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NORTEAMÉRICA TERRITORIO DE MINNESOTA 1850
Ya no quiero balancearme más, ni en la tierra ni en el mar.
Pronto estaremos en casa.
COLONO KARL OSKAR NILSSON NORTEAMÉRICA
¿Qué hubiera pasado sin mi buey?
- ¿Aún no hemos llegado? - Ya falta poco.
No me consultaste antes de escoger un lugar tan alejado.
- ¿Las rocas están calientes? - Un poco.
No vamos a continuar. Podrían hacernos daño si nos ven.
Anders dice que los salvajes no son tan agresivos.
Tú no podías venir, Kristina, así que tuve que elegirlo yo.
- Son las mejores tierras de Norteamérica. - Las que están más lejos.
Para un lugar como éste, ningún camino puede ser demasiado largo.
No creas que voy a aceptar cualquier cosa que hagas.
- Confía en mí, Kristina. - Nunca pides la opinión de nadie.
Algunas veces he pedido tu opinión, ¿no?
Algunas veces. Pero luego haces lo que te da la gana.
Aquí la tierra es fácil de cultivar.
Es un lugar estupendo, Karl Oskar.
¿Has visto allí? ¿Puedes ver la cabaña allí arriba?
Sólo es una pequeña cabaña.
Pero nos albergará hasta que tengamos nuestra casa.
Empezaremos como campesinos...
aunque tengamos más y mejores tierras que los terratenientes en Suecia.
Mira esto, Kristina.
¿Has visto? Y es igual de profundo en todas partes. Aquí crecerá buen pan.
LOS COLONOS
¿Karl Oskar?
Tenemos que comprar una vaca para tener leche en el invierno.
Debería habértelo dicho antes. No tenemos nada para comprar la vaca.
¿Nada? ¿Tan mal estamos?
Todo es increíblemente caro. Sólo he comprado lo indispensable.
¿La vaca no es tan necesaria como otras cosas?
No tanto como la casa.
Pero todo el invierno... ¿Crees que los niños llegarán a la primavera sin leche?
¿No hay otra solución?
¿Cómo podemos comprar algo sin dinero?
- ¿Es que viene ya el invierno? - No puede venir tan de repente.
¿Tendrás la casa lista a tiempo?
La próxima vez la haré más grande. Y cortaré la madera por ambos lados.
¡Allá vamos! Uno, dos, tres... ¡Ahora!
¡Qué demonios...! ¿Has encontrado una vaca en el camino?
Os prestamos a Lady para el invierno. Nosotros sólo necesitamos una vaca.
La vaca tiene sus años, pero es grande y da mucha leche.
- Ahora se ha atascado. - ¿Te has atascado?
Por tu culpa, Karl Oskar.
Lo has cortado demasiado estrecho para una mujer adulta.
Deberías saber que las mujeres tenemos las caderas más anchas que los hombres.
Dios nos hizo para acostarnos sobre nuestra espalda...
y así poder cumplir su mandamiento de poblar el mundo.
Sin duda, Ulrika puede hacer gachas. Es el tipo de mujer que uno debería tener.
Tú ya tienes una mujer.
Las indias no saben cocinar para los cerdos.
Sólo es buena en la cama.
Ella es un poco estrecha ahí abajo, pero todas las indias son así.
Sí, brindemos por eso.
El licor americano es bueno y fuerte, pero parece orina de vaca.
Ven y échame una mano.
- ¿Puedes guardar un secreto, Arvid? - Sabes que mis labios están sellados.
- Me iré de aquí en cuanto pueda. - ¿Vas a abandonar a tu hermano?
Karl Oskar no está a cargo de mí. Voy a buscar oro.
- Nunca habías dicho nada. - Esas cosas se mantienen en secreto.
Pero no tenía planeado irme solo. Esperaba que tú te vinieras conmigo.
¿Te vienes?
- ¿No habrá que cruzar ningún océano? - No.
Hay trovadores que no son malos, tocando una y otra vez.
La mandíbula de Gusten mastica el ritmo, Janne aprieta con fuerza y sonido.
Tu armónica favorita suena como un caballo en celo.
Lena vuela como un pájaro en el cielo y sus piernas seguro que no son de plomo.
Si tuviera una chica en mi dormitorio sonaría como una taladradora.
Las faldas revolotean bellamente al son de la canción de Jane y Gusten.
Y un día de un maravilloso azul vemos al sol ponerse detrás de las montañas.
El cielo nocturno rosa y púrpura se cierne sobre Finnbäcksby.
En cuanto arreglemos el camino ya no parecerá que estamos tan alejados.
¿Nadie se arrepiente de haber emigrado?
¿Nadie se arrepiente de haber emigrado?
¿Arrepentirnos de venir a un país donde nos tratan como a seres humanos?
Ni hablar, antes yo sólo era un trozo de carne picada.
En casa piensan que Suecia es el mundo entero. Por eso están tan engreídos.
¡Ese nido del demonio!
Si sales una mañana y te tiras un pedo...
la gente te seguiría hasta que todo el condado se enterara.
Queríamos trasladarnos aquí.
No debemos lamentarlo ni tener miedo.
Lo que lamento es no haber venido hace seis años.
Nadie me hará abandonar este lugar, tan seguro como que estoy sentado aquí.
- ¿Kristina? - ¿Qué te pasa, Kristina?
Perdóname, por favor.
Siéntate y toma un trago.
No puedo evitarlo. Se me pasará pronto.
Te digo que nuestra próxima casa...
Nuestra próxima casa aquí, en Ki-Chi-Saga, será otra cosa.
Karl Oskar odia a los indios.
Pero son lo bastante listos como para no ir excavando el suelo al azar.
¿Hey, Robert? Ese oro, ¿dónde decías que estaba?
En California.
Quiero decir si sabes exactamente dónde está.
No lo sé con precisión. Iremos allí y pediremos ayuda.
¿Está diseminado por todas partes o concentrado en un solo lugar?
Por todas partes.
- Me pregunto qué dirá Danjel. - ¿Es que no eres libre?
Claro que sí, pero él pagó mi pasaje.
Cuando volvamos le darás tanto dinero que podrá pasar el resto de su vida viajando.
¡Fuera! ¡Sal de aquí!
¡Karl Oskar! ¡Karl Oskar!
Dios mío, ha sido horrible.
¡Oh!
- ¿Seguro que no es grave? - Se me pasará.
- Pero te duele mucho. - Se pasará.
Ha llegado el momento.
- ¿Estás segura? - No puede ser otra cosa.
- ¿No es demasiado pronto? - 14 días. ¡No lo he decidido yo!
- Tenemos que conseguir ayuda. - Busca a Ulrika.
Se lo pedí cuando estábamos viajando.
Ulrika.
Vamos, pequeña Kristina.
Ayúdame.
- ¿Se va a morir mamá? - No hay de qué preocuparse, Johan.
No hay de qué preocuparse. Mamá se pondrá bien en cuanto llueva.
¡Ya se ve la cabeza!
¡Sujétala con fuerza, Karl Oskar!
¡Sujétame!
Es un varón. Se parece a su padre entre las piernas.
Pásame las tijeras, Karl Oskar.
Fue engendrado en Suecia.
Vamos a rezarle al Señor para que cuide de él...
y eso no le causará un daño irreparable.
Será un auténtico americano.
Toma, Karl Oskar. Es un niño grande.
Saluda a tu madre.
Vamos a celebrar el nacimiento, Kristina.
Yo te bautizo, Nils Oskar Danjel...
en el nombre del Padre, del Hijo...
y del Espíritu Santo. Amén.
Oremos.
¡Karl Oskar! ¡He matado a un indio!
- ¿De qué estás hablando? Estás mintiendo. - ¡No!
Creo que se cayó. Él disparó primero.
Si has matado a un indio nos has traído la desgracia. ¿Dónde estaba?
- Debajo del precipicio grande. - Ven y enséñamelo.
¡Allí!
- ¿Te estaba disparando flechas o qué? - Sí, muchas flechas.
Lleva muerto varias semanas. No ha podido dispararte.
Es verdad, Karl Oskar. ¡Lo juro!
Habrá sido otro indio en otro árbol. Podía oír las flechas volando.
Oíste el disparo sólo en un oído. Yo sé lo que esto significa.
Cuando la tierra está congelada los indios no pueden enterrar a sus muertos.
- ¡Te lo juro! - Estás mintiendo. ¡Reconócelo!
- No voy a reconocer nada. - ¿Ahora te crees tus propias mentiras?
Al final nadie creerá nada de lo que digas.
No estás a cargo de mí. No eres mi padre.
Soy tu hermano mayor.
Bueno... ésta era la última. A partir de ahora no tendremos pan.
¿No podríamos pedirle a Danjel que nos preste un saco de harina?
Aún le debemos al banco, pero supongo que no tenemos elección.
Pronto habrá una boca menos que alimentar.
¿Qué?
Me marcho. Voy a buscar oro en California.
- ¿Y qué vas a hacer allí exactamente? - Buscar oro excavando, claro.
- ¡Excavando! - Arvid también se viene.
No puedes irte. ¡No lo permitiré!
En América los hombres son libres. Nos iremos este otoño.
Trabajaremos en el barco que va a St. Louis, y después seguiremos por tierra.
Aún no puedes decidir. Sólo tienes 18 años.
Tú tenías sólo catorce cuando te fuiste de casa.
Eso fue en Suecia. Era diferente.
Tomaste tu decisión con 14 años. ¿Por qué no puedo hacerlo yo con 18?
No puedes detenerme. Cuando se funda el hielo nos iremos.
- No me des tus últimos dólares. - Podrías necesitarlos.
Sólo en caso de que no encuentres tanto oro como tú piensas.
Aquí está la harina, Sr. Nelson.
Lo siento, no es suficiente. Faltan veinte céntimos.
¿No los tiene? Bueno... Lo siento.
Jarabe de arce... ¿Está bien?
Sí, está bien.
- ¿Carta para mí? - Lo siento. No hemos recibido cartas.
¿Samuel Nöjd te ha pedido que te cases con él?
Sí, es verdad. Nöjd me lo ha pedido.
Él también. ¿Y qué le respondiste?
Lo mismo que al Sr. Månsson y al Sr. Abbott.
Me pregunto quién terminará siendo tu marido.
A mí no me preocupa, Kristina.
Me voy con Danjel a Stillwater. Ha sucedido un milagro.
Voy a convertirme en Bautista y mi marido será quien me bautice.
¿Qué diablos?
Voy a casarme con el reverendo Jackson en Stillwater. ¡Es un milagro!
¡Kristina, no puedo explicarlo! No puedo decir nada más.
Querida Ulrika. Me sorprendes. No deberías estar triste.
No estoy triste. ¡Soy feliz!
- No podrías desear un marido mejor. - ¡Es un milagro!
Date la vuelta y cierra los ojos. No los abras
hasta que yo te diga. ¡Cierra los ojos!
Ya puedes mirar.
¡No...!
- Tienes que probártelo, Kristina. - ¡No, no!
Estás más guapa que la más grande dama de la nobleza.
Aquí tiene, Sr. Nelson. Son 15 centavos.
- Así es. 15 centavos. - ¿Qué quiere decir...?
Son 15 centavos por el franqueo.
¿Yo? ¿15?
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