Le prime 200 righe.
OJOS NEGROS
- Buenos días. - Buenos días.
Discúlpeme.
- Discúlpeme... - Todavía no está abierto.
Abrimos en una hora para el almuerzo.
Ahora no hay nadie.
Escuche... discúlpeme.
¿Acaba usted de abordar?
Sí, llegamos a Atenas por tierra
y decidimos ir a Italia por mar.
Viajo con mi mujer.
Mi esposa se ha dormido en una tumbona, sobre la cubierta.
De repente me ha entrado mucha sed.
Hace mucho calor, ¿sabe?
Pero parece que no hay nadie hasta la hora del almuerzo.
Disculpe mi curiosidad... ¿De dónde es usted?
Porque su acento... lo conozco.
¿Yo? Soy ruso.
So-bach-ka.
¿Estuvo en Rusia?
Siéntese sin compromiso, por favor.
¿Quiere tomar algo? Tome esto, está bien frío.
Gracias pero no lo quiero molestar.
De ninguna manera. Es un placer.
Además, detesto beber solo. Aquí tiene.
Muchas gracias.
Usted habla bien el italiano.
Un poco.
Soy comerciante. Y he estado en su país muchas veces.
Por negocios.
¿Ahora está en viaje de negocios?
No, esta vez no. No estoy de negocios, no.
Esta vez... bien... Estoy como de... de luna de miel.
Imagine. Recién casado...
a mi edad. Es ridículo, ¿no cree?
No, yo le envidio, porque es la época más hermosa.
A veces recuerdo los comienzos de mi matrimonio.
Una época feliz, serena.
De cualquier modo, ¿usted se casó recientemente?
67 días.
Y es feliz, ¿verdad?
Feliz.
Feliz muy.
Muy feliz.
- ¿Estuvo casado antes? - No, no, nunca. Nunca.
Se le ve en la cara que es un hombre feliz.
Le envidio y me alegro por usted.
Estaba mirando una foto de hace muchos años, cuando yo también era feliz.
¿También está su mujer en esta fotografía?
Sí, es esta, aquí en el centro, ¿la ve?
Este soy yo y aquí, a mi lado, es ella. Elisa, mi mujer.
Disculpe, no me he presentado todavía.
Romano Patroni.
- Discúlpeme usted a mí. - No, ¿de qué?
Mi nombre es Pavel Alexjeiev.
- En italiano sería "Paolo". - Paolo.
"Roman" en ruso significa también "novela".
Y perdón, también "pequeño romance", relaciones amorosas... adulterio.
Por favor.
Gracias.
Veamos. ¿Dónde los he puesto...?
No, tengo un encendedor. Un momento.
Para no sentirme tan solo,
estaba mirando la foto de mi mujer.
La tomamos el día de su cumpleaños.
Pobrecita.... ella era tan joven.
Oh, no, usted no me ha entendido.
Mi esposa está viva y goza de buena salud, creo.
Disculpe.
La cosa es que hace tiempo que no la veo.
He estado lejos por mucho tiempo.
¿Esta es su casa? Parece un castillo.
¡Tiene hasta un parque!
No, no es mi casa, es de mi mujer.
Yo vengo de una familia humilde. Mi padre
tenía un pequeño restaurante en la periferia,
pero yo era el más joven y mis padres
gastaron sus ahorros para darme una buena educación.
- Soy arquitecto. - Entiendo.
- ¿Qué es esto? - Un pequeño regalo.
Muy bonito.
Y fue en la universidad donde conocí a mi esposa.
Usted sabe, querido señor Paolo, cómo son estas cosas.
Noches a la luz de la luna, citas secretas, enojo de la familia de ella...
Lo de siempre. No podía ser de otra manera.
Era la hija única de un riquísimo banquero romano.
Salghetti, quizá oyó hablar de él.
Ella quería casarse con un estudiante pobre, sin dinero.
Elisa y yo pensábamos que no necesitábamos nada, ¿sabe?
Éramos muy jóvenes y...
sólo necesitábamos de nuestros sueños.
Queríamos irnos a vivir fuera, al campo.
Elisa se habría ocupado de la casa, de los hijos de los campesinos...
Y yo, como arquitecto,
habría llevado a cabo mi proyecto genial de urbanización.
"Genial", una palabra nueva en el mundo de la arquitectura.
Entonces su padre enfermó,
y tuvimos que irnos a vivir con ellos a la villa. Y...
Luego el banquero murió y mi esposa Eli...
No.
Entiendo.
Como decía... Elisa era hija única,
tenía que ocuparse de los negocios de la familia.
Mientras, el tiempo pasaba y mi proyecto...
Nació nuestra hija Claudia
y poco a poco, debo confesarlo,
empecé a acostumbrarme a aquella vida cómoda,
al placer de levantarse tarde, al gusto de vestir bien,
al sabor de un buen puro, a que me sirvieran...
En fin, vivía como un animal del zoo,
que es alimentado sólo porque existe.
Los demás sentimientos, incluido el amor, se transformaron en rutina.
Mire esto.
Esta es la foto de las últimas horas felices y despreocupadas de mi familia.
Aquí está Elisa,
y detrás de ella está nuestra hija Claudia con su marido Dodó.
Esta señora vestida de negro es Tina, la mejor amiga de mi esposa.
Y este es su esposo, Manlio. La señora sentada, esta,
es la madre de Elisa, mi suegra.
- Señora, el abogado ha llegado. - Muy bien.
Atención.
Vuelvo pronto.
- Señora, disculpe. - Después.
Elisa.
- ¡Ay! - Perdona.
He visto al abogado.
- ¿Cómo se llama? ¿De Dominicis? - Sí.
- ¿Ha pasado algo? - No.
- Ocúpate de los invitados. - Sí.
- Señora. - Después.
Me gustaría verla subir las escaleras cien veces por día.
Arriba y abajo, arriba y abajo...
¡Oh, madre mía!
- Señora, discúlpeme. - Después.
- Señora... - ¡Después!
Más cerca de la mesa.
Alberto, ¿quién va a tocar?
No lo sé, un niño.
¡Listos! ¡Ya!
Discúlpeme, señora, para el concierto,
¿llevamos las sillas del salón o del estudio?
- Pregunte al señor Patroni. - Sí.
¡Y dígales que dejen de tocar ese piano, por favor!
Sí, sí, por supuesto.
Sí, sí, espero.
Ah, entiendo. ¡He entendido perfectamente!
¿Y bien?
Es como sospechaba. Un desastre.
Lo peor es que el director no se ha presentado al consejo de administración.
¿No se ha presentado? ¿No?
Bueno, estará enfermo. O se habrá equivocado de hora.
Siempre me ha fascinado su exquisita feminidad, señora Elisa.
Ahora admiro la virilidad de su carácter.
Será mejor que siga su consejo, me voy con mis invitados.
Llámeme en cuanto sepa algo.
Vamos a ver. Déjenme ver.
¡Sí, sí, sí! No, no, no. No me gusta.
La expresión. Ponte así. Cabeza en alto, ahora abajo. Muy bien.
¡Estupendo! ¡Tina! ¡Manlio! ¡No os vayáis!
Vamos a hacer otra.
- ¡Elisa! ¡Elisa! - Mamá.
Hola, mamá, ¿cómo estás?
- ¿Dónde estabas? - Estaba aquí. Puede irse.
Se están divirtiendo ¿no?
¿Cómo pudiste casarte con un hombre como este?
- Debería ser payaso. - Mamá.
Míralo.
¿A quién le quiere vender que necesita terapia con barro?
- ¡Mamá! - Qué payaso.
Nunca va a dejar de ser el hijo de un tendero,
de un tabernero, de un pobre diablo
que tuvo la suerte de casarse con una mujer rica.
Mamita, hace 25 años que me lo repites.
- Por favor... - Sí, sí, claro.
Pero tú nunca me has hecho caso. ¿Qué haces con él?
Tienes muchas preocupaciones, lo veo, ¿sabes?
Y él, en vez de ayudarte... ¡va a hacerse las curas!
Pero lo necesita, está enfermo.
Además, ¿no me dijiste que lo mantuviera fuera de los negocios,
que lo hiciera todo yo sola? ¿Eh? - Sí, sí...
¿Que sólo te pidiera consejo a ti? ¿No es así?
- Sí, es cierto, ¡siempre lo he dicho! - ¿Entonces?
¡Y también te dije que no te casaras con él!
Pero no me hiciste caso.
Culpa mía. ¡Es culpa mía, lo sé!
Es evidente, ¡ahora te preocupas más por él que por tu madre!
- ¡Hablas por boca suya! - ¡Sí!
Mamá, sí, hablo por boca suya. ¿Estás contenta? ¿Eh?
Pero, hoy no. Por favor, mamita, hoy no llores.
- ¡Yo ya no cuento para nada! - Vamos fuera, aquí hay corriente.
¡Sólo cuenta él! ¡Para ti, tu madre ya no cuenta para nada!
Mamita, que no...
¿Has visto a esa idiota de Margherita? Ha venido con sus tres sobrinos,
y para subirse a un árbol a coger un nido,
¡han arrancado una rama! - Mamá, sólo son niños.
Bah, siempre canta pero nunca saluda. ¿Pero quién es ese angelito?
Es un niño prodigio, mamá.
Siempre la misma escena, ¿eh?
- Hola, Claudia. - Siempre que vengo a ver a mi mamita...
¡Qué bonitos! ...oigo hablar mal de mi papá.
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