İlk 200 satır.
En el Antiguo Egipto, antes de la época de los faraones,
la leyenda nos cuenta sobre el Rey Memtep, quien realizó un pacto con Anubis,
señor del Inframundo,
para crear una espada maldita y tan poderosa
que cualquiera que la poseyera podía gobernar el mundo.
Alimentada con las almas de sus enemigos,
la espada fue forjada en las llamas del infierno
por el señor del Inframundo,
quien llamó a esta espada:
El colmillo de Anubis.
Los nombres de aquellos asesinados por la espada
quedaron grabados para siempre en el Libro de las almas,
donde permanecieron prisioneros por la eternidad,
condenados a la oscuridad eterna.
Pero si se puede crear tan fácilmente el mal en una forja,
entonces, sin duda, debe existir una forma de destruir la espada
y liberar las almas.
Estos jeroglíficos son antiguos.
- Parece que son de... - Mesopotamia.
Sumerios.
¿Qué dicen, sacerdotisa?
Aquí yace el tesoro que busca.
¿El Rey Memtep?
Antes de saquear las antigüedades de esta tumba, debe saber
que despertar este mal del pasado tendrá un alto precio.
El poder no se regala, sacerdotisa.
Debe arrebatarse.
El Colmillo de Anubis, olvidado en el tiempo.
Pero los siglos no han opacado tu filo, ¿cierto?
Nebserek se puso en marcha, avanzando por las tierras áridas
con el Colmillo de Anubis bajo su mando.
Dirigido por su magia negra,
conquistó a sus enemigos y formó un poderoso ejército
que lo proclamó su Rey Dios.
¡Limpiaremos esta tierra!
¡Con muerte y fuego!
Pero un enemigo lo eludió,
el último acadio,
el único heredero de la gran tribu libre,
y que destruyó a su pueblo en una guerra librada hace mucho tiempo.
Marcado por la venganza, Nebserek se obsesionó con encontrar a su enemigo.
¿Tu ave encontró al Rey Escorpión, sacerdotisa?
Los Dioses te concederán tu venganza en su momento.
El tiempo de la venganza es ahora.
Envía el ave.
Pero es mejor no despertar a algunos gigantes.
Es hermosa.
No, es fuerte.
Eso es lo que importa.
Con esto puedes cosechar el trigo del invierno,
segar los granos de verano,
alimentar a tu familia y a tu ganado.
No hay muchas cosas en este mundo en las que puedes tener fe,
excepto el metal forjado.
En esto puedes confiar.
¿Cuándo harás una espada?
Ya no hago espadas.
Podría aprender a usarla y convertirme en un gran guerrero.
¿Abel?
Escúchame, Abel.
Ser un guerrero no es lo que piensas.
Blandir una espada es una gran carga.
Ningún sacerdote, ningún Dios puede salvarte del salvajismo de la batalla.
¿Lo entiendes?
¡Abel!
Ve con tu padre.
¡Vamos!
Busco al Rey Escorpión.
Aquí no tenemos Rey.
Se hace llamar Mathayus.
No conocemos a ese hombre.
Quemen todo y encuéntrenlo.
¡Por favor! Sólo somos...
Mátenlo a él primero.
¡No!
¡Por favor!
¡De rodillas, insecto!
¿Dónde está Mathayus?
Aquí estoy.
¡Adelante!
¡Disparen!
- ¡No! ¡Regresa! - ¡Mathayus!
- ¡No! ¡Mathayus! - ¡Te tengo!
¡No!
¡No!
Por favor.
Suelta al niño.
Ni un paso más.
Muy bien.
Deja vivir al niño, mátame a mí.
Los mataré a ambos.
¡No!
No.
Abel.
Abel.
Toma. Bebe esto.
¿Qué es?
Un tónico medicinal mezclado con plantas piedra para el dolor.
De nada.
Necesitas comer.
El Rey Escorpión escapó.
De rodillas cuando me hablen.
- ¿Escapó? - Sí.
Lo ayudaron, mi Rey Dios.
Necesito su alma.
Tiene la...
No.
Sólo cuando clave esta espada en su corazón, me habré vengado.
¡Encuentra al acadio!
Vístete.
¿De dónde sacaste eso?
Del túmulo. El hombre que lo usaba ya no lo necesitaba.
Soy Tala, guerrera de Nubia.
¿Qué quieres?
Que un Rey legendario vuelva a vivir.
Soy sólo un herrero.
¿Un herrero?
¿Esa es tu historia?
¿Cómo un Rey Escorpión legendario,
el último de los acadios, semidiós,
se convierte en herrero?
La civilización se volvió muy incivilizada para mí.
Te he buscado durante mucho tiempo.
Tu nombre inspira.
Es un grito de guerra.
Mi pueblo necesita de un héroe que nos traiga paz, un héroe guerrero.
Como lo dije, tienes al hombre equivocado.
Mi padre era Balthazar, Rey de Nubia.
¿Balthazar?
Tuvo una buena vida,
pero no muy larga.
Lamento su partida.
Mi padre me contó que ustedes tenían un gran vínculo,
que si Nubia alguna vez necesitaba de un aliado,
el Rey Escorpión vendría desde el Este con sus ejércitos y lucharía con nosotros.
No tengo ningún ejército.
Tienes tu fuerza y me tienes a mí.
¿Una princesa?
Una guerrera.
¿Sabías que Nebserek, el señor de la guerra, atraviesa Egipto
con sus hordas, esclavizando y quemando todo a su paso?
Blande una espada maldita, el Colmillo de Anubis.
Nadie puede enfrentarlo mientras posea la espada.
Según la leyenda, hay una forma de vencer la espada.
El Libro de las almas contiene el secreto.
Es un texto oculto y yo sé dónde se encuentra.
Me suena a cuento de niños.
Nebserek avanza hacia Nubia, hacia mi pueblo.
Con el Libro de las almas, podemos detenerlo.
¿Estás en una expedición?
Sí.
Buena suerte.
Vendrás conmigo.
Yo no parto en expediciones.
¿Por qué?
Siempre son mil veces más difíciles de lo que pensabas,
y alguien no regresará con vida.
El chacal es el símbolo de Nebserek.
Compartimos el mismo enemigo.
Ayúdame a encontrar el Libro de las almas
y yo te ayudaré a matar al dueño de la daga.
Los mataré a ambos.
¡No!
Naciste siendo un guerrero.
Tu destino es luchar por aquellas almas menos afortunadas.
Sin importar si triunfas o fracasas, estaré a tu lado.
Te lo imploro, recuerda quién eres.
Este hombre al que busca, el Rey Escorpión,
viaja con una nubia.
Y están cerca.
¿Cerca de qué?
La leyenda cuenta sobre una entrada en el Valle de la XIII luna,
donde se dice que descansa el Libro de las almas,
y se oculta de la humanidad.
Aquel que posea el Libro de las almas
tiene el poder de destruir el Colmillo de Anubis.
Esas tierras han sido barridas por muchos hombres durante muchos años.
Sí, pero no por el Rey Escorpión.
Vamos a rodear el lugar.
Estamos a medio día de cabalgata del Valle de la XIII luna.
Si damos la vuelta perderemos un día.
- No querrás entrar ahí. - Debo hacerlo.
- No podemos llegar tarde. - ¿Tarde para qué?
El día final del ciclo lunar.
La luna puede esperar.
He esperado 56 lunas.
¿Por qué nos detenemos aquí, herrero?
- Tira tus armas. - No hay nadie aquí.
Sí. Tira tus armas ahora.
Discúlpenla. ¡Ella no puede ver!
¿Con quién hablas?
Los Flechas Negras.
No nos apuntaban. De ser así, estaríamos muertos.
Te dije que debíamos rodear el lugar.
Entraron en nuestras tierras sagradas,
y por eso deben morir.
No quisimos insultarlos.
El territorio está marcado.
Eligieron ignorar nuestra advertencia.
¿Cómo una mujer, una mujer tan hermosa,
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