İlk 200 satır.
Estoy guardando mis posesiones en el mantón que mi madre llevaba al mercado.
Me voy del valle.
Esta vez no regresaré.
Aquí dejo 50 años de recuerdos.
Recuerdos.
Es extraño pensar que uno llegue a olvidar acontecimientos cercanos,
y sin embargo recuerde claramente acontecimientos del pasado lejano,
de personas que dejaron de existir años ha.
No obstante, ¿quién sabe lo que es real y lo que no?
¿Cómo creer que mis amigos han muerto
cuando mis oídos aún disfrutan de sus voces?
No. Lo negaré una y mil veces
puesto que en mi mente permanecen vivos.
Ninguna valla ni cerco encierra épocas pasadas.
Poder regresar y revivir lo que desees; si lo recuerdas.
Puedo cerrar los ojos y el valle presente desaparece,
reapareciendo el de cuando era niño.
Era verde, rebosante de vida.
En toda Gales no había uno más hermoso.
Todo lo que aprendí de joven me lo enseñó mi padre,
y he descubierto que en nada se equivocó.
Las lecciones que me enseñó permanecen tan claras en mi mente
como si las hubiera aprendido ayer.
En aquellos días, la escoria, los residuos de las minas de carbón,
apenas empezaban a cubrir la ladera de nuestra montaña.
No lo suficiente como para arruinar o mancillar la belleza de nuestro pueblo.
Las minas tan sólo empezaban a extender sus largos dedos negros por el valle.
Incluso ahora puedo oír la voz de mi hermana Angharad.
¡Angharad!
Mi padre y mis hermanos eran mineros y estaban orgullosos de su oficio.
- Gwilym Morgan, tres libras con siete. - Gracias, señor.
Ianto Morgan, tres libras con siete.
Ivor Morgan, tres libras con siete.
Davy Morgan, dos libras con cinco.
Owen Morgan, dos libras con cinco.
Gwilym Morgan hijo, una libra con diez.
Si alguien rompía a cantar,
el valle resonaba con el sonido de muchas voces.
Las canciones son para mi pueblo lo que la vista es para los ojos.
Nos lavábamos en el patio trasero.
Mi hermana Angharad se encargaba de llevar los cubos de agua caliente y fría,
y yo ayudaba en lo que podía
mientras mi padre y mis hermanos se frotaban el carbón de sus espaldas.
Se quitaban la mayoría, pero les quedaron restos para toda su vida.
Es la honorable distinción del minero,
y yo envidiaba a mi padre y a mis hermanos mayores.
Frotase lo que frotase, el Sr. Carbón se defendía y se burlaba.
Siempre había un buen pedazo de carne delante de mi padre.
Nunca hablábamos mientras comíamos.
No he conocido a nadie cuya conversación supere a una buena comida.
Mi madre siempre andaba con prisas,
siempre era la última en empezar a comer y la primera en terminar.
Si mi padre era el cabeza de familia, mi madre era el corazón.
Después de fregar los platos, se colocaba la caja sobre la mesa
y se repartía la asignación personal.
Nadie en nuestro valle había visto un banco.
Guardábamos nuestros ahorros en la repisa de la chimenea.
Mi padre siempre decía que el dinero era para gastarlo
de igual modo que se gastaba la fuerza e inteligencia en ganarlo,
y con el mismo buen grado.
Pero siempre debía tener un fin.
Gracias, papá.
Cruzaba la calle corriendo, como lo había hecho cientos de veces.
Ahora despacio, el respeto por la iglesia fue lo primero que nos enseñó mi padre.
Y directo a la tienda de la señora Tossal
a por el toffee que se podía masticar horas; al menos me lo parece ahora.
Incluso cuando se acababa, tragabas saliva
y notabas el gusto escondido detrás de la lengua.
Aún lo saboreo ahora, después de tantos años.
Me hace recordar tantas cosas buenas que ya no existen.
Aquella misma tarde fue la primera vez que vi a Bronwyn.
Venía del valle de al lado para visitar por primera vez a mis padres.
¿Es ésta la casa de Gwilym Morgan?
Tú debes de ser Huw.
- ¿Eres tú, Bronwyn? - Sí.
Qué bonita eres.
Creo que fue entonces cuando me enamoré de Bronwyn.
Quizá sea ridículo pensar que un niño se pueda enamorar, pero yo soy aquel niño,
y nadie, excepto yo mismo, sabe lo que sentí entonces.
- Estoy muy orgullosa por Ivor. - Yo soy la que he de sentirme orgullosa.
¿Estás contenta con nuestro Ivor? Me parece que fue ayer
cuando pasaba por aquí como éste, con la boca abierta.
Huw, ésta es Bronwyn. Va a ser tu hermana.
Ya nos conocemos.
Ten cuidado con la cesta, hay un pastel de frutas dentro.
Esto no es para ti. Ya te llegará la hora. Vamos, fuera.
El señor Gruffydd, el nuevo pastor, sería quien casara a Bronwyn y a Ivor.
Venía de la Universidad de Cardiff.
Fue la primera vez que lo vi.
Éste es un hombre que no quiere, no puede y no debe emborracharse.
Éste es un hombre que no se emborracha, Peter O'Pea.
De mi talón a mi dedo, de mi dedo a mi rodilla.
Andaré sobre la línea, entizaré la línea, Peter O'Pea.
- Buenas noches, señor Morgan. - Lo son, señor.
- Disculpe. - Gracias.
AVISO A PARTIR DEL 3 DE AGOSTO
SE REDUCIRÁ LA PAGA A 1 CHELÍN, 2 PENIQUES EL TURNO
PARA TODA LA MANO DE OBRA DE ESTA MINA. C. EVANS, PROPIETARIO.
Vamos, muchachos, a trabajar.
Busca a Dai Griffiths y a Idris John. Que vayan al despacho del Sr. Evans.
- ¿Podemos ir nosotros? - No, es cosa de mayores.
- Vuelve a casa. - Pero...
Déjalo, Davy.
Venga, vamos.
- ¿Por qué no se han lavado? - Estábamos esperándote.
El recorte es sólo de unos chelines. Tendremos suficiente.
Prepara la cena, ¿quieres?
El precio del carbón ha bajado. No lo pagan como antes.
- A lavarse ahora. - ¿Podemos hablar antes, padre?
- Sí. - No te han dicho el verdadero motivo.
Llevamos esperando esto desde que cerraron la fundición en Dowlais.
¿Qué tiene que ver con nosotros?
Nos han reducido la paga porque ellos trabajan a cualquier precio.
Y es sólo el comienzo. Ya lo verás.
Reducirán y reducirán hasta que esto esté tan vacío como sus promesas.
- Los buenos tendrán buenos salarios. - No si hay tres para cada puesto.
¿Por qué van a pagar más si hay quien trabaja por menos?
Porque los dueños no son crueles. Son hombres, igual que nosotros.
Hombres sí, pero no como nosotros.
¿Te escucharon cuando fuiste a verlos?
- No. - Porque tienen el poder y nosotros no.
- ¿Y de dónde lo sacamos? ¿Del aire? - No, de un sindicato.
¿Conque sindicatos? Nunca pensé que oiría a mis hijos hablar de socialismo.
- Tiene sentido. - A menos que nos unamos...
- Ya he oído lo suficiente. - Pero padre...
A lavarse ahora.
Su madre los estará esperando.
¿Crees que puedo ver a mi padre trabajar bajo la lluvia y quedarme quieto?
Calla, Davy.
- ¿Quién te ha dado permiso para hablar? - Es demasiado importante.
- Intentan castigarte porque... - No más que los buenos modales.
¿Pero qué vamos a hacer? Morirás de frío cuando lleguen las nieves.
Unámonos y ya veremos cómo actuarán.
Los hombres se declararán en huelga en cuanto se lo pidamos.
Todos están dispuestos.
No apoyaré la política de ustedes, ni la excusa para ninguna huelga.
Si pueden hacerle eso al capataz, ¿qué no harán al resto?
Ya veremos. Ahora a callar. Terminen de cenar.
- Padre... - Se acabó.
- Pero... - Sigue con lo que hacías.
- No se acabó. - No te he dado permiso para hablar.
Siempre hablaré contra la injusticia, con permiso o sin él.
- En esta casa no. - En esta casa y fuera, padre.
- Deja la mesa. - Dejaré la casa.
- Pídele perdón a tu padre. - No lo haré.
Yo voy contigo. Encontraremos alojamiento en el pueblo.
Gwilym.
Todos, ¿eh?
Por última vez, tomen asiento y acaben su cena. Será lo último que diga.
No cuestionamos tu autoridad, padre.
Pero si los buenos modales nos impiden decir la verdad, prescindiremos de ellos.
Tomen su ropa y váyanse.
- Iré con ellos para cuidarlos. - A callar. Sigue con los platos.
Sí, hijo mío, sé que estás ahí.
Los hombres se han declarado en huelga.
¿Qué significa, señor Gruffydd?
Significa que...
...el valle ha perdido algo que nunca podrá reemplazar.
Regresa a casa con los tuyos, hijo. Hoy te van a necesitar.
Los hombres estuvieron 22 semanas en huelga hasta llegado el invierno.
Resultaba extraño ver a los hombres de día en la calle.
El miedo se palpaba.
El humor de los hombres empeoró
cuando sus estómagos vacíos y su desesperación se imponían a la razón.
Cualquier hombre que no fuera considerado un amigo se convertía en enemigo.
Ellos sabían que mi padre se había opuesto a la huelga
y ahora eran ellos quienes se oponían a él.
Huw, los hombres van a reunirse esta noche en la colina, ¿verdad?
- Sí, mamá. - Me llevarás allí.
No, mamá. No es lugar para mujeres.
Será lugar para esta mujer esta noche... Lo juro.
Esperen. Tienen que oírme.
Soy Beth Morgan, como bien saben.
He venido a decirles lo que pienso de ustedes, ya que critican a mi esposo.
Son unos cobardes por ir contra él.
Él nunca ha hecho, ni haría, nada que les perjudicara.
No sé cómo pueden sentarse junto a él en la iglesia, hipócritas.
Afirmar que está del lado de los patrones no es sólo absurdo, sino ruin.
Sólo diré algo más.
Si le llega a ocurrir algo a mi Gwilym,
encontraré a los culpables y los mataré con mis propias manos.
Lo juro por Dios Todopoderoso.
¡lanto! ¡Socorro!
Aguanta, mamá. Nos han oído. Ya vienen.
Estaba despierto hace un momento.
Se curará entonces, aunque no acabo de comprender cómo.
Sus hijos son más fuertes que un roble, señor Morgan.
A mi entender, este chico debería estar en un ataúd.
Es un Morgan, ¿no cree usted?
Debería de comer algo ahora, señora Ivor. Un poco de sopa...
...y mucho cariño.
Mi caballo.
- Buenos días. Espere, espere. - Huw se despertó. Ha hablado con Bron.
- ¿Cuánto tardará en recuperarse? - Es difícil de saber.
Las piernas se le congelaron. Un año o dos años, más o menos.
Pero no puedo prometer nada. La naturaleza ha de seguir su curso. Arre.
Cuidado con lo que dice. Creo que le ha oído.
¿Dónde está la luz que creía iba a ver en tus ojos?
¿Tienes miedo, hijo?
- ¿Oíste lo que dijo el médico? - Sí, señor.
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