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THIRUVERUMBUR, 1990
¡Jefe, es hora de cosechar!
¡Señor Karuppanna, no me abandones!
Primero, entiende esto. Que se te quede.
¿Cuánto debo entender?
- Dime. - Venga.
Si robas una casa, que esté aislada y escondida entre árboles.
Si nos ven, di que somos de la compañía eléctrica y lárgate.
- ¿Vale? ¡Venga! - Vale.
Dame la pólvora.
La mecha…
Enciéndela.
Tócalo y reza. Es tu primer candado.
Y mi último.
Escucha. Solo un golpe.
Dale.
Espera…
Cógelo tú y dale.
Venga.
¿Por qué guardan tanto dinero en casa?
Para que lo robemos.
Toma. Esto es lo tuyo.
Cógelo.
No sé cómo voy a arreglármelas sin ti.
Escucha.
No puedo seguir huyendo de la policía.
Quiero casarme con ella y empezar de nuevo, darle una buena vida.
¿A quién tiene, aparte de a mí?
Toma. Cógelo.
¡Que lo cojas!
Nunca sabes qué decir ni cuándo.
¡Jefe!
Date prisa y tráelo.
¡Y mira a ver si falta algo!
- Por eso voy a entrar. - ¿Qué hacemos?
Corre.
¡El candado está roto!
- ¡Ven, corre! - ¿Qué dices?
- ¡Hay alguien en la casa! - ¿Quién?
¡Moorthy, trae los machetes!
¡Avisa a todos los vecinos!
- ¿Quién se atreve a entrar en mi casa? - Tengo mucho miedo…
- Jefe… - ¡Venid!
Ayúdame a mí primero.
- ¡Rápido! - ¡Corred!
¡Sube!
¡Coge esto!
¡Jefe!
¡Murugesan!
Muru…
¡Está aquí! ¡Mirad!
¡Vamos!
COMISARÍA DE THIRUVERUMBUR
Agárrala.
- Señora, escúcheme. - ¡Suéltenlo!
¡Se han equivocado de persona!
¡Trabaja para la compañía eléctrica!
¡No es un ladrón!
¡Selli!
- ¡Lo pillamos en flagrante! - No te quedes. Vete, Selli.
¿Qué no es un ladrón? ¡Ja!
¡Selli!
¡Madre mía! ¿Qué ha pasado?
Vete.
¿Por qué no dices nada?
Diles la verdad.
- ¡Levántese! - ¡Intenta decir algo!
¿Qué quieres decir?
Perdóname, Selli.
Oh, flor dorada, ¿tú fragancia quedó olvidada
y en serpiente te has tornado con un veneno despiadado?
Perdóna…
Cógela.
Agente, ¡bájelo de ahí!
Si le sube la sangre a la cabeza, se nos muere.
COMISARÍA, TIRUCHIRAPPALLI
M. BHARATHAN, SUBCOMISARIO
Diga.
Cariño, ¿cuándo vas a venir?
Tengo trabajo.
- Por la voz se nota que estabas dormido. - He dicho que tengo trabajo.
¡Vale! Pero no aporrees la puerta de madrugada.
- La llave está en la lata de rangoli. - Vale.
¿Qué hay para ce…?
Señor, ya puede ver al comisario.
Doce controles. Seis patrullas. Ruta habitual, señor.
Un total de 18 subinspectores y 30 agentes de servicio.
Todos están en contacto. Por ahora, todo está en calma.
Central a M1.
Le recibo, cambio.
Han intentado robar en casa del diputado de Thiruverumbur.
Detuvieron al acusado allí mismo.
Lo han trasladado a la celda C1.
El subcomisario está de permiso.
Aún no han asignado un sustituto.
Cambio.
Póngame con el subcomisario de Cantonment. Cambio.
- Señor. - ¡Estoy hablando por radio!
Precisamente por eso. Asígneme este caso.
¿Por qué?
N. AZHAGAR NAMBI COMISARIO
Señor…
He resuelto grandes casos en mis 30 años de servicio,
pero no he recibido reconocimiento.
El mérito se lo han llevado los mandos superiores.
Cuanto más se acerca mi jubilación, menos me respetan.
Al ser un robo en casa de un diputado, seguro que tendrá cobertura mediática.
- Saldré en los periódicos. - Comisario de Cantonment a M1.
¿Señor?
Un momento. Cambio.
Señor, si me deja llevar este caso…
Podré jubilarme con dignidad.
A ver, el acusado ya está detenido.
¿Qué más vas a hacer?
El informe del caso lo redactaremos nosotros, ¿no?
- Muchas veces, por usted, he… - ¡Está bien!
Avisaré al jefe de prensa.
No emitas un comunicado, haz una rueda de prensa.
Gracias, señor.
- Escucha. - Señor.
No la cagues esta vez.
Señor…
- ¡Señor! - ¡Señor!
- ¿Dónde está? - Arriba.
Las pruebas.
Los chinos se devanan los sesos para inventar un candado,
y ¿tú lo revientas con un cincel y entras?
Además, te echas pegamento para no dejar huellas
y te untas con bálsamo para despistar a los perros.
Todo un genio, ¿eh?
Señor.
Dadle de comer y aseadlo un poco.
La prensa estará aquí a las 8:00.
Llama a Gangadharan, del Thanthi, y despiértalo.
- Sí, señor. - Asegúrate de que venga.
- Solo él puede ponerme en primera plana. - Sí, señor.
- Siéntate. - Señor.
Escribe.
¿Cuántos soberanos de oro tenía?
Cincuenta y cuatro.
- ¿Cincuenta y cuatro? - Sí.
El acusado huyó con cien soberanos de oro.
Muy bien, señor.
Agredió a un vecino que trató de detenerlo y huyó.
En menos de una hora,
localicé al acusado en Palakkarai,
escondido detrás del templo viejo, y lo detuve.
Bien.
Fue entonces cuando el acusado intentó apuñalarme.
Bien.
- Lo inmovilicé y le quité el arma. - Sí.
- Intentó escapar. Lo perseguí y lo pillé. - Sí.
Se le acusa de allanamiento,
robo, agresión a la autoridad, tentativa de asesinato, intimidación
y… obstrucción a la justicia.
Y busca cuatro casos de robo sin resolver.
- Se los cargaremos a él. - Sí, señor.
Solo así…
El titular dirá: «Ladrón buscado por varios robos
cae en las redes del subcomisario Bharathan».
Solo entonces tendrá repercusión de verdad.
Muy bien, señor.
¿Qué?
¿Te parece bien?
No, señor.
¿No?
Solo estaba siendo educado.
- ¡Rajendran! - ¡Señor!
Reescribe el atestado, los testimonios y lo demás según lo que he dicho.
- ¿Vale? - Sí.
¡Venga, date prisa!
Señor…
¿Qué pasa?
Esto no está bien.
¿Vas a decirme lo que está bien y mal?
¡Ladrón de mierda!
Hasta que la gente como tú esté entre rejas, no viviremos en paz.
«Cae en las redes de Bharathan».
Me harán fotos.
Mejor con una sonrisa.
¿Cómo te has levantado?
Vaya, andas y todo.
Ven aquí.
A ver…
Tú, coge la lámpara y sube.
¡Señor!
¿Señor?
- ¿Señor? - Que no escape.
¿Señor?
Cogedlo.
¡Cogedlo!
Sálvame esta vez, señor Karuppa.
¡Sálvame, señor Karuppa!
Te prometo que no volveré a robar. ¡Juro que no robaré!
¡Juro que no robaré!
¡Juro que no robaré!
¡Juro que no robaré!
RENIGUNTA, SEIS MESES DESPUÉS
Siéntese.
- ¿Qué le pongo? - Un rasam.
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