As primeiras 200 linhas.
Es increíble.
Nunca dejé que a mi familia le faltara nada de nada.
A veces no podía estar presente pero, incluso entonces,
dejaba todo organizado para que no me necesitaran.
Ni siquiera fui infiel.
Quizá con el pensamiento, nada más. A los niños nunca les faltó nada.
Siempre me piden el curso de no sé qué, un dron, una táblet.
Les doy todo lo que quieren. Nunca paro. Por Dios.
Me llaman para pedir donaciones.
No sé ni adónde va el dinero. Es todo automático.
Es importante que entiendan que, si yo no soy un buen tipo,
no soy un buen padre
ni soy un buen marido, el concepto de "bueno" está mal.
¡Agua!
Es importante que todos entiendan, en mi legítima defensa,
que estoy viviendo un momento muy difícil.
BIENVENIDOS
EL TURNO DEL PAPÁ
Qué bien. Genial.
- Hola, panqueca. ¿Cómo estás? - Hola, amor.
Disculpe, señor. Lamento molestarlo.
- Vigila los sándwiches. - Sí.
Son para los niños.
Superfácil. Cuando se enciende la luz verde, ya están.
- Sí, amor. - ¿Sí?
¡Mamá, qué pesada eres! Siempre apagas el aire acondicionado.
- Hace calor. - Mamá, ¿dónde está mi dron?
- Cerca de mi armario. - No. El dron salió volando.
Nadie sabe dónde está. Es hora de desayunar.
¿Estás criando bien a tu hija?
- Se despertó Tom Tom. - Hola, cariño. Buen día.
¿No me vas a saludar?
- Buen día. - Genial.
No hay otra cosa más que sándwiches. Y papá los dejó quemar.
Cariño, estoy ocupado. No puedo hacer todo a la vez.
- Ma, no hay más granola. - Espera.
El queso está aguado.
- Espera. - La mantequilla está dura.
Espera.
Amor, ya que eres mi abogada, ¿me ayudas con este contrato?
Debo organizarme antes de ir a trabajar.
Son las cláusulas 146, 147 y 148. Y la 3 y la 1. No las entiendo.
Quiero llegar preparado.
- ¿Me ayudas con el contrato? - ¿Qué?
Es una empresa gigante. Puedes pedirle ayuda a un abogado.
Sí, Vicente podría ayudarme,
pero ¿quién lo necesita cuando tengo a la mejor abogada en casa?
- Exabogada. - Nunca se deja de serlo.
- Hay partes complicadas. Creo que… - Amor, te diré una cosa.
Más me demoro, peor se pone el tráfico.
Si llevaras a los niños a la escuela, lo sabrías, pero no es el caso.
Muéstrale a mami. Date vuelta. Mira cómo…
- Irá mejorando. - Aquí.
¡No puedo ayudarte ahora!
Tengo que peinarla. Por Dios.
- Mami te peinará de nuevo. - No lo olvidaré.
Esta vez quedará más bonito.
¡Vamos! ¡Llegamos tarde!
- En serio, ahora no. - Pero…
No puede ser. Buen día, Simone.
- ¿El señor Fred sigue aquí? - Sí. Escucha.
Ayer fui al mercado. Compré chayote, calabacín…
Las batatas estaban horribles. ¿Qué tal un arroz con brócoli?
¡Vamos, niños!
- Vamos. Eso es. - Buen día.
- Vamos a la escuela. Ve con João. - Tom Tom.
- Adiós, Simone. - Voy a llevar a los niños.
Simone, ¿te lastimaste? Estás cojeando. ¿Qué te pasó?
No, es que tengo una pierna más corta que la otra.
- ¿Desde cuándo? - Desde que nací.
¿Sabes qué harán hoy en la escuela? Es el día de…
Fred, hace siete años que Simone está con nosotros.
Por si no te quedó claro, no notaste la cojera en siete años.
¿Ves? Ayuda a este despistado. No entiendo lo que dice el contrato.
- Rápido, dámelo. - Gracias.
Vamos.
- ¿Todos se pusieron el cinturón? - Sí.
- Vamos. - Sí.
Chau, papá.
- Besos, papá. - Chau.
Vamos.
¡BIENVENIDOS! CASA DEL CONEJO
- Hola. - Sí.
- Ya sé todo. - Idiota.
Vete. No quiero hablar contigo.
Sí, me formé en Cambridge. Soy el mejor.
¿En Cambridge?
Habla inglés, francés, todo al mismo tiempo.
Idiota.
"Soy el mejor de Cambridge".
- Buen día. - Buen día.
- Buen día, señor Fred. - Buen día, Beth.
El café está horrible. Hoy me salió mal.
Dices "buen día", pero arruinas el día justo después.
Tómelo rápido. Ya vienen los directivos.
Qué bien.
…aprovechen nuestras ofertas exclusivas.
- Estas cosas me sacan de quicio. - Lo vamos a resolver.
Matheus.
Claro que el inodoro puede ser arte. Depende de…
- Buen día, Fred. - Buen día.
- Sr. Pontes, buen día. - Hola.
Buen día, Dante. Qué bueno verte. ¿Todo bien?
Matheus debe mostrarte una cosa. Adelante.
Las cámaras de seguridad captaron a una empleada de limpieza.
¿Qué robó?
Tornillos. Tres unidades.
- ¿Tres cajas? - No.
- Tres tornillos. - Bueno.
Pensé que…
Es una situación delicada.
Alguien roba, pero roba tres unidades.
- Sí. - ¿Qué hacemos con esa persona?
¿Qué hacemos?
Es un robo menor, nada grave, ¿no?
Es complicado. Para ser justos, deberíamos darle una advertencia.
- Sí. - Que sirva de aviso para ella.
Y para toda la empresa.
- ¿No? - Puede ser.
¿Cómo?
¿Una advertencia? Hoy son tres tornillos. Mañana es un asalto a mano armada.
- ¿Un asalto? - Sí, es cierto.
- ¿Sí? - Sí.
Sí. No, claro que sí.
Hay que predicar con el ejemplo desde arriba.
Desde arriba. Les propongo algo.
La suspendemos tres días para que reflexione.
- Claro. - ¿No?
Tres días. Uno por cada tornillo.
Me parece que minimizas el delito, Fred.
- Tal vez. - ¿Yo?
- Sí. - No…
Pensaba en tres días por cada tornillo.
No me dejaste terminar la idea.
Tres días por cada tornillo. O sea, nueve. Redondeemos a diez.
Sí. Tiene sentido.
Para mí, esa empleada debería pagar todo el stock de tornillos.
Vaya.
¿Ves? Estoy de acuerdo.
A ver. Paremos un momento.
Seamos racionales. Noto algo que es muy común.
La emoción le gana a la razón. Suficiente. Despidamos a la empleada.
Estoy de acuerdo. No dejemos que la emoción nuble la razón.
- Exacto. - Muy bien, Fred.
Aquí están los papeles de despido para firmar. Asunto resuelto.
No traje mi bolígrafo. Es que…
Usa el mío.
Matheus.
- Qué fuerte. - ¿Y eso?
- Innecesario. - Al menos es martes de dos por uno.
- Sí. - Dos cervezas para mí.
Me darán dos al precio de una. Y no voy a compartir.
- ¿Por qué tan egoísta? - ¿Egoísta?
¿No ves lo que me pasa, lo que me hace Dante?
- Parece un villano de novela. - No, ese es el señor Pontes.
- Dante es un lamebotas. - Entonces, hay dos villanos.
- Dos dolores de cabeza. - Sí.
Qué bueno que hay dos cervezas al precio de una,
porque lo necesitamos y lo merecemos.
Sí. Llegarás a casa viendo doble.
- Por nosotros. - Y nuestras decisiones.
- Y los seres queridos. - Por ellos.
Gracias, Marconi. Te lo agradezco, amigo.
Ser adulto es horrible.
Pensamos que sería más fácil, ¿no?
Roberta es la afortunada. Está en casa, disfrutando con ellos.
¿No? Qué suerte.
¡Clarice! Ya te dije que dejaras de hacer eso.
Ma, ya fue el turno de João de ver la TV.
Te pedí cinco minutos más, mamá. ¿Puedes dejar de molestar?
- Tengo hambre. - Yo igual.
Tengo solo dos manos y estoy con tu hermano.
- ¿Y papá? - Que traiga pizza.
Hoy es martes y papá se va de fiesta.
No volverá hasta las diez.
- No. - ¡Dame el control, João!
- ¡Cinco minutos! - ¡Dámelo!
- Soy el mayor. - No me darías cinco minutos.
Hablando de cosas en las que no dejo de pensar…
Es igual a ti, pero en versión mejorada.
¡Aquí está!
- ¿Llamamos a los niños? - Basta, amigo.
¿Quién los dejó quedarse despiertos hasta tan tarde?
Ni Tom Tom se durmió.
Se durmió recién. Más les vale no despertarlo.
Apaga la TV ya.
João está tocando la guitarra y no dices nada.
Porque te estoy regañando a ti.
A João ya le tengo preparado lo suyo y ahora será el turno de él.
Se acabó. Deja esa guitarra.
¡Mamá! ¿No ves que estoy jugando?
- Quería ver la tele. - ¡Yo tenía el control!
- ¡Yo quería! - Si no pido…
¡Basta!
¡Se acabó!
Basta de zombis. Basta de guitarra.
¡Basta de todo! Se acabó. ¡Es el apocalipsis!
¡Yo misma voy a desatar el apocalipsis en esta casa! ¡Basta!
¿Qué pasa, amor?
Esta no es la Roberta que conozco.
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