Pierwsze 200 wierszy.
LE MAJORDOME Subtítulos por BuStEl, 2026
Señor fiscal general, tiene la palabra para sus requisiciones.
Es un crimen vil, señores del jurado, vil,
y perpetrado en condiciones abominables que se les llama a juzgar con toda serenidad.
Las confesiones de un asesino abrumado por las pruebas les dictan su veredicto
que todo el mundo espera, incluido el acusado.
Y que se halla enteramente en el artículo 12 del código penal, esa biblia de los hombres honrados.
Todo condenado a muerte tendrá la cabeza cortada.
Señores del jurado, que ningún escrúpulo les turbe.
Apliquen la ley sin remordimiento ni debilidad.
Que esa cabeza caiga, se hará justicia y la sociedad se lo agradecerá.
Habría querido encontrar en Mérindol circunstancias atenuantes que me hubieran tranquilizado.
Por desgracia, sigo buscando las circunstancias atenuantes.
Mérindol levante la cabeza. Vamos, un poco de valor.
Míreme de frente. Sí, es bien ese el rostro de un asesino fácil de identificar.
Lleva todos los estigmas de una infamia hereditaria.
Hereditaria...
Pero entonces entonces señores del jurado, es que nació asesino.
Es que desde toda eternidad, estaba destinado al crimen.
No podía escapar a su miserable destino. Estaba escrito.
Sus ojos vacíos de todo sentimiento, sus orejas despegadas,
esa boca abyecta, otras tantas circunstancias atenuantes.
No, señores del jurado, no quiero esa cabeza-allí, que la conserve.
- Ah, por fin... - ¿Qué, ah por fin?
La corte de jurados con monsieur de Roissac, antes era un matadero.
Hoy, es la rotonda de la defensa.
No soy yo quien lo dice, es el Maestro Maurice.
Tengan en cuenta que no le arrojo la piedra a monsieur de Roissac, al contrario.
Siempre he estado en contra de la pena de muerte. Pero
una cabeza de vez en cuando, por el principio, tranquiliza.
Es usted un ingrato monsieur Massicard, o un inconsciente.
Desde hace más de 20 años, mi maestro no ha cesado de alimentar la guillotina.
Basta con recorrer este libro de honor, verdadera antología de piezas escogidas.
No no, no lo toque.
¡Qué palmarés! Ese-allí.
Ese-allí, ¿se acuerda?
Hasta el último momento, creyó que se saldría con la suya, el inocente.
Esos-allí son los que se beneficiaron de la gracia presidencial. Maravillosos esos tres-allí.
Aquella mañana-allí, había acompañado a mi maestro por favor especial.
Se los ha...
A continuación.
Conforme a la ley, decide por mayoría absoluta condenar a Jules Marcel Mérindol
a 10 años de reclusión.
Un sillón.
Léopold, soy un hombre acabado.
No, señor fiscal general, nada está nunca acabado. El hombre es una constante.
Sí sí, sé lo que digo. Acabado. 10 años de trabajos forzados, una vergüenza.
Si hubiera caído sobre mí, hace solo un año.
No hay que tirar el mango después del hacha. El señor lo hará mejor la próxima vez.
No Léopold, no, ya no puedo solicitar.
Gracias.
Llego al palacio lleno de buenas intenciones, seguro de obtener el máximo.
Me lanzo en mi requisitoria. Al principio, todo va mejor que bien.
De inmediato, pido la muerte, por precaución, un seguro contra mí-mismo.
- Y luego al último momento crac, me quiebro. - Curioso, extremadamente curioso.
Me digo: « No vas a hacer eso. » Pero sí, lo hago.
Una fuerza irresistible me empuja a ello.
No puedo evitar pedir las circunstancias atenuantes.
- Iba usted tan bien. - Anoche leí mis notas.
Anoche, la cabeza estaba en el saco.
Y hoy...
Espero no volver a hacer esta noche la pesadilla que me agitó anoche.
¡Horrible! Soñé que usted me dejaba Léopold.
¿Yo, dejar a monsieur? ¿Pero para ir adónde? Impensable.
Usted regresaba a Londres, su antiguo maestro estaba feliz de volver a tomarlo.
Como eso será seguro, nunca volveré a Londres.
- ¿Ya no le gusta Angleterre? - No soy un ingrato.
Angleterre me colmó pero ya no tengo nada que esperar de ella.
He traído de Londres todo lo que podía darme.
Hermosas corbatas negras, pantalones rayados y el sentido de la dignidad.
Confiese pues Léopold, ¿añora a Lord Parkinson?
Apreciaba a Lord Parkinson. Usted monsieur, es diferente, lo admiro.
- Vamos, no diga tonterías. - Lo admiro, lo envidio.
Me atrevería incluso a decir que lo amo, si esa palabra no implicara una familiaridad sospechosa.
Lord Parkinson me enseñó el arte de servir. Usted me enseñó las
bellezas de la ley al asociarme a sus trabajos. Gracias, monsieur.
Al ofrecerme el código penal para mi cumpleaños, enriqueció mi espíritu.
Obra exaltante. Allí se conoce al hombre y sus 1001 posibilidades.
Asesinato, robo con o sin fractura, con o sin escalada,
estafa, quiebras fraudulentas,
ataque a mano armada, proxenetismo,
prostitución, atentado al pudor, qué sé yo...
Allí se descubre el mundo tal como es. Qué maravilla. Apoye la cabeza en la almohada.
Buenas noches monsieur. Buenas noches monsieur.
- Usted no va a dejarme así? - Sí monsieur, como cada miércoles.
Como cada miércoles. Pero ¿a dónde diablos va cada miércoles?
- Adonde el deber me llama. - No le pido confidencias,
Pero esta noche, excepcionalmente, Léopold, no me deje.
Siento que van a venir. No me deje solo con ellos.
- Pero no monsieur, no volverán. - Sí, volverán, se vengarán.
Pretexto para retenerme. No corre ningún riesgo. Tome estas gotas, se calmará.
- Ah, no quiero quedarme solo! - Un poco de valor, monsieur.
Le prometo no volver tarde.
Al menos, prométame llamarme por teléfono.
Le llamaré, monsieur, a las 23:00 exactamente.
Si no respondo, es que están allí y ya no estaré allí.
Sea razonable. Trate de dormir.
Léopold.
¿Monsieur?
- Adiós Léopold. - Adiós monsieur.
Hasta luego, señor.
- Buenas noches, señorita Arlette. - Buenas noches, señor Léopold.
- ¿Hay mucha gente ahí dentro? - A rebosar.
Perfecto.
Señor Léopold.
Señor Léopold, ella es Lucette, mi número 2.
La traje porque me hizo otra escena con mi número 5.
- Más tarde. - Querría saber...
Nada de preguntas, tu turno.
Los primeros en llegar.
- Siéntese. - Deja entrar a la fulana, así está bien.
Le ruego que se deshaga de este objeto. Porte de arma prohibido, artículo 42 del código penal.
- 42, eso es para los novatos. - Le escucho.
Cada uno a su turno, primer testigo.
- Presente. - Jura decir la verdad, toda la verdad.
Palabra de hombre.
Por supuesto, como de costumbre, se ajustará a una decisión que es inapelable.
- Vale. - Des Orfevres.
Le escucho. Rápido y corto.
Estábamos en Saint-Trop grillando un entrecot al borde de la cuba.
A fuerza de darle vueltas, uno acaba encontrando un pequeño golpe tranquilo:
una extracción de la caja de Miramar, 12 millones sin mojarse.
Hable correctamente, por favor. Yo traduzco.
Su jerga.
Ha sacado 12 millones de la caja fuerte de un hotel, a repartir en tres partes iguales.
- ¿Conforme? - Conforme.
- ¿Y entonces? - ¿Y entonces? Esa zorra...
Perdón. Ese socio deshonesto...
Ya lo entendí. Se largó con la caja. Conforme.
Conforme. Lo encontramos escondido en casa de su polca... Perdón, en el domicilio conyugal.
- ¿Ha recuperado el dinero? - Había abollado un poco la compotera.
- En francés, por favor. - Quedaban 10 millones, en efectivo.
¿Y qué fue de los otros dos millones?
La pensión alimenticia de papá.
¿De papá? Nunca has tenido.
¿Tiene una defensa que presentar?
No tengo que defenderme, señor Léopold. Simplemente, sentí venir a los polis.
Así que me piré para salvar la pasta. La prueba: registraron nuestro escondite.
Perdón, quiero decir nuestro pequeño nido, y no encontraron nada. ¿Y gracias a quién?
- Deberían erigirme una estatua, oye. - ¿Una estatua? Un monumento a los caídos.
Una estatua perfectamente. Pero no hay justicia.
¿No hay justicia?
Pero con ella precisamente tiene una cita.
- Si no me contuviera. - Un poco de compostura, por favor.
¿Nada que añadir?
Tiene la palabra.
Le voy a decir una buena cosa, señor Léopold.
El mundillo debe dar ejemplo o es el fin de la gran época.
Pido el máximo 12 millones vale una lápida.
Es un asunto grave y que pide reflexión.
Juicio en 8 días.
Entonces lo tendremos encima durante 8 días.
Se levanta la sesión, queda libre.
Señor Leopold, ya van 5 veces que venimos aquí en consulta así que pensamos...
Señor Léopold, yo estoy en el ajo. Es un trío.
Señores, se equivocan. Yo no soy un juez a sueldo.
Haga el favor, hombre. No es gran cosa, por supuesto, pero sale del corazón.
No insista o me voy a enfadar.
Recoja su bien si me es lícito expresarlo así.
- Puesto que dicen que sale del corazón. - Una corrupción en toda regla.
- Artículo 81. - ¿Qué vamos a hacer con eso?
Envíela a las obras sociales de la magistratura. Señores, por aquí la salida.
¿Quiere que le diga lo que es? Un santo, usted es un santo.
Es la palabra que estaba buscando.
¿No te da vergüenza? Billetes recién sacados, calentitos. Alérgico al dinero, eso es un mundo.
- ¿Eres Crésus o qué para rechazar efectivo? - ¡No me preguntes, quieres!
En Londres eras menos sectario. En casa de Lord Parkinson, no escupías sobre las propinas.
No las propinas, las gratificaciones, matiz. Y además en Londres podía permitirme
algunas debilidades, todavía no sabía quién era.
¿Quién eras? Eras mío, yo era tuya, éramos de nosotros, ningún problema.
- Mientras que ahora... - ¿Mientras que ahora?
Ya no nos pertenecemos. Vienes una vez por semana para conferencias
luego desapareces en el Grand Paris. Buenos días, buenas noches.
Yo no cuento. Un objeto de última necesidad. Es verdad.
Si me preguntaran por ti, ni siquiera sabría lo que haces.
Ni adónde vas, ni cómo, ni por qué, ni con quién.
He dicho que nada de preguntas.
Eres el hombre suspense, Fantomas. ¿Así que ya no soy nada para ti?
Eres lo que te has convertido.
- No se puede ser sin haber sido. - Aun así. Todavía soy vendible.
Mírame como antes.
Te miro como antes, pero te veo como después.
Desde Londres ha corrido mucha agua bajo el puente Mirabeau.
- Para mí Londres fue ayer. - ¿Y ayer fue cuándo?
Cuenta. Tú, yo, haz el cálculo.
- Todavía entra en nuestros precios. - Eres una niña buena, mi pequeña Arlette.
En Londres hacíamos proyectos de futuro. Me decía a mí mismo, envejeceré con él.
Quédate medio satisfecha, tu proyecto se ha realizado en parte. A la historia antigua.
De todos modos, deberías haber cogido su dinero. Queda un poco de tonto rechazarlo.
Es inconcebible.
¿Quieres decirme para qué te sirve todo ese mal que te tomas por ellos? ¿Todo ese trabajo?
Yo no trabajo, Arlette. Juzgo soberanamente. Arbitro, aconsejo.
Vigilo la aplicación de todas las leyes. Ley natural, ley escrita, ley oral
siempre cambiante en su eterna permanencia.
- Haced entrar al siguiente. - Qué pretencioso te has vuelto.
El siguiente. Pero entra, pequeño mío, no tengas miedo.
La puerta.
Siéntese. Es la primera vez que viene.
Sí, señor juez.
Le escucho.
No comments yet. Be the first to leave one.