200 baris pertama.
Era el prostíbulo más bonito del mundo.
Estaba a dos kilómetros del pueblo, así que era como estar en casa.
El sheriff, Jack Roy Wallace, lo eligió para la Srta. Wulla Jean en 1910,
y ella se trasladó allí con sus chicas desde su local de la calle principal.
La pequeña casa se asentaba
En una verde llanura de Texas
Donde los árboles te resguardaban
Del calor
La suave brisa del estío traía un rastro de perfume
Y un ventilador giraba en cada habitación
Veinte ventiladores giraban, giraban
Veinte ventiladores en cada habitación
Los hombres ardían, ardían
Y tenían que buscar una manera de refrescarse
Desde el primer momento la casita fue algo especial,
casi como un segundo hogar.
La Srta. Wulla Jean puso una pianola en el salón para romper el hielo.
Uno podía sacar a bailar a una chica, o, si era tímido, ella lo sacaba a él.
Enseguida se hacían los negocios.
Costaba dos dólares.
No tardó en convertirse en uno de los más famosos palacios de placer de Texas.
De manera que sus clientes de la Primera Guerra Mundial
enviaron a sus hijos en la Segunda Guerra Mundial.
Su hospitalidad y simpatía no cambiaron,
como tampoco las estrictas normas de la Srta. Wulla Jean.
Le gustaba que sus damas, como las llamaba,
dieran el mejor trato a sus clientes, pero siempre comportándose como damas.
Insistía en que cada chica comprobara que su caballero no tuviera gonorrea
y en que lo lavara con jabón y agua caliente.
¡Algunos decían que eso era lo mejor!
La casa sólo pasó momentos difíciles durante la Depresión Hoover.
Se puso una máquina de discos para avivar el negocio.
Pero entonces no era fácil conseguir dinero contante y sonante.
Bueno, guárdalo en el saco.
Lo sacaré en cuanto terminemos.
Durante una temporada, según cuentan,
las chicas aceptaron pollos a cambio de sus servicios.
Un pollo por un polvo.
Así fue como el prostíbulo recibió su nombre:
"La granja de pollos".
Aunque cualquiera de Texas
sabía desde pequeño que lo que se vendía allí
no eran precisamente pollos.
LA MEJOR CASITA DEL PLACER DE TEXAS
Veinte ventiladores giraban, giraban
Veinte ventiladores giraban en cada habitación
Los hombres ardían, ardían
Y tenían que buscar una manera de refrescarse
Veinte ventiladores giraban, giraban
Veinte ventiladores giraban en cada habitación
Los clientes venían corriendo
Y tenían que buscar una manera de refrescarse
Hasta pronto, ¿me han oído?
Durante tres generaciones La granja de pollos se dedicó a lo suyo sin problemas,
al igual que los vecinos de Gilbert.
Y así fue hasta hace siete años.
Por aquel entonces yo era ayudante del sheriff Ed Earl Dodd.
Me dijo que le recordara su cita.
Eso fue justo después de perder la franquicia del pollo frito,
mientras que Ed Earl era sheriff desde que Jack Roy Wallace se retiró.
Ed Earl caía bien a todo el mundo, especialmente a Ed Earl.
Conocía bien su trabajo y aprendí mucho de él.
Me enseñó todo lo que sé.
Le gustaba la tranquilidad
y tomarse su tiempo para socializar en la cafetería de Dulcie Mae.
De vez en cuando se presentaba algún problema, como cuando
una mula se sentó en el coche de la Srta. Modene.
Dobló las patas y se sentó sin más.
Ella se sulfuró, pero Ed Earl ni se inmutó.
Se acercó al mastuerzo y le cantó las cuarenta.
Ed Earl era de la opinión de que lo mejor era hablar.
Hablando, me decía, se puede resolver cualquier problema.
Pero también tenía muy malas pulgas.
Su nombramiento coincidió con el fallecimiento de la Srta. Wulla Jean.
Ella dejó La granja de pollos a su chica favorita, Mona Stangely,
quien consideraba la casita una institución tejana
y era su intención mantenerla así.
Es una simple casita de campo
No hay mucho más para ver
No se permite beber
Tenemos una multitud tranquila
De lo más sencilla
Es una simple casita de campo
Nada que ocultar en absoluto
Sólo mucha buena voluntad
Y quizá un poco de pasión
Pero no hay nada sucio en ella
Nada sucio en ella
Recibimos a simples granjeros, empresarios locales
Congresistas de Austin, jovencitos con ganas de pecar
Solíamos tener diamantes en el cuello
Con el auge del petróleo
Pero el día de paga era complicado
Gracias a Dios el pozo se secó
Es una simple casita de campo
No hay mucho más para ver
No se permite beber, tenemos una multitud tranquila
De lo más sencilla
Es una simple casita de campo donde no hay tiempo
Nada que ocultar en absoluto
Sólo mucha buena voluntad y quizá un poco de pasión
Pero no hay nada sucio en ella
Hablen con propiedad, chicas
Mantengan los cuartos ordenados
No ronden las cafeterías del pueblo ni saluden por la calle
Cuiden siempre sus modales
Y no necesitarán nada más
Porque cada chica que vive aquí conoce mis reglas especiales "no, no"
Sí, cada chica que vive aquí conoce las reglas "no, no" de la Srta. Mona
- Ruby Rae, empieza. - Las camas no son para holgazanear
Eso es para los gordos vagos
- No da dinero. Beatrice. - No toleraré
Que se ocupe el teléfono para asuntos de negocios ajenos
Eloise, cielo.
Por favor, no nos enseñes tatuajes de corazones ni flores en el muslo
Es francamente malo
Las marcas son del ganado
Y no es lo que se vende en la casa de la Srta. Mona
¿Entienden a lo que voy?
Yo pago la comida, el alquiler y los servicios
Uds. concéntrense en sus responsabilidades
No dejen que sus bocas eclipsen sus aptitudes
Y nos llevaremos bien
Dawn
Cualquier mal hábito que tengas, dejalo afuera antes de entrar
Tatty Joe
No soporto ver masticar los chicles, lucen como vacas
Lindy Lue
La que pida un descanso ha de estar mala de verdad
Cada vez que oigan esa campana
Será mejor que vengas rápido
En cuanto a los proxenetas
No los necesitan para ayudar con sus tareas diarias
¿Me oyen bien?
Mantengan a esas sanguijuelas bien lejos
Sé cómo usar un arma, nadie se meterá con mis chicas
Cualquier duda que tengan sobre cómo llevo esta casa
No se quejen a mis espaldas
Díganmelo en la cara, soy abierta
Díganlo, luego suban, hagan las maletas
Allí está la puerta
Ella paga la comida, el alquiler y los servicios
Nosotras nos concentramos en nuestras responsabilidades
No dejaremos que nuestras bocas eclipsen nuestras aptitudes
Y nos llevaremos bien
Qué tal, chicos. Me alegro de verlos. Encantada de conocerlos.
Acerquense. Les presentaré a mis chicas.
Es una simple casita de campo
No hay mucho más para ver
No se permite beber, tenemos una multitud tranquila
De lo más sencilla
Es una simple casita de campo donde no hay tiempo
Nada que ocultar en absoluto
Sólo mucha buena voluntad y quizá un poco de pasión
Pero nada sucio hay en ella
Es una simple casita de campo
No hay mucho más para ver
No se permite beber, tenemos una multitud tranquila
De lo más sencilla
Es una simple casita de campo donde sin tiempo
Nada que ocultar en absoluto
Sólo mucha buena voluntad y quizá un poco de pasión
Sólo mucha buena voluntad y quizá un poco de pasión
Sólo mucha buena voluntad y quizá un poco de pasión
Pero nada sucio hay en ella
- Nada sucio hay en ella - ¡Sí!
Todo iba de maravilla, como siempre,
hasta aquel famoso partido de fútbol de la universidad.
Algunos opinan que los líos empezaron entonces.
Durante años, el equipo ganador
del partido universitario del día de Acción de Gracias
estaba invitado a pasar la noche en La granja de pollos
por la asociación de alumnos.
Pero en realidad los problemas empezaron tres días antes.
No sabe cuánto agradecemos su contribución.
- Aquí tiene su recibo. - Gracias, Rita.
A los chicos les hará mucha ilusión, y también al alcalde.
Es fácil que el ayuntamiento le otorgue otra placa.
Espero que no. ¡Tengo un armario repleto de ellas!
Hola, Dulcie Mae. ¿Conoces a la Srta. Mona?
¡Sí, claro! Nos hemos visto. Buenos días.
- Buenos días. - ¿No es maravilloso?
La Srta. Mona ha cubierto el ob jetivo de la campaña de la Liga Infantil.
¡Qué generosidad!
Se lo agradezco en nombre de mi hijo y de sus compañeros de equipo.
Dígales que me pagarán ganando el título del próximo año.
- Adiós, Rita. - Siento que no esté el sheriff.
Se fue a Meritsville. No volverá en toda la tarde.
Salúdale de mi parte.
- Adiós. - Adiós.
Adiós.
- Hola, Srta. Mona. - ¿Cómo está, agente Fred?
- Me alegro de verla. - ¿Vigila mi local de noche?
El sheriff se toma muy en serio la seguridad.
Pues pásese por allí.
A mis chicas les encantaría mostrarle su aprecio.
¡Vaya, Srta. Mona! Usted sabe que estoy casado.
Vamos Fred, ¿no sabe que las vacas aprecian el descanso
cuando el toro se va a pastar a otros prados?
- Hasta luego, Srta. Mona. - Adiós.
No comments yet. Be the first to leave one.