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Londres, 1718
Yo soy periodista, Robert.
Os aseguro que me interesan bien poco vuestros delirios fantásticos.
Vos, Daniel Defoe, sois escritor.
Y como tal, vuestro destino es...
...conseguir que la historia de este hombre...
...una historia de intensa lucha, de extraordinaria amistad...
...y amor eterno, salga a la luz.
Estupendo, Robert. Estupendo. Llena de vida, muerte, pasión.
Podríais dejar las letras y dedicaros al teatro.
Pero ¿qué interés podría tener tan poderosa gesta...
...para un escriba empobrecido como yo?
Vos, Daniel, sois mi escriba empobrecido preferido.
¿Qué es esto?
El diario recientemente descubierto de un tal Robinson Crusoe.
Así que la historia es verídica.
Palabra por palabra.
¿El cuaderno de bitácora de un marinero?
Leed el diario, Daniel.
Estoy convencido, señor...
...de que encontraréis el relato sumamente interesante.
Mi historia empieza como otras tantas historias, con una mujer.
Pues si mal no recuerdo...
...Mary McGregor y yo habíamos planeado casarnos.
Escocia, 1703
No obstante, conforme aumentaba la prosperidad de los McGregor...
...la fortuna de la familia Crusoe fue menguando cada vez más.
Como resultado, la mano de la mujer que yo amaba con todo mi corazón...
...fue entregada contra su voluntad a mi querido amigo Patrick Connor.
Aunque Patrick sabía que nos amábamos intensamente...
...se negó a liberar a Mary de aquel compromiso.
No tiene por qué acabar así, Patrick.
¿Cómo, pues?
¿Rompiendo el compromiso y deshonrando a mi familia?
Patrick.
Una vez fuimos amigos.
¿Acaso no importa eso nada?
Fuimos amigos, Crusoe.
Pero ya no lo somos.
Luchemos, pues.
Ella será mi esposa, Robin. Es la voluntad de Dios.
Mary y yo nos amamos desde que éramos niños.
- Patrick. - Esta no es tu lucha, James.
Tú no eres como tus hermanos, Patrick.
No seas como tus hermanos.
Nunca estaréis juntos.
Patrick.
No. Ay, no. Dios bendito, perdóname. No.
Está muerto, señor.
Asesino.
- Montad a caballo, señor. - No pienso ir.
Id, señor, deprisa.
¡Asesino!
Sabía que no le amaba. Se lo había dicho.
- Y aun así quiso un duelo. - Ambos os batisteis, Robin.
¿Qué insinúas, Mary?
¿Crees que mataría deliberadamente a mi amigo?
- No quería hacerlo. - Aceptaste batirte en duelo.
¿No habría hecho lo mismo un hombre más juicioso?
Sus hermanos clamarán venganza.
Ya lo han hecho.
Era mi amigo, Mary.
Jamás le hubiera deseado un destino tan terrible a Patrick.
Tendrás que marcharte. Aquí ya no estás a salvo.
¿Podré estar a salvo alguna vez, Mary?
El tiempo curará esta herida, Robin. Hablaré con la familia de Patrick.
Algún día lo comprenderán.
Ve con el cochero. Puedes confiar en él.
Te llevará a Edimburgo y te conseguirá un pasaje.
Que esta experiencia no sea vana.
Dentro de un año, regresaré para hacerte mi esposa.
Y si tardas 13 meses, Robin, ¿habré de serlo de otra?
Te amo.
Tendré siempre presente tu hermosura.
Un año.
No más.
Arre, caballo.
ROBINSON CRUSOE DE DANIEL DEFOE
Así que me hice a la mar...
...el único lugar donde podía estar seguro.
Durante largos meses, surcamos los grandes océanos del mundo.
Recalamos en misteriosas islas bajo la constelación de Centauro.
Nadamos con las sirenas...
...y transportamos cargamentos de seda y especias, jade y caoba.
En una ocasión, incluso llevamos un cargamento de esclavos.
La providencia me había convertido en un apátrida...
...pero seguía teniendo un propósito.
Aunque había prestado mis servicios en la Armada de su Majestad...
...fue mi preparación académica y mis vastos conocimientos de historia...
...lo que impulsó al capitán de nuestro barco a encomendarme...
...de dejar fe de nuestro viaje mediante la palabra escrita.
Adelante.
Con los saludos del capitán, señor Crusoe.
Gracias. Cierra la puerta.
Aunque la muerte de Patrick ensombrecía mi exilio...
...el pensar en Mary...
...y saber que tendría su mano en matrimonio a mi regreso...
...mantuvo fuerte mi espíritu a lo largo de la travesía.
Nuestro pequeño navío había desafiado y vencido al mal tiempo...
...y a las galernas en tres océanos.
Algunas tormentas podían durar más de una semana.
Pero yo cada vez tenía más confianza en el capitán y su tripulación.
- ¿Veis algo desde la cofa? - Allí.
Enseguida vuelvo, señor.
Sopla por la amura.
Cerrad las escotillas.
Cerrad las escotillas.
Sí, señor.
Nos escoramos demasiado.
Nos escoramos.
Dadme la mano.
No seáis necio, señor. Dadme la mano.
- Dádmela. - No puedo.
Dadme la mano.
Auxilio.
¡Hemos encallado!
Al dar mis primeros pasos en aquella tierra desconocida...
...el terror se apoderó de mí.
Empecé a darme cuenta de lo terrible que era mi situación.
¡Hola!
Hola.
Mientras daba sepultura a mis pobres compañeros...
...confieso que mis pensamientos se centraban en mi propia alma.
No sabía en qué tierra había naufragado...
...ni en qué país ni entre qué gentes...
...ni si podría soportar una sola noche en aquel lugar...
...mucho menos una semana o un mes.
Pasé aquella primera noche sin imaginar si quiera...
...qué peligros me rondaban o se arrastraban a mi alrededor.
No dormí tratando de concebir la idea de sobrevivir al día siguiente...
...sin comida ni armas ni compañía humana.
Pero a la salida del sol vi renovarse mis ánimos.
Pues fue entonces cuando vi que los restos de nuestro navío...
...estaban firmemente encallados...
...en los escollos que lo habían hecho naufragar.
A bordo podría encontrar comida y bebida para mi sustento...
...y aquello me dio nuevas esperanzas.
¿Hola?
¿Hay alguien a bordo?
El barco había encallado de tal modo...
...que solo la mitad del casco estaba inundada.
La proa estaba seca...
...y pude encontrar pólvora, armas y provisiones.
Encontré el baúl del carpintero.
Un caballero como yo...
...no sabía manejar las herramientas propias de ese oficio.
Sin embargo, en aquel momento y lugar, decidí que aprendería.
El bote del barco había sido reducido a astillas por la tormenta.
Pero encontré un trozo roto de cubierta...
...y lo convertí en balsa improvisada.
Gracias a la marea ascendente y a una suave brisa...
...mi modesta embarcación me llevó directamente a la orilla.
Empecé a sentirme bastante orgulloso de mis primeros logros...
...de momento.
Así pues, creí que me sonreía la fortuna.
Tenía provisiones para un mes, herramientas y madera...
...e incluso encontré buena compañía en Skipper, el viejo perro del capitán.
Ahí tienes, Skipper.
Y ya está. Se acabó.
De ahora en adelante búscate tu propia comida.
Día tras día, empecé a alejarme de la playa...
...aventurándome más y más en el interior de mis dominios.
Solo sabía que habíamos navegado cerca de la costa de Guinea.
Y acariciaba la idea...
...de que aquel territorio estuviera unido a tierra firme...
...donde quizá podría encontrar algún indicio de civilización humana.
Estoy en una isla.
Para poder avistar el primer barco que navegara cerca de mi isla...
...decidí instalarme lo más cerca posible de la costa.
Las semanas se volvieron meses y seguía sin divisar ningún barco.
Pero está convencido de que vería alguno.
Algún navío pasaría cerca de aquellas costas tarde o temprano.
Skipper.
Cállate. Cállate, Skipper.
Dios mío.
¡No! ¡Volved!
¡Volved!
Estoy aquí.
Estoy aquí. Volved.
Fuego. Fuego.
Volved, por favor. Por favor.
Por favor, volved. No.
Volved, estoy aquí.
Aquel día vi que no debía volver a confiar en la suerte...
...o en el destino o en alguna intervención divina para sobrevivir...
...sino solamente en mis propios esfuerzos como hombre.
Me di cuenta también, a medida que transcurría el tiempo...
...de que empezaba a encariñarme de mi reino paradisiaco.
Traté de mantenerme ocupado todo el tiempo que estuve en la isla.
Pero aun así, me acordaba de la vida que había dejado atrás.
Skipper, ven aquí.
Lo que vas a oír es el sonido más dulce de la Tierra.
El espíritu de Escocia.
Robin.
El recuerdo de Mary me alentaba...
...porque sabía que algún día regresaría.
LLEGUÉ A ESTAS COSAS EL 30 DE SEPTIEMBRE DE 1705
Levanté un monumento para señalar mi llegada a la isla.
Sobre él, marcaba escrupulosamente los días de la semana...
...y los meses a medida que iban pasando desde mi llegada.
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