Le prime 200 righe.
A ver, un momento.
Si vamos a contar las cosas, contémoslas bien.
Expliquémoslas desde el principio. Con todos los detalles.
Los medios de comunicación mintieron y exageraron la noticia.
Hemos sufrido mucho. Mira.
Mira cómo he sufrido.
Será como una terapia, una expiación.
Sí que vamos a contar la verdad, solo la verdad.
A tope.
Subjetividad, reconstrucción de los hechos.
Mi mujer es un pibón.
Un bomboncito, es preciosa.
La primera vez que la vi desnuda era estar en frente del altar de la Virgen.
Imagínate. Una mujer así casada conmigo.
Mi mujer es lo más. Roquera,
guapa, divertida, inteligente, lista...
Es la madre de mis hijas.
Aunque también parece mi madre. Me cuida. Me cuida mucho.
Y me espabila.
Tiene un cuerpo perfecto.
Unos ojos, un pelo, una piel, cómo huele. Y tendrías que verla bailar.
Además es lista, divertida, despierta, rápida...
Es una puta diosa. No es una diosa, es un bombón.
Pero...
Ella es muy guapa,
pero el único problema es que...
...pues que...
...pues que eso.
Cuando abres un regalo es una sorpresa.
Pero ¿y si abres ese regalo cientos de veces, miles de veces?
No. Millones de veces. ¿Qué haces?
Le da besitos en la frente como si fuese tu nieta, le tira de los mofletitos.
De repente empiezas a usar diminutivos, "buñuelito", "cacharrotito".
Porque la consideras alguien de tu familia.
Como si fuese tu hermana, tu prima, tu abuela.
Y claro, acostarse con alguien de la familia...
Es incorrecto, ¿no?
Empiezas a cogerle manía por cosas estúpidas que antes ni veías.
Los pies negros.
Camina por la casa con los pies descalzos y se mete en la cama con los pies negros.
La bufanda de la abuela, un jersey roto,
una ropa interior con cuello alto. Lo que amas,
está debajo de lo que ves.
La crema por la noche.
Se le echa en la cara, por todo el cuerpo.
Parece que está acostado con un muñeco de cera.
Te consideras un tío afortunado.
Pero ya...
No.
Vale.
Lo digo.
Ya no te pone.
La quieres,
pero ya no la deseas.
Éramos... Bueno, "éramos" no, somos amigos desde hace mucho tiempo.
Hicimos un juramento que decía: "Juro por todos los placeres del mundo.
Por todos los vicios y por todo el alcohol.
Que nunca dejaremos de ser amigos.
Pase lo que pase.
Aunque pase algo malo.
Te pongui como te pongui . Amén.
Amén".
Totalmente inseparables.
Me acuerdo, no parábamos de repetirlo.
Así que cumplimos el juramento, nos fuimos a la universidad y no nos separamos.
Bueno...
Yo fui el primero que se casó.
Marcos se casó, yo conocí a Nuria...
Los matrimonios, el curro, las responsabilidades, las obligaciones.
Así es la vida, ¿no?
Entonces recibimos la invitación
de la fiesta de antiguos alumnos de nuestro instituto.
- No me lo pensé. - Era la oportunidad de ver a la pandilla.
Tenía que ir.
- Hola. - ¿Qué pasa?
Se han hecho mayores. Estaban más viejos, más calvos, más gordos. Hay que cuidarse.
Hay que ponerse cremas, tomar calcio, comer plátanos.
- David, ¿y Juanillo? - No sé, estará a punto de llegar.
- Pero viene, ¿no? - ¡Eh!
Pero ¿cómo podemos pesar más y no teníamos pelo?
Y el caso es que allí estábamos todos y me hacía una ilusión verles de nuevo.
Nos sentamos en la mesa y empezamos a charlar como locos.
Que si la vida es genial, el trabajo es fantástico, la vida es magnífica.
La noche se nos hizo corta, estábamos borrachos,
habían cerrado el restaurante, no sabíamos a dónde ir y...
- Creo que fue Juan. - Creo que fue Carlos.
Creo que fue Marcos.
Yo creo que fue David.
- Aquí. - ¿Qué pasa?
- ¿Qué pasa? - Cállate, coño.
- Cuidado, tío. - ¡Hostia!
- Coño. - Cuidado, tío.
¿Podéis ser un poquito más silenciosos?
¡Ya, coño!
Que se va a despertar todo el barrio, tío.
- ¡Cuidado con los huevos! - ¿No te da vértigo?
Ya estamos.
Vamos.
De puta madre.
Volvimos a tener 15 años.
Fue épico.
Hacía una eternidad que no fumaba.
Es buena, ¿eh? Me la pasa mi primo. ¿Le encargo más?
Sí, claro.
Como se entere mi mujer de que fumo porros, me la corta.
¿Cómo te la va a cortar? Cuando llegues, le haces el amor, ya está.
Sí, claro. Yo ya no hago el amor.
- Y ¿qué haces? - Yo soy una bestia parda.
Menudo lobo.
Pásame el porro, venga, hombre.
Que huele a uña.
Qué tal, a ver.
¿Vosotros con vuestras mujeres folláis mucho?
- Claro, yo soy un pichabrava. - Sí.
- Pichita. - Gilipollas.
Sí, pero ¿cuántas veces es eso?
Yo qué sé. ¿Al año? ¿Al mes?
A la semana.
No, yo a la semana lo tengo complicado por las niñas.
Pero de vez en cuando mi mujer y yo nos apañamos.
Sí. Podemos sacar,
si nos ponemos...
Uno.
- ¿Uno? - Uno.
- ¿Y tú, Juan? - Yo más. Hombre, yo más.
¿Y tú, Carlos?
No sé. Uno, a veces dos.
- Vamos, os pasa como a mí, ¿no? - ¿A qué te refieres?
Que no os apetece nada acostaros con vuestras mujeres.
- ¿Qué? - ¿Qué estás diciendo?
- No, hombre. - No me jodas.
- ¿Qué dices? Habla por ti. - Bueno, vale, que haya paz.
Que haya paz.
Entre semana mi suegra duerme en casa
porque nos ayuda con las niñas.
La pasión se convierte en otra cosa.
La pasión no se convierte en nada. La pasión es pasión.
Hemos aceptado esto como si fuera lo más normal.
¿No os preocupa?
¿De verdad no os preocupa, tíos?
¿No os preocupa?
Eh, David, tío.
A mí sí me preocupa.
Coño, un tío en esto.
- ¿Qué haces? - No sé, tío. ¿Qué voy a hacer? Nada.
Hay noches que no me apetece y me encierro en el baño.
Abro el grifo, dejo correr el agua y espero a que se duerma.
- Es lo que hay. - Yo tengo una técnica secreta.
Práctico el sexo telequinésico.
Cuando estoy con mi mujer en la cama pienso que estoy con otra. Y así...
...acabo con la monotonía. Con este método me llevo a la cama
a Sara Carbonero, a ...
Hasta la Leticia...
Está delgadita, pero ahora es la reina.
Joder, estamos acabados, tío.
No es para tanto, ¿no?
La otra noche salí del curro rayado, más de lo habitual,
y me metí en un disco bar de estos.
Tío, había alegría, había vida, había...
Había diversión. Había mujeres, unas mujeres...
Salí por patas, me dormí y me asusté, llegué y no podía pensar en otra cosa.
Necesitaba salir de copas, bailar, emborracharme.
Os necesitaba a vosotros, coño.
Joder.
Necesitaba tomatear.
- ¿Tomatear? - ¡Uf!
¡Que estábamos casados!
"Tomatear".
De jóvenes así lo llamamos cuando íbamos a salir con la intención de ligar.
Aquello sonaba muy lejos.
Era tardísimo, al día siguiente teníamos que currar y nos fuimos a casa.
Era tan tarde que ya era de día.
Nos fuimos cada uno a nuestra casa,
pero la cosa ya había cambiado.
En nuestra cabeza solo había...
Solo había un pensamiento.
Aquello era una locura.
Tomatear.
Tomatear.
No nos dábamos cuenta, pero estábamos abriendo la caja de Pandora
y nos estábamos metiendo dentro.
Hice un grupo de WhatsApp que se llamaba Tomateo.
Que si tomateo, tomateo.
Nos escribíamos al día unos 300 mensajes.
Por favor.
Yo no les hacía ni caso.
Quería solucionar mis problemas de verdad. Tenía una angustia tremenda.
Cubito de hielo aquí, en el esternón.
Nada, así que fui a ver a mi psiquiatra.
Estaba muy nervioso. Le receté Rivotril en gotas.
"Rivotril", "Rivofril" o algo parecido que me calmaba bastante.
Le aconsejé un centro psicológico para las disfunciones sexuales.
Terapias de caricias, aprender a besar,
divertirse de la repetición, lenguaje de las manos.
- La imaginación como órgano sexual. - Todas esas parejas de plástico
sonriéndose...
Pero estaba dispuesto a cualquier cosa.
Cualquiera.
Evidentemente, tenía que ir acompañado de su mujer.
No. Eso no.
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