal vez tenga buena memoria. - No.
No, tiene un mapa.
A veces lo saca, lo despliega y luego lo guarda con cuidado.
Cuando cree que nadie mira.
- Pero Ud. Sí mira. - Yo siempre.
Mire.
¿Ve eso? Antes de que acabe el viaje estará Ud como el caballo.
Comiendo de su mano.
Puede que no sea la mujer, si no el azúcar.
Ud. No, Daly. Yo. Yo tengo mejores motivos.
No me diga qué debo hacer.
- Sólo esta vez. - Sólo ésta, Hooker.
Nadie me dice qué debo hacer.
Está bien. No se lo digo, se lo pido.
Creo que no me gusta.
Creo que no me gusta nada de él. ¿Me comprende?
- No se me ocurre nada más sencillo. - Y no sé si me gusta nada de Ud.
Le estoy hablando, no me dé la espalda.
Tiene razón, Daly Nadie debe darle la espalda.
Si es que le preocupa su vida.
Pero yo soy un tipo extraño. A mí no me preocupa.
Me ha seguido, ¿no?
Si quiere saber dónde está o adónde va, pregúntamelo.
Dígaselo a los demás.
Que sin mí, no están en lugar alguno, están perdidos.
Y perderse en este país, es morir.
Entonces no necesita pistola.
Me ha subestimado, Hooker. No lo haga.
No creo que lo haga.
Pintaba bien, ¿verdad? Parecía un milagro.
Una mujer guiándoles hacia una mina de oro
en un país que no va nadie y donde puede pasar de todo.
- Siga. - ¿Cree que pensaba
que hacía esto por salvar una vida?
¿Una pequeñez tal como la vida de un hombre?
- ¿En serio? - ¿No le cree?
Sí, lo creo.
Creo que a cualquiera le preocuparía un hombre en peligro,
especialmente en una mina de oro.
Oiga, Hooker,
antes de ser un idiota que busca oro, ¿que era?
Un idiota sin oro.
¿Sigue marcando el camino?
Creo que lo está memorizando.
¿Ud. Cree?
- ¿Sabe qué le hace ella a sus marcas? - Lo dudo.
Pensaba que se cansaría.
Esa mujer está hecha de plata.
Ud. Es de cuero.
Vicente, de roca volcánica.
- ¿Y Ud.? - De palabras y carne.
Creo que soy el único humano aquí.
- Ella es humana. - ¿Cómo lo sabe?
- Por lo que la mueve. - ¿El qué?
El hombre de la mina.
Le da valor a cada kilómetro, a cada hora.
Bueno, acaba de sonar casi humano.
Pasaremos la noche allí.
No es de hace muchas horas.
- Harían alguna ceremonia o ritual. - ¿Quienes?
- Los apache. Ayer había luna nueva. - ¿Y qué?
Éste es un mes especial para ellos. Lo llaman la Luna del Hombre Blanco.
- ¿Cómo lo sabe? - Lo sabe todo. Déjele hablar.
De cuando arramblaron con todos los asentamientos, como éste.
Sabe, es el bar 2.000 parecía una buena cifra,
pero aquí baja su valor rápidamente.
No le haga caso, sólo es una leyenda que cuenta el cura de Puerto Miguel.
Pero él estaba aquí. Esta era su Iglesia.
¿Cree que les importamos?
Mataron a los que se quedaron sus tierras.
La gente que hizo casas, levantó vallas y se instaló.
La gente como nosotros, que coge el oro y se larga.
¿cree que pierden el tiempo matándonos?
Tal vez fuera cierto cuando sólo eran dos. Un hombre y su esposa.
- Pero ahora... - Ahora escúchenme todos.
Les he contratado para que salven a un hombre.
Puede que sea algo peligroso, por eso les he pagado bien.
Si la vida de un hombre no merece algo de riesgo, díganme cuánto más.
Venga, díganme cuánto quieren.
- ¿Qué le pasa? - Sólo está cansada.
Hagamos café.
- Te ha puesto en tu sitio. - A todos.
Al principio, me pareció una de esas mujeres
que fascinan a los hombres sin hacer nada ni saber por qué.
¿Y ahora?
Lo intenta y sí sabe por qué.
Cuénteme más sobre la Luna del Hombre Blanco.
No comments yet. Be the first to leave one.