Pierwsze 200 wierszy.
UNA PROPUESTA INDECENTE
Perder a Diana fue como perder parte de mí.
Nunca pensé que pudiéramos cambiar lo que sentíamos.
Pensé que éramos invencibles.
Alguien dijo que si realmente quieres algo, debes dejarlo libre.
Si vuelve, es tuyo para siempre.
Si no, nunca lo fue.
De una cosa estaba segura, que era de David desde el principio.
Y que él era mío.
Nos conocimos en la escuela. Él estaba en su último año, yo en mi primero.
Después de clase, nos llevaba a mi amiga y a mí a casa.
Yo lo miraba por el espejo retrovisor.
Me enamoré de sus ojos.
A los 19 años, David me pidió la mano en Paradise Cove.
Nuestros padres se opusieron.
Dijeron que éramos muy jóvenes, que no nos conocíamos.
David decía que la vida sin riesgos no era vida.
Entonces nos fugamos.
Me gradué de arquitectura y encontré trabajo en una firma pequeña.
Diana ayudaba vendiendo bienes raíces.
Me pasaba el tiempo libre diseñando mi casa.
Era la suma de todo lo que me importaba en arquitectura.
Era la casa de mis sueños.
¿D?
¿Alguna vez te he dicho que te amo?
No.
- Te amo. - ¿Todavía?
Siempre.
Teníamos nuestras diferencias.
Él regaba su ropa por el suelo. Me volvía loca.
¿Qué hacen tus zapatos sobre la mesa?
- ¡No tengo que lavar tu ropa! - La recogeré. No te pongas violenta.
- Mantequilla de maní... - Suéltalo.
- Puedes lastimar a alguien. - ¿A quién voy a lastimar?
¡Estás loca!
Está bien... Bueno.
¡Maldita sea!
Vamos, cálmate.
- ¿Te lastimé? - No. Estoy bien.
- Lo siento. - ¿En serio? ¿Estabas bromeando?
Tus calzoncillos están ardiendo.
No sabes cuánto.
Como no teníamos dinero, íbamos a ver la arquitectura que le entusiasmaba.
A veces yo preguntaba:
"¿Qué tontería estamos mirando?".
Y él me contestaba: "No es una tontería.
No uses sólo los ojos".
Me hizo mirar las cosas de un modo diferente.
Es baratísimo. Acaba de llegar a la oficina. Nadie lo conoce.
Es precioso.
Puedes construir tu casa aquí. Te harás famoso...
porque será brillante y será la casa de David Murphy.
Encontré un terreno increíble en Santa Mónica junto al mar.
Era el sitio perfecto para su casa.
Tomaremos un préstamo.
Deberías ver las porquerías que compran los corredores de bolsa.
Se enloquecerían por una casa como la tuya.
Era brillante, aunque no entendía ni una palabra.
Teníamos que economizar para hacer los pagos...
pero era nuestro futuro y construiría mi casa.
Entonces vino la recesión.
El mercado se estancó y no vendí nada durante seis meses.
No había nada en construcción.
Muchos perdieron sus trabajos. Yo también.
- Lo siento. - No entiendo. ¿Qué pasó?
El banco ha demandado su pagaré.
¿Pueden hacerlo?
Como ahora no tienen ingresos, pueden embargar sus bienes.
¿Qué bienes?
La casa.
Tienen que seguir haciendo los pagos.
Lo siento.
David, tengo miedo.
No tenemos dinero. ¿Qué haremos?
Trabajaré de camarero o taxista o algo así. No sé.
Te cuidaré.
Haz algo.
DAVID MURPHY ARQUITECTO
Estaba desesperado. Íbamos a perderlo todo.
La casa y nuestro hogar.
Me tragué el orgullo y tomé 5.000 dólares prestados de mi padre.
No era suficiente.
Necesitábamos 50.000.
- D... - ¿Qué?
- Vamos, vístete. Tengo una idea. - ¿Qué hora es?
Hola. ¿Cómo están?
- ¡Sí! - ¡Dios mío!
¡Cariño! ¡Así me gusta!
¡50.000! Eso queremos. ¡Ganamos!
¡Vamos! ¡Danos dinero!
Tenemos a un apostante. Una señorita con suerte.
A ver esa suerte, no lo eches a perder.
Tengo un collar...
¿Por qué no te lo pones? Te ves muy bien.
No puedo comprarlo.
- ¡Qué lástima! - Sí.
Ese vestido debería ser tuyo. Deja que te lo compre.
¿Quiere comprarme el vestido?
Sí.
- ¿Por qué? - He disfrutado mirándote.
Te lo ganaste.
No.
El vestido está en venta. Yo no.
Lanza los dados, amiga.
Mira. He ganado más de 9.000 dólares.
Mi esposa, D.
Mis chicas. Vendrán a vivir con nosotros.
Bésalos.
- Sí. - Apuestas, por favor.
- ¿Alguna vez te he dicho que te amo? - No.
- Te amo. - ¿Todavía?
Siempre.
5.000...
Sí, lo adivinaste... 5.000 más.
¿Y esto? 5.000 más.
Juega con ello, revuélcate y disfruta.
El gran total es...
25.040 dólares.
Nos ganamos la mitad en una hora.
Pienso que dos horas mañana y acabamos.
Ven.
¿Qué?
Te amo.
Lo sé.
Te amo, incluso sin dinero.
Última llamada. No más apuestas, por favor.
Vamos, negro, vamos. Allá vamos.
¡Sí!
No más apuestas.
¡Sí, ganamos!
4.100. Dijimos que no bajaríamos de 5.000.
¿Más café?
No, gracias.
Cruz, nos vamos. Cara, seguimos.
Dos de tres.
Hagan sus apuestas.
No más apuestas.
Me siento afortunado. ¿Ponemos todo en rojo?
Todo. Rojo.
Siento rojo. ¿Tú sientes rojo?
Podemos hacerlo.
Apostaré todo. Lo pondré en rojo.
Está bien.
- No, negro. - ¿Qué estás haciendo?
- Es negro. - ¿Qué estás haciendo?
No. Es rojo. Es rojo. Sigo mis instintos, ¿verdad?
- No más apuestas. - Vamos, rojo.
¡Vamos! ¡Vamos!
Vamos, rojo. Vamos, rojo.
Demasiado tarde, señorita.
Hagan sus apuestas. De la banca, del jugador.
¿Listos? Cartas, por favor.
Volteando para los jugadores.
Pases a la derecha, por favor.
La banca gana.
Listos.
Del jugador, de la banca.
- ¿Quién es? - John Gage.
El cabrón es un multimillonario.
Ya ha perdido más de un millón.
¿Ve las fichas de oro?
10.000 dólares por ficha.
Cada vez que pone una son 10.000.
Mire lo calmado que está. Debe de follar más que un conejo.
- No quise ofenderla. - El jugador gana.
Ya era hora.
- ¿Están casados? - Vámonos.
- Quédense a jugar un rato. - Disculpen.
¿Le importaría prestarme a su esposa? ¿Es su esposa?
¿Perdón?
- Para cambiar mi suerte. - Pregúnteselo a ella.
- ¿Me permite? - Vamos.
Creo que no. Deberíamos irnos.
- Sólo un ratito. - Yo lo haría.
Vamos. Puede ser divertido. ¿Qué puedes perder?
- ¿Bueno? - Adelante. Veremos qué pasa.
- Sí, vamos. - Estaremos aquí animándola.
Gracias.
A ver si empieza a ganar.
¿Cree que volverá?
Estoy bromeando.
Siéntate. He estado perdiendo.
Apareciste y gané mi primera mano. Me trajiste suerte.
Creo que fue una señal.
¿No te parece?
- ¿Quieres una copa? - No, gracias.
¿Algo dulce?
Hagan sus apuestas.
100.000.
- ¿Así de fácil? - Así de fácil.
- Así no. - Lo siento.
Hagan sus apuestas. Cartas.
Volteando para los jugadores.
Lo que queremos...
Lo que necesitamos es un nueve.
No nos gusta.
La banca gana. Cartas, por favor.
La banca gana con un ocho. Paguen a la banca.
Al parecer, no soy tan afortunada.
- ¿Te gustan las cartas? - No mucho.
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