White Hot: The Rise & Fall of Abercrombie & Fitch

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White Hot The Rise and Fall of Abercrombie and Fitch 2022 1080p WEB h264 spa
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Pubblicato il: 2022-04-19
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Le prime 200 righe.

101, toma 4.

Gracias.

El reclutamiento lo es todo.

Me llamo Jose Sanchez.

"Te paro porque trabajo para Abercrombie & Fitch.

Busco a gente para trabajar en la tienda a tiempo parcial.

No es mucha tela, 5, 10 o 15 horas a la semana.

Queremos gente atractiva".

UN DOCUMENTAL DE NETFLIX

Cuando era adolescente, Abercrombie era

la tienda más popular.

Era una de esas tiendas

por las que no podías pasar sin entrar.

Fue todo un fenómeno pop.

Aquello supuso una revolución.

Si no vestías de Abercrombie, no eras guay.

Recuerdo esa presión por encajar,

en plan: "Ojalá tuviera esa prenda".

Ahora no pienso así,

pero entonces molaba ir vestida como todos.

Había un tío, rubio, ojos azules,

cuadrado como una escultura de granito,

y vestía de Abercrombie & Fitch.

- Lo que vendía era clase. - Clase.

Clase.

Clase.

La imagen perfecta

del joven estadounidense.

Al pasar por Abercrombie, pensaba: "Pero ¿qué tiene de especial?

Es para gente delgada y blanca".

De fraternidades,

de internados,

de clase alta,

poderosos

y niños de papá.

Cuando vestía de Abercrombie,

me sentía distinto. Creía que todo podía ser distinto.

A la gente le gustaba esa marca por un motivo,

y es que la exclusión forma parte de nuestra sociedad.

Creo que, la primera vez que vi Abercrombie,

se trataba de una chica con una bolsa con un tío bueno blanco semidesnudo

en blanco y negro.

Y pensé: "¿Eso qué es?".

Abercrombie vendía un sueño.

Era como una fantasía, la fantasía de los jóvenes.

Ganaban muchísimo dinero vendiendo ropa,

pero la anunciaban con gente sin ropa.

Cuantas más sesiones hacías,

más cómodo te sentías yendo semidesnudo

y sin llevar la ropa que estabas anunciando.

Echando la vista atrás como adulto, puede resultar chocante.

Pero, de adolescente, te parecía guay.

Ahorré para comprarme

una camiseta y me la ponía cuanto podía sin que quedara raro.

En el brazo ponía "Abercrombie & Fitch". Y era en plan:

"¡Mirad, soy guay!".

En mi instituto

había chicas que recortaban a los tíos de las bolsas

y se los pegaban en la taquilla.

Me gustaban los pósteres y las fotos, y forraba

los libros con ellos.

Lo de "Abercrombie" en el lomo,

y luego una foto a cada lado.

La ropa no era nada especial,

pero la etiqueta y el "Abercrombie" en el pecho

eran como una señal de estatus.

Asociaba A&F a los de las fraternidades, los jugadores de rugby…

chicos blancos que practicaban deportes poco comunes como el lacrosse.

Y no es como otras que ponen a un famoso y piensas:

"Algún día seré como Brad Pitt".

¡Anda ya!

Pero sí puedes ser el tío de Abercrombie,

gente muy inocente de un pueblecito.

Quienes compraban la ropa eran los de las campañas.

¿De dónde sois?

Del condado amish, Pensilvania.

- Nueva York. - Colorado.

- Pittsburgh. - Dallas, Texas.

Connecticut.

Estudié en Stanford y mi compañero de cuarto del primer año

tenía catálogos con tíos de Abercrombie sin camiseta,

jugando al rugby, remando…

y se hizo un collage con todos ellos en su armario.

Así que tendría

como 50 recortes de tíos de Abercrombie sin camiseta

puestos en el armario.

Ahí fue cuando me di cuenta de que era una cosa muy de blancos.

Me crie en Washington, D. C. y, al pasar a séptimo,

entré en Sidwell Friends,

donde estudiaron Malia y Sasha Obama,

Chelsea Clinton…

un instituto privado muy elitista al noroeste de Washington, D. C.

Me encantaban el hip hop y el R&B,

así que, por entonces, vestía ropa de FUBU, Mecca

y esa clase de marcas de ropa urbana

de finales de los 80 y principios de los 90.

Al llegar a Sidwell,

descubrí algo llamado "Abercrombie & Fitch".

No sabía qué tenía esa marca de especial,

pero en Sidwell era lo que tenías que llevar.

Recuerdo ver a chicos que tenían más dinero que yo

llevando esa ropa

y deseando encajar en esa imagen.

Los vaqueros de tiro bajo

que dejaban ver el vientre y el ombligo eran el último grito.

Hasta los famosos vestían la marca.

Abercrombie los usaba antes de que fueran nada más que modelos.

Taylor Swift,

Jennifer Lawrence,

Channing Tatum,

Ashton Kutcher…

Heidi Klum…

January Jones…

Mirábamos anuncios que nos decían lo que se llevaba.

Las revistas tenían muchísimo tirón porque aún no existían las redes sociales.

La MTV, los Video Music Awards

y el programa House of Style

daban a los estados del interior acceso a cosas que no verían de otra forma.

Un aplauso para 98 Degrees.

Modas iniciadas en la costa este u oeste se mostraban en la MTV

y sus canales,

y los estilos se extendían con mucha más rapidez por el país.

Y los centros comerciales.

Eso era flipante.

Ibas a comprar con la familia,

a echar el rato con tus amigos…

Íbamos al centro comercial todos los fines de semana.

Sin saberlo nuestros padres, mis amigos y yo

nos íbamos al centro comercial.

Con la mochila y el uniforme de colegio católico.

Allí íbamos todos a pasar el día,

así que, al cumplir los 16, quería trabajar allí.

Imagínate un motor de búsqueda por el que puedes pasear.

O un catálogo en línea que es un lugar físico.

Había que ir al centro comercial

para saber cómo vestir.

Oh, chulísimas.

Abrían más centros comerciales y la gente acudía.

Eran un lugar de reunión social

y concentraban todo tipo de intereses.

Las tiendas especializadas te permitían comprar cosas muy específicas.

Si eras punki, podías ir a Hot Topic.

Si preferías un look surfero, comprabas en Pac Sun.

Y, para un look más pijo, podías ir a Abercrombie.

Había muchas marcas que ofrecían un estilo pijo,

pero destacaban Ralph Lauren, Tommy Hilfiger y Nautica.

Una de las primeras

en combinar cultura juvenil y sex appeal

fue Calvin Klein.

¿Qué coño es eso?

- Un vestido. - ¿Según quién?

Calvin Klein.

Parece ropa interior.

Lo que hizo Abercrombie fue crear un término medio

entre el sexo que vendía Calvin Klein

y el estilo pijo estadounidense que vendía Ralph Lauren.

Quieres lo que lleva el considerado "tío guay".

Ahora la idea era:

"Si vistiera de Tommy Hilfiger, sería guay.

O unos vaqueros Guess".

Madre mía…

Algunas prendas eran inalcanzables.

Pero Abercrombie resultaba

más asequible.

Con la suficiente clase,

pero no tan cara como para que resultara inalcanzable.

La idea básica es que la moda nos vende un sentimiento de comunidad,

seguridad, frescura, sex appeal. En cierto modo,

lo último que vende son prendas.

¿Recuerdas la primera vez que fuiste a una tienda Abercrombie?

Pues sí.

Recuerdo entrar

y pensar:

"Dios, lo han embotellado.

Han cogido absolutamente todo lo que odio del instituto

y lo han reunido en una tienda".

Al llegar, te encontrabas a dos buenorros flanqueando la puerta.

Tenías que conseguir pasar de largo

sin que te distrajeran ni te intimidaran.

Yo empecé a trabajar allí en Navidad,

e iban sin camiseta, en vaqueros y con su gorro de Papá Noel.

Una idea brillante que tuvo Abercrombie

fue poner unas contraventanas

en los escaparates

y una imagen grande en la entrada,

de forma que no podías ver lo que había si no entrabas.

Ninguna cadena hacía eso.

Te obligaban a cruzar el umbral.

Tenía un rollo muy característico.

Y sabías que te acercabas porque se oía la música.

Música a toda pastilla. Los padres la odiaban.

Chunda, chunda de discoteca,

imágenes enormes de tíos con el torso desnudo…

La tienda en sí era una experiencia. La gente iba allí a echar el rato.

Se consideraba el look típico estadounidense,

y yo me consideraba la típica chica estadounidense.

Me gustaba ese look.

Tenían una colonia peculiar exclusiva de las tiendas Abercrombie.

El olor te embriaga. Te embriaga el olor de Abercrombie.

Al pasar, notas un aroma masculino como a almizcle.

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