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Más allá del final del viaje
Episodio 32 La tierra natal de otros
Señorita Frieren, ¿cuál le parece mejor?
Cualquiera, son casi lo mismo.
Por cierto, ¿no puedes peinarme antes de irte?
Para. Te pido perdón, ¿sí?
No me hagas trenzas estando enojada.
Si tanto deseas atención, tengamos una cita mañana.
¿Nos vamos?
Sí.
No llevas la ropa de siempre. ¿Por qué?
Porque dijo que era una cita.
Es verdad.
-Vaya susto me llevé. -¿En serio?
¿Eh? ¿Fern siempre ha sido tan linda?
En fin, vamos.
Señor Stark, se ve algo tenso al andar.
Para nada.
¿Qué pasa?
¿Adónde iremos?
Hay un mercado. Vayamos a verlo.
La señorita Frieren lo visitó varias veces, ¿no?
Sí. Los mercados de las ciudades grandes tienen objetos mágicos raros.
Mira qué bien.
Eso explica la montaña de artefactos en la posada.
Cielos.
Puedo imaginarme el desastre.
El otro día durmió bajo un montón de objetos mágicos.
Eso es tan extremo que da miedo.
Así es.
¿Crees que Frieren vuelva a los baños hoy también?
Incluso ella debería empezar a hartarse de los baños.
Sí. Ha ido cada día sin falta.
Y hoy no le até el cabello sobre la cabeza.
Qué maravilla.
Qué lindo peinado te hiciste hoy, pequeña.
Siempre acabamos hablando de la señorita Frieren.
¿Y de qué otra cosa podríamos hablar?
¡Vengan a ver! ¡Les haré un descuento!
¿Quieres comer algo?
No, aún no.
Ya veo…
Mire.
Hay descuentos para las parejas.
Las citas pueden ser rentables, ¿eh?
Dicho así, suena muy frío.
Pero todo luce bastante normal.
Lo extraño sería que fueran objetos mágicos.
Tienes razón.
Ya que estamos en la ciudad, vayamos a ver otros sitios.
-¡Qué bonito! -Me gusta.
-Véndame este, por favor. -Claro.
Gracias.
Son unos tortolitos, ¿eh?
Ya debes tener hambre, ¿no?
Por allá hay puestos con muy buena pinta.
-Toma. -Qué ricos se ven.
-Hay mesas por allá. -Bien.
Cuidado.
¿Estás bien?
Lo siento.
No ha de ser fácil caminar con esos zapatos.
Hay estatuas del señor Himmel en todas las ciudades.
Me gustó la pose del de esta ciudad.
Sí.
Según Frieren, hay más de cien poses en total.
Creo que son demasiadas.
Sí.
Otra vez acabamos hablando de la señorita Frieren.
Qué lugar tan tranquilo.
Y el paisaje es bello.
Pues sí.
Fern, ¿no te divertiste hoy?
Yo no diría eso.
No te vi sonreír una sola vez.
Aunque admito que me gustaron todos los sitios a los que me llevó,
por alguna razón…
no se sintió muy propio de usted.
Esperaba nuestra cita con mucha ilusión.
Lo siento, Fern.
Le pedí a Frieren que me ayudara a elegir.
¿Por qué lo hizo?
Porque quería que te divirtieras.
No quería desperdiciar la cita.
Ya veo.
Ciertamente, la cita de hoy no fue lo que me esperaba, pero…
me hizo muy feliz.
Se esforzó mucho pensando en mí.
Fern…
Qué momento tan tranquilo.
¿No le recuerda a algo esa nube?
Es como los panecillos que comimos.
¡Estaba pensando lo mismo!
Qué curioso, ¿no?
Cuando la guerra me dejó huérfana, nunca pensé que podría relajarme así.
Y que lo digas.
Se lo debo al señor Heiter.
Y yo, a mi maestro.
Nunca serás un guerrero fuerte si eres quisquilloso con la comida.
Oye, maestro.
Dime.
¿Por qué me adoptaste?
Porque es lo que habría hecho el héroe Himmel.
Te veo de buen humor.
¿Te pasó algo bueno?
No.
Tampoco estaba aquí.
Qué problema.
Buscamos en todos los lugares donde nos dijeron que podría estar.
Himmel, ¿por qué sonríes?
Estoy de buen humor porque hoy fue un buen día.
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