200 rreshtat e parë.
Reynolds ha hecho que mis sueños se hagan realidad.
Y yo le he dado a cambio lo que más desea.
¿Y qué es?
Cada parte de mí.
Es muy exigente, ¿no?
Debe de ser difícil estar con él.
Sí.
Tal vez es el hombre más exigente de todos.
- Buenos días. - Buenos días.
- Buenos días. Buenos días. - Buenos días.
Buenos días, señoras.
Buenos días.
- Buenos días. - Buenos días, señora.
Buenos días, señoras.
Buenos días, Biddy.
Buenos días, señor Woodcock.
- Buenos días, Nana. - Buenos días, señor Woodcock.
- Pippa. - Buenos días, señor.
Pruébalos.
Reynolds.
Están muy ricos.
Recuerda lo que te dije, Johanna.
Ya no quiero comer más comida pesada.
No lo sabía.
Debes de habérselo dicho a otra persona.
- Buenos días. - Buenos días, mi vieja camarada.
¿Qué pasa, Reynolds?
No hay algo que pueda decir
para que vuelvas a fijarte en mí,
¿verdad?
No puedo comenzar el día discutiendo, por favor.
Hoy tengo que entregar el vestido
así que no tengo tiempo para una discusión.
Simplemente no tengo tiempo para discusiones.
Buenos días, condesa.
Buenos días, Cyril.
Buenos días, Peter.
¿Quién es esta hermosa desconocida?
Necesito verte mucho más a menudo, Henrietta.
Estoy muy emocionada.
Yo también.
Vamos.
Es exquisito.
¿Sí?
Vamos a destilarlo.
Hermoso trabajo, señoras.
- Muchísimas gracias. - Gracias.
Es hermoso, Reynolds.
Todo lo que hemos pasado ha valido la pena.
Siento que me dará valor.
Damas y caballeros, tomen asiento, por favor.
- Buenas, Stephen. ¿Ya llegó? - Sí, señor.
¿Qué quieres hacer con Johanna?
Es decir, ella es encantadora, pero ya es hora.
Y está engordando...
de pasar su tiempo esperando a que vuelvas a enamorarte de ella.
Le regalaré el vestido October.
Si te parece bien.
Algo me tiene inquieto.
No sé exactamente qué es.
Es solo la sensación de mariposas.
Últimamente me vienen unos recuerdos muy fuertes de mamá
en mis sueños.
Puedo oler su olor.
Tengo la fuerte sensación de que está cerca de nosotros.
Como si se quisiera comunicar con nosotros.
Esperaría de todo corazón que ella viera el vestido esta noche, ¿tú no?
Sí.
Me da consuelo pensar
que los muertos vigilan a los vivos.
Esta idea no me da nada de miedo.
¿Por qué no te vas al pueblo esta noche?
Y mañana te alcanzo.
Buena idea.
Me gusta mucho esta idea.
Mi vieja camarada.
Bien.
¿Señor Hansford?
- ¿Señor Hansford? - Hola.
- Buenos días. - Buenos días.
- Llénelo, por favor. - Enseguida.
Y revise el aceite y los neumáticos.
Muy bien.
Hay una fuerte helada esta mañana.
Hace frío, ¿verdad? Muchísimo frío.
Disculpe.
¿Nos puede traer un poco más de pan, por favor?
Sí.
Aquí tienen.
Gracias.
Buenos días.
Buenos días.
¿Qué quiere pedir?
Pan tostado con queso...
y un huevo poché encima, por favor.
Que no esté muy crudo.
Y tocino...
y unos bollos.
Mantequilla, nata,
mermelada...
...pero no de fresa.
¿No?
¿De frambuesa?
¿Qué más?
¿Café oté?
¿Hay Lapsang?
Un té de Lapsang, por favor.
Buena elección.
Y unas salchichas.
Y unas salchichas.
Déjeme ver.
¿Se va a acordar de todo?
Sí.
Me voy a quedar con esto.
¿Algo más?
¿Quiere cenar conmigo?
Sí.
Para el muchacho con hambre.
Me llamo Alma.
¿Llego tarde?
No.
¿Qué te parece?
Me gusta la salsa.
La crema.
Está muy buena.
¿Me permites, Alma?
Es que me gusta ver con quién hablo.
A ver.
Ya está.
Así estás mejor.
¿Tu madre tiene ojos marrones?
Verdes.
¿Te pareces mucho a ella?
No sé. Creo que sí.
¿Tienes una foto de ella?
Sí.
¿Me la enseñas?
No la tengo aquí. Está en casa.
Llévala contigo.
Siempre lleva a tu madre contigo.
¿Y dónde está la tuya?
Es decir, tu madre.
Aquí en la tela.
¿A qué te refieres?
Puedes coser casi cualquier cosa al crear un abrigo.
Secretos.
Monedas, palabras, mensajes.
Cuando era niño empecé a esconder cosas
en los pliegues de las prendas.
Cosas que solo yo sabía que existían.
Y sobre mi pecho llevo un mechón del pelo de mi madre
para siempre mantenerla cerca de mí.
Era una mujer extraordinaria.
Me enseñó mi oficio.
Así que intento nunca estar sin ella.
Debes de amarla mucho.
Hola.
Ella es Alma.
Saluden a Alma.
- Hola. - Ella es Alma.
Vengan a saludar a Alma.
- Vamos, vamos. - Hola.
¿Le enseñamos la casa, chicos?
Le hice este vestido cuando tenía 16 años.
Es hermoso.
Fue para la boda con su segundo marido.
Mi padre había muerto muchos años antes.
Nuestra niñera, la malvada señorita Blackwood...
la llamábamos La Peste Negra...
por motivos supersticiosos
se negó a ayudarme a hacer el vestido
porque creía que le traería mala suerte, y por lo tanto,
que nunca se casaría.
No es que nadie quisiera casarse con ella.
Y ella nos parecía muy vieja.
No tengo ni idea de cuántos años realmente tenía.
Y era terriblemente fea.
Así que trabajé solo durante meses,
con la espalda encorvada cosiendo y sudando sin parar.
Aun así, la Peste Negra nunca se casó.
Ella me podría haber ayudado mucho.
Al final, fue mi hermana, Cyril, quien me salvó de la situación.
Hay un sinfín de supersticiones
relacionadas con hacer un vestido de novia.
Las jóvenes no quieren tocar los vestidos
por temor a nunca casarse.
Y las modelos no se los quieren probar
por temor a casarse con hombres calvos.
¿Y ahora dónde está el vestido?
No tengo ni idea de lo que le pasó.
Ni idea.
Seguramente se ha convertido en polvo
y se ha hecho pedazos.
¿Y tu hermana?
¿Mi hermana qué?
¿Se casó?
No.
Vamos, chicos. Vamos a encender la chimenea.
Si quieres hacer una contienda de miradas,
vas a acabar perdiendo.
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