Las primeras 200 líneas.
El mar Rojo.
Un paraíso único en Oriente.
Un lugar de serenidad, fuerza
y diversidad.
El mar Rojo destaca por su alto contenido salino,
que contribuye a mantener las aguas cristalinas.
Las algas no proliferan con facilidad.
De ahí que su vastos arrecifes de coral
se consideren un auténtico paraíso para los buceadores.
Aquí la fauna marina es muy diversa.
Abundan los bancos de peces de colores.
Los famosos peces payaso,
percas,
morenas al acecho,
peces globo singulares,
y, por supuesto, las honorables tortugas.
El mayor espectáculo es el colorido arrecife de coral
que resplandece entre los rayos de sol.
Desde la órbita terrestre,
se distingue fácilmente la forma alargada del mar Rojo.
Un mar estrecho
que alcanza los 2240 kilómetros de largo
y una profundidad de hasta 2604 metros.
Limita con el océano Índico
y se sitúa entre el noreste de África y la península arábiga.
El mar Rojo alberga unos 200 000 kilómetros cúbicos de agua.
Se extiende sobre una superficie de 438 000 kilómetros cuadrados
y el agua tiene una profundidad media de 538 metros.
¿De dónde proviene el nombre del mar Rojo?
Existen varias teorías desde la antigüedad.
Por un lado, las cianobacterias crecen en esta masa de agua.
Emergen justo por debajo de la superficie.
En la época de floración se vuelven rojas.
Por eso el agua parece rojiza
si se observa desde arriba.
Aunque esta planta no está muy extendida.
Otra explicación del nombre
podrían ser las rocas rojizas de la costa del mar Rojo.
Son rojas debido al óxido férrico que contienen
y que les confiere ese color.
Según la leyenda,
el sol las quemó hasta volverse rojas.
El mar Rojo podría recibir su nombre de los marineros iraníes
que emplearon colores para denominar los cuatro puntos cardinales.
El color asignado al sur era el rojo.
En términos geológicos, el mar es muy joven.
Se formó hace 25 millones de años
por la separación de las placas tectónicas de África y Asia.
Después, la fisura se llenó con agua de mar
y nació el mar Rojo.
Debido al movimiento constante de estas placas,
el mar Rojo se ensancha 1,2 centímetros de media al año.
El sur del mar Rojo nos interesa especialmente.
A lo lejos, donde el mar baña Eritrea, Yibuti y Yemen,
en dirección hacia el océano Índico.
Ahí hay una zona estrecha
donde el mar solo mide 29 kilómetros de ancho
y tiene 130 metros de profundidad.
En este embudo natural,
se da un intercambio de agua muy lento
que produce un contenido elevado en sal.
En este medio, el plancton y las algas no proliferan con facilidad
y las aguas se vuelven cristalinas,
como podemos observar desde la orilla.
Sin embargo, bajo el agua
la vista es más interesante que desde cualquier otro lado,
como estamos a punto de descubrir.
El animal que más abunda
es también el más importante.
El coral.
Los corales de fuego, las madréporas y los corales pedregosos
son los principales fabricantes del gran arrecife del mar Rojo.
Durante miles de años,
estos animales han construido estructuras inmensas
hasta formar auténticas islas por todo el mundo.
Las más conocidas son las Bahamas, las Bermudas
y las Maldivas.
Esto se produce porque los corales,
que pertenecen al grupo de los cnidarios,
segregan constantemente piedra caliza.
Las zooxantelas, microorganismos que habitan dentro del coral,
lo ayudan a formar caliza.
Viven en simbiosis.
Es decir, se nutren y se cuidan mutuamente.
Estos corales son muy sensibles a la temperatura del agua.
Debe mantenerse siempre entre 20 y 29 grados centígrados.
Por eso la mayoría vive en aguas poco profundas, tropicales y luminosas.
Los corales pedregosos y de fuego
son en realidad colonias inmensas de pólipos.
Los pólipos miden entre pocos milímetros y hasta un centímetro.
Además del aporte que reciben gracias a sus simbiontes,
los corales se alimentan mayormente del plancton
que atrapan con sus tentáculos.
Los corales de fuego se llaman así por sus cnidocitos o células urticantes,
que pueden atravesar la piel humana
y segregar un veneno doloroso.
La sensación es similar al contacto con una ortiga.
Aunque el dolor puede durar entre dos días y dos semanas.
Las heridas pueden dejar cicatrices visibles para siempre.
Por eso los buceadores deben tener mucho cuidado
para no cometer el error más común
de confundir los corales de fuego con algas.
En cuanto a propagación, de entre los animales sésiles,
los corales de fuego son los más eficientes.
En la lucha por la luz y el espacio vital,
los corales de fuego superan con creces a sus oponentes.
Estos corales cuentan con unos pólipos defensivos,
más grandes de lo habitual
y que usan en su disputa por hacerse un hueco en el coral.
Se emplean para dañar el tejido del oponente
y acabar con él gracias al veneno.
Los peces que vemos aquí
no se dejan intimidar con eso.
Los antias son una especie singular de perca.
Para ellos es más bien lo contrario.
Viven en grupos de miles
y se valen de las complejas estructuras de los corales
para esconderse de sus depredadores.
Lo más llamativo es que la mayoría de estos peces son hembras.
Tan solo una quinta parte del cardumen suelen ser machos.
Al principio, los peces adultos siempre son hembras
y más tarde se transforman en machos.
Aunque esto suele darse cuando uno de los machos muere.
Cuando ocurre, la hembra más fuerte del cardumen
se convierte en un pez macho en tan solo unos pocos días
para ocupar su lugar.
Otro habitante del arrecife es el coral blando.
Pertenece a la misma familia del coral pedregoso o de fuego,
pero su estructura es totalmente distinta.
Mantiene la estabilidad gracias a la presión interna del agua.
No tienen los tentáculos y cepas recubiertos por pólipos.
Están situados al final de las extremidades.
Los corales blandos suelen ser marrones, amarillos o verdes.
Si habitan en la sombra,
suelen tener un color rojo, naranja o púrpura intenso.
Suelen encontrarse en los bordes de los arrecifes,
en los salientes o en el techo de las cuevas.
Los corales son esenciales para muchos peces.
Proporcionan cobijo para los pequeños y medianos.
Por eso siempre están rodeados de grandes bancos de peces.
Si aparece un depredador,
se esconden rápidamente entre los corales laberínticos
y los grandes depredadores no los pueden alcanzar.
La capacidad del coral para segregar veneno
también es una gran ventaja.
Pero los peces tienen que ir con cuidado
de no tocar los pólipos defensivos
porque podrían convertirse en las víctimas.
Las barreras naturales
y el medio, que influye
de una manera particular en estos animales,
ha dado lugar a especies endémicas que solo se encuentran en el mar Rojo
y que se han desarrollado durante millones de años.
Una de las más conocidas es el famoso pez payaso.
Este género también se conoce como pez payaso del mar Rojo.
Se alimentan de plancton y algas
y son algo más pequeños.
De unos 15 centímetros como mucho.
El pez payaso vive junto a las anémonas en una especie de simbiosis.
Es decir, al igual que hemos visto con los corales,
dos especies distintas se benefician al vivir juntas.
Sorprendentemente, los peces payaso son capaces de vivir con las anémonas
a pesar de que sus cnidoblastos sean tóxicos.
¿Por qué no afectan al pez payaso?
Es sencillo.
Está recubierto de una capa mucosa
que lo protege del veneno mortal.
El pez payaso protege a la anémona
espantando a los depredadores como el pez mariposa.
La anémona, a su vez, protege al pez payaso de sus depredadores.
Pueden ser criaturas insólitas como el pez corneta.
Algunos pueden llegar a medir más de un metro.
Estos depredadores esperan pacientemente en el agua
para cazar de golpe peces más pequeños.
Por eso son bastante tímidos
y salen espantados en cuanto ven a un buceador.
Sigamos con nuestro viaje por debajo del agua
en busca del pez más colorido de todo el arrecife.
Nos encontramos con el pez ángel real.
Son un poco más grandes que los peces payaso,
de unos 60 centímetros.
El pez mariposa del mar Rojo
es uno de los peces más llamativos del arrecife.
Se distingue de otras especies semejantes
y de otros peces mariposa por su color.
La mayor parte del tiempo vive en pareja,
aunque a veces también lo hace en pequeños grupos.
Un habitante más bien discreto del mar Rojo
es el pez murciélago orbiculado.
Es bastante plano y alto,
pero, a medida que crece, adopta una forma de disco.
Una característica de su variedad
son las franjas verticales de color marrón.
Gracias a este gran contraste,
algunos depredadores no distinguen fácilmente la forma del pez
y los confunden con hojas que flotan en el agua.
Los peces más adultos son plateados y grises
para pasar incluso más inadvertidos.
A pesar de su discreta apariencia,
el pez murciélago orbiculado es muy activo y curioso.
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