Mistari 200 ya kwanza.
- ¿No te dije que no te movieras de allí? - Me cansé de esperar.
- Ha surgido un imprevisto. - ¿Qué?
- Ya te lo contaré luego. - Esperaré aquí.
- Quiero que vuelvas al hotel. - ¿Por qué?
Porque van a matar a un hombre.
¿Quieres verlo? Llévate a la señora de vuelta al hotel.
- Señor Malson. Señor Beaudry. - Bob.
- Éste es el señor Tanner, de Mimbreno. - Soy Bob Valdez.
Bob es el comisario de Lanoria.
Trabaja dos o tres noches por semana en la parte mexicana.
Cuando patrullo por la ciudad, voy armado. Colaboro con su empresa...
Busquemos un poco de sombra.
- Bob. - ¿Sí, señor?
Hay un desertor del ejército que ha matado a James C. Erin en Fort Huachuca.
El señor Tanner lo ha visto al pasar por Lanoria.
¿Dónde está el sheriff?
En St. David. No regresará hasta la noche.
¿El señor Tanner está seguro de que es el hombre que busca?
J. C. Erin era muy amigo del señor Tanner. Se lo ha tomado muy a pecho.
Tenemos que estar seguros, señor Malson. Es un asunto muy grave.
Esto es cosa del Sr. Tanner, Bob. Deja que lleve él la batuta.
Una apache.
Es la esposa de ese hombre. O tal vez su amiguita.
El señor Tanner le gritó que saliera, pero no quiso salir hasta ahora.
Creo que quiere decir que le importáis un pimiento tú y tu rifle.
¿Quiere que le dispare?
Podemos hacer que baile un poco.
No me vendría mal un trago.
¡Diego!
¿Adónde va?
Es aún más tonto de lo que parece.
Si consigue que salga el negrata, podrías demostrar tu buena puntería.
No se acerque más.
- Si la levanta, lo mato. - Te creo.
- ¿Podemos hablar? - Ya está hablando.
Hay un tipo ahí, el señor Tanner, que dice que has matado a alguien.
- No lo conozco. - Dice que te llamas Johnson.
No es cierto.
Que has matado a un hombre en Fort Huachuca.
Hace mucho tiempo que estuve en el décimo de caballería.
- ¿Eres un desertor? - Cumplí con mi deber.
¿Tienes algo que lo demuestre?
En el carromato hay una bolsa de cuero con mis papeles.
¿Por qué no vienes a hablar con el señor Tanner?
- No lo conozco. - Entonces, tampoco te conocerá.
Tampoco me conocía cuando me vino siguiendo hasta aquí.
Muy bien. Voy a coger el papel que dice que has cumplido.
Y luego se lo enseñamos al señor Tanner, ¿te parece?
- Que venga él aquí. - Muy bien.
¿Puedes apuntar hacia otro lado?
- ¡Hijo de puta! - ¡No!
Se parecía a él. Se parecía muchísimo.
¿No es el que usted creía?
No, pero esta cara la he visto antes. Estoy seguro de que lo he visto antes.
Comisario, se ha confundido de negrata.
Escucha... Te llevaré a la ciudad.
Conozco un lugar donde puedes pasar la noche.
¿Nosotros?
- ¿A quién se refiere con nosotros? - Estábamos todos allí.
O sea, que hagamos una colecta, que pasemos la gorra.
Sí, señor Malson.
Qué gran idea, Bob, brillante.
- ¿No te parece, Earl? - Sí.
Le daremos unos dólares para que pueda volver a casa.
- ¿Sabes adónde quiere ir? - No.
Creo que quiere reunirse con su gente.
Buena idea. Ahí tienes tres o cuatro dólares.
Esto no es gran cosa.
Será la india más rica de toda la reserva.
¿Cuánto pensabas, Bob?
¿Tal vez unos 200 dólares?
Me gustaría saber una cosa. Me gustaría saber por qué escuchamos a este sudaca.
- Cierra el pico. - Lo ha matado él. ¿A qué viene aquí?
Cierra la boca o lárgate.
Es mucho dinero, Bob, 200 dólares.
Es casi lo que gano en un año.
Sería como reconocer que estamos en deuda con ella, que es culpa nuestra.
¿Y de quién si no?
Un momento, Bob. Si hay que culpar a alguien, estoy de acuerdo con R. L.
Fuiste tú quien se encargó de ir a hablar con ese tipo. Lo mataste tú.
Ya lo sé, señor Malson. Ya lo sé.
No te pongas así. Si Tanner no se hubiera equivocado, no habría pasado nada.
- Es todo culpa de Tanner. - Pues vete a decírselo.
A lo mejor deberíamos decírselo.
Mira, Bob. ¿Por qué no se lo dices tú?
Si él pone 100 dólares, nosotros pondremos los otros 100.
Va a llevar el ganado que le compró al señor Malson a Mimbreno.
Podrás alcanzarlo en la estación de diligencias.
¿En serio, señor Malson?
Te doy mi palabra, Bob.
Conozco a todos los que hacen negocios con el señor Tanner.
No conozco a ningún Bob Valdez.
Es un asunto personal.
El señor Tanner tampoco te conoce.
Lo he conocido hoy. He matado a un hombre por él.
- ¿Qué quieres? - Hablar... de ese hombre de hoy.
¿Qué hombre?
El que... estaba con una mujer.
Dime qué quieres.
Estaba hablando con los señores Malson y Beaudry. Ya sabe a quiénes me refiero.
Y estábamos comentando...
que tal vez deberíamos darle algo a la mujer.
- Se ha quedado sin marido. - ¿Te han enviado ellos?
No, fue idea mía. Pero pondrán 100 dólares... si usted pone otro tanto.
Deshazte de él.
Aún no he terminado.
- ¿Cómo dices? - Quería explicarle...
No te oye muy bien. Hay demasiado ruido aquí fuera.
¿Quién es ese hombre?
¿Qué ha pasado hoy?
Es por lo del asesinato de Jim, ¿verdad?
¡Por el amor de Dios!
No sé por qué no dejas de buscar al asesino. Me da igual.
Pero a mí no.
Porque hay quien cree que lo has matado tú.
Así es.
Has matado a otros y nunca te ha importado el qué dirán.
No quiero que piensen que he tenido que matar a uno para llevarme a su mujer.
Quiero que sepan que estás conmigo por tu propia voluntad.
Es la verdad, ¿no?
Calma... Calma.
Hola, Valdez.
Es un honor acoger en mi morada al valiente jinete armado de la diligencia.
- Su Excelencia el comisario de Lanoria. - De la parte mexicana de la ciudad.
- Necesito agua para los caballos. - ¡Anita!
¿Cómo está?
La voy a llevar a la reserva.
Un regalo de mi casa para tu casa.
Ah, esa casa.
Aléjate del sol y echaremos un trago.
Es bueno. Será tan bueno como su padre.
Mejor.
La semana pasada, lo vio el señor Malson. Le prometió un empleo.
"Es un gran muchacho, Diego. De tal palo tal astilla.
"Enseguida lo tendré domando caballos para mí, como su padre".
Oh, señor Malson, qué bueno es con este pobre peón.
Vaya honor que mi hijo se parta el espinazo para hacerle rico a usted.
"Eres un buen sudaca, Diego.
"Mientras lo sigas siendo, me portaré bien contigo.
"Sí, señor Diego.
"Vosotros sí que sabéis lo que es vida: Cantar, bailar y follar.
"Libres de preocupaciones".
Pasaré a recogerla más tarde.
Bueno, señor Tanner. Trato hecho.
¿Tendrán las armas en Nogales el viernes?
Allí estaremos.
Que me parta un rayo.
El juez del distrito llegará a Lanoria mañana desde St. David.
Tengo que informar de lo que ha sucedido.
Esa mujer india puede crearnos problemas... con la ley.
- 100 dólares no es mucho pedir. - Escuche...
No sé cómo los habrás engañado para que le pusieran la estrella a un sudaca,
pero a Frank Tanner no lo engaña nadie.
¿Por qué no ayuda a esta mujer?
No aprende, ¿eh?
¿Os acordáis de Tucson? ¿El predicador?
Dadle la misma medicina.
A ver cómo anda.
Eh, ¿adónde vas?
Es por ahí... Por donde has venido.
He venido a caballo.
No te preocupes. Nos haremos cargo del caballo.
Eh, no te caigas de espaldas. Parecerás una tortuga.
- No recuerdo haberte llamado. - Ya no quiero cuidar la cerca de Malson.
Pensé que le vendría bien otro pistolero.
No le acertarías ni a un negrata que se te pusiera a tiro.
Nunca sonríe.
Si fuera mi mujer... me encargaría de hacerla sonreír.
- ¿Vas a montar? - Eres un miserable.
¿Por qué vas y lo sueltas?
Sólo intenta ayudar a una pobre mujer que ha perdido a su esposo.
Y yo también. Ya estoy ayudando a una.
Con una pobre viuda me basta.
- Jim te habría atizado con esto. - ¿Te lo estás pensando?
No deberías preocuparte más que de cómo te trato.
Te trato bien, ¿no?
A veces eres humano. Pero sólo a veces.
Pronto llevaremos las armas a Nogales. ¿Quieres acompañarnos?
¿No hay putas en Nogales?
Sí, muchísimas.
Y muchos curas, también.
- ¿Qué quieres decir con eso? - Los curas casan a la gente, ¿no?
- Te tomo la palabra, Frank. - No lo dudo.
Por favor, qué hijo de puta más tonto.
Cuando se rompió el madero, ¿adónde creyó que iría a parar?
Soy su viejo amigo, al que intentó pegarle con la culata de su rifle.
Se acuerda, ¿no?
Mató al negro equivocado y luego quiso desquitarse conmigo.
Suéltame... por favor.
Estará dolorido de tanto andar encorvado.
No me hizo gracia que intentara golpearme con su escopeta.
Me sentó muy mal, deje que le diga.
Suéltame... por favor.
- ¿Cómo he llegado hasta aquí? - Arrastrándote.
Oí los ladridos de los perros.
- Me clavaron en una cruz. - ¿Qué cruz?
Alguien me soltó.
Te han apuñalado por la espalda.
- No, fue con un árbol. - ¿Con qué árbol te ibas a hacer eso?
- ¿Dónde está la india? - Cogió su cochemato y se fue.
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