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Un fuerte aplauso para...
...¡Ricardo Quevedo!
¡Buenas!
Muchas gracias. Muy amables.
Ay, muchas gracias. Muy amables.
Tan naturales, tan lindos.
Me alegra mucho que estén acá.
Me alegra siempre que hago función y el teatro está lleno,
me alegra y me preocupa también.
Em, porque somos muchos, ¿no?
Y ya los recursos se están acabando.
Eh, ya no cabemos en este mundo.
Entonces, yo sí estoy muy de acuerdo con Thanos, el de Avengers.
Un chasquido y para la mierda la mitad.
Empecemos de cero.
Sí, empecemos de cero.
Muchos dicen: "¿Y si le toca a mi familia?".
Porque es aleatoria la cosa.
Y, si le toca a mi familia, pues...
Se murió Pantera Negra...
Se murió Spiderman.
Veamos prioridades, ¿no? Si...
Sí, o sea...
Digamos que, si se fue tu familia,
de pronto hay una familia a la que le falta un integrante.
Tin, encajamos...
...y avanzamos para que seamos menos
y aprovechemos mejor la estadía en este mundo.
Mucha gente dice: "No, es una solución muy radical" y todo eso,
pero uno no piensa igual
cuando esa sobrepoblación le afecta, ¿no?
Por ejemplo, en un trancón, en el tráfico, ¿no?
El problema no es el tráfico, sino la gente desesperante en el trancón.
Esa gente que anda como ahuevada.
Esa gente que saca el asesino que uno tiene adentro, ¿no?
Porque los amargados somos más y ahí es donde uno piensa:
"Sí, hay gente que merece morir...
...para que los demás podamos avanzar y ser felices".
En el tráfico pasa eso. Hay gente que pita en un trancón que no se mueve.
Hay gente que pita en un semáforo en rojo.
¿Por qué hay gente así?
Ay, no, no. Pongámonos en el papel de la persona que está delante.
Usted está quieto en su carro, respetando la norma.
Quedó primero en la fila de carros.
El semáforo está en rojo. Uno está quieto, como indica la norma.
Va escuchando la música que le gusta.
Salió temprano por primera vez en su vida.
Pagaron ese día.
Uno va feliz.
Llega un huevón atrás que le pita, lo presiona,
y usted no se puede mover. Usted, ¿qué dice?
"El señor tiene afán y yo, acá, como una hueva.
Siempre cagándola de alguna manera. Dios mío, todo el tiempo.
Voy a cerrar los ojos para no hacer contacto visual y se empute más.
Dios mío, pon amor y comprensión en el corazón de esa persona atrás
para que no se baje del carro a darme en la jeta.
¡Dios mío, se bajó del carro! Yo me monto al andén".
Uno no dice nada de eso.
Uno se emputa, ¿sí o no?
Porque uno no funciona bajo esa presión negativa.
Cuando a uno lo presionan, uno no colabora.
Uno no se afana por ayudar al otro.
Eso les pasa en sus trabajos, ¿sí o no?
Si le piden cosas de mala gana, uno no las quiere hacer.
Imagínense que alguien les dijera, de un momento a otro:
"¡Vaya y resuelva esa mierda, a ver!".
Su jefe.
"- Eh, listo. Sí, señor. - Este hijueputa...".
Y se va uno ofendido.
Y, al rato, llega: "No, no se pudo, qué pena.
Yo traté, pero no se pudo".
Uno no quiere colaborarle a esa persona, ¿sí o no?
Porque es de mala gana.
Cuando lo tratan a uno mal, uno funciona así.
Cuando a uno lo tratan bien, uno quiere colaborar.
Pero a la mala no.
Uno se llena de rabia y odio en el trancón.
Y el tipo pita y uno no se puede mover.
Entonces, uno se está llenando de rabia y de odio ahí:
"Sí, ¡Thanos tenía razón! ¡Sí!".
Y es tanta la rabia que el semáforo cambia y uno no se mueve, se queda ahí.
Mira el reloj: "Yo voy temprano. Que se joda este.
Y llegamos tarde todos, me vale mierda".
Uno está de mal genio, no funciona bajo esa presión negativa.
Si a uno lo presionan a hacer las cosas, uno no funciona igual.
Les pongo un ejemplo de que uno no funciona igual.
Ponga a su mamá a tomar una foto de afán.
No hay manera de que eso salga bien.
Uno, de buen hijo, le regala un smartphone a la mamá,
para que se actualice, baje sus aplicaciones,
esté conectada con el mundo.
Y la primera foto que manda al grupo de WhatsApp de la familia
es ella desde abajo con una papadota.
"Ya aprendí a usar las selfis".
Y arma un grupo con las tías,
y empiezan a compartirse ese contenido de tías.
Esas fotos en baja resolución,
todas pixeladas, de Piolín y Silvestre.
Sí.
Esas cadenas que llegan:
"Reenvía este mensaje del papa a 15 personas
y Dios bendecirá tu semana.
Difundir, por favor".
Ese video que... Uno vio uno.
Esos videos que mandan las mamás, uno vio el primero y ya el resto no.
Sí, uno vio el primero
y no los volvió a ver porque le dan a uno ganas de morir.
Con una música toda triste y una voz en off que dice:
"Él salió un día sin despedirse de su madre".
Es como una amenaza el video.
Entonces, uno ese día anda estresado, preocupado, angustiado,
la llama cada 15 minutos:
"Mamá, ¿ya pidió cita médica? Vaya a que la revisen".
Sí. Uno no funciona baja esa presión negativa, ¿sí o no?
Ponga a su mamá a tomar una foto de afán y verá que no la logra.
Les pongo un ejemplo.
Usted entra a una panadería y se encuentra a James Rodríguez.
Una vaina que nunca pasa en la vida, ¿mm?
Digamos que James se mamó de vivir en Alemania
y se compró un apartamento frente al suyo.
Usted entra un domingo a la panadería
y está James en chancletas, pantalonetas, con la niña,
comprando unas arepas para el desayuno.
Usted entra con su mamá: "Mamá, James Rodríguez, Dios bendito.
Tómeme una foto con James, mamá.
James, qué pena joder, una foto. Qué pena la niña.
Mami, rápido, antes de que la gente llegue a joder,
la policía se lo lleve y James se vaya. ¡Mami, tome la foto!".
Y ella queda así.
Se pone las gafas.
Uno, tratando de darle indicaciones mientras sonríe: "Mami...
No se ponga nerviosa, mamita, páreme bolas.
Es fácil, le dejé la cámara lista. No es sino tocar la pantalla.
Toque, la foto se toma, James se va, yo soy feliz para siempre.
No me haga esto, mami. No es sino tocar la pantalla, por favor".
"Pero no dice dónde".
"Mami, le estoy diciendo, ¿por qué no me pone atención?
Una cosa a la vez, baje un segundo el celular.
Acá estoy, sí, señora. Su hijo, usted me parió, sí.
Toque la pantalla.
No es sino tocar la pantalla, la foto se toma y todos somos felices.
Es James, debe tener huevonadas que hacer, mami, por Dios bendito.
Sí, señor James. Mi mamita, sí, señor.
Tan bella. Sí, hay que tenerles paciencia. Sí, es tan bella.
Toque la puta pantalla, mamá.
James se tiene que ir. Es fácil.
Sí".
"Ahora me veo yo".
"Mami, le estoy diciendo que toque la pantalla en el centro.
La puso en selfi. ¿Por qué me pasan estas huevonadas a mí?
Toque la pantalla".
"Me tomé una foto yo". "¡Mami!".
Le dan a uno ganas de tirarse a hacer berrinche como cuando era niño.
Yo tengo una teoría: que a las mamás les gusta tomarle fotos al piso.
Hay algo en el piso que las seduce, que las intriga.
Lo quieren investigar, por eso toman tantas fotos.
Esa foto que le toman a uno, que uno ya sabe que no salió.
Se prende el flash y ella baja el celular con el flash prendido.
Y el flash estalla en el suelo. Pa.
Después, mostrando la foto:
"Esta baldosa fue cuando conocí a James Rodríguez.
No se imagina...".
Todos tenemos un video guardado en el celular,
un video de diez segundos, quietos, con un amigo, así.
"¿Ya?
No, no sea marica.
Toque la pantalla".
Los últimos segundos son acercándose: "Debe ser que está gra..." y ahí se corta.
Pero ya no cabemos.
Les estaba hablando de los trancones. Uno no funciona bajo esa presión.
A uno le gustaría poder respetar las normas,
pero es difícil usar direccionales porque eso significa alertar al enemigo.
Apenas ven que uno pone las direccionales:
"Este hijueputa se va a meter", y se pegan al carro para que no se meta.
Hay gente que lo disfruta
y lo comenta con la gente que va en el carro.
"No voy a dejar meter a este huevón.
El carro rojo, marica, el de la izquierda, mira...
Hace como seis cuadras, está que se mete y nadie lo ha dejado. Qué pecado.
Al rojo la piedra. Va echando madres solo, mira.
Mira la cara que va a poner, mira. Ole".
¿Por qué somos así?
Dejemos meter de a uno, hola.
Uno se vuelve una persona grosera en los trancones.
Se va insultando a todo el mundo, se vuelve vulgar, ¿sí o no?
Uno va insultando a todo el mundo desde la impunidad de su carro, ¿no?
Con los vidrios arriba, porque uno tampoco es huevón.
Uno quiere insultar a todo el mundo, pero uno no sabe con quién se mete.
Entonces, uno va echando madres, emberracado.
Se le atraviesa un taxista, lo hace frenar en seco
y lo que ve el taxista por el espejo es a usted atrás en su carro...
Pero si el taxista se baja
y va y le golpea la ventana...
Uno baja el vidrio: "Casi nos estrellamos, amigo.
Soy una hueva para manejar. Es mi culpa, disculpe.
Oiga, y se nos llenó de Ubers esta ciudad".
Uno no se va hasta las últimas consecuencias, ¿sí o no?
Pero ya no cabemos, somos muchos.
Y creo que, muy en el fondo, sabemos que somos muchos
y, por eso, nos hacemos atentados a diario.
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