200 บรรทัดแรก
PROHIBIDO ENTRAR GENIO TRABAJANDO
COLEGIO PARK WEST
- Ivy. - Hola, mamá.
Hola, cariño.
He vuelto a tener dos exámenes.
Nos han hecho uno por sorpresa. ¿No es increíble?
¿De verdad? ¿Y no os avisaron?
No.
Vamos, cariño.
Hola, George.
No, a París. Al menos eso es lo que Jennifer le dijo a Peter.
Por cierto, Jill O'Connor dice que ya le ha empezado... ya sabes.
- No, ¿el qué? - La regla.
- Sólo tiene nueve años. ¿Será cierto? - No, creo que es un cuento.
- Es una mentirosa. - No he dicho eso.
A las chicas como Jill les gusta fantasear.
- ¿Te apetece una Coca-Cola? - Más tarde.
No olvides colgar el abrigo en la silla.
Vale.
- Abre. - Bill...
- ¿Qué pasa? Estás temblando. - Es por la tormenta.
Llegas pronto.
- Te prepararé un buen martini. - No digas esa palabra.
- ¿Has tenido un mal día? - He tenido un mal almuerzo.
Necesito echarme un rato, Janice.
Tienes una hora. Carole y Russ vienen a cenar con su tía.
- Mierda. - Lo siento.
- Hola, princesa. - Hola, papá.
- Ya lo sé. - ¿El qué?
A mamá le gustan las cámaras, ¿no?
Pasamos por una tienda de fotografía y la vi mirando un objetivo muy grande.
Es muy chulo. Tiene muchos botones.
Botones como éste.
¿Cuándo se lo compramos?
- Aún falta mucho para Navidad. - Sí.
Pero tu cumpleaños es la semana que viene. ¿Sabes lo que quieres?
Sí, pero no voy a decírtelo.
- De acuerdo... - Dame una sorpresa.
El Hôtel des Artistes, hecho por artistas para los artistas.
¿Por qué diablos estamos aquí?
No sé tú, pero yo tengo cualidades ocultas.
Disculpadme.
Tenemos que irnos, Bill. Vamos, tía.
Ivy.
Cariño. Soy mamá.
- Mamá, ha sido horrible. - ¿El qué?
No lo sé.
No me acuerdo.
Sólo ha sido un sueño.
Sí, un sueño.
Mamá, no me encuentro bien.
- Me parece que no tienes fiebre. - Mecachis.
Pero, de todos modos, mañana te quedarás en casa.
- Te quiero. - Yo también te quiero.
Hoy me ha pasado algo muy raro. Había un hombre delante del colegio.
Tiene el pelo castaño, los ojos azules y mide cerca de 1,75 m.
Tiene barba y una mirada rara, como si estuviera colocado.
¿Cuándo lo vio por primera vez?
Hace un par de semanas. Le vi en el autobús.
Me resultaba conocido, como si ya le hubiera visto antes.
Al día siguiente le vi en el ascensor de mi oficina.
¿Dónde trabaja usted?
En el 386 de Madison Avenue. Tengo una agencia de publicidad.
- Quizá también trabaje allí. - No.
Ahora le veo todas las mañanas al llevar a mi hija al colegio.
- ¿Le ha molestado? - ¿Molestado?
¿Ha establecido contacto físico?
¿Le ha pegado? ¿Le ha empujado?
No, nada de eso.
Sin pruebas de agresión, no podemos hacer gran cosa.
¿Qué quiere que haga? ¿Le empujo o le provoco?
¿Hago que ese cabrón me pegue? ¿Qué necesitan para hacer algo?
Sr. Templeton, lo siento,
pero no hay leyes que prohíban a la gente estar en la calle
donde y cuando quiera.
- Tengo una. - Muy bien.
Mira, mamá, "matanza".
- Muy bien. - Son 13 puntos.
Vuelvo ahora. No me mires las fichas.
¿La niña está bien?
- ¿Bill? - Hoy no he visto a Ivy en el colegio.
¿Se encuentra bien?
89, 90. Diez. Gracias.
- Tiene que darme otros diez. - ¿Qué quiere decir?
- Me ha dado un billete de diez. - No, de 20.
- Me ha dado diez. Mire. - Sólo tenía 20 dólares en el monedero.
Habrá visto mal el billete. Mire la caja registradora.
¿Qué le ocurre?
Es precioso.
Es fantástico. Me encanta.
- Gracias. - ¿Qué?
¿Qué es tan fantástico? Vaya.
- ¿Dónde lo has encontrado? - En la encimera, donde lo pusiste.
- ¿Qué ocurre? - Papá me ha comprado un bolso.
Lo he encontrado entre la comida con mi nombre cosido.
Es precioso, Bill.
Es el primer regalo de adulta que me han hecho.
Los colores son iguales a las pinturas del techo. Me encanta.
- ¿No le has comprado el bolso? - No.
Ha sido él. Ese hombre.
- ¿Hace cuánto tiempo que lo ves? - Dios mío. Va detrás de Ivy.
- ¿Por qué dices eso? - Por cómo la mira.
Esta mañana ha llamado para saber si estaba bien, y ahora lo del bolso.
Llamemos a la policía.
Ya he hablado con ellos.
No pueden hacer nada a menos que nos ataque.
Buenos días.
Es un recorte de periódico.
Hoover, Elliot Suggens. Doctorado en Metalurgia.
Nació en Londres. Estudió en el King's College, en la Universidad de Londres
y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Casado con Sylvia Flora. Y con una hija, Audrey Rose.
Vicepresidente de Metalúrgicas Unidas de Pittsburgh. Escritor y conferenciante.
- Ha publicado muchos artículos. - Enséñaselo a la policía.
No es suficiente.
Sólo son un par de datos sobre su vida. No podemos demostrar que lo enviara él.
Entonces, ¿qué vamos a hacer?
Cuando le vea, me encararé con él y averiguaré de qué va todo esto.
- Ten mucho cuidado. - Cariño, ten cuidado tú.
Si te molesta en el colegio, avisa a un policía.
De acuerdo.
Tranquilícense o les arrestaré a los dos.
La ambulancia llegará enseguida. No le pasará nada. Tengo su bolso.
Venga, váyanse. Déjenla respirar.
¡Dios mío, Ivy! ¿Qué hora es?
- Las 15.20. - Tengo que irme.
- Tranquilícese. - Debo ir a buscar a mi hija.
Ivy está en casa. La he ayudado a cruzar la calle.
Le espera en el vestíbulo.
Tome, se le ha caído el bolso en la acera.
Tenemos que hablar. Ahora estoy seguro.
¿Quién es usted? ¿Qué quiere?
Dígale a su marido que le llamaré esta tarde. Por favor.
Espera ahí, señorita.
Nunca te irás del colegio sin mí. ¿Entendido?
No debes irte con un extraño bajo ningún concepto.
Te quedas en el colegio y, si es necesario, esperas y esperas.
- ¿Te ha quedado claro? - Me estás haciendo daño.
Lo siento.
- ¿Sr. Templeton? - ¿Por qué nos acosa?
Me llamo Elliot Hoover.
Debo verle con su esposa. Es muy importante.
Podemos vernos en el restaurante Severino. Es un sitio tranquilo.
Es imposible. No podemos dejar sola a nuestra hija.
Seguro que a Carole Rothman no le importa quedarse una hora con Ivy.
- ¿Sr. Templeton? - Ya veré.
Digamos a las 21.30. Si les viene bien, claro.
Ya veré.
Llama a la policía.
No hasta que averigüe de qué diablos va esto.
Sr. Templeton.
Sra. Templeton.
Allí no hay mucho ajetreo. He reservado una mesa.
Quiero darles las gracias a los dos por haber venido.
- Buenas tardes. - ¿Les apetece algo?
- No quiero nada, gracias. - Un whisky, Maria.
Yo tomaré un té. ¿Tienen té chino?
Iré a ver si nos queda.
Desde hace dos semanas, un hombre con barba acosa a mi familia. ¿Es usted?
Sí, les pido disculpas por ello,
pero el subterfugio y el disfraz han sido absolutamente necesarios
antes de que pudiéramos conocernos.
- Tenía que estar seguro. - ¿De qué?
Todo debía estar en orden antes de que nos conociésemos.
Se lo explicaré.
Me ha llevado mucho tiempo, de hecho, siete largos años,
siete años de viajes, investigación y estudio
que han trasformado mi espíritu...
¿De qué diablos está hablando?
Intentaré explicárselo lo más claramente que pueda,
pero primero deben saber ciertas cosas. Cosas difíciles.
Así que empezaré por el principio.
Hace 11 años, era una persona muy feliz.
Tenía una familia.
Una mujer maravillosa y una hija estupenda.
Mi hija se llamaba Audrey Rose.
Tenía cinco años cuando murió.
Las cosas buenas de la vida brillaban en sus ojos.
En fin, hubo un accidente de coche y...
Sucedió en las afueras de Pittsburgh.
Había tormenta y su coche se salió de la carretera.
Fue muy rápido, repentino.
Gracias.
Por supuesto, la muerte de mi esposa y mi hija fue algo insoportable.
No sé cómo lo superé. Un día sentí que Audrey Rose estaba conmigo.
No teníamos té chino, así que le he traído té verde.
Gracias, Maria.
Todavía no sé qué dice ni por qué nos lo cuenta a nosotros.
De acuerdo.
Un año después del accidente, un amigo me llevó a una fiesta.
Una de las asistentes era una médium. Una vidente.
Me contó todo lo que había hecho desde que era niño
y luego empezó a hablar de mi hija, Audrey Rose,
describiéndola como si estuviera viva.
Le dije que parase, pero no lo hizo.
Recuerdo que me puse a llorar, porque no pude evitarlo.
Se me acercó y preguntó por qué lloraba.
Le dije que mi esposa y mi hija estaban muertas,
pero ella me dijo que no.
No, mi esposa descansaba en paz,
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