لومړۍ 200 کرښې.
¿Recordáis, niños, cuando os conté
que nuestro Señor subió a la montaña y habló con el pueblo?
Y dijo: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
¿Y cuándo dijo que el rey Salomón, con toda su gloria,
no era tan hermoso como los lirios del campo?
Y sé que no olvidaréis esto: «No juzguéis y no seréis juzgados»,
porque ya os lo he explicado.
Y nuestro Señor añadió:
«Guardaos de los falsos profetas,
que acuden a vosotros con piel de cordero
mas por dentro son fieros como lobos».
«Por sus frutos los conoceréis».
5, 10, 15, 20, 25, 30, 35, 40,
45, 50, 55, 60, 65, 70,
75, 80, 85, 90, 95, 100!
Allá voy, estéis listos o no.
¿Qué ocurre?
«No puede árbol bueno dar malos frutos,
ni árbol corrompido dar frutos buenos».
«Por sus frutos, pues, los conoceréis».
Bueno, ¿qué va a ser ahora, Señor?
¿Otra viuda?
¿Cuántas van? ¿Seis?
¿Doce?
Me falla la memoria.
Tú mandas, Señor. Voy hacia allí.
Tú siempre me envías dinero para seguir predicando tu palabra.
Una viuda con un pequeño fajo de billetes escondido en un azucarero.
Señor, estoy muy cansado.
A veces me pregunto si de verdad me entiendes.
No es que te importe que mate. Tu libro está lleno de muertes.
Pero hay cosas que odias de verdad, Señor.
Cosas que huelen a perfume.
Cosas con encaje. Cosas con pelo rizado.
ODIO
Hay demasiados.
No puedes matar a todo el mundo.
¿Conduce usted un coche con matrícula de Moundsville?
Harry Powell, por el robo de ese coche,
pasará 30 días en la penitenciaría de Moundsville.
- Predicador Harry Powell. - Un ladrón en semejante lugar.
¿Eso es un hombre de Dios? Harry Powell.
Sostén a la Srta. Jenny.
Quieta, Srta. Jenny.
Ya está. ¿Ves como no era tan difícil?
¡Papá!
- ¿Dónde está mamá? - De compras.
Estás sangrando, papá.
Hemos de esconder este dinero antes de que lleguen. Hay casi 10000 dólares.
¿Dónde? ¿Bajo una piedra de la chimenea? No, no.
Bajo los ladrillos del cenador. No, no. Cavarían y lo encontrarían.
¡Claro! Ése es el sitio.
- Es él. - Puede que aún vaya armado.
Escucha, hijo. Debes jurarlo. Jurar es como prometer.
Primero, jura que cuidarás de Pearl. Protégela con tu vida.
Luego jura que no le dirás a nadie dónde está el dinero. Ni a tu madre.
- Sí, papá. - ¿Entendido?
- ¿Ni siquiera a mamá? - Tienes sentido común y ella no.
Cuando crezcas, ese dinero será tuyo.
Ahora ponte firme. Levanta la mano derecha.
- Jura. Protegeré a Pearl con mi vida. - Protegeré a Pearl con mi vida.
- Y jamás diré dónde está el dinero. - Y jamás diré dónde está el dinero.
Tú también, Pearl. Júralo.
Ben Harper.
Ahora he de irme, hijos. Adiós.
Tira la pistola. No queremos herir a los niños.
Recuerda lo que has jurado, hijo. Recuérdalo.
No.
¡No!
Papá.
Ben Harper, este tribunal ha decidido
que, por el asesinato de Ed Smiley y Corey South,
será colgado por el cuello hasta que muera.
Que Dios se apiade de su alma.
Os la he jugado a todos.
Ninguno de vosotros me hará decirlo.
¿Dónde, Ben? ¿Dónde?
¿Dónde?
Y un tierno infante les guiará.
Vamos, chico. Dímelo.
¡Ben! Soy hombre de Dios.
- Haciendo que lo diga en sueños. - No, Ben. No.
¿Qué he dicho?
Citabas las escrituras, Ben.
Has dicho: «Y un tierno infante les guiará».
Mataste a dos hombres, Ben Harper.
Así es, predicador. Atraqué aquel banco
porque me cansé de ver niños vagando por el bosque sin comida.
Niños vagando por las carreteras en este año de depresión.
Niños durmiendo en desguaces, en coches viejos abandonados.
Me prometí que jamás vería a mis hijos pasar por eso.
Con esos 10.000 dólares construiría un templo
que haría que el de la isla de Wheeling pareciera un corral.
¿Y habría caramelos para los niños?
Piénsalo, Ben. Con ese oro maldito y ensangrentado.
¿Cómo has podido esconder esa navaja entre las mantas?
«El Señor cegó a mis enemigos cuando me trajeron a este lugar de maldad».
La pasé a escondidas delante de las narices de los guardianes.
«Yo no traigo la paz,
- sino la espada». - ¿Tú, predicador?
La espada me ha servido para atravesar muchos momentos de maldad.
¿Qué religión profesas, predicador?
La religión que hemos decidido entre el Todopoderoso y yo.
¡Sí, claro!
La salvación espera en el último momento, chico.
Sigue hablando, predicador.
Si con el dinero se hace la voluntad del Señor,
- puede que Él te dé la mano. - Sigue hablando, predicador.
Y, ¿no piensas que el Señor cambiaría de opinión si tú...?
AMOR
Señor, estoy seguro de que sabías bien lo que hacías
cuando me pusiste en esta celda, en este preciso instante.
Un hombre con 10000 dólares ocultos, y una mujer a punto de quedar viuda.
- ¿Algún problema? - No.
Un tipo frío, ese Harper. No se rendía.
Seguía vivo. Daba patadas.
- Dicen que deja esposa y dos hijos. - No lo sabía.
- Nunca dijo nada del dinero. - No.
¿Qué crees que haría con él?
Se llevó el secreto con él cuando abrí la trampilla.
¿Eres tú, Bart? La cena está esperando.
Mamá, a veces pienso que sería mejor que dejara ese trabajo de guardián.
Siempre te pones así cuando ahorcan a alguien. No deberías estar presente.
A veces me gustaría volver a la mina.
¿Y dejarme viuda después de una explosión como la del 24?
Ni se te ocurra, viejo amigo.
Cuelga, colgad, colgado,
Ved lo que ha hecho el ahorcado,
Ved lo que ha hecho el ahorcado.
Colgad, colgado, cuelga,
Ved cómo baila la cuerda.
Cuelga, colgad, colgado,
Mi canción ha terminado.
¿Vas a comprártelo, John?
Así que vuestra mamá no os lleva al colegio.
¿Cómo está vuestra pobre madre?
Está en la heladería de Spoon.
¿Se ha sabido lo que hizo vuestro padre con todo el dinero que robó?
Pearl y yo tenemos que irnos.
- No deberías cantar eso. - ¿Por qué?
Eres demasiado pequeña.
¿Podemos comer caramelos?
No.
Willa Harper, hay cosas en la vida que son tan claras
como que dos y dos son cuatro, y esta es una de ellas.
Ninguna mujer puede criar a dos niños ella sola.
- El Señor dice que es cosa de dos. - lcey, no quiero casarme.
No es cuestión de querer o no querer.
Tienes dos hijos pequeños.
Lo que necesitas es un hombre en la casa, Willa Harper.
Cuéntame un cuento, John.
Érase una vez...
un rey muy rico que tenía un hijo y una hija.
Y vivían todos en un castillo en África.
Y entonces, un día, al rey se lo llevaron unos hombres malos.
Pero antes, le dijo a su hijo que matara a quien intentara robar su oro.
Y al poco tiempo, los hombres malos volvieron y...
Es solo un hombre.
A dormir, Pearl. Buenas noches y que no te lleve el hombre del saco.
Buenas noches, Srta. Jenny. Que no te lleve el hombre del saco.
Ya no para en este embarcadero, pero aún toca la sirena al pasar.
Pasa y tómate una taza de café, hijo.
Nadie ha robado la barca de papá.
Y nadie lo hará, mientras el tío Birdie ande por aquí.
El primer día que me encuentre ágil, la sacaré del agua y la calafatearé.
- Hace tiempo que no te veo, hijo. - He estado cuidando de Pearl.
Hay que ver lo que la mujer carga a espaldas del hombre si él se descuida.
Perdona, chaval, voy a... endulzarme el café.
Lleva muerta 25 años y jamás me quita la vista de encima.
Un hombre de mi edad necesita un trago por la mañana, para calentar motores.
Claro.
Estuve hablando con un forastero en la pensión. Conocía a tu padre.
- ¿De qué? - No te lo voy a ocultar.
Lo conoció en la penitenciaría de Moundsville.
- Tengo que irme, tío Birdie. - ¡Pero si acabas de llegar, hijo!
Le dije a mamá que iría a la heladería a recoger a Pearl.
Dios elige caminos misteriosos para realizar sus designios.
Sí, yo estuve con el hermano Harper hasta el final.
Ahora que ya no trabajo en la penitenciaría,
es un placer venir a consolar a sus seres queridos.
Hay que ser muy bueno para desviarse de su camino
y venir a dar ánimo a una viuda acongojada.
¿Ya no trabaja para el estado?
No, hermano, dimití ayer.
El espectáculo desolador de aquellos pobres hombres era demasiado para mí.
Veo, muchacho, que te has fijado en mis dedos.
¿Quieres que te cuente la historia de la mano derecha y la izquierda?
La historia del bien y del mal.
O-D-l-O.
Fue la mano izquierda
de Caín la que dio el golpe que acabó con su hermano.
A-M-O-R.
Estos dedos, queridos amigos, tienen venas que atraviesan el alma humana.
La mano derecha, amigos. La mano del amor.
Ahora, os mostraré la historia de la vida.
Estos dedos están siempre enfrentados unos contra otros.
Ahora observadlos.
La vieja mano izquierda.
¡El odio está luchando!
Y parece que el amor va a perder.
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