প্রথম 65টি লাইন।
Profunda era la oscuridad moral que envolvía al Mundo del que surgió la Estrella de Belén.
A la Corte de Herodes, Gobernador de Judea, venían representantes de todas las naciones.
Roma, aunque ya podrida, todavía pisoteaba el Mundo; Grecia, vieja
y conquistada; Egipto, envuelta como sus propias momias, en los ropajes del Pasado...
todas mandaron a sus emisarios.
En un caos de crimen y maldad, Herodes gobernaba Judea, pero a él le
gobernaba la Pasión. Había asesinado a su hermano, usurpado su trono, robado
a su esposa, Herodias, y ahora codicia a la hija de su hermano, Salomé.
Pero una Luz surgía en el horizonte y una voz gritaba en el desierto.
"Preparad el camino del Señor"
El Profeta Juan (Jokanaan en la historia) lanzaba rayos de Ira Divina contra las
injusticias de Herodes y las abominaciones de Herodias, su Consorte.
Herodes, lleno de supersticioso temor, encerró al Profeta en un pozo abandonado
para protegerle contra la violencia de la chusma y el odio de Herodias.
Y aquí comienza el drama, mostrando a Salomé como una flor pura en el desierto del mal.
Aunque aún inocente, Salomé es hija de su tiempo, heredera de sus pasiones y sus
crueldades. Mata todo lo que ama; ama todo lo que mata, ya en su alma brilla
un rayo de la Luz, y ella parte hacia lo Desconocido para intentar resolver
el misterio de sus propias palabras...
El Misterio del Amor es más grande que el Misterio de la Muerte.
Herodes, Tetrarca de Judea Salomé, Hijastra de Herodes
Herodias, Esposa de Herodes, Madre de Salomé.
Bebe un poco de vino conmigo, Salomé.
¡No debes mirarla! ¡Siempre la estás mirando!
Narraboth, un Príncipe sirio, arrancado de su trono y forzado a servir a Herodes
como Capitán de la Guardia. El Paje de Herodias.
¡Qué extraña está la luna! Da la impresión de estar buscando cosas muertas.
Siempre estás mirándola. ¡La miras demasiado!
¡Hay ángeles!
¡LOS ÁNGELES NO EXISTEN!
¡No estoy mirándola!
¿Os sentaréis, Princesa?
¿Por qué hablas con ella? ¡Algo terrible sucederá!
¡Atención! ¡El Señor ha venido! Los ojos de los ciegos verán el día,
y los oídos de los sordos serán abiertos.
¿Quién ha gritado?
Ha sido el profeta Jokanaan quien ha gritado, Princesa.
¿Deseáis que les pida que limpien esto, Princesa? Es bella la noche en el jardín.
Jokanaan, el Profeta.
¡El Tetrarca pide a la Princesa que vuelva a la fiesta!
Princesa, el Tetrarca os ruega que volváis a la fiesta.
Yo hablaría con este profeta.
El Tetrarca no tolera que nadie hable con él... ¡es imposible!
No nos atrevemos, Princesa.
¿Qué debo responderle al Tetrarca, Princesa?
¡Trae a ese profeta!
¡Princesa! ¡Nuestras vidas os pertenecen, pero no podemos hacer lo que nos pedís!
¡El Tetrarca ha prohibido incluso al Sumo Sacerdote hablar con él!
¿Harás eso por mí, Narraboth, lo harás? Y mañana cuando pase,
te dejaré una pequeña flor verde.
¡El Tetrarca lo ha prohibido oficialmente... no puedo, Princesa... no puedo!
¡Harás eso por mí, Narraboth! ¡Mírame... quizá te sonría!
¿Dónde está la que renunció a la lujuria de sus ojos?
¡Ve, pídele que venga, para que pueda arrepentirse de sus iniquidades!
Soy Salomé, hija de Herodias, Princesa de Judea.
Habla otra vez, Jokanaan, y dime qué debo hacer.
¡Hija de Herodias, no te acerques a mí! ¡Ve al desierto y busca al Hijo del Hombre!
¿Es tan maravilloso como tú, Jokanaan?
Ángel de Muerte, ¿qué haces aquí con tu espada? ¿A quién buscas en este palacio?
¡Atrás, hija de Babilonia! Solo escucho la voz de Dios.
¡Tu cuerpo es horroroso! Es como el de un leproso. ¡No amo tu cuerpo!
¡Tu pelo, Jokanaan, es como las largas noches negras en que la luna esconde su cara!
¡El silencio que mora en el bosque no es tan negro como tu pelo!
¡Atrás, hija de Herodias! ¡No profanes el templo de Dios!
¡Tu boca, Jokanaan, es como una cinta escarlata en una torre de marfil!
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