最初の200行です。
¿Termináis mañana de desbrozar?
¿Mañana? ¡Más quisiéramos terminar mañana!
- Buenas noches. - Buenas noches.
¿También tú has vuelto a la faena?
¡Siempre serán dos brazos más!
¿Se trabaja con esto...?
- ¡Se trabaja con estos! - Ya.
- Come. - Gracias.
¿Cuántos quintales habéis hecho en el pesaje?
- Veinte quintales. - ¡Veinte quintales!
Cuarenta y cinco han hecho en la hacienda de Fossalunga.
Porque tienen maquinaria nueva.
¡Así cualquiera!
¡No! ¡Yo todavía no me he servido!
¡Os lo lleváis todo!
¡Pórtate bien! ¡Comerás en la mesa! No hay para desperdiciar.
¡Veneno!
¡Ah, los tiempos del viejo don Paolo!
¡Ése sí que era un amo!
¡Venía a supervisar la faena!
Necesitábamos esto... Hacía falta aquello...
¡Y al día siguiente, allí estaba!
Y cosechábamos el doble que las haciendas de los alrededores.
Eso es ya historia antigua.
"El ojo del amo engorda al caballo".
¡Venga ya! El ojo del amo no tiene nada que ver.
Hace falta un buen capataz.
Joven y que sepa mandar.
¡Silvano!
Dame.
Venga, dámelo.
¡Venga!
Oye...
¿Sabes que viene el amo?
¿Viene el amo? ¿Cuándo?
Viene.
Pero por ahora...
¡Hace falta un guía joven!
El tío Nunzio es demasiado viejo para hacer de capataz.
Se habrá enterado de que la cosecha ha ido mal.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Buenas noches.
- ¿El ganado está ya en la cuadra? - Sí, capataz.
Bueno. ¡Jóvenes, viene el amo!
Han telefoneado al castillo.
Ha salido en coche hace una hora con otros señores.
Estarán aquí enseguida.
Capataz, ¿traerán también maquinaria nueva, como a Fossalunga?
Tú ve donde Marta y dile que mañana...
Mañana por la mañana, para la hierra, hay que llevar a los terneros como ovejas.
¡Se ha escapado el toro!
¡Corre, hija mía! ¡Ven!
¡Capataz, ahí está!
¡El amo!
¡Bonita sorpresa habéis montado!
Siento que haya llegado en mitad de esta confusión, señor duque.
Olvídalo, no importa.
¡Buen animal!
¿Éste es el amo?
Sí, yo soy el amo.
Da de beber a estos muchachos.
Y mañana me preparas un caballo, que quiero ir a dar una vuelta por la hacienda.
- Sí. - Gracias.
Hemos pasado un poco de miedo, ¿eh?
Empiezo a apreciar la paz de la que se goza en tus posesiones.
Eres verdaderamente amable. Gracias.
Claro, que estos caminos...
Dentro de poco serán tuyas y les pondrás parqué.
De lapislázuli.
Me imaginaba al amo de otra manera. No está mal.
Había que verlo cuando era chico, aquí, entre nosotros.
Hace tantos años que vive en la ciudad...
¡Vamos, muchachos y alegría! ¡Alegría!
Viene... ¡Pues muy bien!
¡Alma bendita, para ser la primera vez podría venir solo!
Sin tanta gente.
Señor duque...
¡Me has dado un susto...!
Ahí están.
¡He rejuvenecido diez años!
¡Precioso! ¡Aquí se podría rodar una película! ¡Venid a ver!
- ¡Qué grandiosidad! - Es maravilloso.
¡Oh la là! ¡Esto es precioso!
¡Mi gabardina! ¡Menos bromas, chicos!
Oye, Daisy, acompaña tú a los invitados.
Te acompañará Francesco. Él conoce las habitaciones.
¡Yo seré la castellana!
¡En seguida estoy con vosotros!
¡Diablillo!
Venga, ésta es su habitación.
- ¿Éste es el dormitorio? - Bonito, ¿eh? ¡Y grande!
Dejo aquí sus maletas. ¡Ya está!
hace tres siglos, en esta habitación durmió el rey de España.
Ése que está vestido con un armiño en el cuadro del salón.
- ¿De verdad? - De verdad.
Y diez años más tarde, el rey de Francia.
- Ése, sin la señora. - Entonces, bueno.
¿Qué es eso?
Un poco de humedad en el techo que deja caer alguna gota.
Es por la gran cantidad de agua que tenemos aquí.
Es la hermosura de nuestros campos.
¡Luca!
Querido Bordani...
¡Qué salón!
¡Escucha qué eco!
- ¡Es tan grande! - He traído los planos de la finca.
El negocio me sigue interesando. Pero hay algunas cosas...
Por ejemplo, todo esto habría que tirarlo.
Además, hay cosas que no entiendo.
Mañana, a la luz del día, hablaremos de todo.
- ¿Ha llamado? - ¡Creo yo!
- No ha dormido bien, ¿verdad? - ¡Claro, con ese goteo!
- ¿Qué? - ¡Ese "chac-chac-chac" toda la noche!
- ¡Ah, el agua! Ya la avisé. - ¡Es insoportable!
A ver si lo solucionamos. Pondremos algo.
Ya está arreglado.
Así.
- Ahora ya no se oye. - Menos mal.
¡Y esa luz!
¡Dios, qué frío!
Lo del frío podemos arreglarlo. ¡Tengo un brasero así de grande!
- Ahora se lo traigo. - ¡Cómo me gusta el campo!
Entonces, ¿por qué no se ha quedado en la ciudad?
Eso a ti no te incumbe.
Dime... ¿Has visto al duque?
¿Al duque? Ha salido a caballo apenas ha despuntado el día.
Virgencita, protege a papá, protege a mamaíta.
Y haz que yo crezca buena, sana y virtuosa.
Ahora, repite conmigo otra oración...
- Virgencita mía... - Virgencita mía...
- Haz que el amo... - Haz que el amo.
- ... sea bueno. - Sea bueno.
- ... y se quede con nosotros. - Y se quede con nosotros.
- En el nombre del Padre... - En el nombre del Padre...
del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
¡Eh, muchacha! Ven aquí, no te escapes.
Ven aquí. ¿Tienes miedo?
¿Miedo? Cuando se tiene la conciencia tranquila...
Entonces, ¿tú tienes la conciencia tranquila?
¿Y usted?
¿Sabes que eres una buena pieza?
- Usted también. - ¿Por qué lo dices?
¿Qué como lo sé? me llama, me pregunta si tengo miedo,
si tengo la conciencia tranquila. Como si usted fuera...
el amo de la hacienda.
¿Y si fuese de verdad el amo?
Entonces tendría unas cuantas cosas que decirle.
¿Tantas? ¿Cuáles son?
- Total, usted no es el amo. - No, no soy el amo.
¡Pero lo conozco y bastante bien!
- Seguramente mejor que tú. - Para eso no hace falta mucho.
Yo no lo conozco.
Aquí nadie lo conoce. Vive en la ciudad desde hace muchos años.
- Nos tiene abandonados. - ¡Bueno, abandonados...!
No, no. Es así.
Dinero para la hacienda no manda... De nosotros no se preocupa...
No lo vemos jamás.
¡Y sería tan necesaria su presencia aquí!
La hacienda va a la ruina.
¿Ve este campo? Está lleno de malas hierbas.
Pero, ha habido que despedir a un montón de trabajadores.
Nosotros trabajamos incluso los festivos.
Viejos, mujeres... Todos.
- Pero no es suficiente. - ¿Cómo que no es suficiente?
¡No podemos traer el agua desde el pantano con cubos!
¡No podemos labrar la tierras sin arados! ¿Y la simiente?
Estoy pensando hasta dónde habrías llegado si yo hubiera sido de verdad el amo.
¿Qué te haría si lo fuera?
Depende...
Si fuese un hombre inteligente, justo,
de nuestra raza, con algo aquí dentro...
Me daría la razón.
- Pero... - Pero el amo no es de vuestra raza...
Según parece.
Ni siquiera yo lo reconozco... ¡Que ya es decir!
Vive, así... Sin un porqué.
Siente un remordimiento sordo y profundo...
por toda su vida. Pero no logra reaccionar.
Y dígame... ¿Conoce usted bien al amo?
- ¡Por supuesto! - ¿Nació aquí?
¡Vaya que sí!
Entonces, no pase cuidado. Basta con que vuelva a poner el pie en esta tierra
para que se quede.
- Veremos... - ¡Verá, verá!
¡Hola!
¿Cuándo vamos a ver el ganado?
Yo ya he hecho una inspección.
Marco, ya nos hemos enterado de quién es el autor de esos frescos.
- Díselo, Lauretta. - De Termosifón de Todi.
- Yo hubiera preferido aquí el termosifón. - ¡Exagerado!
Le he apartado unos huevos frescos porque con esta gente...
Gracias.
¡Despierta, urbanita perezosa!
¡Despierta!
¡Venga!
Venga, querida, que aquí las mujeres se levantan con el sol.
¡Es horrible! ¡En esta choza tuya no se puede pegar ojo!
¡Choza, nada menos!
Mugidos, campanas, cencerros, voces cavernosas...
Venga, querida.
No comments yet. Be the first to leave one.