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Eileen.
¡Eileen!
Necesito el formulario I-37.
- ¿Formulario de transferencia? - No.
Ingreso. I-37.
¿Es que no escuchas?
Es una inútil.
El doctor Frye tiene que firmarlo.
Debe estar durmiendo en su oficina.
Sí.
Quizá puedas ir a despertar al doctor Frye.
Sóplale suavecito en la oreja.
Eso le encanta.
Deja en paz a Eileen.
Está cansada.
¿Entonces, es eso?
Pensé que quizá eran esos días del mes.
Al menos yo tengo esos días del mes.
Sí. ¿Sabes algo, cariño?
No durará siempre. Pronto serás vieja como nosotras.
Señora Nelson a la zona de visita, por favor.
Señora Nelson a la zona de visita.
No pienso pelearme con nadie. Ya te lo dije.
¿Cómo está Mickey?
Estoy intentando ser bueno.
Siéntate, siéntate.
Quizá te vea la próxima vez.
Por más que vayamos a extrañar al viejito,
espero que todos den la bienvenida...
al reemplazo del doctor Frye el lunes.
Una doctora joven muy, muy buena.
Sí, bueno, esperemos que los chicos se la tomen en serio.
Yo me la tomaré.
En serio.
Creo que lo que tomará será su insulina...
y su paquete de jubilación.
Con eso bastará.
¡Es cierto!
Voy a extrañar toda esta diversión.
¡Un brindis por el doctor Frye!
¡Salud!
Veo mucho a Anne últimamente.
Sí, hay muchos corazones rotos por ahí.
¡Hola, linda!
Hola.
¿Cómo va tu papá?
Bien.
¿Sabes qué? Te invito.
Gracias.
¡Quiero que entres y cierres la jodida boca!
¡Cállate tú!
- ¡Cállate, imbécil! - ¡Cállate tú!
¡Jodido borracho!
- ¿Todo bien, Jefe? - ¡Tú jódete!
Los malditos vecinos luteranos son el problema, no yo.
Nadie se queja, sólo queremos que llegue a casa a salvo.
¿Nadie se está quejando?
- Papá. - ¿Por qué no estaría a salvo?
Mantengo a todo el jodido vecindario sano y salvo.
- ¿Qué sabes tú? - Papá.
Eileen, entra.
- De acuerdo. Papá, mírame. - Entra.
Vamos. Por favor.
¡Oye! Estás armando un escándalo.
Creeme, Eileen. Nadie quiere nada contigo.
De acuerdo.
Está bien. Entra.
Esos malditos luteranos...
Tu madre siempre los odió.
- Sólo vayamos adentro. - Que se jodan.
No puedes ir haciendo de Policía, papá.
¿Por qué no? ¿Sabes quién era ese?
Lo tenemos todo bajo control, Jefe.
Puede relajarse. Por favor.
¿Relajarme? ¡Relájate tú, joder!
Ya no eres Policía.
Sí, claro.
Yo no quería retirarme, me obligaron,
porque era demasiado bueno.
- Tengo que volver a la estación. - Un trago, cariño.
Bien, vuelve a la estación, Buck.
Dame mi bebida.
Llámenos, si necesita cualquier cosa.
Feliz Navidad.
Ven aquí. ¿Qué es ese olor?
¿Pisaste algo?
No. ¿Por qué? ¿Qué hueles?
No lo sé. Huele a animal muerto.
Quizá debas mantener las distancias.
Sí, mantendré las distancias.
¿Qué cojones haces? Ponme los malditos zapatos.
Quizá deberías ser más amable conmigo.
Nadie más va a aguantar tu mierda.
Pues vete, porque tengo a Joanie.
Ella no tendría una casa en este estado.
Esa sí que es una mujer, tu hermana.
Y huele como a una mujer.
¡Sabe cómo cuidar una casa!
¡Y no vive aquí, y está casada!
Sí, porque no es una mantenida.
¡Y no quiere hablar contigo!
Pues claro. Porque tiene su propia vida.
Ha llegado a ser alguien.
Lo que tú digas, papá.
Pon tu vida en orden, Eileen. Sienta cabeza.
Mierda.
Que te jodan.
Muy bien, ¡escuchen!
Como saben, el próximo año,
nos someterán a revisión estatal.
Así que vamos a optimizar los procedimientos...
e implementar nuevas estrategias basadas en ideas novedosas.
Y a propósito de eso, esta nueva señorita a mi izquierda,
la doctora Rebecca St. John,
será la nueva psicóloga de la prisión.
Acaba de terminar su Doctorado en Radcliffe.
Harvard.
Harvard.
Quizá nosotros no vengamos de Harvard,
pero creo que podemos trabajar con ella,
y con suerte ella trabajar con nosotros,
mientras nosotros trabajamos con ellos.
Puede ser agradable a la vista, pero les aseguro...
que es muy inteligente.
Señoras, espero que le muestren el lugar a la señorita St. John.
¿Cuánto cuesta un glaseado?
Son gratis.
Es broma.
Soy Rebecca.
Lo sé.
¿Dónde puede una chica refrescarse por aquí?
Yo puedo mostrarle.
Claro. Te lo agradezco.
¿Le llevo la chaqueta?
Qué amable. Gracias.
Por aquí.
Creo que no escuché tu nombre.
Eileen.
- Buenos días. - Buenos días.
¿De dónde es?
¿Cómo?
Mi ciudad natal es Nueva York.
Manhattan.
No soportaba Cambridge. Eran demasiado cuadrados.
Bueno, había un par de personas interesantes,
pero necesitaba un descanso.
Respirar un poco de aire fresco.
Y me encanta la playa.
Muy bien.
32...
24...
34.
Prácticamente mis medidas.
¿Sabes? Para algunas mujeres, su figura...
es lo único que cuenta.
Sinceramente, me parece bastante patético.
Totalmente de acuerdo.
Mi hermana es así, y no es muy lista.
Bien. Entonces tú y yo...
podemos hablar de cosas más interesantes que nuestra figura.
Aunque esa no sea la opinión más popular,
¿no crees?
Me da igual lo que sea popular.
¡Qué tenemos aquí!
La misma Katharine Hepburn.
Es poco común ver a una jovencita con tanto coraje.
Yo soy así también.
Me importa un bledo lo que piense la gente.
Seguramente te tienen miedo.
¿A moi?
Muy bien. Nos vemos por ahí.
Todos los años,
convocamos a esta asamblea especial...
para celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Y cada año, algún bastardo enfermo...
nos la arruina a todos los demás.
Bueno, es la última vez que han faltado al respeto a la Navidad,
porque este año van a sentarse sobre sus manos...
y van a cerrar la boca.
Si veo a alguno mordiendo, pateando, gritando,
jalando del cabello, riendo, gimiendo...
o haciendo algún comentario inapropiado,
irán directos a la cueva.
Y ahora, sin más preámbulo,
agradezco enormemente al personal de Mount Olive...
por ayudarme a dirigir nuevamente la función de este año...
y les presento: "Navidades en Prisión".
Voy a matar a alguien en Navidad.
¡Cállate!
¿Qué puedo hacer?
Sentenciado a tres años de encierro...
con chicos de mí misma calaña.
Tanto tiempo para planear...
las maldades que haré en cuanto salga.
¿Quieres algo de pastel, gordito?
Mientras tanto, supongo que leeré un libro.
¡No sabes leer, maldito imbécil!
Es el mismísimo Shakespeare.
Quiero golpear a alguien.
¡Libro de la verdad!
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