Il Barbiere di Siviglia

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The Barber of Seville
Il Barbiere di Siviglia
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په خپور شو: 2016-05-14
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لومړۍ 200 کرښې.

Despacito, en silencio, sin hablar,

todos conmigo venid acá.

Despacito, en silencio, henos aquí.

Venid aquí.

Henos aquí.

Despacito.

- Venid aquí. - Henos aquí.

Todo está en silencio.

No hay nadie

que nuestras canciones

pueda estorbar.

iOye, Fiorello!

Señor, aquí estoy.

¿Y los amigos?

Están ya dispuestos.

Bravo, muy bien, guardad silencio.

Despacito, en silencio, sin hablar.

Despacito, en silencio, sin hablar.

Venid aquí.

Sin hablar.

Despacito.

Sin hablar.

Veis, risueña en el cielo

despunta la hermosa aurora.

Y tú todavía no sales

¿y puedes dormir así?

Sal, dulce esperanza mía.

Ven, mi bella imagen.

No hagas tan cruel, oh Dios,

el rayo que me ha herido.

¡Callad!

Veo ya el semblante amado.

Mi alma de amante ha obtenido piedad.

iOh, instante de amor!

¡Cuán feliz momento!

iOh, dulce contento

sin igual!

iEh, Fiorello!

Señor.

Dime, ¿la ves?

No, señor.

¡Toda esperanza es vana!

Señor Conde, está amaneciendo.

¡Qué pienso! ¿Qué hacer?

¡Todo es en vano!

Buena gente.

Señor.

Adelante.

Por hoy ya no necesitaré

ni más música, ni más canto.

Buenas noches a todos, ya no os necesitamos.

Mil gracias, señor, por el honor.

Basta, no habléis, no chilléis. Es inútil, no gritéis.

-iIMalditos, marchaos! - Ah, de tanta cortesía

- i Canallas, ¡dos ya! - obligados en realidad.

- Todo el vecindario - ¡Qué estrépito endemoniado!

- Con tanto ruido despertará. - ¡Un señor de calidad!

- ¡Basta! - ¡No habléis! - Gracias.

¡Qué rabia me da!

i Malditos, marchaos! i Canallas, ¡dos ya!

¡Qué escandalosos!

Con tanto estrépito inoportuno

casi han desvelado a todos.

¡Menos mal que se han ¡do!

Y no se ve. Es inútil esperar.

No obstante, aquí quiero esperar a verla.

A ese balcón cada mañana

ella sale al frescor del alba.

Puedes retirarte, Fiorello.

Voy. Esperaré allí vuestras órdenes.

¿Otro inoportuno? Dejémosle pasar.

Tras esos arcos, sin ser visto, podré ver todo lo que quiera.

Ya clarea y el amor no se avergüenza.

Paso al factótum de la ciudad.

Rápido, a la tienda, que ha llegado el alba ya.

¡Qué bella vida, qué gran placer,

para un barbero de calidad!

iAh, bravo, Fígaro!

¡Más que afortunado, en verdad!

Dispuesto a todo, noche y día, siempre a mano suele estar.

Mejor bocado para un barbero, vida más cómoda no, no la hay.

Navaja y peine, pinza y tijeras, a mis órdenes siempre están.

Están los trucos, luego, del oficio

con la jovencita, con el caballero.

Con la jovencita...

Con el caballero...

¡Qué bella vida, qué gran placer,

para un barbero de calidad!

Todos me llaman, todos me quieren.

Mujeres, jóvenes, viejos, niñas.

Trae la peluca, rápido, la barba.

Esa sangría, pronto, esta carta.

iEh, Fígaro!

¡Ay de mí, qué jaleo! ¡Ay de mí, cuánta gente!

¡De uno en uno, por caridad!

¡Fígaro! Estoy aquí. i Eh, Fígaro!

Estoy aquí. Fígaro aquí, Fígaro allá,

Fígaro arriba, Fígaro abajo.

Pronto, ya, soy como el rayo, soy el factótum de la ciudad.

iAh, bravo, Fígaro!

Nunca la fortuna te fallará.

Soy el factótum de la ciudad.

iAh, ah, la vida es bella!

Cansarse poco, divertirse mucho

y en la bolsa siempre algún doblón,

fruto de mi reputación.

Pues sí: Sin Fígaro no se casa una muchacha en Sevilla,

hasta la viuda recurre a mí para encontrar marido.

Yo con la excusa del peinado diario,

de la guitarra al favor de la noche,

honestamente, les sirvo a todos.

iAy, qué vida esta! ¡Y qué oficio!

Bueno, vayamos a la tienda.

¿Es él, o me confundo?

- ¿Y esé quién será? - ¡No puede ser otro! ¡Fígaro!

Mi patrón. ¡Qué veo! ¡Excelencia!

¡Silencio! ¡Prudencia!

No soy conocido aquí, ni quiero descubrirme.

Tengo razones de peso.

Entiendo, os dejo entonces.

- No. - ¿Qué se le ofrece?

No. Quédate.

Quizás me seas útil para mis actuales designios.

Pero, Cuéntame, perillán, ¿qué haces por aquí?

¡Poder del mundo! ¡Te veo gordo y redondo!

¡La miseria, señor!

- iAh, bribón! - Gracias.

- ¿Y has sentado la cabeza? - ¡Y de qué forma!

¿Y vos, cómo en Sevilla?

Te cuento.

En el Prado vi una flor hermosa, una muchachita,

hija de cierto médico chocho que aquí se ha establecido hace poco.

Yo, enamorado de ella,

he dejado patria y parientes por seguirla.

Y aquí noche y día hago guardia

bajo este su balcón.

¿Bajo este balcón? ¿Un médico? ¡Caramba!

Habéis nacido de pie. Esto es como el queso encima de la pasta.

- ¿Qué dices? - Cierto. Ahí dentro yo soy barbero, peluquero,

cirujano, jardinero, boticario, veterinario: El que lo hace todo en casa.

- iJa, qué suerte! - Y no solo eso.

¡La muchacha no es hija del médico,

- sino tan solo su pupila! - ¡Qué alivio!

- Por eso... ¡Silencio! - ¿Qué ocurre?

Se abre la puerta.

- No ha llegado aún. Quizás... - ¡Mi vida!

¡Mi diosa! ¡Mi tesoro! Al fin os veo.

¡Qué vergüenza! Quisiera darle este papel.

¿Y bien, pequeña? Hace buen tiempo.

- ¿Y esa carta? - Nada, señor.

Es la letrilla del aria de <<La inútil precaución».

- Ah, ya, de «La inútil precaución». - ¡Qué viva!

¿Y qué es eso de «La inútil precaución»?

Es el título de la nueva ópera.

¿Una ópera? ¡Qué bonito!

¡Qué tonta! ¡Se me ha caído! Bajad a cogerla, rápido.

Voy, voy.

- Entiendo. No temáis. - Rápido.

Ya estoy aquí. ¿Dónde está?

El viento se lo ha llevado. Mirad.

No la veo.

Eh, señorita, no quisiera...

¡Por quién me ha tomado esta!

¡Entra en casa! ¡Venga! ¿No oyes? ¡A casa, pronto!

Voy, voy. ¡Vaya carácter!

Voy a hacer tapiar ese balcón. iAdentro, te digo!

iAy, qué vida esta!

¡ Pobrecita mía!

Su infelicidad me la hace aún más deseable.

- Veamos qué le ha escrito. - Exacto.

Lee.

«Vuestra atenta asiduidad ha excitado mi curiosidad».

«Mi tutor saldrá de casa».

«Apenas se haya alejado, procurad decirme»

«vuestro nombre, vuestro estado y vuestras intenciones».

«Nunca puedo salir al balcón»

«sin la molesta compañía de mi tirano».

«Estad seguro de que hará lo que pueda por romper sus cadenas»

«la desventurada Rosina».

Sí, las romperá.

Venga, Cuéntame un poco: ¿Qué clase de hombre es su tutor?

Un viejo endemoniado,

avaro, gruñón, desconfiado.

Tendrá cien años a cuestas

y quiere dárselas de galán.

¿Se imagina? Para comerse la herencia de Rosina

se ha empeñado en desposarla.

- ¿Qué? - Se abre la puerta.

Vuelvo enseguida.

No abráis a nadie.

Si Don Basilio viene a buscarme, que me espere.

Mi boda con ella debo apresurar.

Hoy mismo quiero finalizar el asunto.

¡Hoy mismo su boda con Rosina!

iAh, maldito viejo!

Pero dime tú, ¿quién es ese Don Basilio?

Es un solemne Celestino,

embrollón, rastrero, siempre a dos velas.

Y ahora, es maestro de música: enseña a la muchacha.

Bueno, no está de más saberlo.

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