The first 200 lines.
- Buenas noches, Sr. Nobbs. - Srta. Dawes.
- Buenas noches, Albert. - Sra. Baker, señora.
Muy bien, chicas.
Que no hayan huellas en las hojas de los cuchillos, por favor.
¿Qué?
Bueno, Helen Dawes, ¿de qué te ríes?
De nada, Sra. Baker. Perdón, Sra. Baker.
Buenas noches, Sr. y Sra. Moore. Su mesa les espera.
Gracias.
Qué lindas rosas, Nobbs. Siempre se acuerda.
Señora.
- Dama. - Buenas noches, Sra. Baker.
Qué hombrecito tan amable.
- ¿Quién? - Nobbs.
Ah, claro.
- Se ve espectacular. - Gracias.
¿Qué prefieres, cordero o res?
¿Crees que seamos capaces de notar la diferencia?
Buenas noches.
Dr. Holloran.
Sígame.
Ahí.
Gracias.
Le recomiendo cordero, Dr. Holloran. Se deshace en su boca.
Cordero, entonces, Duquesa.
Sean, el Dr. Holloran tendrá el cordero.
Sí, señora.
- ¿Tomará sopa? - No, gracias.
Sean.
- Hay una mancha en su corbata. - ¿Señora?
Tenga cuidado, Sean.
La semana pasada fue el saco, esta noche la corbata.
- Sí, señora. Lo lamento. - Recuerde que hay cientos,
cientos de jóvenes caminando por las calles de Dublín
buscando trabajo.
Hombres jóvenes, Sean.
Buen hombre, Nobbs.
- ¡Ah! Monsieur et Madame. - Madame.
- Mi señoría. - Sra. Baker.
Estoy terriblemente apenado. Lo sé. Llegamos tarde,
mas, ¿podría disculparnos esta vez?
- Estamos realmente hambrientos. - Por supuesto.
Aubrey insistió en que camináramos desde Ballsbridge.
Bueno, mi señora, no hay nada como una buena caminata
para abrir el apetito.
Vamos ya, su mesa está lista y esperando.
Cuénteme, ¿cómo está su madre, la muy apreciada Lady Yarrell?
De maravilla, Sra. B, de maravilla.
Espero que venga y nos visite pronto.
Estará encantada, estoy segura.
Lo siento mucho, querida dama.
No es ninguna molestia, Sr. Smythe-Willard.
De seguro.
Mis amigos, rogamos nos disculpen.
Ahora, las bebidas.
Albert.
Bunny, eres una cabeza de chorlito.
No, no lo es. Es brillante.
Imita a Clara Westfield.
Dudley, Dudley, ¡llama a la brigada!
¡Mi pelo se quema! ¡Mi pelo se quema!
HOTEL MORRISON'S
Fue un largo día, Sr. Nobbs.
Bueno...
No le diría que no a una bebida ahora, de veras que no.
Sólo que no me queda a mí ni una gota.
Buenas noches, Sr. Casey.
Sr. Nobbs.
Media corona de la Sra. Moore,
seis peniques del doctor,
dos peniques...
Monsieur Pigot.
Tres peniques, Sra. Cavendish, cuando le llevé su papelería.
Otros tres peniques del fulano, el amigo del Vizconde.
Diez chelines del Vizconde y otros diez de su esposa.
Dos y seis, y seis y dos son ocho, y tres son once.
Tres es uno y dos, seis es uno y ocho,
seis es dos y dos, viene siendo...
...cuatro chelines, ocho peniques.
HOTEL ARDLANE
Eh, Sr. Gilligan, Señora, un gusto haberles tenido de nuevo con nosotros.
Espero que su estancia haya sido satisfactoria.
Sí, perfectamente bien. Gracias.
- ¡Por Dios, hombre! - ¡Lo lamento, señor!
Mire lo que ha hecho. Arruinó mis botas y dañó mi equipaje.
Nunca había visto tal flagrante incompetencia.
¿Estás bien, querida?
¿Te parece que todo está bien?
¿Dónde está el gerente? ¿Dónde está ese tonto de Sweeney?
Lo lamento mucho, señor.
¡Sí, sí, todo el mundo lo lamenta! Es sorprendente tanta ineptitud.
Limpia el desastre que has hecho con mis botas.
No volveré a ser cliente de este establecimiento
y exhortaré a mis amigos y conocidos a hacerlo mismo,
si mantiene a este hombre empleado aquí.
Sí, Sr. Gilligan, señor.
- Despídalo inmediatamente. - Señor, yo estaba...
- ¡Ahora! - Sí, señor.
Bien.
Denos la mermelada, Sr. Donaghue.
- Es la mermelada. - La mermelada, Patrick.
¿Puede pasarle la mermelada al Sr. Casey?
Siempre los martes, si recuerdo bien.
Gracias, Sr. Nobbs.
- Dios, ¿no es un bombón? - ¿Quién?
El fulano ese, el Vizconde.
Ni se diga que es rico, joven y guapo,
con dinero y tierras.
Es el tipo de hombre que quiero.
Me pondré mi blusa nueva esta noche para darle un vistazo.
¿Le gustaría una sabrosa pechuga de pato, mi señoría?
Rosada y suculenta,
tal como a usted le gusta.
Así es, rebájate.
Tipos como él sólo se aprovechan de una joven
y la dejan tirada y seca.
Quizá tirada pero no diría seca.
Bueno, niñas, dejen ya este chismorreo
y coman su desayuno, por favor.
No es ningún problema.
- Buenos días a todos. - Buenos días.
Alguien no me trajo mi té matutino.
Ah.
Tendré que presentarle una queja a la Sra. Baker.
Buenos días, Nobbs.
Doctor.
¿Sabía que tenemos hospedados a un señor y a una dama?
No me diga.
¿Qué cree? ¿Alguna posibilidad?
Lo lamento, aquí no hay nada.
Estuve dos años en el Ardlane.
- Quizá deberías haberte quedado ahí. - Bueno, ¿hay algún...?
- Buenos días, Nobbs. - Hola, Nobbs.
Señora Milly. Señor George.
Bunny, desayuno.
¿Despertaremos a las chicas?
Ese sombrero es muy importante. Ten cuidado con él.
Katie, que esas sábanas queden lindas y limpias, buena chica.
Oye, ¿eres tú el hombre del caldero para nosotros?
Soy el hombre del caldero.
Bueno, te tomaste una eternidad en llegar.
La Sra. Baker está esperando adentro. Vamos adentro. Sígueme.
Sra. Baker, señora.
Albert, el Sr. Hubert Page trabajará por la mañana
y ha venido y nos ha pedido una cama
así que le he dicho que puede quedarse en su habitación por una noche.
¿Con... conmigo, señora?
Sí, Sr. Nobbs. Con usted.
- Pero... - ¿Qué?
¿Qué intenta decirme?
Mi cama está llena de bultos.
¿Llena de bultos?
Rellenamos y arreglamos su cama hace sólo seis meses.
¿De qué está hablando?
Así fue, señora, así fue.
Pero es que tengo el sueño muy ligero,
y el hecho que no duermo podría despertar al Sr. Page.
Pienso que sería mejor que durmiera en el sofá de la sala del café.
¿En el sofá de la sala del café?
No quisiera causar inconvenientes. Es una noche bonita.
Me mantendré calientito con una buena caminata.
No hará tal cosa, Sr. Page.
Por supuesto, Sra. Baker.
Si al Sr. Page no le importa compartir mi cama,
será bienvenido, de seguro.
Eso pienso, por supuesto.
Bien. Asunto arreglado.
Sra. Baker, señora, el hombre del caldero acaba de llegar.
¿Tiene usted una carta de Holmans?
¿Holmans?
¿Los plomeros? No.
Creí que dijo que era de Holmans.
Sí, yo... ¿No le dieron...?
No, para nada. No dije nada acerca de Holmans.
- Creí que dijo que le dieron... - Dije que sé de calderos.
¿Y usted... sabe de calderos?
Así es, señora.
Soy un aprendiz de calderos.
Bueno.
Ya que está aquí, de una vez venga
a echarle un vistazo a esa bendita cosa.
Gracias, Polly.
Gracias, señora.
Ahí. Es la desgracia de nuestras vidas.
Dependo de usted para que lo eche andar.
Tenemos un baile de disfraces mañana
y es de suma importancia que funcione completamente.
Lo haré lo mejor que pueda, señora.
Muy bien entonces.
Buenas noches, Sr. Mackins.
Maldito.
Por Dios.
Eres una mujer.
No me delatará, ¿verdad, Sr. Page?
- Se lo pido de rodillas. - ¡Basta! ¡Levántate!
Se lo ruego.
No me delate, Sr. Page.
Negarle a una pobre mujer ganarse la vida.
¡Será mi fin!
¡No quiero terminar en un asilo!
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