200 baris pertama.
Sólo hay una manera de acabar con esto,
y es poner fin a la ocupación,
porque la ocupación se ha convertido en el cáncer que se está comiendo la vida de los dos pueblos.
Lo que la ocupación ha hecho con nosotros
ha sido convertirnos en enemigos,
de modo que a veces me avergüenza decir que soy israelí.
Esto es - ¿sabe? - una gran... una gran intimidación
de la clase gobernante de Israel
que dice que toda crítica a su política es antisemitismo.
A veces me dan pena las madres israelíes,
porque piensan que sus hijos son soldados victoriosos,
pero deberían venir a ver lo que están haciendo aquí los soldados.
Hace veinticinco años hice un reportaje
que se titulaba "Y todavía se trata de Palestina".
Era sobre una nación,
los palestinos,
alienados de su tierra y ocupados militarmente por Israel.
Una ocupación condenada por Naciones Unidas
y por casi todos los países del mundo,
incluída Gran Bretaña.
Pero Israel recibe el apoyo de un amigo muy poderoso,
los Estados Unidos.
Es decir, que en veinticinco años
si debemos hablar de esta gran injusticia,
la cosa no ha cambiado nada.
Lo que ha cambiado
es que los palestinos han vuelto.
Siendo humillados durante tanto tiempo
se han rebelado contra la enorme maquinaria militar israelí,
a pesar de que ellos no tienen ejércitos,
no tienen tanques, ni aviones, ni helicópteros,
ni misiles norteamericanos.
Algunos han cometido actos desesperados de terror
como ataques suicidas,
pero para los palestinos
el terror día tras día
es tener que soportar el control despiadado
de casi todos los aspectos de su vida
como si vivieran en una prisión abierta.
Este reportaje trata sobre los palestinos
y sobre un grupo de israelíes valientes,
unidos en la lucha humana más antigua,
la lucha por ser libres.
"Palestina continúa siendo el problema"
Hace dos años
tropas y tanques del ejército israelí
atacaron Ramallah
y otros pueblos de la Palestina ocupada.
De ello se informó como de una incursión para frenar el terrorismo.
De hecho, fue también un ataque a la vida civil:
escuelas, oficinas, clínicas,
teatros, emisoras de radio, ...
Este vandalismo sistemático
es típico de una de las ocupaciones militares actuales
de más duración.
Incluso se destruyó el Ministerio de Cultura.
La directora, Liana Badr,
una novelista y cineasta destacada,
me enseñó la destrucción poco después de los hechos.
Esta es la sala de la administración.
Teníamos muchos archivos aquí.
Ya veis cómo lo han destrozado.
Era el mejor lugar del Ministerio.
Aquí, lo que hacíais
sobre todo era promocionar proyectos para la cultura palestina:
películas, proyectos para los niños, ...
exposiciones, exposiciones de libros,
exposiciones de pintura,
y festivales de danza y folclore.
Teníamos muchos proyectos.
Ahora no tenemos nada con que comenzar,
no tenemos ordenadores, equipamiento, muebles...
Y tenemos esta sensación de humillación.
Que hedor más horroroso, ¿eh?...
Mira esto.
Hace un hedor horroroso, sí.
Esto es una bolsa de porquería,
porquería restregada por toda la fotocopiadora.
Dos, dos bolsas...
O sea, que comieron y...
defecaron en el mismo sitio.
Sí, y además embadurnaron la fotocopiadora, desperdigaron porquería por todas partes,
incluso en las paredes.
Y puede ver que tenemos inodoros,
dos inodoros en cada piso.
Pero no utilizaron los inodoros, hicieron siempre lo mismo...
en el suelo o donde fuera.
Ya lo puede ver.
¿Podemos ver rápidamente esta habitación de aquí?
Dios mio, mira esto.
Esos son dibujos de niños, ¿no?
Sí, esta es una habitación especial para que trabajen niños y niñas,
y hacen pintura, cultura infantil,
y los animamos a pintar y a dejar que se expresen,
a hacer concursos, concursos literarios.
Pero ya ve como lo han destrozado todo.
No respetan nada,
sólo quieren venir y destruir.
Es el terrorismo sistemático del Estado israelí.
Para los palestinos, este vandalismo cultural
se ejerce deliberadamente para destruirlos como nación.
Aquí, en el corazón del conflicto
está la lucha por la tierra,
por los cerros y valles de Palestina,
por el agua, que es muy valiosa,
y por la tierra fértil.
En el comienzo del siglo XX, la mayoría de la población de Palestina eran árabes palestinos.
En 1948 se fundó Israel a la sombra del Holocausto.
Para los palestinos significó la pérdida del 78% del país.
Actualmente buscan sólo el 22% restante de su patria.
Durante treinta y cinco años, esta patria ha sido dominada por Israel.
En 1987 los palestinos se rebelaron y comenzó la Intifada.
La historia, seguramente, lo considerará una guerra de liberación nacional.
Lucharon a golpes de piedra contra tanques y aviones
y fueron sometidos a la brutalidad de los soldados israelíes
que se dedicaban a romperles los huesos a los prisioneros.
Algunos soldados, más adelante, insistirían en que cumplían órdenes oficiales israelíes.
Hace dos años los palestinos se rebelaron por segunda vez,
y no se puede decir que fuera demasiado sorprendente.
Durante el toque de queda la gente vive como si estuviera detenida en su domicilio,
sin previo aviso se le puede encerrar dentro de casa.
La vida de cada día es como un laberinto de controles:
controles de carretera, puntos de inspección, ...
Así es como recuerdo el Apartheid de Sudáfrica.
El efecto latente es el mismo: humillación, rabia y muerte.
Esta mujer palestina conoce los impactos devastadores de los controles.
El octubre pasado estaba a punto de dar a luz a su segundo hijo
y salió con su marido para ir a un hospital de las cercanías.
Les pararon en un control israelí, donde pidieron que les dejaran pasar...
Había seis o siete soldados.
Discutimos.
Uno de ellos agredió a mi marido, le golpeó con un fusil
y le tiró al suelo la tarjeta de identificación.
Tuvimos que volver a casa.
Lo intentamos más tarde pensando que, tal vez, se habrían tranquilizado.
Les dijimos que podíamos ir caminando al hospital,
pero a pesar de eso no nos dejaban pasar.
Entonces, hicimos salir a nuestro hijo,
mi suegra utilizó una navaja para cortar el cordón umbilical,
el niño comenzó a llorar,
mi marido lo envolvió con la chaqueta,
uno de sus parientes encontró un camino apartado
y nos llevó en coche al hospital,
pero al llegar, la criatura ya había muerto.
Historias como las de Fátima
llegan muy pocas veces a los titulares de los diarios,
pero hay muchas documentadas.
No sabemos por qué nos hicieron eso.
No era nada personal, así es como tratan a todos los palestinos.
Me sabe mal decirlo, pero antes ayudarían a un animal que a un árabe.
Los palestinos intentan hacer una vida normal,
pero la vida nunca es normal.
Durantes las operaciones militares israelíes los toques de queda lo paralizan todo:
se deniega el acceso de ambulancias a los enfermos y heridos,
las criaturas no pueden ir a la escuela, ...
Los israelíes afirman que es necesario para su seguridad.
Si eso es verdad, está claro que no funciona en absoluto.
Y de la seguridad de los palestinos casi no se habla nunca.
Toda la vida te sientes humillada,
no eres dueña de ti misma, no controlas el aire que respiras.
De ninguna manera. No quiero, no quiero hablar de planificar nada.
Eso es una cosa en la que ni podemos soñar.
Planificar la próxima hora o el próximo día, eso sí que lo hacemos.
No podemos ni soñar porque no tenemos el destino en nuestras manos:
está en manos de otros que deciden como debemos vivir,
incluso cómo debemos casarnos.
Para casarnos, para venir a vivir con mi marido a este país,
he tenido que pedírselo a los israelíes.
No es suficiente que hayan tomado nuestra tierra y que no nos permitan tener nuestro propio Estado,
sino que además tienen que controlar nuestras vidas hasta el más mínimo detalle.
Algunos israelíes lo han denunciado públicamente.
Más de quinientos soldados se han negado a servir en los territorios ocupados.
Somos - han dicho -
como el estudiante chino que se puso delante del tanque en la Plaza de Tian´anmen,
somos la conciencia de nuestro país.
Ishay Rosen-Zvi es uno de ellos.
Creo que la historia real de la ocupación está allí, en los controles, en los puntos de inspección.
No olvidaré nunca esta imagen - ¿sabe?:
A las cinco de la madrugada, a las cinco menos cuarto,
centenares de personas, una fila de centenares de personas esperando - ¿sabe? -
para pasar el control,
y tú estás ahí
y ves en sus ojos
la humillación, la frustración, el odio, ...
Entonces tú eres un ocupante,
tienes todo el poder,
ellos no tienen ningún poder.
En cualquier momento les puedes coger el documento de identidad
y ahí están, no tienen nada,
porque sin documento de identidad, sin identificación, puedes... cualquier soldado les puede detener.
Tú eres quien les deja sin derechos,
sin libertad.
El mundo ve, frecuentemente, el problema de Palestina a través de la tragedia y del horror de los atentados suicidas.
Una expresión de desesperación de gente sin poder contra un opresor equipado con armamento moderno.
La primera mujer suicida hizo un atentado con bomba en enero de 2002.
Se llamaba Wafá Idris,
hija única de una familia de refugiados que habían sido expulsados de su casa
a las afueras de Tel Aviv.
Tenía veintiocho años y hacía de voluntaria en una ambulancia.
Wafá era mi hermana.
No comments yet. Be the first to leave one.