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Empieza el show. ¡Cariño!
- Cielo, me voy. - Ya vengo.
- Bien. - Hasta luego.
Te quiero.
- Es la hora. - Vamos allá.
Es la hora, colega.
Te veré al otro lado, tío.
Vamos tío, a lo tuyo.
- Que vaya bien, Kev. - Gracias, señor.
Cogeremos un taxi.
- ¡Vale! - ¡Vamos, tío!
Mamá, sé que me ves. Vas a estar orgullosa.
Rezamos en tu nombre, amén.
¡Empieza el show!
¡Mi última broma se hizo viral!
Joder, Londres, podéis hacerlo mejor.
Haced más ruido, joder.
Os lo diré otra vez.
¡Haced más ruido, joder!
Bienvenidos a la gira de "Irresponsible".
Vamos a pasárnoslo bien.
Se llama "Irresponsible" por muchas razones.
Las iremos viendo a medida que avance el show.
No quiero perder tiempo.
Ya que estoy aquí, vayamos directamente al grano.
Vayamos directamente al grano, ¿vale?
Hablemos de mi primera decisión irresponsable del año.
Mi...
Mi primera decisión irresponsable del año tiene que ver con mis hijos.
Mis hijos nos pillaron follando a mí y a mi mujer. Empecemos...
Empecemos por aquí.
No se puede decir suavemente, así que iré al grano, ¿vale?
Los dos niños nos pillaron follando.
Uno no hubiera importando tanto, pero fueron los dos.
Mi hijo fue el primero. Lo vi porque llamó a su hermana
Le dijo: "¡Ven! ¡Rápido!".
Lo peor es que no pude enfadarme.
No pude enfadarme porque vinieron a la habitación
según una norma que implanté.
No me gustan las cerraduras.
No cierres la puerta.
Lo peor para un padre es no poder entrar en el cuarto de su hijo
cuando quiera.
¡No cierres la maldita puerta!
Sobre todo mi hija. Le dije: "Si la vuelves a cerrar,
la echaré abajo. No vuelvas a cerrarla".
Fui a su habitación y la puerta estaba cerrada.
Dije: "¿No te dije que la echaría abajo?".
Dijo: "Espera, ya casi estoy".
¡Dios mío!
¡Dios mío!
Me imaginé lo peor.
Me imaginé que estaba fabricando cocaína.
Tiene que ser eso.
¿Sabéis por qué pensé en lo peor?
Porque sé lo que yo hacía de pequeño cuando estaba encerrado en mi habitación.
Cuando me encerraba,
siempre hacía lo peor al otro lado de la puerta.
Cada vez que mi madre irrumpía en mi habitación, os lo juro,
mi polla estaba en mi mano.
Lo juro por Dios.
¿Qué estás haciendo?
Una vez tenía la polla en esta mano
y cerillas en la otra.
No sé qué hubiera pasado. Llegó a tiempo.
Le dije que una polla estaba a punto de arder.
Estaba a punto de prenderle fuego.
Lo peor de que nos pillaran echando un polvo es
que estábamos haciendo posturas que no se podían disimular.
Hay algunas posturas que se pueden disimular.
Veo a muchas parejas hoy.
Usted y su señora están practicando el sexo,
su señora está tumbada y entran los niños.
Puedes disimular fingiendo que miras la tele.
¡Oye!
Lárgate y no vuelvas hasta que hayamos terminado.
Si tienes cubierta la parte de abajo,
en teoría puedes seguir follando mientras hablas.
¡Oye!
Lárgate de la habitación.
No entres en la habitación.
Tu mujer intentará hablar: "No entres.
Esta es mi parte favorita del programa".
Puedes disimular.
El misionero se puede disimular.
Si estáis haciendo el misionero y entran vuestros hijos,
solo tienes que echarte encima de tu mujer.
Finges dormir. Los niños son tontos, se lo creerán.
La del perrito es difícil.
Haciendo el perrito desnudos en medio de la cama,
esa es difícil de disimular, te han pillado. ¿Qué vas a hacer?
¿Qué haces?
¡Joder!
Solo tienes una oportunidad.
Haces ver como que juegas a fútbol americano.
Lárgate, estamos practicando jugadas de fútbol.
Esta semana jugamos contra otra pareja. Lárgate.
Mi mayor temor era...
No quería que mis hijos me comentaran lo que habían visto.
Por Dios.
No dejes que mis hijos me comenten lo que han visto.
Soy partidario de dejar que la información fluya.
No quiero hablarlo. Deja que circule y desaparezca.
Bajé y vi a mi hijo en la cocina.
Me echó una mirada asesina
como implicando que quería saber qué era lo que acababa de ver.
Yo le miré implicando: "Ni se te ocurra preguntarme
qué es lo que acabas de ver".
Sabía que no diría nada porque le habían castigado en la escuela.
Tuve que quitarle el móvil, el peor castigo posible.
Quitarle el móvil a un niño es perjudicial para su estilo de vida.
En cuanto se lo quité,
se volvió adicto al crack al instante.
Le dije: "Dame el móvil.
Te lo devolveré cuando te centres".
Se lo arrebaté y se derrumbo.
Dijo: "Venga, papá, no me hagas eso".
Empezó a moverse: "No me hagas eso, papá".
"Si quieres llévate mi pierna.
Llévatela". "¿Qué?".
"Pues devuélveme el móvil".
No te lo devolveré hasta que no te centres.
Cuando cogí el móvil, pensé: "¿Sabes qué?
Voy a mirar su móvil.
Tengo que ver de qué habla mi hijo en el móvil".
Como padre, sería irresponsable no saber qué hay en el móvil de mi hijo.
Ahí me di cuenta de que no tenía el código.
No tenía la huella ni el face ID ni nada.
Así que tuve que pedirle que metiera el puñetero código en el móvil.
"Mételo y así sabré de qué hablas".
Directamente, me dijo: "No, tío, no pienso meterlo".
Le dije: "¿Qué?
Mete el código o te pego un puñetazo". Eso le dije.
Le dije eso.
Se fue corriendo.
Como si no viviera ahí y no fuese a verlo durante la cena.
"No te persigue nadie.
Dame el código o te doy una paliza".
Juro por Dios que desde abajo solo oí: "¡Jódete!".
Lo mato. Me lo cargo.
Bajé corriendo, le cogí del cuello,
y empecé a estrangularlo.
"¿Qué coño me has dicho?".
No podía respirar.
Dijo: "Ese es el código. El código es "jódete"'.
"Ese es un buen código, hijo.
¿Se escribe de-te o solo las letras D y T?
Te he estrujado muy fuerte, lo siento.
Te compraré un jersey de cuello alto, así no lo verán en la escuela".
Mis hijos crecen.
Mi hija tiene 13 años y mi hijo, diez.
Cuanto más mayores, más se pelean.
El otro día los pillé insultándose.
Me hizo reír.
Si os pensáis que los vuestros no lo hacen, sois idiotas.
Sois idiotas.
A la que salís de casa, vuestros hijos se sueltan.
Joder, hijo de puta, mierda, polla, coño, cabrón, puta.
Ni siquiera van bien juntas. Las dicen a la vez.
Oí a mi hija tirándose al cuello de mi hijo.
Yo estaba durmiendo en el sofá.
Ella le gritaba: "Estoy harta de ti, Hendrix.
Si me jodes otra vez, te parto la cara".
Dije: "Joder. Un momento.
¿Qué narices pasa ahí?".
No quiero que me descubran, quiero oír qué dice mi hijo.
Quiero oírle rebatir.
MI hijo es como yo cuando era un niño.
Somos idénticos, iguales.
Mi hijo es un idiota,
es muy idiota.
Esto es lo que dijo mi hijo:
"¿En serio? ¿Y qué? Pues, nada. ¿Por qué hablamos de esto? Vale".
¿Qué?
Se fue echando chispas como si hubiese ganado.
"Vale".
En su defensa diré que lo tiene mal.
No sé qué pasa con las hermanas mayores.
Les encanta provocar a sus hermanos menores.
No sé por qué, es un hecho.
El otro día lo arrastró por las escaleras. Lo oí.
Solo oí a mi hijo: "Dios, otra vez, no".
Oí los putos escalones.
Ella es una chica dura.
Mi hija no es muy delicada.
Ella es un poco marimacho, es dura que te cagas.
Hace poco le vino la regla. Ni le afectó.
Se encogió de hombros.
Yo estaba nervioso porque me lo esperaba.
Noté los síntomas:
las emociones, la sensibilidad evidente.
Me preparé para esa regla como si fuera un terremoto. Salí...
Compré varios kits de emergencia y se los metí en la mochila.
No quería que se le manchase el culo en la escuela.
Ese era mi temor.
Si le pasara, habría que mudarse.
No podría volver a la escuela.
Te mudas y cambias de escuela.
Y eso implica muchos gastos.
Bajó y me pilló desprevenido:
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