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ÉSTA ES LA ADAPTACIÓN DE UN CUENTO DE LA VIDA REAL
Cuando se quiere a alguien, hay que confiar.
No hay más remedio.
Hay que entregarles la llave de todo.
Si no, ¿de qué sirve?
Por un tiempo, pensé que así me querían.
Antes de dirigir un casino y de volar en pedazos...
Ace Rothstein era un gran pronosticador de caballos.
Era tan bueno que cuando apostaba...
cambiaban las ventajas.
Hablo en serio. Era tan hábil que me entregaron el paraíso.
Me dieron uno de los casinos más grandes de Las Vegas, el Tangiers.
Eran hombres que en realidad podían obtener dinero así...
$62. 700.000.
No sé los detalles.
En realidad, nadie los sabía, pero debió de haber sido un éxito.
Me tenía a mí, Nicky Santoro, su mejor amigo, cuidándolo...
y tenía del brazo a Ginger, la mujer que amaba.
Pero al final, lo jodimos todo.
Debió de haber sido una delicia.
Pero fue la última vez que a chusma como nosotros...
le dieron algo tan cabronamente valioso.
A Las Vegas, en esa época, venían millones de tontos...
que dejaban millones de dólares.
De noche, no se podía ver el desierto que rodea la ciudad.
Pero era allí donde se resolvían muchos de sus problemas.
En el desierto hay muchos hoyos que sepultan muchos problemas.
Pero hay que saber hacerlo.
Hay que cavar el hoyo antes de traer el paquete.
De lo contrario, habría que cavar por 30 ó 45 minutos.
¿Quién sabe quién podría presentarse?
De pronto, habría que cavar más hoyos.
Podría durar toda la noche.
10 AÑOS ANTES
¿Quién podía resistir? En cualquier otra parte, yo era un jugador, un tahúr...
fregado por la policía.
Aquí soy el Sr. Rothstein.
No sólo legal, sino director de un casino.
Y eso es como vender fantasías.
Contraté de gerente a Billy Sherbert, un amigo, y empecé a trabajar.
...y él es Ronnie, se encarga de la sala de naipes.
Para gente como yo, Las Vegas lava los pecados.
Como un auto lavado purificador.
Es igual que Lourdes para los jorobados y los tullidos.
Además de ser legal...
llueve la plata. En toneladas.
¿Por qué creen que estamos en este desierto?
Por la plata.
Éste es el resultado final de tantas luces y viajes...
de tanta champaña y tantos hoteles gratis...
de tantas mujeres y tanta bebida.
Todo está calculado para quedarnos con la plata.
Ésa es la verdad de Las Vegas.
Ganamos nosotros.
Los jugadores, ¡ni soñarlo!
Y toda esa plata corre de las mesas...
a las cajas, por la rejilla...
hasta el lugar más sagrado del casino.
AVISO - PROHIBIDO EL PASO
El lugar donde suman el dinero, el sanctasanctórum, el banco.
Ahí nadie podía entrar.
Ni siquiera yo, pero mi trabajo consistía en llenarlo de dinero.
Había tanto que se podría fabricar una casa con billetes de $100.
Y lo mejor era que la Junta de Directores no sabía lo que pasaba.
Para ellos, todo parecía legítimo.
¿Verdad? Mentira.
Verifica $5.000.
Los muchachos del banco estaban ahí para robarse lo que pudieran.
Contaban de menos, perdían recibos.
Hasta sacaban plata de las cajas.
De este tipo, parado frente a $2 millones...
dependía que nadie se enterara de los robos...
ni Hacienda ni nadie.
Vean cómo nadie se fija en nada.
Todos apartan la vista.
Mírenlos. Parecen muy ocupados.
Están contando. ¿Quién los va a molestar?
Dios libre que se equivocaran y dejaran de robar.
Mientras tanto, uno entra y sale enseguida.
Pasando al guardia que recibe $100 extra a la semana.
Digo, es cosa de rutina, lo de siempre. Entran, salen, saludan y adiós.
Eso es todo.
Otro gordo cabrón que sale del casino con un maletín.
Ese maletín iba derechito a un solo lugar: a Kansas City...
la ciudad más cercana donde podían ir...
sin que los arrestaran.
A los jefes sólo les interesaba ese maletín...
y esperaban recibirlo todos los meses.
VÍVERES ITALIANOS SAN MARINO
Este jodido mormón...
tenía que llevar la maleta mensualmente, sin revuelo.
- Huele bien. - Cocinaron algo.
Los jefes venían de todas partes: de Detroit, Cleveland, Milwaukee...
de los estados centrales.
Se reunían detrás de un negocio en Kansas City.
Nadie se enteraba.
La mamá de uno de ellos cocinaba.
¿Alguna vez viste a Jerry Steriano?
Parecerían unos viejos italianos, pero créanme...
éstos eran los que secretamente controlaban Las Vegas.
Mamá, ese tipo está aquí de nuevo.
Porque controlaban a los tronquistas...
y era ahí donde se pedía el dinero para un casino.
Los tronquistas no prestaban nada, a menos que a estos tipos...
les garantizaran su maletín.
Tipos como este vejestorio, de Detroit.
O sobre todo tipos como Remo Gaggi, el jefe mayor de todos.
¿Tienes una cifra redonda?
Sin duda alguna, el más importante.
- Unos 10 kilos. - ¿Y bien?
- Hay unos $700.000. - Bien.
Es temprano para Las Vegas...
pero quiero darles la bienvenida a los ejecutivos de los casinos...
Para el público en general...
Andy Stone, el oficial del sindicato de tronquistas, era legal.
Un hombre poderoso.
Jugaba golf con el Presidente.
De parte del fondo de pensiones de los tronquistas, es un placer...
Pero Andy recibía órdenes.
Y cuando ordenaron que le diera un préstamo a Phillip Green...
...este cheque de $62.700.000 para el nuevo Tangiers.
...obedeció la orden.
Era el perfecto escudo. Si no, ¿de qué carajo serviría?
No quería enterarse...
de que los jefes habían obligado al sindicato.
Quería creer que se lo prestaron por listo.
Lo digo sabiendo cuánta competencia tenemos.
¿De dónde habían sacado a Green? ¿Quién sabe?
Solo sé que era un corredor de bienes de Arizona...
que apenas tenía para comprar gasolina para buscar su cheque.
ESTADOS CENTRALES FONDO DE PENSIONES DE TRONQUISTAS
El que mandaba era Andy Stone, el lugarteniente de los jefes...
no Phillip Green, el presidente de la junta.
Comprendo. Comprendo.
Solo necesitaban a alguien de confianza para el casino.
¿Y quién mejor que Ace?
Ya llevaba varios años en Las Vegas y sabía todas las mierdas.
Pero típico de Ace, pídele algo y tratará que cambies de opinión.
No sé si podré hacerlo.
Jamás me darán la licencia para dirigir un casino.
Me han arrestado como 20 veces.
Para trabajar en un casino no necesitas licencia.
Solicítala, nada más.
La ley dice que puedes trabajar mientras tramitan la solicitud.
Llevan 10 años de atraso.
- ¿Y cuando lo averigüen? - ¿Por qué se opondrían?
Vamos a invertir $100 millones aquí. ¿Nos van a rechazar?
Jamás lo averiguarán. Cambia de título a cada rato.
Por ejemplo, de ejecutivo del casino a director de bebidas.
Así, cada vez colocan tu solicitud debajo del montón.
Hay gente que ha trabajado 30 años sin licencia.
Es difícil, Andy.
- Si aceptara, tendría que ser a mi manera. - De acuerdo.
En serio. Sin interferencias.
Nadie interferirá con tu casino.
Te lo aseguro.
Así fue como consiguieron a Ace.
Lo querían porque Ace vivía y soñaba para el juego.
Hasta le inventaron un título.
Director de Relaciones Públicas.
Pero lo único que dirigió fue el casino.
Tenía 15 años cuando apostó por primera vez y jamás perdió plata.
No apostaba como nosotros, para divertirse y esas mierdas.
¿Dónde aprendiste a trabajar?
Apostaba como un neurocirujano.
Coloca bien las fichas. Así es como se debe hacer.
Tenía que saberlo todo.
Averiguaba lo que nadie más sabía...
y a eso le apostaba.
Desde aquel entonces, hace años,
cuando nos conocimos...
HACE AÑOS
él sabía si el defensa usaba coca...
A Columbia, $20.
...o si había preñado a la novia.
Calculaba la fuerza del viento para determinar los goles.
Sabía cómo rebotaba la pelota...
de acuerdo con las diferentes tablas.
Pasaba día y noche calculando esas mierdas.
Si le apostaba a algo, se lo conocía a fondo.
Ace apostó 6. Apuéstale 6.
Temporada tras temporada, el cabrón siempre ganaba.
Pero lo tomaba muy en serio, nada lo divertía.
Bueno, así era él.
En aquel entonces, a los jefes no les importaba si se divertía o no.
Para ellos, era una caja registradora.
Cuando sonaba el timbre, sacaban el dinero.
Sobre todo Remo, un jugador vicioso que siempre perdía.
¡Qué suerte!
Es decir, cuando no le apostaba Ace.
¡Ya es suficiente!
Con Ace ganaban más plata en un fin de semana...
que conmigo en un mes.
Ace le decía a Remo todo lo que averiguaba.
Boxeadores vendidos, caballos drogados...
árbitros tramposos, partidos arreglados.
Se lo contaba todo.
Y francamente, no lo culpo.
El mejor seguro del mundo era tener a Remo ganando plata y feliz.
¡Hijo de puta!
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