Mistari 200 ya kwanza.
Demonios.
Que tenga un buen día.
Buenos días, padre.
Un año excelente para las mariposas.
Es difícil de creer,
pero justo hace un día, en este mismo sitio,
vi una Vanessa atalanta.
Se me escapó, claro. Como la mayoría de las cosas
¿Admirando nuestro castillo Ornstein?
¿Quién vive en él?
Los últimos que aún pueden permitirse vivir en sus castillos.
La condesa Ornstein
está en la casa de campo.
Y apenas puede mantenerla, pobrecita.
Recuerdo los tiempos antes de la guerra,
pero el conde aún vivía.
Estos son los malos nuevos tiempos.
Así los llamo yo,
los malos nuevos tiempos.
Cuando era un chiquillo,
mi abuela me compró un libro ilustrado.
En él había un castillo,
justo como ese.
Solía echarme bajo la mesa de la cocina,
con un pedazo de pan y grasa de oca,
y miraba el castillo.
Soñando que era todo suyo, supongo.
Un sueño infantil.
¿Va de paso?
Iba,
pero puede que me quede
si puedo encontrar trabajo.
No debería ser tan difícil...
¡Cielos!
¡Ahí está otra vez!
¡Ahí está otra vez! ¡Oh!
¡Ah!
¡Para mí!
Treinta años.
Más de treinta años
esperando por una Vanessa atalanta.
Hay que esperar lo suficiente y las cosas llegan.
Qué suerte.
Ese es el secreto, padre.
Esperar lo suficiente.
Estoy deseando ver la cara de Lenea.
Érase una vez
un joven príncipe que se acercaba a un castillo
donde vivía una bella y joven princesa.
La madre de ella, era una cruel y poderosa reina.
La princesa y su hermano se encontraban prisioneros
en el castillo de la malvada reina.
No tiene que pagar hasta que se vaya.
Nunca se fie de los desconocidos.
Mi horóscopo dice
que los desconocidos me traerán suerte.
Capricornio. ¿Y usted?
Capricornio.
Vaya...
Puede que los desconocidos también me traigan suerte a mí.
¿Por qué no?
Supongo que todo el mundo aquí en Ornstein trabajará para la condesa.
¿Está de broma?
¿Con qué iba a pagarles?
No son todos tan tontos como Rudolph.
¿Rudolph?
El lacayo de la condesa.
Dale solo uno o dos chelines para una cerveza, y tan contento.
¿A dónde va?
A ninguna parte.
Bonitos perros.
Recoja su cerveza y...
me clavé una astilla.
Déjeme ver.
Eh, amigo mío,
déjeme que pague unas cervezas.
No sé, mejor no. Solo una por la mañana, es mi norma.
¿Sabe por qué necesito mi cerveza por la mañana?
Voy a la carnicería, ¿"cuál es la pieza más barata para la condesa Ornstein"?
A la frutería,
"fresas no, demasiado para la condesa Ornstein".
Es humillante para mi orgullo.
Mire esto.
¿Sabe cuánto tiempo tiene?
Veinte o treinta años, creo.
¿Qué le parecería andar por ahí con esto?
¿Y a ella le importa? Ni siquiera se da cuenta.
Allí sentada como si nada cambiara. Estilos, modas. Nada.
Un museo. Ese es su sitio, amigo mío.
Bien, me voy.
¿De vuelta al trabajo?
¿Jueves?
Lustrar la plata, encerar el salón, lavar los platos
porque es el día libre del chico.
Quizá a la condesa le vendría bien un hombre extra.
Venga conmigo, amigo mío.
Si están tan apurados, ¿Por qué no venden el castillo?
¿Vender el castillo Ornstein?
¿No sabe nada del castillo Ornstein?
Por ahí.
Por ley, nadie puede vender ese castillo. Es para los Ornstein.
Durante cientos de años tiene que ser de un Ornstein.
Cientos de años, pasado, presente y el futuro por venir.
¿Huele la cerveza?
No, Mac.
Son los caramelos.
No queda café.
Le diré a Klaus que traiga más.
No, no, no.
No pasa nada.
No es molestia.
Disculpe, señora,
pero este es Conrad.
Quería saber si usted podría contratarlo.
Podría ayudar y a mí me vendría bien.
Acércate.
¿Te conozco a ti, o a tu padre, o a alguien de tu familia?
No, señora. Soy nuevo aquí.
¿Y quieres trabajar para mí?
Rudolph dice que le falta personal, y como este es mi tipo de trabajo...
Ya veo.
Su café, señora.
Parece que Rudolph necesita un ayudante. Ha traído este joven. Parece... adecuado.
Ya, señora. Yolaf Claus encontró sus referencias en la fábrica.
Lo siento, pero, donde dormí anoche, me robaron el dinero y la documentación.
Es que me lo encontré en el pueblo,
- y dijo que buscaba trabajo... - Debiste decirle que no hay vacantes.
Ha sido muy amable al considerar ayudar
a este joven, señora, pero seguro que lo entenderá.
Herthe, querida,
acaba de llamar el alcalde.
Me rogó que volviera a pedirte lo del miércoles.
Sabe que yo ya no hago esas cosas.
Por supuesto, pero él tenía la esperanza,
dado que el auditorio estará dedicado a la memoria de Heine.
No tengo que inaugurar un auditorio municipal para recordar a mi marido.
No hay momento en todo el día que no lo haga.
Ni un solo momento.
- Adiós. - Adiós.
Yo podría haberte dicho que no resultaría.
Somos demasiado pobres para contratar a alguien más.
De vez en cuando mi madre tiene delirios de la desaparecida grandeza.
Pero Klaus le pone los pies en la tierra.
Mi padre le hizo prometer en su lecho de muerte que nos cuidaría.
Lo oí cuando estaba estaba espiando desde la puerta.
Oí también el estertor de la muerte.
Solo tenía 6 años entonces, pero esas cosas se quedan grabadas.
¿De dónde vienes?
De ningún sitio en particular.
¡Qué suerte tienes!
Nosotros venimos de todas partes en particular.
Antes de la guerra, parece ser que éramos los dueños de media Europa.
Pero míranos ahora.
De todas partes a ninguna parte.
Los perros te aprueban.
Ellos solo aprueban a asesinos y pervertidos.
¿Tú qué eres?
Las dos cosas.
Lo sabía.
Adiós.
Adiós.
Hola.
- Ha vuelto. - ¿Hay lavabos?
¿Cuánto cuesta la entrada más barata?
Un sitio de pie en el corredor, dos marcos.
Ya va más de la mitad, ¿no?
Vamos de vuelta al hotel.
Mañana haremos viaje de ida y vuelta a Innsbruck. Habrá que madrugar.
Tiene un bonito coche.
Sigue tan bien como el día que lo compré.
Ya no hacen coches como este.
Entiendo de coches.
Ya nadie aprecia la calidad.
¿Cree que los clientes lo notan?
¡No! Para ellos es un cacharro más.
Pero no para mí.
Cuánta razón tiene.
Bien, buena suerte.
Lo siento, yo...
Cuánto lo siento.
Buenos días, señor.
Carl se lastimó la mano.
Me pidió que condujera hoy en su lugar.
Espero que le parezca bien.
Cuántos trastos.
Cualquiera diría que vamos a subir el Mattherhorn.
¿Cómo se llama, conductor?
Konrad, señorita.
Konrad.
Carl dijo que hoy iríamos hacia Innsbruck. ¿Es correcto?
Correcto.
Conducción panorámica.
Eso es lo que quiero,
panorama.
El pobre conductor debe estar muerto de hambre.
Tonterías. Ellos siempre traen su propia comida.
Padre, eres imposible.
Imposible, justo.
Toda mi vida lo he dicho, imposible, ¿no?
Muy bien, tendré que arremangarme.
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