ആദ്യത്തെ 160 വരികൾ.
Métete, Ana.
Amarillo, negro, amarillo.
Amarillo, negro, amarillo.
Amarillo, negro, amarillo,
rojo.
Amarillo, negro, amarillo, rojo.
No se muevan.
Es venenosa.
¡Ey, Pelusa!
Vente, cosa.
Hazte para acá.
Ma, ¿habló mi papá?
No.
A ver si se le ocurre mandar dinero.
¿Papá está bien?
Los quiero mucho.
Lo que pasa es que está un poco lastimado.
No había podido. ¿Todo bien?
- -
Dile que te regrese la llamada para que no se acabe el crédito.
Deje su mensaje.
Cuando termine de grabar,
cuelgue o presione numeral para más opciones.
No contesta.
Mañana le hablamos.
Ana, vete adelantado a la casa. Ahorita te alcanzo.
Sí.
Bueno.
Sí, lo recibí el dinero y todo. Recibí el dinero que me mandaste.
Muévete tantito. ¿Me escuchas mejor?
¿Cómo está la bebé, hija? ¿A quién se parece? Ah, qué bueno.
No vale, eso es trampa. ¡Suéltame!
Menso, me aguangaste mi camisa.
Tú las traes, Margarito.
Tápame, tápame.
- Quítate. - Quítate tú.
- Quítate. - No.
Tú no estás jugando.
¡Ah!
¡Margarito!
Está friísima esa leche.
Me va a regañar mi mamá.
Ay, mamá.
Suéltame.
Por tu culpa voy a tener que ir por más, menso.
- Compórtate. - ¡Ay!
¡Juana!
Juana…
Vete a tu casa, Ana.
Es muy lamentable,
y me parece que están dejando este gran vacío,
el que no declaren si son policías o no son policías.
Efectivamente no podemos afirmar que lo sean,
porque además de corruptos, serían…
Ma.
Vete a dormir ya, Ana.
…se les alcanza a ver parte del rostro.
Yo de todo corazón deseo que no haya sido Policía Federal,
porque esto revelaría una vez más la gran corrupción…
Silencio.
El alacrán tiene un aguijón para defenderse de sus enemigos.
- ¿Estás lista, Josefina? - Sí.
Vamos a escuchar a su compañera.
Mi exposición es sobre los seres vivos y los no vivos.
Los seres vivos pueden caminar, respirar y comunicarse entre ellos.
Por ejemplo: las vacas con las vacas,
los perros con los perros, los gatos con los gatos.
Cada quien con su comunidad.
Los seres vivos nacen de otro ser
y mueren cuando son viejitos, como nosotros.
¿Y por qué pusiste las piedras?
Porque las piedras también son seres vivos.
A ver.
Las piedras no son seres vivos
porque no tienen ni ojos ni oídos ni sangre.
No los miren a los ojos.
¿Por qué?
Tienes que abrir la boca así.
Ahora dóblala un poquito.
Okey.
Tu trompita debe de estar estirada y doblada, así.
Así quédate.
Este no pinta bien.
- ¿Y el otro pedacito de betabel? - Aquí está.
María, ¿quieres que te pinte?
Sí.
Mi papá y mi mamá se daban besos de lengüita.
Guácala.
Es que está refrío.
¡Ay!
- Te la quité. - Ay.
- Me mojaste. - ¿Y?
- Chamaca. - Niño horrible.
- Trae. - Ten.
Para que se te quite lo nopal.
Estaciónenlos de aquel lado.
- Ahí ya no caben. - Póngalos acá.
- ¿Cuántas municiones faltan? - Estamos completos.
Me dijo que el cabo tres te iba a dar el reporte.
A mí no me dio nada.
Me voy a quedar de guardia.
¿Qué hubo?
¿Qué, no fuiste a trabajar?
- Sí, pero salí temprano. - Ah.
¿Qué hacen aquí estos otra vez?
Mañana empieza la cosecha.
Trajeron su helicóptero y toda la cosa.
Ya empezaron a echar veneno allá por la escuela, cerca de las milpas.
Para eso les pagan: para que lo avienten por todos lados, menos donde deben.
- ¿Vas a ir a la raya? - Ajá.
¿Cuánto les van a pagar esta vez?
Pues como 300 la jornada, pero ya sabes, lo que tú hagas.
Ahí como la ves, esta es rebuena para ordeñar cogollos.
Si quieres, te meto.
Te conviene más que andar ahí haciendo aseo en casas ajenas.
No, gracias.
- ¿Te puedo llevar mañana a Ana? - Sí.
No quiero que se quede sola en la casa.
Sí, no te apures.
Que anoche se metieron en una casa.
Se llevaron una muchacha.
¿En qué casa?
En casa de don Pancho.
- ¿Se llevaron a Juana? - Sí.
A ver, ayúdame con los frijoles, Ana.
No, está bien.
¿Por qué traes los labios pintados?
Ya te dije que no puedes hacer eso.
Para la próxima, te voy a tirar los dientes.
No me gusta que me agarres mis cosas.
Ándale, vete a lavar.
Yo no agarré tus pinturas.
Ya ni daban consulta.
El otro día tuve que ir hasta San Miguel por un medicamento que antes daban aquí.
A los de afuera los extorsionan. Mejor que se vaya.
Tanto que nos pidieron para abrir la clínica. ¿Y para qué?
Mamá…
Ya, Ana. Ya te dije que vas a estar mejor.
¿No ves que con tanto pelo tienes nidos de piojos en la cabeza?
A mí también me cortaron el cabello cuando era chiquita.
Mi mamá me ponía un veneno que ardía bien feo en la cabeza.
Vámonos. Apúrate.
Gracias, Helena.
De nada, Luz.
Adiós, María.
Ya dijeron en la escuela que quien lleve piojo o liendre viva,
no lo van a dejar entrar al salón.
Así es más fácil pasarle la liendrera, ¿no, Helena?
El pelo crece, mi niña.
El doctor ya traía metido el miedo, Rita.
Al rato lo iban a levantar.
¿Tú vas a cerrar?
No. A mí no me molestan.
Yo pago por estar aquí. Estoy protegida.
¡Yo no quiero!
¿Por qué no se lo cortaron a María?
Porque ellas tienen la sangre amarga, Paula.
Y eso no les gusta a los piojos.
A Ana y a mí todo el tiempo se nos suben los piojos.
¿Verdad, Ana?
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