لومړۍ 200 کرښې.
MOSFILM
Cuarta Agrupación Artística
¿Cuál es tu nombre y apellido?
Me llamo Yuri Zhari.
¿De dónde has llegado?
He llegado de Járkov.
¿Dónde estudias?
Estudio en una escuela profesional.
Ahora llevaremos a cabo una sesión.
Mírame fijamente.
Mírame a los ojos.
Hacia adelante.
Vuélvete de espaldas.
Concentra tu atención en mi mano.
Mi mano te atrae hacia atrás.
Abre las manos.
Concéntrate. Toda la tensión en las manos.
¡Las manos se atiesan!
Toda tu voluntad, todo tu ardiente deseo de triunfar
lo concentras en tus manos.
Las manos se tensan más y más.
Se ponen rígidas. Mas.
Mira tus dedos. Los dedos se tensan.
Toda la tensión pasa de aquí a tus dedos.
Mira tus manos. Yuri, concéntrate.
Cuando diga "tres" tus manos quedarán inmóviles.
¡Uno, dos, tres! Las manos están inmóviles.
Tú no puedes mover las manos.
Intentas mover las, pero están inmóviles.
Tratas de hacer un leve movimiento y no puedes.
Ahora quitaré tal estado
y tú hablarás nitida, libre y fácilmente.
Toda la vida hablarás en voz alta y con claridad.
Mírame.
Quito la tensión de tus manos y de tu habla.
¡Uno, dos, tres!
Di en voz alta con claridad: "Yo puedo hablar".
EL ESPEJO
En el papel de la Madre y de Natalia: Margarita TEREJOVA
Guión: Alexandr MISHARIN, Andréi TARKOVSKI
Dirección: Andréi TARKOVSKI
Cámara: Gueorgui RERBERG
Escenografía: Nikolái DVIGUBSKI
Música: Eduard ARTEMIEV
Sonido: Semión LITVINOV
Intérpretes:
I. DANILTSEV, L. TARKOVSKAYA, A. DEMIDOVA
A. SOLONITSIN, N. GRINKO
T. OGORODNIKOVA, Y. NAZAROV, O. YANKOVSKI
F. YANKOVSKI, Y. SVENTIKOV, T. RESHETNIKOVA
Lee el texto del autor I. SMOKTUNOVSKI
Versos de Arseni TARKOVSKI interpretados por el autor
Fragmentos de obras de Bach, Pergolese, Pursell
EL ESPEJO
El camino de la estación pasaba por Ignátievo,
doblaba a un lado no lejos del caserío,
donde antes de la guerra, vivíamos cada verano,
y por un bosque de robles salía a Tomshinó.
Generalmente sabíamos que venían los nuestros
si aparecían por detrás del arbusto.
Si del arbusto dobla hacia la casa, es papá,
si no, no es nuestro padre,
y eso significa que ya nunca vendrá.
¿Elle camino lleva a Tomshinó?
No debía haber doblado el arbusto.
– Y eso… que… – ¿Qué?
¿Y qué hace usted aquí sentada?
– Vivo aquí. – ¿Dónde? ¿En la palizada?
¿Le importa el camino a Tomshinó o dónde vivo yo?
Me llevé los instrumentos, pero olvidé la llave.
¿Usted no tiene un clavo o un destornillador?
No tengo clavos.
¿Y por qué está tan nerviosa?
¡Deme la mano! Soy médico.
Usted me molesta.
¿Qué, debo llamar a mi esposo?
Usted no tiene esposo, no veo el anillo.
Aunque ahora son pocos los que llevan anillos.
¿Puedo pedirle un cigarrillo?
¿Y por qué está tan triste?
¿Y por qué usted se alegra tanto?
Es agradable caer con una mujer interesante.
Me he caído, y veo cosas… raíces, arbustos…
¿Nunca le pareció que
las plantas sienten, meditan, hasta entienden…
los árboles, este avellano… ?
– Es un aliso. – Qué importa.
No corren a ningún lado.
Nosotros corremos, azorados. Decimos cosas banales.
Es porque no creemos en la naturaleza que llevamos dentro.
Todo es desconfianza, prisas,
falta de tiempo para pensar.
Usted está…
No me amenaza. Soy médico.
¿Y "La sala N. 6"?
¡Chéjov lo inventó todo!
Venga a Tomshinó. Allá pasamos bien el tiempo.
¡Usted tiene sangre!
– ¿Dónde? – ¡Dretrás de la oreja!
De nuestros encuentros, cada instante
era fiesta con el dios distante.
Solos en todo el mundo.
Eras más valiente y liviana que el ala de un ave.
Por la escalera, como un mareo acosante,
corrías y me llevabas – suave – dentro de la húmeda lila
a tus dominios insondables por la otra parte del espejo.
Y al llegar la noche
me fue regalada la piedad,
se abrió la puerta del altar
y brilló, brilló en la oscuridad
la desnudez en su lento declinar.
Y al despertar: "¡Bendita seas!"
dije y supe que era audaz
mi bendición: dormías tú,
y se extendía la lila para tocar
tus párpados con el azul del Universo.
Y los párpados que el azul tocó
quietos eran y la mano, tibia.
Y pulsaban los ríos en el cristal,
humeaban los cerros, brillaba el mar.
Una esfera de cristal tenías en tu mano.
Dormías en un trono elevado.
Y ¡Dios sagrado! Mía eras, mía mi beldad.
Despertaste y transformaste
el léxico de la humanidad.
Y al habla de fuerza sonora colmaste
y la palabra "tú" mostró – oh, arte –
su nueva esencia y significó: "zar".
Todo cambió en el mundo, hasta
las cosas sencillas, palangana, bocal, cuando
detenida entre nosotros estaba
el agua dura y laminada.
Algo nos llevó al más allá,
y, cual espejismo, se distanciaba
– construida por milagro – la cuidad.
A nuestros pies la menta se acostaba
y las aves seguían nuestra ruta larga
y los peces en contra iban de las aguas
y se abrió el cielo ante nosotros
cuando el destino nos siguió celoso
cual un loco que lleva una navaja.
¡Oh, Dios! ¡Dunia!
¿Qué es eso, Pasha!
Un incendio, pero no gritéis.
¡Ya caerás en mis amanos!
¿Y si Vitka está allá? ¿Tal vez se quemó?
¿Y dónde está Klanka?
¿Qué?
Papá.
– ¿Alexéi? – Hola, mamá.
¿Qué te pasa con la voz?
Nada grave, angina debe ser.
Tres días no he hablado con nadie.
Hasta me pareció que es bueno callar.
Las palabras no pueden transmitir todo
lo que siente el hombre, son flojas.
Acabo de verte en sueños, mamá.
Como si todavía fuera un niño.
A propósito, ¿en qué año nuestro padre nos dejó?
En 1935… ¿Por qué preguntas?
¿Y el incendio? ¿Recuerdas, se quemó el henal en el caserío?
También fue en el 35.
Bueno, me has enredado toda…
Sabes… Se murió Elizaveta.
Con la que trabajábamos en la imprenta.
– Oh, Dios, ¿cuándo? – Esta mañana.
¿Qué hora es ahora? ¿Ahora qué?
– Cerca de las seis. – ¿De la madrugada?
¿Qué te pasa? De la tarde…
¿Por qué siempre nos peleamos?
Perdóname si soy culpable.
Imprenta. Parada siguiente Serpujóvskaia.
¿Adonde se apresura de tal manera?
Hola.
¿Dónde está la prueba que he corregido?
No sé. Un momento.
Aquí está Elizaveta Pávlovna.
María, ¿qué ha ocurrido?
¿Algo en las galeradas de la tarde?
¿En la edición de literatura estatal? ¡Tranquilízate!
Hay que ver en el estante de composición.
Pero si no es una desgracia.
¡Sabes qué edición es!
En cualquier edición no debe haber erratas.
Calla, idiota.
– ¿Qué ha ocurrido? – Nada de particular.
Quiero ver… Tal vez me equivoque…
Vamos, por orden.
Mejor que lo mire yo misma.
¡Todos se apresuran, nadie tiene tiempo!
¿Usted piensa que temo?
Comprendo, que teman otros.
Que unos trabajen y otros tengan miedo.
Pues, ¿qué ha ocurrido?
Si ha ocurrido, ha ocurrido. Estuvimos imprimiendo toda la noche.
Desde el alba te esperé ayer,
adivinaron ellos que tú no vendrías.
¿Recuerdas cómo estaba el tiempo?
¡Como a una fiesta! Y yo salí sin abrigo.
Hoy has venido, y nos han hecho
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